jueves, 26 de septiembre de 2019

LOS DOS LINAJE DE LA HUMANIDAD

Los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres: 

En un estudio anterior vimos juntos la forma en que el pecado entró al mundo, y la semana pasada ampliamos el tema revisando lo que se enseña a lo largo de la Biblia acerca del problema del pecado, y que hemos descubierto?  Que el pecado es un problema humano, de la mente y la carne.  Que pecamos cuando somos atraídos por nuestra naturaleza, y seducidos. Y a partir de la primera pareja, el pecado haya un hogar en el corazón de algunos de nosotros ‐ aunque en algunos más que otros. En esta mañana vamos a estudiar el desarrollo del pecado en la humanidad, que comienza como un problema personal, o de un solo matrimonio, pero que llega a llenar el mundo. 

Génesis 4. v. 1‐5. Que ocurre, con el pasar del tiempo? [Adán y Eva tienen hijos.] Cuantos? Sus nombres? El mayor/menor? [ ] Que hacen estos hijos? [traen ofrendas] Que podemos deducir de este hecho? [que ha habido comunicación con Dios, por medio de ángeles probablemente; se ha dado algún nivel de educación espiritual. O quizá estos han aprendido algo de sus padres; ha habido instrucción espiritual en esta primera familia. Y esta es una forma también importante de estudiar lo que aquí ocurre: esta es la primera congregación, la primera iglesia.]. Caín que trae? [del fruto de la tierra] Y Abel? [de las ovejas: primogénito, de los mas gordos] Y cómo les recibe Dios? [a Abel con agrado, y a Caín no] Porqué creen? [¿el simbolismo? ¿calidad?]  Leamos Hebreos 11:4 ‐ Que dice? [Que ofreció por fe/con fe] Fe en que? [en el cordero que fue inmolado desde el principio del mundo ‐ Apocalipsis 13:8; en lo que les había enseñado el ángel a sus padres cuando se les perdonó el primer pecado, y no murieron ese mismo día...] En que creía entonces Abel? [en la promesa que le fue hecha a sus padres, en el sacrificio perfecto que Dios prepararía para los que quisieran superar el problema del pecado en su carne.]  Y si Hebreos nos comenta que Abel lo hizo con fe, deducimos que Caín ofreció...? [sin fe, por compromiso, por apariencia] La Biblia habla de personas así en varios pasajes:  II Tim 3:5 ‐ ...hombres que... tendrán la apariencia de piedad, pero negarán la utilidad/eficacia de ella  Isaías 29:13 ‐ este pueblo con sus labios me honra, pero su corazón esta lejos de mi, y su temor no es mas que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado. 

 El peor enemigo de los santo no es lo abiertamente malo, sino la falsa santidad... lo malo reluce por sus obras, y las personas con un espíritu piadoso puede huir de ello. Pero lo que tiene apariencia de santidad engaña y seduce a personas que tal vez sí hubieran buscado un camino mejor, pero pensando haberlo hallado, ya no buscan más. La religión de la serpiente es el fariseísmo; la religión que aparenta ser de Dios, cuando en el fondo es puramente humana. 

¿Como se siente Caín? [enojado] Y esto es indicio del orgullo de su corazón; que ofreciéndole a Dios lo que le daba la gana, sin fe, se enoja porque Dios no lo acepta. A veces nosotros también somos como Caín, tenemos un concepto de Dios que es un abuelito a quien nadie le visita, y que con cualquier tontera estará satisfecho. La realidad es otra (ver Malaquías 1, por ejemplo). v.6‐8 Que ocurre? [Dios le explica que haciendo bien, será enaltecido, pero cuando no... cuidado que el pecado está a la puerta]. 

1 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: 

Los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres. 

Dios le da la oportunidad de arrepentirse, pero Caín no le hará caso.  Proverbios 12:1 ‐ El que ama la instrucción ama la sabiduría; Mas el que aborrece la reprensión es ignorante.  29:1 ‐ El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina. En la vida todos siempre cometeremos errores. Pero cada vez que alguien nos llama la atención, podemos demostrar la calidad de personas que somos. Ser sorprendidos en un error es una oportunidad, no tiene que ser motivo de vergüenza, de escondernos, de enojarnos para encubrir lo que hicimos:  ¿Escuchamos la reprensión? Somos sabios.  ¿Nos enojamos? Acusamos a otros, al que nos ha llamado la atención? ¿Tratamos de destruir la evidencia del error? Seremos destruidos. ¿Que está expresando Dios con esta frase ‘el pecado está a la puerta’? [una figura literaria, una metáfora, el pecado nos acecha] Y también indica que llegar a pecar es un proceso... no ocurre con el primer sentimiento negativo, tenemos la oportunidad de decidir que vamos a hacer con esa ira.  Prov. 16:32 ‐ Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad. ‐ Las cualidades que exalta la Biblia son muy distintas a las que el mundo alaba.  Prov. 19:19 ‐ El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males. ¿Y que termina haciendo Caín? [matando a su hermano] Porqué? [porque le pareció más fácil destruir a Abel, que cambiarse él mismo] Y así somos; preferimos criticar a nuestros padres, a nuestros hermanos, hasta hacerlos nada en nuestras mentes, con tal de no tener que aceptar las palabras que nos dicen. v. 9‐12. Consecuencias: ¿Que ocurre? [Dios le pregunta que qué ha hecho] ¿Y Caín? [se hace el loco] Pero [Dios lo sabe todo] Y esta es una de las grandes enseñanzas de la Biblia: Dios ya sabe que hicimos. Pero lo irónico es que todos esto lo decimos “Dios lo ve todo” y sin embargo, a las horas de las horas, pensamos que nos podemos esconder de él, que podremos encubrir lo que hemos hecho. Un ejemplo muy común es que la gente que no quiere que le digan que lo que hace está mal comienza a alejarse de la iglesia. Dejan de asistir, porque se meten a la cabeza que “si no voy, nadie se va a dar cuenta de lo que estoy haciendo”. Y leamos lo que ocurre: [v. 16‐24]  ¿Que hace Caín? [se aleja de Dios, y vive al oriente] Con el pasar del tiempo, halla esposa, se casa, y funda una ciudad. Y al final tenemos a qué personaje? [Lamec] ¿Y porqué se nos habla de este señor? [para mostrarnos que 7 generaciones después, en el linaje de Caín existe un espíritu de venganza, y de querer salirse con la suya] Caín es una persona, un individuo, pero lastimosamente, sus características no mueren con él, sino que se convierte también en el padre de muchas personas más que comparten su mismo espíritu. El Linaje de Set v.25‐26 ‐ ¿Y del otro lado? [Adán y Eva tienen otro hijo, Set, y en ese tiempo se comienza a adorar a Dios sistemáticamente]. 

2 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres: 

Y en el capítulo 5 tenemos una genealogía, que se utiliza en la Biblia como recurso literario para indicar una transición entre grandes etapas... pasa más de un milenio, y dependiendo de como se interpreten estas genealogías, tal vez más... Leamos las últimas generaciones: [Gen 5:25‐32] Aquí tenemos otro Lamec, quizá contemporáneo con el descendiente de Caín, pero este ¿que busca? [reposo, descanso] ¿Descanso de que? [nuestras obras, el trabajo de nuestras manos] El espíritu del sábado, de reposar de las obras de la carne? [Is. 58:13‐14] Y nosotros, al igual que Jesús, debemos observar en que día el sábado? [en todos; en todo momento, en toda circunstancia, en toda actividad, sea trabajo, juego, familia, iglesia, descanso, en *todo*, debemos estar descansando de las obras de la carne, y haciendo las obras de Dios. De esto no debemos descansar ‐ nuestro Padre hasta ahora trabaja...] Lo que importa es el espíritu; podemos descansar de las obras de la carne en el trabajo, y practicar las obras de la carne en la iglesia. Lo externo es lo de menos. Así que en Génesis 4 y 5, estamos viendo dos espíritus muy distintos que se están manifestando en la humanidad. Por un lado, violencia y sed de venganza, por el otro lado, un sincero deseo de descansar de las obras de la carne, de que venga el salvador, que las cosas cambien. Y luego viene la crisis. 

