viernes, 29 de mayo de 2020

CEGUERA MESIÁNICA

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En las Escrituras encontramos muchos casos de ceguera física; algunos de estos simbolizan también la ceguera espiritual. YHVH habló en diversas ocasiones por medio de sus profetas para advertir a su pueblo de la condición tanto de ceguera como de sordera que tenían, y que eran las mismas características de los ídolos que adoraban.

Yeshúa, por su parte, señaló que la generación suya, era ciega; pues siendo testigo de las grandes señales que hizo y de las enseñanzas que escucharon de sus labios, no las entendieron. Un caso notable es el de la resurrección de Lázaro:

Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!
Y el que había muerto salió, atados los pies y las manos con vendas. Y su rostro había sido envuelto en un sudario. Yeshúa les dice: ¡Desatadlo y dejadlo ir!
Entonces, muchos de los líderes religiosos que habían venido a casa de Miriam y vieron lo que hizo, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron a los sacerdotes y a los fariseos y les dijeron lo que había hecho Yeshúa. Entonces ellos reunieron al Sanedrín y decían: ¿Qué haremos? porque este hombre hace muchas señales. Si lo dejamos así, todos creerán en Él; y vendrán los romanos y nos quitarán tanto el Lugar como la nación. Entonces Caifás, uno de ellos, que era sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, ni consideráis que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.        Juan 11:43-50

La narración nos dice que entre los testigos de este milagro, había líderes religiosos, muchos de los cuales creyeron, pero algunos fueron a dar su reporte a los sacerdotes y fariseos, lo cual resultó en un complot para dar muerte a Y’shua! Y nos preguntamos: ¿Cómo es esto posible?

Los dos grupos vieron el mismo milagro y escucharon las mismas palabras; pero cada uno respondió de manera diferente: Los unos rindieron su vida al Mesías y los otros lo consideraron una amenaza a sus intereses. Es evidente que los segundos estaban ciegos y sordos, pero no físicamente como es obvio, sino espiritualmente.

Los autores de los Escritos Mesiánicos (Nuevo Testamento), explican que la ceguera espiritual previno a mucha gente judía de reconocer a Yeshúa como el Mesías, entre ellos las autoridades de la nación.

Yeshúa llora sobre Yerushaláyim, por no haber sido ésta capaz de reconocer el tiempo de su visitación (Lucas 19.42) mientras Shaúl (Pablo), declara que la mayoría de Yisrael no reconoce al Mesías a causa de que YHVH ha permitido que tengan ojos y no vean, oídos y no escuchen… (Romanos 11.8)

Esfuerzos vanos

¿Has tratado alguna vez de explicar a un ciego cómo son los colores? Probablemente ni te hayas molestado en pensarlo, porque es algo imposible! Tampoco podemos describirle por medio de señas a un sordo, como suena la música…

Y algo similar sucede cuando por nuestra propia capacidad tratamos de “convencer” a alguien de entrar por el Camino angosto de la obediencia a la Toráh. Es como hablar en dos lenguas o idiomas diferentes sin lograr entendimiento alguno. Por esta razón no es aconsejable entrar en discusiones necias, como las describe Shaúl el apóstol.

Cosa muy diferente es cuando alguien pregunta con el interés de conocer realmente. En este caso estamos ante alguien como el ciego a quien Yeshúa sanó por etapas:

tomando [Yeshúa] la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. 25Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Marcos 8.23-25

Cuando alguien se dispone, por su propia voluntad, está manifestando su deseo de “ver”, y en este caso es posible ayudarle y aún acompañarle en el proceso. Una persona así, tiene hambre de la Verdad y desea conocerla; en otras palabras, desea ver; aunque al comienzo todo sea para él turbio y borroso. Pero en el caso contrario, cobra validez el refrán popular: No hay peor ciego que el no quiere ver!

¿Es posible ser sanados o “abrir los ojos”?

Lucas 24.16 nos da la respuesta:

Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Yerushaláyim. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Yeshúa mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen…

Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron… Lucas 24.13-31

Observemos que  los discípulos no abrieron sus ojos por sí mismos, sino que les fueron abiertos. Es algo que solo YHVH hace en su absoluta potestad, cuando lo considera oportuno.

Por esto, no podemos enojarnos con quienes no nos entienden, o no ven lo que a nosotros se nos ha permitido ver, y mucho menos podemos menospreciarles; porque nosotros vemos gracias a que la misericordia de YHVH nuestro Padre nos ha tocado y no debido a méritos propios o a nuestro esfuerzo personal.

La ceguera de la Casa de Yisrael y de la Casa de Yahudáh

Siempre hemos considerado que la ceguera ha caído en Judá de manera parcial tal y como lo expresa Shaúl en Romanos 11.25:

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.

Ahora bien, lo que estamos pudiendo verificar, es que en este momento también la Casa de Israel o Efraín (La iglesia), tiene ceguera parcial. El velo está puesto tanto en el judaísmo como en el Cristianismo. Pero lo más impresionante de todo, es que YHVH está corriendo tal velo a individuos de los dos grupos! Personas que junto con sus familias, podemos declarar lo mismo que los discípulos de Emaús, solo que en tiempo presente:

¿No arde nuestro corazón en nosotros, mientras nos habla en el camino, y cuando nos abre las Escrituras? Lucas 24.32

Gracias a nuestro Padre por regalo maravilloso. Pero no perdamos la esperanza de que a nuestros allegados, YHVH les haga llegar también la luz de su conocimiento. Aún faltan personas que deben entrar a Israel antes del fin, pues Shaúl nos declara lo siguiente:

y luego todo Israel será salvo, como está escrito… Romanos 11.26

Esto significa que YHVH está en perfecto control, y que cuando llegue el momento apropiado, el velo será corrido a las Dos Casas, Judá y Efraín, de manera que puedan ver con claridad.

¿Que podemos hacer entre tanto? Sugiero algunas cosas:

  • Mantenernos fieles y creciendo en la obediencia a la Toráh.
  • Ser consistentes en lo que decimos y lo que hacemos. El resto de Efraín nos está mirando con lupa.
  • Orar a YHVH que nos mantenga firmes en el Camino angosto por Su gracia.
  • Interceder, hablando con YHVH a favor de aquellos que aún no pueden ver. Solo YHVH podrá abrir sus ojos.
  • Mantenernos atentos a la dirección del ruaj ha kodesh, para ser sus instrumentos portadores de la luz para quienes desean ver.

EL ENGAÑO DEL DISPENSACIONALISMO

El sistema de interpretación dispensacionalista ha sido objeto de mucha oposición; por muchos años ha habido los que atacan tal sistema, sosteniendo la opinión de que el dispensacionalismo es una teología nueva que comenzó en el siglo XIX. Una de las objeciones más citadas en contra de tal doctrina alude a que es una enseñanza emanada en 1830 de las visiones de una joven escocesa llamada Margarita McDonald o del libro “La venida del Mesías en gloria y majestad” (1790) escrito por el jesuita chileno Manuel Lacunza. Otros críticos asumen que es una doctrina inventada por John Nelson Darby, quien pertenecía a un grupo de creyentes llamados “Hermanos de Plymouth”. El teólogo Ryrie escribe lo siguiente:

Una declaración típica acerca del dispensacionalismo se expresa de esta manera:

“El dispensacionalismo fue formulado por uno de los movimientos separatistas del siglo XIX, los hermanos Plymouth.”

Esta afirmación provoca ciertas reacciones, porque da lugar a dos importantes aspectos que necesitan ser considerados seriamente:

  1. El dispensacionalismo es de época reciente; por lo tanto no es confiable.

  2. Surgió de un movimiento separatista y por lo tanto se debe rechazar.

Por su parte, los seguidores de esta doctrina sostienen que las creencias básicas del dispensacionalismo fueron aceptadas por los apóstoles (???) y la primera generación de la iglesia, de lo cual no existe constancia. Lo que es claro para los dispensacionalistas y no-dispensacionalistas es que, el dispensacionalismo, como sistema, comenzó a tomar forma por los años 1800!

Lo que enseña el Dispensacionalismo

La teología de las dispensaciones, enseña que YHVH se relacionó con la humanidad bajo diferentes condiciones, y establece que cada vez que el hombre falló, Dios se ideó una nueva condición que estaría en vigencia hasta que fallara de nuevo; así ante cada fracaso del hombre, se establecería un nuevo acuerdo sin progreso alguno. Nada más equivocado.

El libro del Génesis (Bereshit – Inicio) muestra que YHVH tiene un plan que se ha venido desarrollando poco a poco y como un pergamino se ha ido desenvolviendo para revelar cada vez más de su grandeza, su sabiduría, su carácter y su amor. No hay varios planes que se sucedan uno a otro.

Lo que hallamos en todos los relatos de la Biblia es la revelación creciente de un plan que se anuncia en Génesis 3:15 y que se va desarrollando sin falta alguna, pasando por la formación de la nación de Yisrael como el instrumento que YHVH utilizaría para enviar posteriormente al Mesías. Este vendría una primera vez para entregar Su vida rescatando lo que se había perdido y para dar continuación a la siguiente fase del plan eterno, dándonos participación a sus seguidores o discípulos en el restablecimiento del orden perdido una vez en el Edén.

De manera paralela, el carácter de YHVH se revela por medio de Sus instrucciones o Toráh, desde el día siguiente a la creación de Adán, pues ya vimos cómo su primer día de vida fue un Shabbat, el cual habría de observarse desde entonces, aunque no esté explícitamente dicho de esa manera. Y esa Toráh que nos revela el carácter y la justicia de nuestro Creador y Padre, se va descubriendo poco a poco a través de sus siervos: Hébel (Abel), Janokh (Enoc), Noaj (Noé), Avraham (Abraham), Moshé (Moisés) y Y’shua (Jesús) quien ha de ser la Toráh viviente, mostrándonos con Su vida que Él es el Camino al Padre por lo cual expresó: el que me ha visto a mi, ha visto al Padre.  Juan 14:9.

Esta perspectiva es vital mantenerla mientras avanzamos por la lectura de la Toráh o de toda la Biblia, pues de otra manera nuestro estudio quedará fraccionado y pasaremos la vida tratando de poner juntas todas las piezas y creando doctrinas que den un poco de sentido a su contenido.

Cuando YHVH determinó desde la eternidad formar una nación que le representara, no planeó reemplazarla; tampoco sucedió que se vio obligado a tener un plan alterno por que le tomó por sorpresa la debilidad e infidelidad de esa nación. YHVH nunca ha desechado a Yisrael ni lo desechará o reemplazará:

Así dice YHVH, que estableció el sol para alumbrar el día, y las leyes de la luna y de las estrellas para alumbrar de noche; que aterroriza al mar, y se ponen en consternación sus olas ¡YHVH Sebaot es su nombre!
Si estas leyes se apartaran delante de mí, dice YHVH, entonces también faltará la descendencia de Yisrael, para no ser nación delante de mí eternamente.
Así dice YHVH:
Si los cielos pudieran ser medidos arriba, o se exploraran los cimientos de la tierra abajo, entonces también Yo desecharía a la descendencia de Yisrael por todo lo que hicieron, dice YHVH.  Jeremías 31:35-37

Como lo asegura esta porción, YHVH nunca cambiará sus planes para Yisrael creando nuevas “dispensaciones”; todo lo contrario! Lo ha afirmado y continúa con su plan original a pesar de que el mismo pueblo no ha facilitado las cosas.