Génesis 6:1‐2 ‐ ¿Que ocurre? [los hijos de Dios ven que las hijas de los hombres son hermosas, y escogen entre ellas para sus mujeres.] ¿Quienes son los hijos de Dios? [las personas que le buscan y adoran].  Éxodo 4:22 ‐ Israel es mi hijo, mi primogénito.  Dt. 14:1‐2 ‐ Hijos sois de Dios, seréis santos.  Mt. 5:9 ‐ Los pacificadores serán llamados hijos de Dios. etc. Y parece entonces que las hijas de los hombres, serán los descendientes de Caín. Y a lo largo de la Biblia, esta claro que no debemos mezclarnos con las personas que siguen la carne.  (Éxodo 34:12‐16;  Josué 23:11‐13;  I Reyes 11:1‐8;  Esdras 9:1‐3, 10:1‐3; Nehemías 13:23‐27;  II Cor 6:13‐71) Y el resultado aquí en Génesis: [6:3‐8] Se corrompe la humanidad ante él. Y aparte de a Noé y a su familia, Dios destruye la humanidad. 

3 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres Génesis 10-11. 

Pero desafortunadamente, en los hijos de Noé existe lo mismo que hubo en los hijos de Adán:  Gen 8:21 ‐ ¿Que esta diciendo Dios? [Que un diluvio tiene poder para destruir a la humanidad, pero no raerá del corazón del hombre los deseos de la carne; no lava el corazón.] Y en Cam, y Canaan, hijo y nieto de Noé, existe ya la perversidad de corazón y espíritu. Y en Génesis 10 se vuelven a formar naciones, y una vez mas, se produce lo esperado. Génesis 11:1‐4 ‐ ¿Que ocurre? [quieren hacerse una gran ciudad, y un nombre, y estar juntos y fuertes]  El espíritu de Babel/Babilonia es el que nos expresa Isaías en el famoso capitulo 14: [Is 14:12‐14]: “tu que decías en tu corazón, subiré al cielo, en lo alto, junto a las estrellas de Dios levantare mi trono... seré semejante al Altísimo.” ¿Que espíritu es este? [es el espíritu que impulso al hombre y a la mujer a tomar la fruta, querer la igualdad con Dios.] ¿Y Dios como resuelve? [v. 5‐9] Querían estar unidos, Dios los esparce, y confunde sus lenguas y sus propósitos, para que no puedan alzarse contra él. Pero en otra familia, en otra descendencia, hay otro espíritu: Qué tenemos en los versículos del 10‐26? [la genealogía de Abram] Que dijimos anteriormente que era la función de la genealogías en la Biblia? [de marcar transiciones, épocas].  ¿Y que transición marcamos aquí? [el resto de la Biblia se tratará solo de este hombre, y de su descendencia.] Este hombre marca el inicio de otro camino, de otro tipo de relación con Dios; este hombre es la semilla de la esperanza del hombre. ¿Que le caracterizaba a este? [Gen 12:1‐4] ¿Que le pide Dios? [que abandone todo lo que en este mundo le daba su identidad y su ser].  Hebreos 11:8‐16.  Por la fe obedece, para salir, para dejar todo. Sale sin saber adonde va. ¿Los elementos mas importantes? [fe, obediencia, salir, hacerlo sin saber adonde va].  Por fe habita como extranjero, con sus hijos. Que viviendo como el vivió, creyendo lo que el creyó, se hacen coherederos de la misma promesa. ¿Y porque? [porque "esperaba una ciudad con fundamentos", una ciudad de Dios.]  Heb 13:11‐14 ‐ Salen, para buscar otra ciudad. ¿A qué ciudad? [Heb 12:22] A la Jerusalén celestial. Efesios 2:19‐22 ‐ La ciudadanía de la familia de Dios, el templo que Dios ha estado edificando desde el principio del mundo, no de piedras sino de personas. (Apocalipsis 21:9‐11, 22‐27.  Heb 11:13‐16)  Lo miraron, lo creyeron, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.  Y los que esto confiesan, claramente dan a entender que buscan una patria.  Y nosotros, ¿confesamos que somos extranjeros? O ¿escondemos el hecho? ¿Damos a entender claramente que buscamos otra patria, o nos manifestamos conformes con esta?  v. 15 ‐ Tenían tiempo de volver. Y nosotros, ¿volveremos? ¿Nos volveremos atrás, para que aunque los ángeles de Dios nos intenten sacar, insistiremos en volver para ser destruidos?  v. 16 ‐ Pero no querían una ciudad terrenal, de los hombres, sino celestial, de Dios. Por lo tanto, Dios les ha preparado una ciudad. 

4 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres.

 Daniel 2:  El rey del imperio llamado por el nombre de la torre que se quiso levantar milenios antes, vive con el mismo espíritu que su antepasados. Este hombre levanta un imperio, un reino que se le describe en Daniel 4:  (Daniel 4:20‐22) ‐ Un reino que se había levantado hasta el cielo en su grandeza, y hasta los limites de la tierra. Y Daniel le da la advertencia, que se arrepienta. Pero: v. 29‐33. Pero un panorama mas completo lo vemos en Daniel 2.  v. 29‐30 ‐ de que se trata el sueño? [del futuro]  v. 37‐43 ‐ Y ve una imagen, hecha de varios metales, que en su totalidad representa [el reino de los hombres]  v. 44 ‐ ¿y que ocurre con el reino de los hombres? [es totalmente destruido por la venida del reino de Dios. (Daniel 7:23‐27) 

‐ Otro aspecto, una bestia terrible que hace guerra contra los santos, y los vence. Pero que al final es totalmente destruido. Resumen. En este estudio hemos podido ver solo una pequeña muestra de uno de los grandes temas de la Biblia. El tema de dos pueblos a través de la historia: un pueblo entregado a glorificar la carne, y otro pueblo que se abstiene de las cosas del mundo por fe en un futuro mejor. Solo hay dos pueblos, y así como somos o descendientes de Adán o de Cristo, así somos de uno o del otro pueblo: ¿en cual mantendremos nuestra ciudadanía? El momento para definirnos es hoy mismo, antes del fin absoluto del reino de los hombres.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

CIELO E INFIERNO: ¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA?

For this activity you simply plan ahead by asking another teacher to come into your classroom. Have them fill out the attached form before they arrive. You must do this activity while you are in the chapter on Memory. Cover the material you would normally. At the last 10 minutes of the period hand out the attached form to the students. See how much they remember about who came in the room or if they remember at all $1

¿Qué enseña la Biblia?

La Biblia es un libro razonable. No hay en ella nada contradictorio. Todo está arreglado de tal modo que hace su mensaje dinámico y fácil de entender. Sus enseñanzas tienen sentido, y es esta simple lógica la que presenta un desafío tal que nadie que tenga buena voluntad puede negar su impacto.


Este folleto se ha escrito para mostrar que en contraste con las claras y razonables enseñanzas de las Escrituras, las ideas populares acerca del cielo y el infierno no son razonables. ¿Cuáles son estas ideas? Por siglos ha sido comúnmente creído por la mayoría de cristianos nominales que el cielo es la morada de los justos muertos, donde experimentan gozo y felicidad eternos, y que el infierno es el lugar de habitación de los malos, quienes están sujetos a tormento sin fin en fuego inextinguible.


En tiempos más recientes, muchos han abandonado la idea del infierno, y con ella cualquier deseo real de investigar si es, de hecho, un verdadero reflejo de lo que la Biblia enseña. Este aborrecimiento del sufrimiento eterno (seguramente un instinto correcto) ha dado por resultado que los hombres, en cambio, alimenten una vaga esperanza de salvación universal por medio de la cual todos gozarán de felicidad eterna, independientemente de las obras hechas durante su vida mortal. Sin embargo, eso ha dejado a su vez a la gente con una sensación de incomodidad porque consideran injusto asumir que puede haber un premio para ambos, buenos y malos, igualmente.


Los cristadelfianos no comparten ni la idea moderna del "cielo para todos," ni las ideas más tradicionales de bendiciones en el cielo y castigo en el infierno. Han leído la Biblia por sí mismos (tal como esperamos que harán los lectores de este folleto) y han concluido que, aunque el cielo y el infierno son mencionados muchas veces, estos no son lugares de eterna morada donde la gente espera o teme ir cuando muera.


Un grave error ha sido cometido en la interpretación bíblica. Pero el error no se relaciona en primer término con el cielo y el infierno; el error realmente surgió de otra teoría: que todos los hombres nacen con la llamada "alma inmortal." Esta es diversamente descrita como una "entidad que nunca muere," o una "chispa divina." Al alma le son atribuidas todas las características de lo que es llamado "el verdadero hombre": personalidad, conciencia, razón, entendimiento, emociones y todas las cualidades morales de las que el hombre es capaz. Del cuerpo se dice que es mortal y corruptible, convirtiéndose en polvo y cenizas después de la muerte; mientras que el alma es inmortal e incorruptible, y sigue viviendo en eterna dicha o aflicción.


Por supuesto, cuando uno ha aceptado tal punto de vista acerca de la naturaleza humana, entonces la creencia en otro lugar como el permanente y continuo hogar del alma después de la muerte se vuelve una necesidad lógica. Pero si este punto de vista acerca de la naturaleza humana es incorrecto, entonces el concepto popular del cielo e infierno también puede ser totalmente falso.


Por consiguiente, proponemos examinar brevemente la enseñanza bíblica concerniente al alma y la naturaleza humana, y partiendo de esta base, establecer la razonable y lógica enseñanza de la Biblia referente al destino final de los justos y los malvados.


El alma (hebreo nefesh)

Para comenzar, debe quedar establecido que las frases "alma inmortal," "alma que nunca muere" o cualquier expresión similar, no se encuentran en las páginas de la Biblia. Solamente acerca de Dios está escrito que es "...el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver" (1 Timoteo 6:16). El hombre no tiene inmortalidad inherente, y aunque la palabra "alma" ocurre frecuentemente en sus páginas, la Biblia no enseña la idea de algo que es independiente del cuerpo y que sigue viviendo después de la muerte. El relato bíblico de la creación del hombre define el alma con total claridad en Génesis 2:7:


"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser [nefesh] viviente." [La versión Reina-Valera de 1909 y otras muchas versiones de la Biblia traducen: "alma viviente"; ver también 1 Corintios 15:45]


Es el hombre mismo, el cuerpo formado del polvo, activado por el aliento de vida, el que es descrito como ser o alma viviente. La palabra hebrea original nefesh significa simplemente "una criatura que respira," y es usada no sólo para hombres, sino también para animales. Por ejemplo:


"Produzcan las aguas seres [nefesh] vivientes." (Génesis 1:20)


"Y todo lo que Adán llamó a los animales [nefesh] vivientes, ese es su nombre." (Génesis 2:19)


"Esta es la ley acerca de la bestias, y las aves, y todo ser [nefesh] viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra." (Levítico 11:46)


En realidad, la palabra nefesh es usada en una variedad de sentidos en nuestra traducción bíblica. Muchas veces es traducida "alma"; otras tantas, "vida," "persona," "alguno," etc. Entre las demás traducciones figuran "corazón," "ánimo," "animal," "muerto" (Levítico 19:28), "cadáveres" (Levítico 22:4), "esclavo" (Levítico 22:11), e incluso "estómago" (Isaías 29:8). Pero su uso está siempre asociado con la actividad de una criatura viva que respira y nunca implica referencia alguna sobre la duración de la vida. Lejos de atribuir inmortalidad al alma, la Biblia declara enfáticamente que no solamente puede morir, sino que debido a su propia naturaleza, tarde o temprano tendrá que morir.


"Fallecerá el alma de ellos en su juventud." (Job 36:14)


"Libra de la espada mi alma." (Salmos 22:20)


"Porque has librado mi alma de la muerte." (Salmos 56:13)


"El alma que pecare, esa morirá." (Ezequiel 18:4)


No podríamos tener un testimonio más claro de que las almas mueren.



El estado de los muertos


Sin embargo, aún queda la pregunta: ¿Qué es realmente la muerte? En los primeros capítulos de Génesis leemos no sólo acerca de la creación del hombre, sino también de su caída y la introducción del pecado y la muerte en el mundo. El Señor Dios ordena al hombre:


"De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás." (Génesis 2:16, 17)


La desobediencia a los mandamientos de Dios traería la muerte. Lo que la muerte implica se hace claro cuando Dios sentencia a Adán por su pecado:


"Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás." (Génesis 3:19)


Había de ocurrir, en efecto, un proceso inverso al de la creación. Dios formó al hombre del polvo e introdujo el aliento de vida en su cuerpo, para que llegara a ser una criatura viva, que respirase. En la muerte, Dios retira esa energía portadora de la vida, de la cual El solo es la fuente (ver Job 34:14, 15; Salmos 36:9); y el cuerpo se corrompe y dispersa en el polvo (Eclesiastés 12:7).




Polvo al polvo


Puede parecer obvio decirlo, pero Adán no existía antes que fuera traído a la existencia por el poder creativo de Dios. Si la muerte es lo contrario del proceso creativo, entonces el resultado es la cesación de la existencia y la desintegración de la criatura viva que respira, sea hombre o animal, puesto que en lo que se refiere a su constitución natural no hay diferencia entre ellos:


"Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo." (Eclesiastés 3:19, 20)


El salmista escribe:


"Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive...Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca." (Salmos 39:4, 5, 13)


Así que no hay existencia consciente en la muerte: ninguna parte del hombre sigue viviendo, ni en el cielo, ni en el infierno. No hay prolongación de la existencia, ni aun para los justos. Un siervo fiel de Dios, el rey Ezequías, escribió:


"Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy." (Isaías 38:18, 19)


Y el sabio resume la posición:


"Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol...Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría." (Eclesiastés 9:5, 6, 10)


Frente a tan clara enseñanza acerca de la muerte, ¿qué necesidad hay de mayor explicación? La existencia no continúa después de la muerte, sea en el cielo o en el infierno. La Biblia nos habla simple y lógicamente, conduciéndonos inevitablemente a esta conclusión.


Esto no quiere decir, por supuesto, que no hay recompensa para los justos o castigo reservado para los desobedientes. Pero cualesquiera que estos puedan ser, dada la armonía que existe a través de la Biblia, tal premio o castigo debe ser consistente con los hechos que ya hemos establecido. Un estudio de lo que las Escrituras dicen respecto del cielo nos conducirá suavemente adelante en el desarrollo de nuestro entendimiento de lo que la Biblia enseña sobre estos vitales temas de la vida y la muerte.