El Dispensacionalismo, da lugar a la Teología del Reemplazo

Quienes son animados por un espíritu anti-semita, encuentran en el dispensacionalismo una justificación y un gran aliado para formular la teoría de que YHVH desechó a Yisrael por cuanto “rechazó a Jesús” y entonces se procura de un pueblo nuevo, por lo cual declaran: “la Iglesia fue fundada en Pentecostés y REEMPLAZA a Yisrael en los planes de YHVH.”

Pero… ¿Realmente los judíos rechazaron a Yeshúa?

Simplemente pensemos: Los doce apóstoles fueron judíos; los discípulos seguidores de estos, eran también judíos; la gente judía amaba y seguía a Yeshúa por miles; aún después de su muerte miles de judíos se volvieron a la fe en el Mesías como lo atestigua el libro de los Hechos:

Y la palabra de YHVH crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Yerushaláyim, y un gran número de los sacerdotes obedecían a la fe. Hechos 6:7

YHVH no envió a Yeshúa a fundar una religión o “iglesia” aparte de Yisrael. Le envió a rescatar a las ovejas perdidas de la Casa de Yisrael, como lo declaró de manera explícita:

A estos doce envió Yeshúa, y les ordenó, diciendo:

No vayáis a los gentiles ni entréis en la región de Samaria, sino id antes a las ovejas perdidas de la Casa de Yisrael. Mateo 10:5-6

y

Él respondiendo, dijo: No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la Casa de Yisrael. Mateo 15:24

Por otro lado debemos mantener claro que Pentecostés era una Festividad Bíblica que se venía celebrando desde los tiempos en que fue entregada la Toráh en el Sinaí y también que el derramamiento del Ruaj ese día no ocurrió en “el aposento alto” sino en el Templo donde se hallaba congregada toda la multitud de fieles en obediencia a la Toráh. 

Dicho de otra manera, la iglesia no reemplaza a Yisrael en los planes eternos, porque YHVH no se ha rendido en su propósito de sostener a Su pueblo.

Ahora bien, tú que lees estas líneas y yo, tenemos la responsabilidad de tomar conciencia de nuestra verdadera identidad como parte de su pueblo Yisrael para desenmascarar el engaño desarrollado por el maligno, y alinearnos dentro del Plan Eterno. YHVH cuenta con nosotros para concluir Su Plan porque así determinó que fuera. Pero nuestra vinculación a Su Pacto ha de ser del todo libre y voluntaria y como una respuesta de amor demostrado en la obediencia a sus Instrucciones.

LA IGLESIA ANTI-YESHÚA

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La iglesia desde sus inicios en el siglo IV se definió como una entidad antisemita. Esto significa que asumió una posición agresiva, intolerante e injustacontra el pueblo judío,
acusándolo de ser el responsable de la muerte de Jesús. Por supuesto, tal planteamiento condujo a la eliminación de todo contacto con las raíces hebreas de la fe que estaba comenzando a promover, lo que dio como resultado un sistema religioso humano, incapaz de proclamar la Verdad y de traer verdadera salvación a sus adeptos. Al presente aún es evidente tal posición antijudía en la mayoría de los que se identifican como "seguidores de Jesús, el Cristo", siendo este un personaje que está totalmente desconectado de su identidad hebrea, porque ha sido occidentalizado,  para satisfacer los requisitos doctrinales y teológicos que "la iglesia" desarrolló a su conveniencia. Pero mantener tal posición, no solo es  inconsistente con la profesión de fe en Yeshúa, sino que rechaza totalmente  la identidad que Yehováh el Padre quiere darle a sus hijos, puesto que su plan es injertar en Yisrael a todo aquél que toma la decisión de aceptar la obra redentora de su Hijo Yeshúa. En otras palabras, YHWH nunca planeó que existiera un ente denominado "iglesia", y mucho menos envió a Yeshúa a fundarlo como algo aparte de su pueblo Yisrael o en reemplazo de este. Yehováh hizo  un pacto con Avraham, Yitsjaq y Yaaqov y declara:

Así dice YHWH: Si los cielos pudieran ser medidos arriba, o se
exploraran los cimientos de la tierra abajo, entonces también Yo
desecharía a la descendencia de Yisrael por todo lo que hicieron,
dice Yehováh. Jeremías 31:37. 
y:
Así dice Yehováh: Como es cierto que he creado el día y la noche, y
he establecido los cielos y la tierra, también es cierto que no desecharé
el linaje de Yaaqov y de Dawid mi siervo, dejando de tomar de su
descendencia quien sea señor sobre el linaje de Avraham, de Yitsjaq y de 
Yaaqov. Porque cambio su suerte y les tengo compasión. Jeremías 33:25-26
 

¿Es posible que el Yeshúa biblico haya sido suplantado?


Estos versos nos demuestran que Yehováh quien nunca cambia, no ha desechado 
en ningún momento a Yisrael a pesar de sus fallas. Más bien envió a su Hijo
Yeshúa en busca de las ovejas perdidas de la Casa de Yisrael; no dice: en busca 
de no judíos que quieran seguirle a Él. Pero la historia está llena de ejemplos 
de la persecusión que La Iglesia a lo largo de los siglos se empeñó por llevar a 
cabo contra el pueblo de Yehováh. Un buen ejemplo es lo sucedido en 1492, el mismo 
año en el que Cristobal Colón partió en su búsqueda de una ruta nueva para
llegar a las Indias. Fue en ese mismo año, que la expulsión de los judíos deEspaña 
fue ordenada por los Reyes Católicos Fernando e Isabel, mediante el Edicto de
Granada con la finalidad, según el decreto, de impedir que siguieran influyendo en los cristianos nuevos para que éstos se convirtieran al judaísmo. La decisión de expulsar a 
los judíos – o de prohibir el judaísmo – estuvo relacionada con la instauración.
Estos versos nos demuestran que Yehováh quien nunca cambia, no ha desechado en ningún
momento a Yisrael a pesar de sus fallas. Más bien envió a su Hijo Yeshúa en busca de las 
ovejas perdidas de la Casa de Yisrael; no dice: en busca de no judíos que
quieran seguirle a Él. Pero la historia está llena de ejemplos de la persecusión que La
con la instauración de la Inquisición catorce años antes en la Corona de Castilla y nueve
en la Corona de Aragón, porque precisamente fue creada para perseguir a los judeoconversos que seguían practicando su antigua fe. Así, cuando Colón llegó a América, muchos judíos vieron la oportunidad de huir de Europa para establecerse en el Nuevo Mundo y así lo hicieron, aunque la iglesia católica quiso extender su influencia y también aprovechó para expandir sus falsas doctrinas.
El cristianismo actual, sigue siendo hijo de Roma; porque cuando se efectuó la Reforma, tan
solo se dio un pequeñito paso al lado, pero la nueva iglesia continuó enseñando casi la misma teología, y además de mantenerse observando el mismo calendario con sus fiestas de origen pagano, mantuvo su actitud antisemita como lo demuestra la historia. Por eso no es sorprender que hasta el día de hoy, el cristianismo sea renuente a seguir a Yeshúa el hebreo, el judío, el que observó el Shabbat, el que guardó la Toráh de Yehováh, el que celebró las Fiestas de Yehováh, el que modelóla obediencia, el que enfrentó el sistema religioso oficial de la época, y prefiera en cambio seguir a Jesucristo, una caricatura occidental del verdadero Mesías.
Ahora nos corresponde a nosotros, cuestionarnos,investigar, estudiar la Palabraverificar lo que hemos aprendido, examinarlo a la luz de la revelación entregada por Yehováh a Su pueblo y tomar la decisión de someter nuestras vidas a Yeshúa el Mesías enviado a instaurar Su Reino. Y tú... ¿Qué harás?

jueves, 28 de mayo de 2020

JESÚS COMO HIJO Y SEÑOR DE DAVID


 HIJO Y SEÑOR DE DAVID.

Jehovah dijo a mi señor: “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies.” Jehovah enviará desde Sion el cetro de tu poder; domina en medio de tus enemigos. En el día de tu poder, tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en la hermosura de la santidad. Desde el nacimiento de la aurora, tú tienes el rocío de la juventud (Salmo 110:1-3).

Claramente esta es una referencia al Mesías y en este pasaje bíblico notaremos varias cosas:

  1. JEHOVÁH dijo a mi señor" (Literalmente: Oráculo de Yehováh a mi Adón). Yehováh es el Todpoderoso que le dice o da un oráculo al Adón (que es "señor" o amo de David), "siéntate a mi derecha (la diestra del poder) hasta que ponga a tus enemigos (los enemigos o adversarios del Adón) como estrado de tus pies.

a) Yeshúa (Jesús) hizo referencia a este salmo de David e hizo una interesante pregunta:

El les dijo: —¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dice en el libro de los Salmos: 'Dijo el Señor a mi Señor: “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” Así que David le llama “Señor”; ¿cómo es, pues, su hijo? (Lucas20:41-44)

La pregunta no obtuvo ninguna respuesta, quedó en el aire. Es decir: ¿Cómo puede el Mesías (o Cristo) ser hijo y señor de David al mismo tiempo? La respuesta en realidad muy sencilla. Primero, el Mesías sí era descendiente del rey David, de no ser así no podía aspirar a ser el Mesías ni aspirar al trono. Pero, como esto en realidad es un oráculo que Jehováh hace a David, cuando todos los enemigos o adversarios del Mesías sean puestros como estrado de sus pies, es decir, sean sometidos bajo el Mesías en Su reinado mesiánico, David estará presente en ese reino y el Mesías reinará aún sobre David, porque "Jehováh Dios le dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Israel para siempre, y de su reino no habrá fin" (Lucas 1:32,33).

  1. Saulo (Pablo), escribiendo sobre el reinado futuro del Mesías, dice:
    Porque es necesario que él [el Mesías] reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 El último enemigo que será destruido es la muerte. 27 Porque ha sujetado todas las cosas debajo de sus pies. Pero cuando dice: “Todas las cosas están sujetas a él,” claramente está exceptuando a aquel que le sujetó todas las cosas. 28 Pero cuando aquél le ponga en sujeción todas las cosas, entonces el Hijo mismo también será sujeto al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos.

Note, por favor, que:
a) Es Jehováh quien sujeta todas las cosas bajo los pies del Mesías, y, por ende, el Mesías está subordinado a Jehová. No están al mismo nivel. Por eso Saulo dice: "Pero cuando dice: “Todas las cosas están sujetas a él[es decir, al Mesías] ,” claramente está exceptuando a Aquel que le sujetó todas las cosas". El Mesías Yeshúa está sujeto a Jehováh, que fue quien le sujetó a él todas las cosas. ¡Que quede claro este punto!

b) Llegará el momento en que el Mesías Yeshúa (Jesús) entregue el reino al DIOS Y PADRE, es decir, a JEHOVÁH DIOS. Aunque Lucas dice que reinará sobre la casa de Israel para siempre y que su reino no tendrá fin", tenemos que entender que para siempre no es necesariamente por la eternidad, sino que esa frase "para siempre" tambien puede significar "por tiempo indefinido". El Hijo mismo se sujetará a Aquel que le sujetó a él todas las cosas, es decir, se sujetará a JEHOVÁH, el Todopoderoso de Israel, para que Él sea quien tenga el dominio sempiterno, siendo así TODO en TODOS, incluyendo al Mesías mismo.

c) Es evidente que todos los patriarcas inclyendo al gran rey David estarán presentes y activos en el mundo venidero, y el Mesías será señor sobre todos ellos, pero esto no está en conflicto de manera alguna con el hecho de que el Mesías sea hijo de David. Fue descendiente directo del linaje de David pero en el reino será señor de David.

Espero que este corto ensayo sea del agrado de muchos y sirva para iluminar a algunos. ¡Reciba Jehováh Dios toda la gloria y el Mesías reciba nuestro homenaje y el profundo respeto y agardecimiento por su obra maravillosa y por su futuro y glorioso reinado en el mundo por venir!

sábado, 23 de mayo de 2020

¡FELIZ SÁBADO!

Éste es el día que hizo Jehováh;
¡nos gozaremos y alegraremos en él! 
¡Bendice, oh alma mía
a Jehováh, y bendiga todo mi ser Su santo Nombre! En este día de Shabbat, bendecimos al que nos bendice y nos socorre durante toda la semana...porque Él es bueno y su amor es para siempre. Halelu-Yah!

domingo, 17 de mayo de 2020

¡Bendecid a Jehováh!



SALMO 134:

(Canto de ascenso gradual) He aquí, bendecid a Jehovah, vosotros, todos los siervos de Jehovah, que estáis en la casa de Jehovah por las noches. 2 Alzad vuestras manos hacia el santuario y bendecid a Jehovah. 3 Jehovah, que hizo los cielos y la tierra, te bendiga desde Sion.

Se afirma que Jehováh habita en medio de las alabanzas de Israel, de Su pueblo. Este salmo 134 es uno de alabanza...nos invita a bendecir a Jehováh, es decir, a alabar a Jehováh Dios. Dice que bendigamos, que alabemos a Jehováh todos los que sirven a Jehováh lo alabarán estando en Su Casa por las noches. ¡Aún estando en nuestras camas podemos estar en la "Casa de Jehováh"! La "Casa de Jehováh" es Su reino, la "Casa de Jehováh" es donde está Su trono, donde Él habita. Nuestros corazones mismos puede ser el lugar donde Él habite. Cuando meditamos en Él y en Su palabra, le bendecimos, le alabamos, porque reconocemos Su majestuosidad y nuestra común unión con Él. Ya que es en Él que "nos movemos, existimos y somos" (Hechos 17:28) ¡Somos linaje Suyo! 

¡Cuando reconocemos la grandeza y la majestuosidad de Jehováh nuestro Dios, le adoramos solo a Él,  porque "los verdaderos adoradores adorarán al PADRE en espíritu y en verdad" y porque Jehováh está buscando ese tipo de adoradores! (Juan 4:23,24).
La cristiandad extraviada, en su confusión, comete el gran error que cometían los Samaritanos, es decir, adorar lo que no saben, lo que no conocen.  Adoran al Cristo, al Enviado en vez de adorar a quien lo envió, a quien lo ungió...han hecho de Jesucristo un ídolo y lo adoran abiertamente con el pretexto de que adoran a un supuesto dios trino que no existe en el pensamiento hebreo, ni existía en el pensamiento del mismo Jesús. El Credo de Jesús era el mismo credo de los Judíos:
"Oye Israel: Jehováh nuestro elohim, Jehováh uno es" (Marcos 12:29'30; Duteronomio 6:4)
"A Jehováh tu Dios adorás y a Él solo servirás" (Mateo 4:10; Deuteronomio 6:13).
Alabar y honrar a nuestro Dios no es repetir estribillos como "gloria a Dios y aleluya",  (de hecho, los repetidores de estos estribillos desconocen realmente lo que significan las palabras "gloria" y "aleluya". Esas son expresiones aprendidas de memoria y repetidas, ya sea como muletillas en sus predicaciones y hablar común o como estribillos que pretenden dar la apariencia de espiritualidad. La verdadera espiritualidad no consiste en palabrerías, estribillos y repeticiones, sino en aceptar y caminar en lo que es la Palabra de Dios, las Sagradas Escrituras. Es seguir el ejemplo y las enseñanzas del Maestro Jesús, el cristo, el "Testigo fiel y verdadero" quien nos reveló al Verdadero, a Jehováh, para que conozcamos al que es Verdadero,a Dios, el "verdadero Dios y la vida eterna"...Los que reconocen a Jesús como el Cristo, el Mesías ungido de Jehováh, adorarán a Jehováh y a ningún otro. 
Alcemos nuestras manos al santuario celestial y bendigamos a Jehováh, el Creador de los cielos y de la tierra. Honremos tambien a Su Majestad, Jesús el Mesías, el rey ungido por Jehováh, que reinará sobre la casa de Israel para siempre, porque Jehováh le ha dado el trono de David su padre (Lucas 1:31-32).
¡Que sea este salmo 134 nuestra canción favorita, nuestro cantar diario, nuestra alabanza de dia y de noche! ¡Adoremos conforme a las Escrituras y no conforme a los dogmas del cristianismo! ¡Los dogmas han sido formulados por los hombres, pero las Escrituras han sido inspiradas por Dios! Adoremos a Jehováh de manera que le seamos agradables en todo momento...nacimos para agradar a nuestro Padre Celestial, así que , procuremos serles agradables no enseñando como doctrina los mandamientos de hombres ni teniendo como verdad los dogmas formulados por los concilios de Roma.

¡La Verdad es una y está en las Santas Escrituras!

martes, 12 de mayo de 2020

UNA REFLEXIÓN:


Y TODO ESTO ¿EN QUÉ VA A PARAR?

Ayer hicimos planes. Ayer tuvimos intenciones. Hoy, ese ayer se ha desvanecido y en su lugar se ha levantado ante nosotros otro horizonte – un horizonte impredecible, bajo suspenso… Temerosos nos preguntamos – y todo esto ¿en qué va a terminar?
Cuando el telón se abre sobre nuestro mundo en Génesis 1 todo despega super bien. Dios se presenta como un Dios de orden, creando un espacio en el que todas las cosas tienen su lugar, su papel, su propósito. El único Dios Todopoderoso formó de la nada un universo de belleza, armonía y abundancia.
Pero si de Génesis saltamos directamente al final del libro, en Apocalipsis 21 leemos:
«¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir… Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que salga vencedor heredará todo esto, y yo seré su Dios y él será mi hijo.
¡Qué emocionante contar con un futuro en el que Dios morará entre nosotros, donde beberemos libremente agua de vida!
Pero a la vez nos preguntamos – ¿Qué pasó..? ¿Cómo es que de la armonía y belleza sembrada al principio de todo se produjo esta cosecha de lágrimas, muerte, llanto y dolor…?
La Biblia es la historia de como la humanidad transita el camino de la inocencia al conocimiento, del conocimiento al fracaso, del fracaso a la redención, y de la redención a nueva vida.
Esa es también nuestra historia personal.
La Biblia ha persistido al centro de los hogares de incontables millares durante más de 3000 años porque al leerla, universalmente reconocemos en el centro de nuestro ser que es Verdad. No sólo “verdad” en el sentido de ser históricamente verídica, de referirse a lugares y personas que realmente existieron, de resumir una serie de “doctrinas” correctas – sino Verdad en un sentido mucho más total, que abarca esas cosas y muchísimo más. La Biblia es Verdad en que trata las realidades más profundas de nuestra existencia como sólo podría hacerlo el inventor, creador y autor de la vida misma.
Y una de las verdades que con los años aprendemos a aceptar es que la experiencia, sabiduría y madurez se ganan con lágrimas y sudor. No hay otra manera. Con los años eventualmente reconocemos que las cosas que realmente tienen valor profundo – la paciencia, el amor, la tolerancia, la humildad, la mansedumbre, la generosidad – son características que se revelan y purifican solamente bajo el fuego de la prueba.
El consuelo de la Biblia es que reconoce plena y francamente las duras realidades de nuestra existencia, y nos asegura que no son permanentes. No nos sorprendamos que la vida es difícil y la injusticia nuestra compañera constante, pues el acontecimiento central del texto – ¡el centro de la historia misma! – es el homicidio cruel de la única persona perfectamente amorosa y justa que ha vivido.
Pero la justicia de Dios no permitió que aquel hombre permaneciera muerto, y se levantó de la tumba a una nueva vida sin límites. Y la gracia de Dios nos permite asirnos de él para también salvarnos.
Todo esto, ¿en qué va a terminar…? Terminará en mundo sin lágrimas, sin llanto, sin lamento, sin dolor. Un mundo en el que Dios camina diariamente entre nosotros.
Confiemos en que todo esto tiene un propósito, y que manteniéndonos firmes, al final de los tiempos todo lo comprenderemos.
Kevin H

jueves, 7 de mayo de 2020

LA CARTA A LAODICEA (CARTA PERDIDA DEL APÓSTOL PABLO)

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CARTA A LAODICEA.

1 Pablo, apóstol, no de los hombres ni por hombres, sino por la

voluntad de Yeshúa el Mesías, a los hermanos que están en

Laodicea*.

2 Bondad inmerecida y paz de parte del Elohim nuestro Padre y del

Señor Yeshúa el Mesías.

3 Doy gracias al Mesías por todas mis oraciones, para que

permanezcáis en él y perseveréis en sus obras, esperando las

promesas del día del juicio.

4 Que nadie os engañe con sus vanas insinuaciones, de modo que

os trastornen la verdad de la Buena Nueva, que os he predicado.


5 Y ahora que la presencia de Elohim, esté con los que predican la

verdad de la Buena Nueva, sirviendo con diligencia realizando

buenas obras al que salva para vida eterna.

6 Y ahora por todos son conocidas mis cadenas que sufro en el

Mesías, en el que me regocijo y alegro por ello.

7 Esto es para mí salvación perpetua; que mediante vuestras

oraciones, y el ministerio de la energía divina de santidad, ya sea

para vida o para muerte.

8 Pues en verdad para mí la vida es el Mesías, y morir en su muerte

es gozo.