El cielo, morada de Dios

El cielo es el lugar donde Dios habita. Al hacer tal afirmación, por supuesto, no debemos limitar el poder y la trascendencia de Dios, de quien las Escrituras enseñan que está presente en todo lugar por medio de su Espíritu. El salmista, meditando sobre esta omnipresencia de Dios, escribió:


"¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz." (Salmos 139: 7-12)


Cuando Salomón construyó su templo, una casa para morada de Dios, él también reconoció esta verdad:


"He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (1 Reyes 8:27)


Pero, aunque el Espíritu de Dios llena todo el espacio, esta verdad es compatible con el hecho de que las Escrituras hablan de un "lugar de morada." En esa misma ocasión Salomón rogó a Dios por Israel, diciendo:


"Cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona." (1 Reyes 8:30; ver también versículos 39 y 43)




"Padre nuestro que estás en los cielos"

El sabio escribió:


"Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras." (Eclesiastés 5:2)


Jesús enseñó a sus discípulos a orar, diciendo:


"Padre nuestro que estás en los cielos." (Mateo 6:9)


Este concepto de la habitación celestial de Dios es resumido en los pasajes siguientes:


"...el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver." (1 Timoteo 6:16)


"Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres." (Salmos 115:16)


El hombre no tiene acceso a la presencia de Dios en los cielos; pero el Señor Jesús, el unigénito Hijo de Dios, después de su resurrección, "fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios" (Marcos 16:19). De nuevo, esta es la conclusión lógica a la que nos han conducido las Escrituras:


"Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre." (Juan 3:13)



La tierra es la herencia del hombre

El cielo no es para el hombre; su lugar de habitación, tanto ahora como en cualquier existencia futura, es la tierra:


"Los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz...Porque los benditos de él heredarán la tierra...Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella." (Salmos 37:11, 22, 29)


El Señor Jesús se estaba refiriendo a este salmo cuando dijo: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" (Mateo 5:5). El enseñó a sus discípulos a orar diciendo: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:10). Juan tuvo una visión de los redimidos (librados del pecado y de la muerte), los cuales cantan:


"Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios...y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra." (Apocalipsis 5:9, 10)


Por consiguiente, la tierra es la habitación del hombre y también su prometido y eterno lugar de morada. Dejaremos por ahora solamente planteada la interrogación de cómo es garantizada esta herencia en la tierra, debido a que antes debemos poner en claro algunos malentendidos comunes acerca del infierno.




El infierno es la sepultura


Hay tres palabras principales en la Biblia que han sido traducidas "infierno." En el Antiguo Testamento es la palabra hebrea sheol. En el griego del Nuevo Testamento son las palabras hades y gehena. [Nota del traductor: La Biblia Reina-Valera de 1960, de la cual se han tomado las citas bíblicas que salen en este folleto, no traduce sheol y hades como "infierno," sino que las vierte "Seol" y "Hades" respectivamente.] La palabra sheol era usada comúnmente para indicar la morada de los muertos bajo la tierra. Aun cuando la palabra fue vertida al castellano como Seol en la versión Reina-Valera de 1960, es muy claro que la mejor equivalencia es "sepulcro." No hay excepciones: la muerte y el sepulcro dan a los hombres una igualdad que no pueden encontrar en vida, porque:


"Allí los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas. Allí también reposan los cautivos; no oyen la voz del capataz. Allí están el chico y el grande, y el siervo libre de su señor." (Job 3:17-19)


En el Nuevo Testamento, hades es el equivalente de la palabra hebrea sheol. La Septuaginta, una traducción del Antiguo Testamento al griego, compilada doscientos cincuenta años antes del nacimiento de Jesús, usa hades casi sin excepción para representar sheol. En el discurso de Pedro en el día de Pentecostés, éste cita el Salmo 16 para probar la resurrección de Jesús, usando la palabra hades donde aparece sheol en la versión hebrea del salmo:


"Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu santo vea corrupción." (Hechos 2:27; compare Salmos 16:10)




Fuego del infierno


La tercera palabra traducida "infierno," incluso en la Biblia Reina-Valera de 1960, es gehena, un término que siempre está asociado con fuego y que solamente se encuentra en los evangelios, con una excepción. Los pasajes sobresalientes en el evangelio de Mateo son los siguientes: 5:22, 29, 30; 10:28; 18:9; 23:15, 33. Es digno de observar que hay apenas media docena de referencias diferentes al fuego del infierno en la Biblia. Por supuesto, si hubiera solamente una, aún sería necesario darle una cuidadosa consideración para determinar su significado.


Para el propósito de la presente investigación, tomaremos solamente un pasaje. La explicación dada en este caso se aplica igualmente a los otros. Se han seleccionado las palabras de Marcos 9 (paralelas a Mateo 18:8, 9), porque éste es, sin ninguna duda, el ejemplo más explícito y completo de la enseñanza del Señor acerca del Gehena:


"Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga." (Marcos 9:43, 44, ver también 45-49)


Leyendo de manera superficial, uno podría sentir cierta repugnancia por el fuego eterno y los gusanos que nunca mueren. Felizmente, ninguna de estas ideas está envuelta en un verdadero entendimiento de este pasaje. La palabra gehena, traducida aquí "infierno," viene de la expresión hebrea ge-hinom, que significa "el valle de Hinom." Este es de hecho un lugar geográfico, un valle llamado algunas veces Tofet, que todavía existe en las afueras de la ciudad de Jerusalén. Desde tiempos antiguos era un lugar de mala reputación, asociado con la adoración de ídolos y aborrecido por los judíos debido a las horrendas prácticas de la adoración falsa (ver, por ejemplo, Jeremías 7:31-33). En los días del rey Josías, el valle fue limpiado y sus prácticas malas fueron prohibidas (2 Reyes 23:10). Sin embargo, su infamia persistió y el valle llegó a convertirse en el basurero de la ciudad. Más tarde, fue usado para deshacerse de los cadáveres de animales y de criminales ejecutados. Para este propósito y para evitar el hedor de la putrefacción, se mantenía fuego ardiendo continuamente; los cadáveres que el fuego no alcanzaba a consumir eran devorados por gusanos. De esta manera el valle de Hinom, posteriormente llamado Gehena, vino a ser sinónimo de muerte y destrucción inexorable, y es a este valle, el entonces basurero de Jerusalén, al que Jesús se refería cuando hablaba del "infierno."


La alusión al fuego que nunca se apaga comienza ahora a entenderse con más claridad: expresa la naturaleza del juicio divino. Los juicios de Dios son seguros e implacables. Esto es, en verdad, lo que se sugiere con la frase "el fuego que no se apaga y el gusano que no muere." Nadie puede evitar o interferir el manifiesto juicio de Dios sobre los que le vuelven la espalda.




Tártaro


Antes de dejar el tema del infierno, es apropiado hacer una breve mención sobre el insólito uso de la palabra Tártaro en el Nuevo Testamento:


"Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno [Tártaro] los entregó a prisiones de oscuridad." (2 Pedro 2:4)


En la mitología griega la palabra se refiere a una caverna, un mundo subterráneo donde eran lanzados los malos. El uso de esta palabra de ningún modo contradice la clara enseñanza de las Escrituras que ya hemos expuesto. Su uso surge de las peculiares circunstancias relacionadas con el hecho que Pedro está relatando. Hay alguna incertidumbre sobre lo que realmente quiere decir la frase "los ángeles que pecaron." Probablemente sea una alusión a Datán y Abiram, quienes después de hablar contra Moisés y rebelarse contra Dios, sufrieron un castigo singular cuando "se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca, y los tragó...y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron" (Números 16:31-33).


Este evento seguramente provee una explicación adecuada del uso de la palabra Tártaro que hace Pedro en esta sola ocasión.



El destino de los malos

En lo que a los malos se refiere, ya hemos establecido que no tienen posibilidad de existir después de la muerte, sufriendo tormentos y miseria eternos. Los siguientes pasajes son una selección entre muchos:


"Mas los impíos perecerán, y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros serán consumidos." (Salmos 37:20)


"Entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen." (Salmos 49:19, 20)


"Mas los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados." (Proverbios 2:22)


"Muertos son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque los castigaste, y destruiste y deshiciste todo su recuerdo." (Isaías 26:14)


"Sufrirán pena de eterna perdición." (2 Tesalonicenses 1:9)


El castigo final de los malos es, por consiguiente, la aniquilación, la muerte perpetua, el ser eliminados para siempre de la tierra de los vivientes. Esto es justo y apropiado a la luz de nuestro entendimiento de las enseñanzas bíblicas sobre la vida y la muerte, "porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).




La recompensa de los justos


¿Qué hay de la recompensa de los justos? Hemos visto que su herencia eterna es la tierra: una tierra perfeccionada y limpiada de toda maldad. También hemos aprendido que todos los hombres están sujetos, por naturaleza, a la muerte, y que en ella no tienen existencia consciente. Si la enseñanza bíblica es sólida y confiable, entonces sólo hay una manera para que los justos reciban su recompensa: deben volver a vivir de nuevo por medio de la resurrección de entre los muertos. El pasaje del Antiguo Testamento, anteriormente citado en relación con el destino de los malos (Isaías 26:14), habla de la eternidad de su muerte: "no resucitarán." Sin embargo, en el mismo capítulo, el profeta señala el contraste entre la muerte de éstos y la recompensa de los justos:


"Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos." (Isaías 26:19)


¿Cómo será realizado esto? La salvación que Dios ofrece necesitaba de la resurrección de Jesús de entre los muertos. Esto ha hecho posible que los hombres fieles sean resucitados tal como él mismo lo fue. Por eso Jesús podía decir: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25). En otra ocasión manifestó: "Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28, 29).


En su primera carta a los corintios, el apóstol Pablo se refiere largamente a la resurrección de los muertos, mostrando que esto es el verdadero centro de la fe cristiana. Su reto para algunos que dudaban de la doctrina fue:


"Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe...aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron." (1 Corintios 15:12-14, 17, 18)




Resurrección


Si no hay resurrección de los muertos, no hay esperanza. Pero la conclusión victoriosa del apóstol es:


"Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida." (1 Corintios 15:20-23)


El apóstol no pudo ser más específico. Solamente por medio de la resurrección puede uno lograr la vida después de la muerte, y el Señor Jesucristo es el primero de una gran multitud; el primer fruto de una gran cosecha de creyentes muertos que vivirán de nuevo cuando Jesús regrese a la tierra.


Allí tenemos la clave de toda la situación. Mientras el mundo continúe, como ahora, dominado por hombres malos, guiados por su ambición de poder, nos es difícil comprender cómo podrán los mansos heredar la tierra. Pero fundamental al propósito de Dios está la segunda venida de Jesús para derribar el reino de los hombres, destruir todo lo que se le oponga y establecer el reino de Dios, una sociedad divina fundada en los principios de justicia y equidad donde El mismo reinará para siempre (ver Mateo 6:10; Apocalipsis 11:15; 2 Tesalonicenses 1:7-10; Daniel 2:44; Miqueas 4:1-5).


La enseñanza de la Escritura no es complicada ni difícil de comprender, sino racional y lógica.



Juicio


Las Escrituras señalan dos clases de personas que serán levantadas del sueño de la muerte en el último día: unos para vida eterna, y otros para vergüenza y condenación (Daniel 12:2). De hecho, la humanidad puede ser dividida en tres clases. Primero, están aquellos que no serán levantados de entre los muertos, los que han vivido sin conocimiento de Dios y sus propósitos y, por consiguiente, no tienen responsabilidad con El. "El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen" (Salmos 49:20). Siguiendo este principio, Daniel escribió que no todos sino "muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados." En segundo lugar, se encuentran aquellos que por su conocimiento y entendimiento de Dios vinieron a ser responsables delante de El, pero no han sido fieles en sus vidas, por lo que enfrentan el inevitable juicio ante el gran tribunal cuando Dios, por medio de Jesús, juzgará "a cada uno según sea su obra" (Apocalipsis 22:12). Por último, hay una tercera categoría: para los fieles será el cumplimiento de todas sus esperanzas, una resurrección a vida eterna en un cuerpo glorioso e incorruptible, para reinar sobre la tierra como reyes y sacerdotes con el Señor Jesucristo.




Considerando algunas objeciones


Sería deshonesto no reconocer que hay algunos pasajes de las Escrituras, los cuales, en la sincera opinión de muchas personas, establecen la enseñanza "ortodoxa" de la inmortalidad del alma y el concepto popular del cielo como la morada de los justos. He aquí los principales ejemplos de pasajes que parecen enseñar un punto de vista diferente de lo que hasta aquí se ha expuesto:


"El reino de los cielos"

Esta frase es usada solamente en el evangelio según Mateo. Algunos dan por sentado que el hecho de aludir al cielo significa que el reino está localizado en el cielo actualmente. De este modo, las afirmaciones: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:3), y "Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3) son tomadas como prueba de que los justos gozan su herencia en el cielo. Pero si tomamos en serio el estudio de la Biblia, no sacaremos precipitadamente una conclusión, sino que examinaremos con cuidado la frase "reino de los cielos" tal como es usada en Mateo, para establecer con precisión su significado. Seleccionamos dos pasajes que a nuestro juicio ilustran claramente que el reino de los cielos realmente no está localizado en el cielo, sino, de acuerdo a la enseñanza general de la Biblia, aquí en la tierra.


Mateo 13 contiene algunas parábolas que Jesús usó para ilustrar este mensaje. La mayor parte son introducidas con las palabras "El reino de los cielos es semejante a..." pero algunas de las cosas que Jesús decía eran extremadamente difíciles de reconciliar con la idea del alma que es transportada al cielo a su muerte. Por ejemplo, en la parábola de la cizaña, "El campo es el mundo...la siega es el fin del siglo...De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo...Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre" (Mateo 13:24-30, 36-43). ¿Puede haber realmente quienes "sirven de tropiezo" en un reino en el cielo?


Después de una entrevista con un joven rico que no podía resignarse a vender sus posesiones y seguirlo, Jesús dijo que "difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos...Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios" (Mateo 19:23, 24). Reino de los cielos y reino de Dios son dos frases con el mismo significado.


Entonces, ¿por qué emplea Mateo la frase "reino de los cielos"? Algunos versículos del libro de Daniel en el Antiguo Testamento ilustran su significado: "En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido" (Daniel 2:44). En otro capítulo, Daniel escribió: "El cielo gobierna" (Daniel 4:26). Aun el gran Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue obligado a reconocer que Dios "hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra" y fue llevado a decir: "Alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo" (Daniel 4:35, 37). El reino de los cielos es por consiguiente una representación del dominio del cielo, y la frase puede ser aplicada razonablemente a cualquier área donde es reconocida la soberanía de Dios. Por esto, Jesús nos enseñó a orar: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:10).


La parábola del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31)

Esto es una parábola. No es un hecho real, sino que Jesús está usando una falsedad comúnmente aceptada: que los justos eran llevados al "seno de Abraham" para ser confortados, mientras los malos sufrían en el Hades. Una de las verdades que Jesús está estableciendo es que las normas de Dios son diferentes de las de los hombres y pueden ser el polo opuesto de las opiniones humanas. Otro punto es que la fe que agrada a Dios es la que está dispuesta a creer lo que está escrito en la Biblia. Si la palabra de Dios no puede convencer a las personas, nada lo hará: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos" (Lucas 16:31).


Note Ud. cómo el detalle de la parábola es completamente incompatible con la idea comúnmente sostenida de almas inmortales en el cielo y el infierno. El hombre rico y Lázaro pueden observarse uno al otro y platicar desde sus respectivas lugares. Ellos no son espíritus inmateriales, sino que poseen cuerpos con dedos y lenguas (Lucas 16:24).


La parábola fue, entonces, una terrible advertencia a los judíos ricos y poderosos, los cuales creían que el mero hecho de haber nacido judíos les aseguraba las bendiciones de Dios.