9 Que nuestro Señor mismo os tenga misericordia, y sed de un

mismo amor y unánimes.

10 Por lo tanto, amados, tal como habéis oído en mi presencia

aferraos y trabajad en el respeto reverencial a Elohim, y esto os

será para la vida eterna;

11 Elohim es quien obra en vosotros.

12 Haced las cosas sin retraeros y con facilidad.

13 Por lo tanto, muy amados, regocijaros en el Mesías. Y cuidaros

de las ganancias deshonestas.

14 Todas vuestras peticiones sean dadas a conocer a Elohim. Y

estad firmes en la mente del Mesías.

15 Procurad lo verdadero, lo sobrio, lo justo y amable.

16 Lo que habéis oído y recibido, mantenerlo firme en el corazón; y

la paz estará con vosotros.

17 Saludad a todos los hermanos con beso santo.

18 Os saludan vuestros santos.

19 La bondad inmerecida del Señor Yeshúa esté con vuestro

ánimo.


20 Y facilitar el que se os lea la [carta] a los Colosenses.

miércoles, 6 de mayo de 2020

PREPARANDO UN REINO

«Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.» (Mateo 25:34)

(Estudio Bíblico)
 
Ahora examinaremos en forma más detallada el tema de la Biblia. La enseñanza sobre el futuro reino de Dios es como un hilo de oro que va desde el principio hasta el final. Está entretejido dentro de los libros históricos, y a través de los profetas. Puede encontrarse claramente en los salmos, y aparece de nuevo en el Nuevo Testamento como el tema principal de la enseñanza de los primeros cristianos. Hemos visto en los capítulos previos del presente estudio que podemos tener confianza en la veracidad de la Biblia, y en el capítulo 2 echamos un vistazo al futuro cuando el reino será establecido. Ahora abriremos la Biblia para buscar el hilo del reino de Dios en su primeras páginas y comenzar a rastrearlo a través del resto de las Escrituras inspiradas.

Buscando en el principio de la Biblia las primeras alusiones al reino de Dios nos encontramos en terreno firme. Jesús dijo que en el futuro invitaría a los justos a su reino con estas palabras:

«Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.» (Mateo 25:34)

Así que el plan de Dios para la tierra ha estado desarrollándose desde el principio, y el libro de Génesis (literalmente «comienzos») nos traslada hasta esos remotos tiempos. ¿En qué parte de Génesis podemos aprender acerca del reino de Dios? Jesús contesta la pregunta, pues en su predicación acerca del reino a menudo dirigió la atención a un hombre llamado Abraham. En cierta ocasión dijo a los que le preguntaban sobre la salvación:

«…cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios…» (Lucas 13:28)

¿Por qué Jesús se refirió particularmente a Abraham, a su hijo y a su nieto mencionándolos especialmente en relación con el reino de Dios? Porque Abraham fue una de las primeras personas a quien se habló de este maravilloso futuro para la tierra.

Ur de los caldeos
El Eufrates es uno de los ríos más grandes del mundo. Nace en las montañas del noroeste de Turquía y serpentea lentamente por la planicie antes llamada Mesopotamia, dentro del moderno Iraq. Después de un viaje de cerca de 2,700 kilómetros se une al Tigris para luego desembocar en el Golfo Pérsico. Actualmente el desierto llega casi hasta la ribera de los ríos, pero en los tiempos bíblicos toda la planicie era irrigada por medio de canales y cauces, convirtiéndola en una de las más fértiles y populosas regiones de la tierra.

Cuando el moderno viajero navega por el Eufrates ve muchos montículos de cúspide plana que surgen a intervalos en la llanura del río. Estas no son colinas naturales, sino los lugares de antiguas ciudades, donde siglos de acumulación de escombros han elevado gradualmente el sitio por encima del nivel del área circundante.

No lejos de la desembocadura del Eufrates, en la región conocida como la antigua Caldea, hay un gran montículo conocido por los árabes como el Montículo del Betún. En 1854 este montículo fue identificado como el sitio de Ur de los Caldeos, la ciudad mencionada en la Biblia como lugar de nacimiento de Abraham.

La tierra natal de Abraham
El sitio de la antigua Ur fue excavado de 1922 a 1934 por una expedición del Museo Británico bajo la dirección de Sir Leonard Woolley. Se encontró que Ur había sido el más importante pueblo del área y sobresalía por su zigurat, o torre templo. Esta fue una serie de plataformas artificiales de ladrillo sólido, una sobre otra dando la apariencia de una pirámide baja y amplia de unos 25 metros de altura. En la plataforma más alta estaba el templo dedicado a la diosa luna al que se llegaba por gradas construidas a los lados inclinados de la torre. Rodeaban el zigurat más templos para la adoración de la luna, y más allá estaban las casas de los habitantes de la ciudad.

Por el año 2,000 a. de J. C. Ur era una ciudad próspera. En las riberas del río, los botes se amarraban a los muelles y descargaban su carga en bodegas y almacenes. Ricos mercaderes vivían en grandes casas de dos plantas y enviaban a sus hijos a escuelas donde el currículum incluía ejercicios matemáticos tan difíciles como la extracción de raíces cúbicas. En un gran edificio cercano al zigurat vivía el rey dios quien presidía sobre la vida civil y religiosa de la ciudad.

En esta sociedad bien ordenada y sorprendentemente sofisticada vivió Abram, cuyo nombre fue posteriormente cambiado a Abraham. Podemos deducir que fue un hombre instruido y culto, y probablemente estaba entre los miembros más importantes de la comunidad de Ur. Las referencias bíblicas nos dicen que su familia también adoraba los ídolos de aquellos días (Josué 24:2).

Promesa de Dios a Abraham
La Biblia nos relata que el Dios verdadero se reveló a Abram pidiéndole que abandonara la idólatra ciudad donde se había criado, para emigrar hacia un destino desconocido:

«Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.» (Génesis 12:1)

La confianza de Abraham en Dios fue tan fuerte que sin ninguna vacilación obedeció el mandato «y salió sin saber a dónde iba» (Hebreos 11:8). Junto a este llamado a dejar su país y familia, Dios hizo una promesa solemne a Abraham:

«Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.» (Génesis 12:2-3)

En cumplimiento de esta promesa Abraham llegó a ser verdaderamente padre de una gran nación, puesto que toda la raza judía desciende de él. Pero la promesa abarca mucho más que eso.

Las palabras finales de esta promesa, «serán benditas en ti todas las familias de la tierra» muestra que no se trataba de una oferta ordinaria. Dios estaba diciendo que la completa población del mundo recibiría bendiciones un día por medio de este hombre. La promesa a Abraham fue claramente un paso vital en la revelación del plan de Dios para la tierra y el hombre. He aquí el hilo de oro del reino de Dios apareciendo en el primer libro de la Biblia.

La importancia de la promesa de Dios a Abraham se confirma por las muchas referencias encontradas en el Nuevo Testamento. En el capítulo 1 observamos que el evangelio predicado por Jesús eran las buenas nuevas de la venida del reino de Dios. Escribiendo a los cristianos gálatas, Pablo señala que el mismo evangelio que Jesús enseñó fue originalmente predicado a Abraham 2,000 años antes cuando Dios le hizo la promesa:

«Y la escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.» (Gálatas 3:8)

La esperanza del apóstol Pablo
Como la promesa hecha a Abraham estaba incluida en el evangelio predicado por Jesús, no es una sorpresa encontrar que los primeros cristianos se refirieran a ella muy a menudo. Cuando Pablo fue enjuiciado por su fe, abiertamente reconoció que su creencia en estas promesas estaba en juego:

«Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio.» (Hechos 26:6)

Para los que escuchaban a Pablo esta «esperanza de la promesa» significaba sólo una cosa: la promesa de Dios a Abraham. Otra descripción era «la esperanza de Israel» y cuando Pablo fue arrestado por la predicación del mensaje cristiano exclamó:

«Por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.» (Hechos 28:20)

Por consiguiente el evangelio cristiano se remonta en el pasado hasta Abraham.

Lo que se dijo cuando Jesús nació
Si la promesa a Abraham era tan importante para Pablo esperaríamos encontrar referencias directas a ella cuando otros escritores del Nuevo Testamento hablaran acerca de la misión de Jesús. Este es exactamente el caso. Lucas registró dos discursos inspirados pronunciados durante el tiempo del nacimiento de Cristo. Uno fue del padre de Juan el Bautista, precursor del Cristo, y otro de María la madre de Jesús. Ambos vieron en la obra de Juan y de Jesús la implementación de la promesa a Abraham:

«Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre.» (Lucas 1:54-55)

«Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo…para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto: del juramento que hizo a Abraham nuestro padre.» (Lucas 1:68,72-73)

En su carta a los creyentes romanos Pablo señala que la misión de Jesús fue «confirmar las promesas hechas a los padres» (Romanos 15:8). Ya hemos encontrado que la obra de Cristo fue predicar el evangelio del reino de Dios, y aquí la misma obra es descrita como el cumplimiento de la promesa hecha a los padres: esto demuestra que las promesas y el evangelio son lo mismo.

Incidentalmente, la promesa a Abraham es un ejemplo del punto tratado en el capítulo 2, que el Nuevo Testamento depende completamente del Antiguo. Aquellos que niegan la relevancia del Antiguo Testamento para las creencias cristianas pasan por alto sus verdaderos fundamentos.

Por medio de estas referencias del Nuevo Testamento hemos establecido el principio de que la promesa a Abraham es el evangelio cristiano, estaba relacionada con la obra de Jesús y era la esperanza de los primeros cristianos. Ahora volveremos a referirnos a Génesis para buscar algo más sobre esta promesa.

Detalles de la promesa de Dios a Abraham
Ya hemos observado que Abraham recibió la promesa al abandonar Ur para ir a un destino desconocido. El lugar al cual lo guió Dios fue la tierra de Canaán, más tarde conocida como Palestina, donde se sitúa el moderno Estado de Israel.

Cuando Abraham llegó a Canaán Dios repitió su promesa. Muchos años más tarde, después de otra demostración de la gran confianza de Abraham en Dios, de nuevo le reiteró su promesa. Cada vez fueron agregados nuevos aspectos. Los siguientes pasajes son una declaración extensa de la promesa:

«Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, vé por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.» (Génesis 13:14-17)

«Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.» (Génesis 22:16-18)

Estas referencias contienen muchos aspectos de la promesa y usted puede encontrarlas confusas al principio. Si así fuera, valdría la pena volver a leer de nuevo las referencias anteriores para extraer los puntos principales antes de estudiar las promesas en detalle. Pero antes de examinar más de cerca este asunto hay tres comentarios que quisiera hacer.