El ladrón en la cruz (Lucas 23:39-43)

Este es uno de los más sobresalientes ejemplos de fe que encontramos en la Biblia. Este hombre, muriendo en una cruz junto al Señor Jesucristo, a quien sus discípulos habían abandonado, manifestó su fe en el evangelio del reino de Dios, aceptando la resurrección de Jesús y anticipando su propia resurrección en el día de la venida de Cristo en gloria. La seguridad que le dio Jesús fue: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43). En el texto griego original no aparece la palabra "que," y su ubicación en el idioma castellano es arbitraria, de modo que la frase bien puede leerse: "De cierto te digo hoy, (que) estarás conmigo en el paraíso." En otras palabras: "Te estoy diciendo ahora que tu petición será concedida."


De cualquier manera, interpretar las palabras de Jesús como una seguridad de que él y el ladrón serían reunidos en el cielo ese mismo día no coincide con otras enseñanzas de la Biblia. Ya se ha mencionado el Salmo 16 (citado por Pedro en Hechos 2), que nos dice claramente que el alma de Jesús no fue al cielo sino al Seol o Hades (el sepulcro), de donde él fue levantado el tercer día: "Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu santo vea corrupción" (Hechos 2:27).


Hay más textos que también podríamos examinar. Sin embargo, los ejemplos que hemos considerado nos ayudarán a apreciar que los pasajes aparentemente contradictorios tienen explicaciones adecuadas acordes con la enseñanza bíblica general.



Conclusión


¿Cuál es, entonces, nuestra reacción a estas verdades bíblicas? No son solamente hechos para ser asimilados por la mente. Deberían afectar nuestro concepto entero de la vida. Si apreciamos la naturaleza verdadera de la muerte, nos daremos cuenta de que la vida es nuestro tiempo de oportunidad. Como Ezequías escribió:


"Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy." (Isaías 38:18, 19)


Este es un asunto de vida o muerte. De nuestra decisión depende nuestro futuro eterno: el olvido de la muerte perpetua o el glorioso despertar a la vida eterna al regreso de Jesús. ¡Cuán urgente es, por consiguiente, que abracemos la esperanza del evangelio mientras queda tiempo, para que no muramos "sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efesios 2:12)!

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TEXTO AÑADIDO EN 1 JUAN 5: 7-8 "EL PADRE, EL VERBO, Y EL ESPÍRITU SANTO"...

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domingo, 22 de septiembre de 2019

LAS PROMESAS HECHAS A LOS PADRES, ABRAHAM, ISAAC Y JACOB Y SU CUMPLIMIENTO


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Ningún lector cuidadoso del Nuevo Testamento puede ignorar la importancia asignada en los escritos apostólicos a "las promesas hechas a los padres." Posiblemente no entienda lo que esta frase significa; pero difícilmente puede evitar tener conocimiento de la frase misma, como algo de importancia, puesto que se usa en tal sentido como para demostrar que expresa algo que tiene relación fundamental con la verdad anunciada por los apóstoles.


Aquellos que no son lectores de la Biblia no sabrán nada al respecto. Para su beneficio y explicación general del tema, llamamos la atención sobre las declaraciones de Pablo de que "Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Romanos 15:8). Este versículo nos lleva inmediatamente al meollo del tema de este capítulo, estableciendo una relación directa entre la misión de Cristo y lo que es llamado "las promesas." Al mismo tiempo nos obliga a reconocer la importancia de la verdad así expresada, en vez de apartarnos del tema con indiferencia como es la costumbre de la mayoría de religiosos, incluso los que profesan leer y creer el Nuevo Testamento. Si Cristo vino para "confirmar las promesas hechas a los padres," obviamente debemos dar prioridad al conocimiento de estas promesas y podremos conseguir sin dificultad el conocimiento deseado.


En primer lugar, Pablo declara que las promesas, cualquiera que sea su significado, pertenecen a los judíos:


"...mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas." (Romanos 9:3,4)


Hablando más directamente sobre el asunto dice:


"Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo...Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa." (Gálatas 3:16,29)


De aquí resulta evidente que si deseamos saber algo acerca de las promesas que Pablo tenía en mente, tenemos que referirnos a la historia de Abraham, de donde derivaba su información. Muchos conocen esta historia; pero por regla general ignoran los aspectos de ella que corresponden a las palabras de Pablo en Gálatas 3:16,29. Saben que Abraham emigró de Caldea por mandato divino, viniendo a habitar en Canaán, y que Dios prometió multiplicar grandemente su posteridad y hacer de él una nación grande en la tierra donde entonces él mismo era extranjero. Creen que le fue prometido que Cristo, el Salvador del mundo, vendría del linaje de Abraham y que de este modo, por medio de la predicación del evangelio, todas las naciones serían finalmente benditas a través de él. Pero no tienen idea de ninguna promesa hecha a Abraham que forme la base de la fe cristiana, o el tema fundamental del evangelio. Reconocen que hubo promesas; pero prácticamente las consideran pasadas y cumplidas. Consideran que se refieren solamente a los ahora insignificantes eventos de la historia judía.



Las Promesas No se Refieren al Cielo

Estas personas no conocen ninguna "promesa hecha a los padres" en la que puedan tener algún interés personal o de la que Abraham mismo pudiera derivar algún beneficio futuro. Tampoco tienen idea de que ellos mismos u otros más puedan heredar las promesas hechas hace 4,000 años a los padres. Según su criterio, las promesas son un asunto del pasado, una parte de la primera dispensación, la cual, habiendo envejecido, ha pasado a la historia. Creen que lo que debe examinarse es lo que según ellos ha sucedido a los padres mismos y a todos los hombres justos desde entonces: un acontecimiento ante el cual todos están en igualdad de condiciones, con promesas o sin promesas, y el cual consiste en subir al cielo si se es justo. Ellos cantan y enseñan a cantar a sus hijos: "¿Dónde está ahora el profeta Daniel? A salvo en la tierra prometida."


Consideran que la tierra prometida es el cielo. Sus cantos hablan de todos los fieles que han ido allí, de sus "almas" que partieron a la gloria, según su credo, cuando la muerte sepultó sus cuerpos. Estiman que las promesas que les fueron hechas han sido completamente realizadas. Es evidente que en esto hay un gran error. Pablo dice:


"Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra." (Hebreos 11:13)


El apóstol afirma que los padres murieron sin recibir lo que les fue prometido, en abierta oposición al punto de vista popular que asegura que recibieron las promesas al morir, estando todos "a salvo en la tierra prometida." Pablo repite su afirmación al final del capítulo:


"Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros." (Hebreos 11:39,40)



El Fundamento de la Salvación

¿Cuáles eran las promesas hechas a los padres, la sustancia de las cuales no recibieron ellos, y de las cuales Pablo declara que no las recibirán sino hasta que la totalidad de los escogidos "de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas" esté completa? En respuesta a esto, afirmamos que las promesas forman la esencia y fundamento mismos de la salvación que se ofrece por medio de Cristo. Nos basamos en la fuerza de los siguientes testimonios:


"Y ahora, [yo, Pablo] por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio [ante el tribunal del rey Agripa]." (Hechos 26:6)


"Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos. Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre." (Lucas 1:51-55)


"Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador [Jesús] en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre." (Lucas 1: 68-73)


"Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos." (Miqueas 7:20)

Estos pasajes muestran que las promesas hechas a los padres no hab ían sido cumplidas en el siglo primero, es decir, cerca de dos mil años después de que fueron hechas. Además, se refieren a cosas que serían cumplidas por medio de Cristo, en vez de tener su cumplimiento en la historia judía, como generalmente piensan los religiosos.



Principales Elementos de las Promesas

Para una mejor discusión y un análisis más cuidadoso del tema, examinemos las promesas mismas. Para tal efecto sigamos la guía de Pablo, quien dice: "A Abraham fueron hechas las promesas." Esta es una pista infalible. Vamos a la historia de Abraham, donde encontraremos el registro de las siguientes promesas:


"Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra." (Génesis 12:1-3)


"Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia [Cristo] para siempre. Levántate, vé por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré." (Génesis 13:14-17; ver también 12:7; 15:8-18; 17:8)


"Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto oíste mi voz." (Génesis 22:16-18)


Pablo llama a Isaac y Jacob "coherederos [con Abraham] de la misma promesa" (Hebreos 11:9). Por consiguiente, proporcionará un fundamento más seguro examinar también las promesas hechas a ellos, las cuales son, según las palabras de Pablo, idénticas a aquellas que fueron hechas a Abraham:


"Y se le apareció Jehová [a Isaac], y le dijo:...habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre." (Génesis 26:2,3)


"Y el Dios omnipotente te bendiga [a Jacob]...y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham." (Génesis 28: 3,4)

"Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia...y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente." (Génesis 28: 13,14)

Al analizar estas "promesas hechas a los padres," encontraremos que están constituidas de varias proposiciones distintas, las cuales será útil enumerar a fin de lograr claridad; y la consideración de cada una por separado nos permitirá ver la verdad de lo propuesto en el tema de este estudio, es decir, que estas promesas solamente serán cumplidas cuando Cristo, después de retornar de los cielos y resucitar a su pueblo de entre los muertos, reine en Palestina como gobernante universal, a quien todas las naciones adorarán con bendita fidelidad.


1.- Que la posteridad de Abraham llegaría a ser una nación grande y poderosa. Esto no se ha cumplido en el sentido de la promesa. Es cierto que los descendientes de Abraham, según la carne, se han multiplicado y han ocupado un largo trecho en la historia; pero éste no es el único evento contemplado en la promesa, como se muestra en Romanos 9:6-8. Los judíos naturales, desde el día que murmuraron contra Moisés y Aarón en el desierto, hasta el momento actual en que rechazan al profeta semejante a Moisés, han sido siempre una generación desobediente y de dura cerviz, caminando en las sendas de los paganos y persiguiendo y matando a los siervos de Dios enviados para enseñarles el camino correcto. Esta no es la gran nación multiplicada "como las estrellas del cielo," que fue prometida a Abraham; no fue una bendición rodear a un hombre de tal raza de rebeldes nacidos de la carne. Pablo dice:


"No todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos según la promesa son contados como descendientes." (Romanos 9:6-8)

Abraham, Isaac y Jacob agradaron a Dios por su fe y obediencia: aquellos de sus descendientes que no tuvieron esta actitud no eran de Israel, aunque habían heredado su carne y sangre; por consiguiente no eran "contados como descendientes" (Romanos 9:8). Estos no fueron reconocidos como constituyentes de la gran nación prometida a Abraham. La gran mayoría de los judíos han sido de esta clase y son, por consiguiente, rechazados. ¿De dónde, entonces, proviene la raza prometida de hijos? La principal parte de ellos será proporcionada por la nación judía según la carne, pues en toda su historia ha habido un remanente que ha sido verdaderamente abrahámico, no solamente por consanguinidad, sino por fe y obediencia: estos son "los hijos de la promesa," los cuales serán resucitados a la venida de Cristo. La otra parte proviene de los gentiles, quienes después de años de oscuridad, fueron visitados durante la era apostólica con la invitación a volverse hijos adoptivos de la familia de Abraham. Este hecho se da a conocer en las siguientes palabras:


"Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre." (Hechos 15:14)
"Por revelación me fue declarado [a Pablo] el misterio... que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres...que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio." (Efesios 3:3,5,6)

"Y recibió [Abraham] la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado." (Romanos 4:11,12)

De aquí que todos los que abrazan la fe de Abraham y se circuncidan por medio del bautismo en Cristo, participan así de la circuncisión literal a la cual Cristo estuvo sujeto bajo la ley, y vienen a ser hijos de Abraham y herederos de las promesas que le fueron hechas. Este es el testimonio de Pablo: "Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos...Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa" (Gálatas 3:27,29). De los que se encuentran en esa posición dice Pablo: "Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa" (Gálatas 4:28).


Esta es la clase de personas contemplada en la promesa hecha a Abraham; pero el lapso de tiempo en el cual son contempladas no es el tiempo presente, cuando son una débil y esparcida familia, y la mayoría de ellos están en el polvo. Es el tiempo al que se refiere en Juan 11:52, cuando Cristo "congregará en uno a los hijos de Dios que están dispersos"; y en 2 Tesalonicenses 2:1, donde se habla de "la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él." Hablando de este tiempo, dice Jesús:


"Vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos." (Mateo 8:11)

Cuando esto se realice, Abraham verá el cumplimiento de la promesa de que él sería una nación grande y poderosa, como las estrellas del cielo en multitud; sus hijos del orden real, resucitados de entre los muertos de todas las edades, serán "una gran multitud, la cual nadie puede contar" (Apocalipsis 7:9). Sus descendientes según la carne, todos justos, disciplinados y renovados como nación, serán el pueblo más poderoso del globo y heredarán la tierra (Isaías 60:21), habiendo sido puestos "por alabanza y por renombre en toda la tierra" (Sofonías 3:19). Esto será cuando el reino de Dios se establezca de la manera que presentamos en el capítulo anterior.


2.- Que Abraham y su descendencia recibirían en posesión la tierra indicada en la promesa, es decir, "desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates," llamada en la promesa a Abraham, "la tierra en que moras" (Génesis 15:18; 17:8). Que esta parte de la promesa aún no se ha cumplido, requiere poco esfuerzo para demostrarse. En primer lugar, Moisés escribe que Abraham tuvo que comprar una parcela de tierra a los dueños originales del país para enterrar a su muerta, diciéndoles: "Extranjero y forastero soy entre vosotros" (Génesis 23:4). En segundo lugar, Pablo dice: "Habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena" (Hebreos 11:9). Tercero, Esteban dice: "Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión" (Hechos 7:5).

Si Abraham fue extranjero y peregrino en la tierra de la promesa, como en un país extraño, sin recibir herencia en él, ni siquiera del tamaño de un pie, está claro que hasta donde le concierne la promesa no ha sido cumplida. Si esto es así, entonces aún tiene que cumplirse en un tiempo futuro. "No es así," dice el objetante tradicionalista: "la promesa se cumplió en la descendencia de Abraham, pues los judíos poseyeron la tierra por muchos siglos, siendo éste el cumplimiento de la promesa." La respuesta a esto se encuentra en Gálatas 3:16-18:


"Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa."


Y también en Romanos 4:13,14:

"Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa."

Observe el lector que los judíos ocuparon la tierra bajo la ley de Moisés, la cual estipulaba en los términos más estrictos que su ocupación dependía de la conformidad a sus exigencias (Deuteronomio 28:15-68). Su posesión del país dependía en su totalidad "de la ley"; estipulaba que si guardaban la ley, morarían en la tierra en prosperidad; mientras que si la rompían, serían dispersados con sufrimiento entre las naciones. La historia registra cómo los israelitas fallaron continuamente, y cómo repetidamente estuvieron sujetos al yugo extranjero y, en consecuencia, a la cautividad, y cómo al final, cuando se había desatado en toda la casa de Israel una rebelión sin esperanza, culminando en el rechazo del profeta semejante a Moisés, los romanos llegaron y destruyeron el lugar santo y la nación, esparciéndolos en la gran dispersión que actualmente vemos.