Primero, observe la seguridad que Dios da a Abraham acerca del cumplimiento de la promesa. «Por mí mismo he jurado» dice Dios. Tal como lo expresa la carta a los hebreos, ésta es la máxima garantía:

«Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.» (Hebreos 6:13-14)

En segundo lugar, el uso de la palabra «simiente.» La palabra equivalente en la actualidad es «descendiente.» Pero la palabra «simiente» puede ser singular o plural, así que examinaremos el contexto de la palabra para averiguar si se refiere a uno o a muchos descendientes.

En tercer lugar, Dios instituyó el rito de la circuncisión como señal de su promesa y mandó a todos los descendientes varones de Abraham que continuaran la costumbre. Así en lenguaje bíblico «la circuncisión» es otro término para el pueblo judío, y «la incircuncisión» para todos los pueblos no-judíos o gentiles.

La promesa resumida
Combinando los relatos de la dádiva de la promesa (o pacto, como algunas veces se le llama), podemos hacer una lista de las principales características como sigue:

La simiente de Abraham llegaría a ser una gran nación.
Abraham, junto a su simiente, heredaría para siempre la tierra en que vivía: Canaán, llamada también Palestina.
La simiente de Abraham «poseerá las puertas de sus enemigos.»
En Abraham y su simiente será bendecida toda la tierra. Este resumen enfatiza la enseñanza del Nuevo Testamento de que no es ésta una promesa trivial. Con palabras como «para siempre» y «toda la tierra será bendecida» deberá ser obvio que algo muy importante está siendo predicho.
Ahora veremos cada aspecto con más detalles.

1. Los descendientes de Abraham llegarían a ser una gran nación
Obviamente aquí debemos usar la palabra «simiente» en sentido plural. La promesa era que los descendientes de Abraham llegarían a ser muy numerosos y muy importantes. ¿A qué pueblo se refiere esto?

En primera instancia se refiere a la nación de Israel. Cada judío puede trazar su ascendencia hasta Abraham. Isaac, el hijo de Abraham, tuvo un hijo, Jacob, quien más tarde fue llamado Israel. Este a su vez tuvo doce hijos, de donde descienden las doce tribus de Israel. Al final de su vida, Jacob emigró a Egipto con su familia, en total 70 personas. Unos 400 años después de Abraham las tribus de Israel habían aumentado hasta un total entre dos y tres millones de personas. Esta joven nación abandonó Egipto en el Exodo y eventualmente retornó a la tierra de Canaán, convirtiéndose allí en un reino importante a veces populoso y próspero. Después de varias vicisitudes, dispersión y persecución, los descendientes de Abraham están de nuevo viviendo en la tierra que les fue prometida, donde han formado el Estado de Israel.

Pero la posesión de los israelitas de la tierra, pasada o presente no debe considerarse como el cumplimiento de la promesa a Abraham. Aun en el período más próspero de su historia los profetas seguían esperando la realización definitiva del pacto, tal como lo indican las palabras de la profecía de Miqueas:

«Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.» (Miqueas 7:20)

La nación judía puede ser vista como un cumplimiento parcial de este aspecto de la promesa, pero de ninguna manera su completa realización. Quien sería, entonces, la simiente de Abraham en el sentido del propósito de Dios?

En los días de Cristo la nación judía se enorgullecía de su descendencia de Abraham, y así se aplicaban la promesa a sí mismos basándose en su linaje natural. «Linaje de Abraham somos» le dijeron en cierta ocasión (Juan 8:33), y podemos darnos cuenta de la vanidosa satisfacción en sus rostros cuando proclamaron su parentesco. ¿Cuál fue la respuesta de Cristo?

«Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.» (Juan 8:39)

En otra ocasión les dijo Juan el Bautista:

«No penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.» (Mateo 3:9)

Los verdaderos hijos de Abraham
¿Cual es el criterio que define a los verdaderos hijos de Abraham? Jesús ha dado ya una pista al decir que los verdaderos hijos de Abraham deben tener el mismo comportamiento de Abraham. Esta idea es ampliada posteriormente en el Nuevo Testamento. Los hijos de Abraham no son precisamente sus descendientes literales, sino aquellos que comparten sus cualidades. Su principal cualidad fue su fe y confianza en Dios. Llamado para ir a una tierra desconocida, obedeció sin vacilación. Se le dijo que tendría una multitud de descendientes cuando tenía 99 años de edad y su esposa, 90. El lo creyó a pesar de su aparente imposibilidad. Aun cuando se le pidió que ofreciera en sacrificio a su tan anhelado hijo único, él estaba dispuesto a obedecer.

Así que la fe antes que la descendencia natural convierte a las personas en hijos de Abraham. Pablo puso esto en claro a los romanos, y aquí tenemos un caso donde «la circuncisión» es usada para describir a los descendientes naturales de Abraham:

«Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo…para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham.»

«Por tanto, es por fe…a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.» (Romanos 4:1-12,16)

La clara enseñanza aquí es que ser judío o gentil no tiene importancia en lo que a la promesa se refiere. Lo que vale es la manifestación de una fe y creencia similares a las que poseía Abraham. Pablo confirma esto en otra carta:

«Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús… Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.» (Gálatas 3:26-29)

Ahora podemos identificar la «simiente» de Abraham con certeza. No son exactamente los descendientes literales, los judíos, sino todos los que creen en Jesús y manifiestan en sus vidas la misma clase de fe que Abraham. Estos «hijos espirituales» son los que finalmente heredarán las bendiciones contenidas en la promesa.

Consideraremos a continuación el significado de estas bendiciones.

2. Abraham y su simiente heredarán la tierra
La promesa de Dios a Abraham fue muy explícita. Abraham poseería algún día la tierra a la que viajó por mandato de Dios. Se le dijo que viajara a lo largo y ancho de ella en la seguridad de que un día sería de su propiedad. Pablo va más allá al decir que a Abraham le fue prometido que llegaría a ser «heredero del mundo» (Romanos 4:13).

¿Ha sido cumplida alguna vez esta parte de la promesa?

La respuesta es un rotundo «no.» Abraham nunca poseyó la tierra. Génesis relata que cuando murió su esposa Sara, Abraham tuvo que comprar de los habitantes locales un sitio para sepultarla. Como él mismo dijo en aquella ocasión:

«Extranjero y forastero soy entre vosotros.» (Génesis 23:4)

El hecho de que Abraham no haya entrado en posesión de su herencia antes de su muerte, es enfatizado por los escritores del Nuevo Testamento:

«Habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena.» (Hebreos 11:9)

«Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie.» (Hechos 7:5)

A menos que la promesa se rompa—y con la existencia de Dios como garantía esto es inimaginable—el tiempo de la posesión de Abraham de la tierra aún está en el futuro. Esto se confirma con algunas otras palabras de la carta a los hebreos:

«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.» (Hebreos 11:8)

De hecho se nos dice que Abraham no esperaba recibir posesión en ese momento:

«Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.» (Hebreos 11:13)

De manera que otro ejemplo de la fe de aquellos «padres» fue vivir como extranjeros en tierra ajena, creyendo que un día heredarían esa tierra.

¿Cómo se cumplirá la promesa, si Abraham, Isaac y Jacob están muertos desde la antigüedad? Sólo podrá cumplirse por medio de su resurrección. No hay enseñanza más clara en la Biblia que la resurrección corporal de hombres y mujeres fieles. Si consideramos el tiempo cuando este sorprendente milagro habrá de ocurrir, entonces somos llevados inmediatamente a nuestro principal tema del reino de Dios. En el primer capítulo cité las palabras del libro de Apocalipsis que menciona el tiempo cuando «los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo.» El pasaje también continúa para decir que es también:

«El tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos…» (Apocalipsis 11:18)

Este juicio de los muertos, no sólo de Abraham sino también de todos sus descendientes espirituales, será precedido por su resurrección. Como Jesús dijo:

«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida…» (Juan 5: 28-29)

Podemos ver ahora la importancia de las palabras de Jesús citadas al comienzo de este capítulo, «Cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios.» Significan que Abraham será levantado de los muertos para finalmente heredar la tierra en la cual fue nómada una vez. Esto no será por el breve tiempo que dura la vida mortal sino «para siempre.»

La herencia de Abraham compartida con su simiente
Esto era una parte importante de la promesa. Hablando de la tierra prometida dijo Dios:

«…la daré a ti y a tu descendencia para siempre.» (Génesis 13:15)

Ya hemos visto que la simiente de Abraham no son necesariamente sus descendientes naturales sino los que comparten su fe y creencias. La promesa a Abraham les asegura que ellos también heredarán una parte de esta tierra. Una vez más esto concuerda con la predicación de Jesús. El dio comienzo a su Sermón del Monte con una serie de bendiciones para los fieles, y una de éstas fue:

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.» (Mateo 5:5)

Ahora puede usted entender cómo pasajes de la Biblia que aparentemente no tienen relación entre sí son reunidos y relacionados por este penetrante tema del reino de Dios. Incidentalmente, esto se ve mejor en las antiguas traducciones de la Biblia. Es una de las desventajas de las traducciones modernas que en el intento de usar lenguaje moderno se pierde el claro significado de algunos pasajes.

3. La simiente de Abraham poseerá las puertas de sus enemigos
Mencioné anteriormente que la palabra «simiente» puede referirse a un solo descendiente o a muchos. Según la promesa citada en el título de esta sección parecería que además de tener un gran número de descendientes, Abraham tendría uno muy notable. «Tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.»

En los tiempos bíblicos la puerta de una ciudad era un lugar muy importante. Así como era una parte vital del muro defensivo que rodeaba la ciudad, también era el área donde se realizaban todos los negocios, donde se publicaban los decretos y donde los gobernadores recibían el homenaje del pueblo. Hay varias alusiones a esta costumbre en la Escritura (Rut 4:1-2; Jeremías 38:7; Jeremías 39:1-4). Así que la puerta era el equivalente del edificio municipal de las ciudades modernas. Así que el hecho de que un invasor poseyera la puerta de una ciudad significaba tener el control completo de la ciudad después de expulsar a los dirigentes existentes.

Dios prometió a Abraham que tendría un descendiente quien un día «poseería las puertas de sus enemigos» gobernando sobre ellos. A la luz de lo que hasta aquí hemos estudiado está claro que aquí hay una promesa de enviar a Jesús a establecer el reino de Dios, cuando él «posea la puerta» del reino de los hombres y lo reemplace con su propio gobierno. En palabras de la Escritura:

«Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.» (Apocalipsis 11:15)

Pero nosotros no necesitamos suponer que esta «simiente» individual de Abraham es Cristo, pues esto se nos dice con total claridad en el Nuevo Testamento. Déjenme recordarles de nuevo uno de los aspectos de la promesa, y luego referirlos a la enseñanza que basaron en ella los cristianos del primer siglo. Dios dijo a Abraham:

«Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia (simiente) para siempre.» (Génesis 13:15)

Note la frase subrayada y vea cómo el Nuevo Testamento la toma para referirla a Cristo:

«Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.» (Gálatas 3:16)

Por consiguiente no hay duda de que la simiente de Abraham se refiere no solamente a los muchos quienes más tarde compartirán su fe y su recompensa, sino también a un individuo quien un día tomará el gobierno del mundo después de desplazar a sus autoridades. Esta persona es Jesús.

Por consiguiente, los rasgos del reino de Dios que hemos aprendido de las Escrituras se encuentran claramente incrustados en esta promesa a Abraham.

Pero hay un aspecto más de la promesa que debemos considerar.

4. El mundo entero será bendecido en Abraham y su simiente
Esta es la característica predominante de la promesa, y la de más largo alcance:

«Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.» (Génesis 12:3)

«En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra.» (Génesis 22:18)

Ya hemos visto que Cristo es el prometido descendiente de Abraham. ¿Cual será la bendición que él traerá para todo el mundo?

Es una bendición doble. Primero, a Abraham y sus muchos descendientes se les prometió que heredarían la tierra eternamente después de su resurrección de los muertos. Esto implica el don de vida eterna.

Segundo, el gobierno del mundo al regreso de Jesús, traerá bendición a la tierra, como vimos en el capítulo 2.

La bendición de vida eterna
Que la vida humana termina en la muerte es casi demasiado obvio para mencionarlo; pero la Biblia explica la razón de la muerte. Sucede a causa de lo que Dios llama pecado. Si el pecado puede ser removido, entonces la barrera que impide la vida eterna también será removida. En el capítulo 9 examinaremos cómo ha sido posible la remoción del pecado por medio del sacrificio de Jesús; pero para el propósito presente necesitamos decir solamente que Jesús hizo posible la vida eterna para la humanidad.

«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.» (Romanos 6:23)

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Juan 3:16)

Y esta vida sin límite es posible porque los pecados pueden ser perdonados por medio de Jesús:

«Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.» (Mateo 26:28)

«La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» (1 Juan 1:7,9)

Así que una parte de las bendiciones prometidas al mundo a través de la simiente de Abraham fue el perdón de los pecados para hacer posible la vida eterna en el reino de Dios. Esto se enseña claramente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Anteriormente cité el pensamiento final de la profecía de Miqueas, en el que aún espera para el futuro el cumplimiento de la promesa a Abraham. El pasaje completo muestra que era el perdón lo que el profeta tenía particularmente en mente:

«¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham su misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.» (Miqueas 7:18-20)

El Nuevo Testamento registra las palabras del apóstol Pedro en una de las primeras ocasiones cuando el mensaje cristiano fue predicado después de la muerte y resurrección de Jesús, y él también identifica la bendición prometida a Abraham con el perdón disponible por medio del sacrificio de Jesús:

«Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.» (Hechos 3:25-26)

No hay duda de que cuando Dios hizo la promesa a Abraham, él estaba prometiendo la venida del Salvador al mundo, a través de quien es posible el perdón y la vida eterna. ¡Una bendición verdadera!

La bendición de un gobierno perfecto
En el capítulo 2 ya consideramos las bendiciones que vendrán a toda la tierra como resultado del retorno de Jesús a establecer el reino de Dios y a «poseer la puerta de sus enemigos.» Pero quisiera referirme a un pasaje adicional que claramente identifica el perfecto gobierno de Jesús en el futuro con el cumplimiento de la promesa a Abraham. En Salmos 72 hay una bella descripción del reino de Dios bajo el perfecto gobierno de Cristo. Paz y justicia florecerán en el mundo, los pobres no serán más oprimidos, la tierra se volverá fructífera, todos los gobernantes del mundo se someterán al nuevo rey, y su gobierno abarcará a todo el mundo. Al final del salmo todo es resumido en palabras que claramente reiteran la promesa a Abraham, «En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra»:

«Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado.» (Salmos 72:17)

Resumen
Ahora podemos entender por qué la promesa a Abraham es descrita como el evangelio. Cada aspecto de la obra de Jesús está incluido en el pacto que Dios hizo con aquel hombre fiel hace 4,000 años. La venida del Redentor, la salvación personal, el establecimiento del reino de Dios con Cristo como su sabio y bendito gobernante, y la posesión eterna de la tierra por todos los que comparten la fe de Abraham, todo está incluido. Permítanme en este resumen recordarles el contenido de la promesa.

Abraham llegaría a ser el padre de una gran nación. Vimos que esto se refiere primero al pueblo judío; pero particularmente al «Israel espiritual»: Los judíos y gentiles que comparten la fe de Abraham y su confianza en Dios.
Abraham y su simiente compartirán la herencia eterna de la tierra de Palestina, antes llamada Canaán. Esto implica su resurrección y el don de la inmortalidad.
A Abraham se le prometió una simiente particular y notable que compartirá la herencia con él y tomará en sus manos el gobierno del mundo. Vimos que esta gran persona es Cristo, y que esta promesa es el mismo evangelio del reino que Cristo predicó personalmente en Israel.
El mundo entero será bendecido en Abraham y en Cristo. Esta bendición es en primer lugar la oferta de vida eterna por medio del perdón de los pecados, hecho posible por la muerte de Jesús. Segundo, el gobierno perfecto de Cristo cuando él gobierne sobre el reino de Dios.
La promesa a Abraham fue la base de la esperanza cristiana original enseñada por Cristo y sus apóstoles.
Finalmente, en este capítulo quisiera comentar la notable fuerza de la evidencia encontrada para sostener este concepto bíblico del reino de Dios. Primero se presentó la destrucción de la estatua de Nabucodonosor por la piedra que llenó toda la tierra. Esta es una clara promesa de reemplazar el reino de los hombres por el reino de Dios. Ahora en una forma completamente diferente, y procedente de otra parte de la Biblia, llega este mismo mensaje: un tiempo de bendición y paz para el mundo cuando la simiente de Abraham triunfe y reine. Esto da al estudiante sincero de la Biblia la seguridad de que está en el buen camino.

Esta no es la única evidencia. En el siguiente capítulo de este estudio, seguiremos el hilo de oro en otra parte de la Escritura.

PREPARANDO UN REINO

 

Estudio Bíblico

«Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.» (Mateo 25:34)


Ahora examinaremos en forma más detallada el tema de la Biblia. La enseñanza sobre el futuro reino de Dios es como un hilo de oro que va desde el principio hasta el final. Está entretejido dentro de los libros históricos, y a través de los profetas. Puede encontrarse claramente en los salmos, y aparece de nuevo en el Nuevo Testamento como el tema principal de la enseñanza de los primeros cristianos. Hemos visto en los capítulos previos del presente estudio que podemos tener confianza en la veracidad de la Biblia, y en el capítulo 2 echamos un vistazo al futuro cuando el reino será establecido. Ahora abriremos la Biblia para buscar el hilo del reino de Dios en su primeras páginas y comenzar a rastrearlo a través del resto de las Escrituras inspiradas.


Buscando en el principio de la Biblia las primeras alusiones al reino de Dios nos encontramos en terreno firme. Jesús dijo que en el futuro invitaría a los justos a su reino con estas palabras:


«Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.» (Mateo 25:34)


Así que el plan de Dios para la tierra ha estado desarrollándose desde el principio, y el libro de Génesis (literalmente «comienzos») nos traslada hasta esos remotos tiempos. ¿En qué parte de Génesis podemos aprender acerca del reino de Dios? Jesús contesta la pregunta, pues en su predicación acerca del reino a menudo dirigió la atención a un hombre llamado Abraham. En cierta ocasión dijo a los que le preguntaban sobre la salvación:


«…cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios…» (Lucas 13:28)


¿Por qué Jesús se refirió particularmente a Abraham, a su hijo y a su nieto mencionándolos especialmente en relación con el reino de Dios? Porque Abraham fue una de las primeras personas a quien se habló de este maravilloso futuro para la tierra.


Ur de los caldeos

El Eufrates es uno de los ríos más grandes del mundo. Nace en las montañas del noroeste de Turquía y serpentea lentamente por la planicie antes llamada Mesopotamia, dentro del moderno Iraq. Después de un viaje de cerca de 2,700 kilómetros se une al Tigris para luego desembocar en el Golfo Pérsico. Actualmente el desierto llega casi hasta la ribera de los ríos, pero en los tiempos bíblicos toda la planicie era irrigada por medio de canales y cauces, convirtiéndola en una de las más fértiles y populosas regiones de la tierra.


Cuando el moderno viajero navega por el Eufrates ve muchos montículos de cúspide plana que surgen a intervalos en la llanura del río. Estas no son colinas naturales, sino los lugares de antiguas ciudades, donde siglos de acumulación de escombros han elevado gradualmente el sitio por encima del nivel del área circundante.


No lejos de la desembocadura del Eufrates, en la región conocida como la antigua Caldea, hay un gran montículo conocido por los árabes como el Montículo del Betún. En 1854 este montículo fue identificado como el sitio de Ur de los Caldeos, la ciudad mencionada en la Biblia como lugar de nacimiento de Abraham.


La tierra natal de Abraham

El sitio de la antigua Ur fue excavado de 1922 a 1934 por una expedición del Museo Británico bajo la dirección de Sir Leonard Woolley. Se encontró que Ur había sido el más importante pueblo del área y sobresalía por su zigurat, o torre templo. Esta fue una serie de plataformas artificiales de ladrillo sólido, una sobre otra dando la apariencia de una pirámide baja y amplia de unos 25 metros de altura. En la plataforma más alta estaba el templo dedicado a la diosa luna al que se llegaba por gradas construidas a los lados inclinados de la torre. Rodeaban el zigurat más templos para la adoración de la luna, y más allá estaban las casas de los habitantes de la ciudad.


Por el año 2,000 a. de J. C. Ur era una ciudad próspera. En las riberas del río, los botes se amarraban a los muelles y descargaban su carga en bodegas y almacenes. Ricos mercaderes vivían en grandes casas de dos plantas y enviaban a sus hijos a escuelas donde el currículum incluía ejercicios matemáticos tan difíciles como la extracción de raíces cúbicas. En un gran edificio cercano al zigurat vivía el rey dios quien presidía sobre la vida civil y religiosa de la ciudad.


En esta sociedad bien ordenada y sorprendentemente sofisticada vivió Abram, cuyo nombre fue posteriormente cambiado a Abraham. Podemos deducir que fue un hombre instruido y culto, y probablemente estaba entre los miembros más importantes de la comunidad de Ur. Las referencias bíblicas nos dicen que su familia también adoraba los ídolos de aquellos días (Josué 24:2).


Promesa de Dios a Abraham

La Biblia nos relata que el Dios verdadero se reveló a Abram pidiéndole que abandonara la idólatra ciudad donde se había criado, para emigrar hacia un destino desconocido:


«Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.» (Génesis 12:1)


La confianza de Abraham en Dios fue tan fuerte que sin ninguna vacilación obedeció el mandato «y salió sin saber a dónde iba» (Hebreos 11:8). Junto a este llamado a dejar su país y familia, Dios hizo una promesa solemne a Abraham:


«Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.» (Génesis 12:2-3)


En cumplimiento de esta promesa Abraham llegó a ser verdaderamente padre de una gran nación, puesto que toda la raza judía desciende de él. Pero la promesa abarca mucho más que eso.


Las palabras finales de esta promesa, «serán benditas en ti todas las familias de la tierra» muestra que no se trataba de una oferta ordinaria. Dios estaba diciendo que la completa población del mundo recibiría bendiciones un día por medio de este hombre. La promesa a Abraham fue claramente un paso vital en la revelación del plan de Dios para la tierra y el hombre. He aquí el hilo de oro del reino de Dios apareciendo en el primer libro de la Biblia.


La importancia de la promesa de Dios a Abraham se confirma por las muchas referencias encontradas en el Nuevo Testamento. En el capítulo 1 observamos que el evangelio predicado por Jesús eran las buenas nuevas de la venida del reino de Dios. Escribiendo a los cristianos gálatas, Pablo señala que el mismo evangelio que Jesús enseñó fue originalmente predicado a Abraham 2,000 años antes cuando Dios le hizo la promesa:


«Y la escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.» (Gálatas 3:8)


La esperanza del apóstol Pablo

Como la promesa hecha a Abraham estaba incluida en el evangelio predicado por Jesús, no es una sorpresa encontrar que los primeros cristianos se refirieran a ella muy a menudo. Cuando Pablo fue enjuiciado por su fe, abiertamente reconoció que su creencia en estas promesas estaba en juego:


«Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio.» (Hechos 26:6)


Para los que escuchaban a Pablo esta «esperanza de la promesa» significaba sólo una cosa: la promesa de Dios a Abraham. Otra descripción era «la esperanza de Israel» y cuando Pablo fue arrestado por la predicación del mensaje cristiano exclamó:


«Por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.» (Hechos 28:20)


Por consiguiente el evangelio cristiano se remonta en el pasado hasta Abraham.


Lo que se dijo cuando Jesús nació

Si la promesa a Abraham era tan importante para Pablo esperaríamos encontrar referencias directas a ella cuando otros escritores del Nuevo Testamento hablaran acerca de la misión de Jesús. Este es exactamente el caso. Lucas registró dos discursos inspirados pronunciados durante el tiempo del nacimiento de Cristo. Uno fue del padre de Juan el Bautista, precursor del Cristo, y otro de María la madre de Jesús. Ambos vieron en la obra de Juan y de Jesús la implementación de la promesa a Abraham:


«Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre.» (Lucas 1:54-55)


«Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo…para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto: del juramento que hizo a Abraham nuestro padre.» (Lucas 1:68,72-73)


En su carta a los creyentes romanos Pablo señala que la misión de Jesús fue «confirmar las promesas hechas a los padres» (Romanos 15:8). Ya hemos encontrado que la obra de Cristo fue predicar el evangelio del reino de Dios, y aquí la misma obra es descrita como el cumplimiento de la promesa hecha a los padres: esto demuestra que las promesas y el evangelio son lo mismo.


Incidentalmente, la promesa a Abraham es un ejemplo del punto tratado en el capítulo 2, que el Nuevo Testamento depende completamente del Antiguo. Aquellos que niegan la relevancia del Antiguo Testamento para las creencias cristianas pasan por alto sus verdaderos fundamentos.


Por medio de estas referencias del Nuevo Testamento hemos establecido el principio de que la promesa a Abraham es el evangelio cristiano, estaba relacionada con la obra de Jesús y era la esperanza de los primeros cristianos. Ahora volveremos a referirnos a Génesis para buscar algo más sobre esta promesa.


Detalles de la promesa de Dios a Abraham

Ya hemos observado que Abraham recibió la promesa al abandonar Ur para ir a un destino desconocido. El lugar al cual lo guió Dios fue la tierra de Canaán, más tarde conocida como Palestina, donde se sitúa el moderno Estado de Israel.


Cuando Abraham llegó a Canaán Dios repitió su promesa. Muchos años más tarde, después de otra demostración de la gran confianza de Abraham en Dios, de nuevo le reiteró su promesa. Cada vez fueron agregados nuevos aspectos. Los siguientes pasajes son una declaración extensa de la promesa:


«Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, vé por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.» (Génesis 13:14-17)


«Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.» (Génesis 22:16-18)


Estas referencias contienen muchos aspectos de la promesa y usted puede encontrarlas confusas al principio. Si así fuera, valdría la pena volver a leer de nuevo las referencias anteriores para extraer los puntos principales antes de estudiar las promesas en detalle. Pero antes de examinar más de cerca este asunto hay tres comentarios que quisiera hacer.


Primero, observe la seguridad que Dios da a Abraham acerca del cumplimiento de la promesa. «Por mí mismo he jurado» dice Dios. Tal como lo expresa la carta a los hebreos, ésta es la máxima garantía:


«Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.» (Hebreos 6:13-14)


En segundo lugar, el uso de la palabra «simiente.» La palabra equivalente en la actualidad es «descendiente.» Pero la palabra «simiente» puede ser singular o plural, así que examinaremos el contexto de la palabra para averiguar si se refiere a uno o a muchos descendientes.


En tercer lugar, Dios instituyó el rito de la circuncisión como señal de su promesa y mandó a todos los descendientes varones de Abraham que continuaran la costumbre. Así en lenguaje bíblico «la circuncisión» es otro término para el pueblo judío, y «la incircuncisión» para todos los pueblos no-judíos o gentiles.


La promesa resumida

Combinando los relatos de la dádiva de la promesa (o pacto, como algunas veces se le llama), podemos hacer una lista de las principales características como sigue:


La simiente de Abraham llegaría a ser una gran nación.

Abraham, junto a su simiente, heredaría para siempre la tierra en que vivía: Canaán, llamada también Palestina.

La simiente de Abraham «poseerá las puertas de sus enemigos.»

En Abraham y su simiente será bendecida toda la tierra. Este resumen enfatiza la enseñanza del Nuevo Testamento de que no es ésta una promesa trivial. Con palabras como «para siempre» y «toda la tierra será bendecida» deberá ser obvio que algo muy importante está siendo predicho.

Ahora veremos cada aspecto con más detalles.


1. Los descendientes de Abraham llegarían a ser una gran nación

Obviamente aquí debemos usar la palabra «simiente» en sentido plural. La promesa era que los descendientes de Abraham llegarían a ser muy numerosos y muy importantes. ¿A qué pueblo se refiere esto?


En primera instancia se refiere a la nación de Israel. Cada judío puede trazar su ascendencia hasta Abraham. Isaac, el hijo de Abraham, tuvo un hijo, Jacob, quien más tarde fue llamado Israel. Este a su vez tuvo doce hijos, de donde descienden las doce tribus de Israel. Al final de su vida, Jacob emigró a Egipto con su familia, en total 70 personas. Unos 400 años después de Abraham las tribus de Israel habían aumentado hasta un total entre dos y tres millones de personas. Esta joven nación abandonó Egipto en el Exodo y eventualmente retornó a la tierra de Canaán, convirtiéndose allí en un reino importante a veces populoso y próspero. Después de varias vicisitudes, dispersión y persecución, los descendientes de Abraham están de nuevo viviendo en la tierra que les fue prometida, donde han formado el Estado de Israel.


Pero la posesión de los israelitas de la tierra, pasada o presente no debe considerarse como el cumplimiento de la promesa a Abraham. Aun en el período más próspero de su historia los profetas seguían esperando la realización definitiva del pacto, tal como lo indican las palabras de la profecía de Miqueas:


«Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.» (Miqueas 7:20)


La nación judía puede ser vista como un cumplimiento parcial de este aspecto de la promesa, pero de ninguna manera su completa realización. Quien sería, entonces, la simiente de Abraham en el sentido del propósito de Dios?


En los días de Cristo la nación judía se enorgullecía de su descendencia de Abraham, y así se aplicaban la promesa a sí mismos basándose en su linaje natural. «Linaje de Abraham somos» le dijeron en cierta ocasión (Juan 8:33), y podemos darnos cuenta de la vanidosa satisfacción en sus rostros cuando proclamaron su parentesco. ¿Cuál fue la respuesta de Cristo?


«Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.» (Juan 8:39)


En otra ocasión les dijo Juan el Bautista:


«No penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.» (Mateo 3:9)


Los verdaderos hijos de Abraham

¿Cual es el criterio que define a los verdaderos hijos de Abraham? Jesús ha dado ya una pista al decir que los verdaderos hijos de Abraham deben tener el mismo comportamiento de Abraham. Esta idea es ampliada posteriormente en el Nuevo Testamento. Los hijos de Abraham no son precisamente sus descendientes literales, sino aquellos que comparten sus cualidades. Su principal cualidad fue su fe y confianza en Dios. Llamado para ir a una tierra desconocida, obedeció sin vacilación. Se le dijo que tendría una multitud de descendientes cuando tenía 99 años de edad y su esposa, 90. El lo creyó a pesar de su aparente imposibilidad. Aun cuando se le pidió que ofreciera en sacrificio a su tan anhelado hijo único, él estaba dispuesto a obedecer.


Así que la fe antes que la descendencia natural convierte a las personas en hijos de Abraham. Pablo puso esto en claro a los romanos, y aquí tenemos un caso donde «la circuncisión» es usada para describir a los descendientes naturales de Abraham:


«Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo…para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham.»


«Por tanto, es por fe…a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.» (Romanos 4:1-12,16)


La clara enseñanza aquí es que ser judío o gentil no tiene importancia en lo que a la promesa se refiere. Lo que vale es la manifestación de una fe y creencia similares a las que poseía Abraham. Pablo confirma esto en otra carta:


«Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús… Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.» (Gálatas 3:26-29)


Ahora podemos identificar la «simiente» de Abraham con certeza. No son exactamente los descendientes literales, los judíos, sino todos los que creen en Jesús y manifiestan en sus vidas la misma clase de fe que Abraham. Estos «hijos espirituales» son los que finalmente heredarán las bendiciones contenidas en la promesa.


Consideraremos a continuación el significado de estas bendiciones.


2. Abraham y su simiente heredarán la tierra

La promesa de Dios a Abraham fue muy explícita. Abraham poseería algún día la tierra a la que viajó por mandato de Dios. Se le dijo que viajara a lo largo y ancho de ella en la seguridad de que un día sería de su propiedad. Pablo va más allá al decir que a Abraham le fue prometido que llegaría a ser «heredero del mundo» (Romanos 4:13).


¿Ha sido cumplida alguna vez esta parte de la promesa?


La respuesta es un rotundo «no.» Abraham nunca poseyó la tierra. Génesis relata que cuando murió su esposa Sara, Abraham tuvo que comprar de los habitantes locales un sitio para sepultarla. Como él mismo dijo en aquella ocasión:


«Extranjero y forastero soy entre vosotros.» (Génesis 23:4)


El hecho de que Abraham no haya entrado en posesión de su herencia antes de su muerte, es enfatizado por los escritores del Nuevo Testamento:


«Habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena.» (Hebreos 11:9)


«Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie.» (Hechos 7:5)


A menos que la promesa se rompa—y con la existencia de Dios como garantía esto es inimaginable—el tiempo de la posesión de Abraham de la tierra aún está en el futuro. Esto se confirma con algunas otras palabras de la carta a los hebreos:


«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.» (Hebreos 11:8)


De hecho se nos dice que Abraham no esperaba recibir posesión en ese momento:


«Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.» (Hebreos 11:13)


De manera que otro ejemplo de la fe de aquellos «padres» fue vivir como extranjeros en tierra ajena, creyendo que un día heredarían esa tierra.


¿Cómo se cumplirá la promesa, si Abraham, Isaac y Jacob están muertos desde la antigüedad? Sólo podrá cumplirse por medio de su resurrección. No hay enseñanza más clara en la Biblia que la resurrección corporal de hombres y mujeres fieles. Si consideramos el tiempo cuando este sorprendente milagro habrá de ocurrir, entonces somos llevados inmediatamente a nuestro principal tema del reino de Dios. En el primer capítulo cité las palabras del libro de Apocalipsis que menciona el tiempo cuando «los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo.» El pasaje también continúa para decir que es también:


«El tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos…» (Apocalipsis 11:18)


Este juicio de los muertos, no sólo de Abraham sino también de todos sus descendientes espirituales, será precedido por su resurrección. Como Jesús dijo:


«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida…» (Juan 5: 28-29)


Podemos ver ahora la importancia de las palabras de Jesús citadas al comienzo de este capítulo, «Cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios.» Significan que Abraham será levantado de los muertos para finalmente heredar la tierra en la cual fue nómada una vez. Esto no será por el breve tiempo que dura la vida mortal sino «para siempre.»


La herencia de Abraham compartida con su simiente

Esto era una parte importante de la promesa. Hablando de la tierra prometida dijo Dios:


«…la daré a ti y a tu descendencia para siempre.» (Génesis 13:15)


Ya hemos visto que la simiente de Abraham no son necesariamente sus descendientes naturales sino los que comparten su fe y creencias. La promesa a Abraham les asegura que ellos también heredarán una parte de esta tierra. Una vez más esto concuerda con la predicación de Jesús. El dio comienzo a su Sermón del Monte con una serie de bendiciones para los fieles, y una de éstas fue:


«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.» (Mateo 5:5)


Ahora puede usted entender cómo pasajes de la Biblia que aparentemente no tienen relación entre sí son reunidos y relacionados por este penetrante tema del reino de Dios. Incidentalmente, esto se ve mejor en las antiguas traducciones de la Biblia. Es una de las desventajas de las traducciones modernas que en el intento de usar lenguaje moderno se pierde el claro significado de algunos pasajes.


3. La simiente de Abraham poseerá las puertas de sus enemigos

Mencioné anteriormente que la palabra «simiente» puede referirse a un solo descendiente o a muchos. Según la promesa citada en el título de esta sección parecería que además de tener un gran número de descendientes, Abraham tendría uno muy notable. «Tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.»


En los tiempos bíblicos la puerta de una ciudad era un lugar muy importante. Así como era una parte vital del muro defensivo que rodeaba la ciudad, también era el área donde se realizaban todos los negocios, donde se publicaban los decretos y donde los gobernadores recibían el homenaje del pueblo. Hay varias alusiones a esta costumbre en la Escritura (Rut 4:1-2; Jeremías 38:7; Jeremías 39:1-4). Así que la puerta era el equivalente del edificio municipal de las ciudades modernas. Así que el hecho de que un invasor poseyera la puerta de una ciudad significaba tener el control completo de la ciudad después de expulsar a los dirigentes existentes.


Dios prometió a Abraham que tendría un descendiente quien un día «poseería las puertas de sus enemigos» gobernando sobre ellos. A la luz de lo que hasta aquí hemos estudiado está claro que aquí hay una promesa de enviar a Jesús a establecer el reino de Dios, cuando él «posea la puerta» del reino de los hombres y lo reemplace con su propio gobierno. En palabras de la Escritura:


«Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.» (Apocalipsis 11:15)


Pero nosotros no necesitamos suponer que esta «simiente» individual de Abraham es Cristo, pues esto se nos dice con total claridad en el Nuevo Testamento. Déjenme recordarles de nuevo uno de los aspectos de la promesa, y luego referirlos a la enseñanza que basaron en ella los cristianos del primer siglo. Dios dijo a Abraham:


«Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia (simiente) para siempre.» (Génesis 13:15)


Note la frase subrayada y vea cómo el Nuevo Testamento la toma para referirla a Cristo:


«Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.» (Gálatas 3:16)


Por consiguiente no hay duda de que la simiente de Abraham se refiere no solamente a los muchos quienes más tarde compartirán su fe y su recompensa, sino también a un individuo quien un día tomará el gobierno del mundo después de desplazar a sus autoridades. Esta persona es Jesús.


Por consiguiente, los rasgos del reino de Dios que hemos aprendido de las Escrituras se encuentran claramente incrustados en esta promesa a Abraham.


Pero hay un aspecto más de la promesa que debemos considerar.


4. El mundo entero será bendecido en Abraham y su simiente

Esta es la característica predominante de la promesa, y la de más largo alcance:


«Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.» (Génesis 12:3)


«En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra.» (Génesis 22:18)


Ya hemos visto que Cristo es el prometido descendiente de Abraham. ¿Cual será la bendición que él traerá para todo el mundo?


Es una bendición doble. Primero, a Abraham y sus muchos descendientes se les prometió que heredarían la tierra eternamente después de su resurrección de los muertos. Esto implica el don de vida eterna.


Segundo, el gobierno del mundo al regreso de Jesús, traerá bendición a la tierra, como vimos en el capítulo 2.


La bendición de vida eterna

Que la vida humana termina en la muerte es casi demasiado obvio para mencionarlo; pero la Biblia explica la razón de la muerte. Sucede a causa de lo que Dios llama pecado. Si el pecado puede ser removido, entonces la barrera que impide la vida eterna también será removida. En el capítulo 9 examinaremos cómo ha sido posible la remoción del pecado por medio del sacrificio de Jesús; pero para el propósito presente necesitamos decir solamente que Jesús hizo posible la vida eterna para la humanidad.


«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.» (Romanos 6:23)


«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Juan 3:16)


Y esta vida sin límite es posible porque los pecados pueden ser perdonados por medio de Jesús:


«Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.» (Mateo 26:28)


«La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» (1 Juan 1:7,9)


Así que una parte de las bendiciones prometidas al mundo a través de la simiente de Abraham fue el perdón de los pecados para hacer posible la vida eterna en el reino de Dios. Esto se enseña claramente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Anteriormente cité el pensamiento final de la profecía de Miqueas, en el que aún espera para el futuro el cumplimiento de la promesa a Abraham. El pasaje completo muestra que era el perdón lo que el profeta tenía particularmente en mente:


«¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham su misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.» (Miqueas 7:18-20)


El Nuevo Testamento registra las palabras del apóstol Pedro en una de las primeras ocasiones cuando el mensaje cristiano fue predicado después de la muerte y resurrección de Jesús, y él también identifica la bendición prometida a Abraham con el perdón disponible por medio del sacrificio de Jesús:


«Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.» (Hechos 3:25-26)


No hay duda de que cuando Dios hizo la promesa a Abraham, él estaba prometiendo la venida del Salvador al mundo, a través de quien es posible el perdón y la vida eterna. ¡Una bendición verdadera!


La bendición de un gobierno perfecto

En el capítulo 2 ya consideramos las bendiciones que vendrán a toda la tierra como resultado del retorno de Jesús a establecer el reino de Dios y a «poseer la puerta de sus enemigos.» Pero quisiera referirme a un pasaje adicional que claramente identifica el perfecto gobierno de Jesús en el futuro con el cumplimiento de la promesa a Abraham. En Salmos 72 hay una bella descripción del reino de Dios bajo el perfecto gobierno de Cristo. Paz y justicia florecerán en el mundo, los pobres no serán más oprimidos, la tierra se volverá fructífera, todos los gobernantes del mundo se someterán al nuevo rey, y su gobierno abarcará a todo el mundo. Al final del salmo todo es resumido en palabras que claramente reiteran la promesa a Abraham, «En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra»:


«Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado.» (Salmos 72:17)


Resumen

Ahora podemos entender por qué la promesa a Abraham es descrita como el evangelio. Cada aspecto de la obra de Jesús está incluido en el pacto que Dios hizo con aquel hombre fiel hace 4,000 años. La venida del Redentor, la salvación personal, el establecimiento del reino de Dios con Cristo como su sabio y bendito gobernante, y la posesión eterna de la tierra por todos los que comparten la fe de Abraham, todo está incluido. Permítanme en este resumen recordarles el contenido de la promesa.


Abraham llegaría a ser el padre de una gran nación. Vimos que esto se refiere primero al pueblo judío; pero particularmente al «Israel espiritual»: Los judíos y gentiles que comparten la fe de Abraham y su confianza en Dios.

Abraham y su simiente compartirán la herencia eterna de la tierra de Palestina, antes llamada Canaán. Esto implica su resurrección y el don de la inmortalidad.

A Abraham se le prometió una simiente particular y notable que compartirá la herencia con él y tomará en sus manos el gobierno del mundo. Vimos que esta gran persona es Cristo, y que esta promesa es el mismo evangelio del reino que Cristo predicó personalmente en Israel.

El mundo entero será bendecido en Abraham y en Cristo. Esta bendición es en primer lugar la oferta de vida eterna por medio del perdón de los pecados, hecho posible por la muerte de Jesús. Segundo, el gobierno perfecto de Cristo cuando él gobierne sobre el reino de Dios.

La promesa a Abraham fue la base de la esperanza cristiana original enseñada por Cristo y sus apóstoles.

Finalmente, en este capítulo quisiera comentar la notable fuerza de la evidencia encontrada para sostener este concepto bíblico del reino de Dios. Primero se presentó la destrucción de la estatua de Nabucodonosor por la piedra que llenó toda la tierra. Esta es una clara promesa de reemplazar el reino de los hombres por el reino de Dios. Ahora en una forma completamente diferente, y procedente de otra parte de la Biblia, llega este mismo mensaje: un tiempo de bendición y paz para el mundo cuando la simiente de Abraham triunfe y reine. Esto da al estudiante sincero de la Biblia la seguridad de que está en el buen camino.


Esta no es la única evidencia. En el siguiente capítulo de este estudio, seguiremos el hilo de oro en otra parte de la Escritura.

¿Y SI LA BIBLIA NUNCA ENSEÑÓ QUE TENEMOS UN "ALMA INMORTAL"?

  ¿Y si la Biblia nunca enseñó que tienes un "alma" inmortal? Durante siglos nos dijeron que el ser humano tiene un alma atrapada ...