Frente a estos hechos es imposible sostener que la ocupación judía de Palestina fue el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham, pues Pablo dice, en las palabras citadas arriba, que la promesa no fue hecha a Abraham o a su simiente por medio de la ley, sino por la justicia de la fe. Dios la dio a Abraham por medio de la promesa, libre e incondicionalmente. Por consiguiente, dice Pablo, si los de la ley son herederos, entonces la promesa ha sido anulada (Romanos 4:14). De aquí se deduce que la promesa de que Abraham y Cristo poseerían la tierra de Palestina está totalmente incumplida, pero tendrá su cumplimiento cuando Abraham se levante de los muertos para entrar al reino de Dios que en ese momento será establecido. Un examen de lo que Pablo dice en Hebreos 11 demostrará esto:


"Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa. Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios...Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial." (Hebreos 11: 8-16)


El lector debería examinar y reexaminar esta cita de Hebreos, y habiéndolo hecho, darse cuenta de su significado. Abraham, dice Pablo, fue llamado para ir a un país que posteriormente recibiría por herencia. ¿Qué país era éste? Consulte el lector Génesis 12:4,5, y tendrá la respuesta: "Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él...y a tierra de Canaán llegaron. Para poner el asunto fuera de toda disputa, citaremos las palabras de Esteban:


"Y [Dios] le dijo [a Abraham]: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora." (Hechos 7:3,4)

La tierra que Abraham iba a recibir por herencia era la tierra habitada por los judíos en los días de Esteban, es decir, la moderna Palestina. Abraham vivió en ella como extranjero, con Isaac y Jacob, a quienes les fue renovada más tarde la promesa de posesión. Este peregrinaje fue el resultado de la fe. Si no fuera por esto, al darse cuenta de que los años pasaban sin dársele posesión de la tierra y que seguía viviendo errante sin herencia, habría retornado disgustado a su país natal, para terminar sus días entre sus parientes. Pablo dice que Abraham y sus hijos "tenían tiempo de volver"; pero ellos no aprovecharon la oportunidad, sino que con firmeza permanecieron en el país al cual se les había mandado emigrar. Pablo dice que la razón de esto fue que ellos "creyeron las promesas y las saludaron." A pesar de que las apariencias estaban contra ellos, creían que Dios cumpliría Sus palabras en su debido tiempo, dándoles la posesión prometida, y creyendo esto, pudieron crucificar el deseo natural de volver a un país donde habrían tenido tanto herencia como amigos, aunque regresando habrían perdido las promesas. Ellos consideraban que lo prometido era más digno que el país de donde salieron. Buscaban una ciudad que tenía fundamentos, y deseaban una patria celestial. La ciudad de donde salieron no tenía fundamentos; estaba basada en la carne, la cual es de la tierra, terrenal, efímera y pasajera, como dice Juan: "El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" (1 Juan 2:17).



La Promesa de la Tierra Aún se Cumplirá

Abraham, Isaac y Jacob vieron en las promesas la garantía de un orden celestial de cosas en el cual, siendo Dios el fundador, existiría la estabilidad de los fundamentos que nunca serían removidos. Por consiguiente, consintieron en vivir como extranjeros en tierra extraña esperando por fe las cosas prometidas. Ellos entendieron que las promesas estaban lejos; por consiguiente, en fe, aceptaron el exilio reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Pablo dice que todos éstos murieron sin recibir las promesas. ¿Qué significa esto, sino que las recibirán cuando resuciten? ¿Cuándo? En el tiempo descrito en Apocalipsis 11:18 como "el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas" (Abraham, Isaac y Jacob eran profetas; véase Salmos 105:15). El tiempo cuando, como puede ver el lector en el contexto, "los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo" (versículo 15). Es la época que Pablo menciona en las siguientes palabras: "El Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino" (2 Timoteo 4:1). Cuando Abraham, Isaac y Jacob salgan de sus tumbas para ser juzgados y premiados, "recibirán la tierra por heredad," según la promesa. Haciendo esto, heredarán el reino de Dios, porque el reino de Dios será establecido aquí en la tierra. Por esto dice Jesús a los fariseos:


"Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios." (Lucas 13:28,29)


Si alguien duda que esto será en la tierra prometida a los padres, en la cual anduvieron errantes como extranjeros, que lea los siguientes testimonios de los profetas:


"Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén." (Zacarías 2:12)

"Mas en el monte de Sion habrá un remanente que se salve; y será santo, y la casa de Jacob recuperará sus posesiones... Y los cautivos de este ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalén que están en Sefarad poseerán las ciudades del Neguev. Y subirán salvadores al monte de Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová." (Abdías 17,20,21)


"En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre. Y tú, oh torre del rebaño, fortaleza de la hija de Sion, hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén." (Miqueas 4:6-8)


"Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra." (Levítico 26:42)

"Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo." (Joel 2:18)

"Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas." (Joel 2:21)

"Tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin." (Deuteronomio 11:12)

"Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Jehová he hablado, y lo haré." (Ezequiel 36:34-36)

"Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto." (Isaías 51:3)

"Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será desposada." (Isaías 62:4)

"En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los siglos." (Isaías 60:15)

Cuando el estado de cosas descrito en estos testimonios pase del dominio de la profecía al de los hechos cumplidos, la "ciudad que tiene fundamentos" y la "patria celestial" que fueron los objetos de fe de Abraham, Isaac y Jacob, y el tema de la promesa hecha a ellos, serán realizadas. El significado bíblico de estas frases será entonces aclarado. Los intérpretes tradicionalistas de Pablo las hacen referirse a "los cielos de los cielos." Pasan por alto el hecho de que las promesas se referían a la tierra en la que los padres residían, y olvidan el absurdo de llamar al cielo una "patria celestial." Palestina será una patria celestial cuando Cristo, habiendo restablecido el reino de David, gobierne en ella como monarca de toda la tierra: su reino será una "ciudad que tiene fundamentos" porque estará colocada sobre una roca que ningún rudo asalto de rebelión, ya sea de demócratas o reyes, podrá conmover.



Los Santos También Recibirán la Tierra

Se observará que la simiente de Abraham está unida al mismo Abraham en las promesas. Pablo dice que esta simiente es Cristo (Gálatas 3:16) y todos los que son de Cristo (3:29). En vista de esto, vamos a dar una aplicación de las promesas que puede parecer un tanto sorprendente para aquellos que hasta ahora han leído la Biblia con prejuicio tradicionalista, pero que es la única aplicación que una lectura racional y una fe en las promesas a la manera de un niño, puede admitir; esto es, que Cristo y los santos están destinados, en unión con Abraham, quien de hecho será uno de ellos, a poseer y ocupar la tierra de Israel. Sin duda la mente tradicionalista se apartará con horror de esta conclusión. Esto se debe a la condición pervertida de la mente tradicionalista y no a la naturaleza de la conclusión misma. ¿Qué hay en la conclusión que justifique horror? ¿No es acaso una bella y apropiada conclusión? Si es el propósito de Dios gobernar a la humanidad por medio de Cristo y de su pueblo, es adecuado que ellos tengan un centro de operaciones y cuartel general en alguna parte de la tierra. ¿Dónde podría encontrarse un lugar más apropiado que la tierra prometida a Abraham?


Palestina está situada en la conjunción de los tres grandes continentes del hemisferio oriental y es accesible desde cualquier punto de los grandes océanos. Es el centro natural para el gobierno universal; tanto para el comercio como para la legislación, está en la mejor situación existente en la tierra. Además de esto, es el lugar que ha sido testigo de todas la operaciones de Dios en el pasado, hasta la misma crucifixión de su Hijo y el envío del evangelio. ¿Qué lugar más adecuado podría haber para la reanudación de sus grandes y poderosos actos? Fue la escena de la humillación de Cristo; ¿qué cosa más apropiada que el mismo lugar sea testigo de su exaltación como monarca de toda la tierra? Pero estas consideraciones palidecen ante la fuerza de la promesa. Nada se necesita además del testimonio:


"De Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová." (Miqueas 4:2)

"Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán." (Isaías 51:11)

"Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella; para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que bebáis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria...Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo." (Isaías 66:10,11,13)

"Tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota...Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará." (Isaías 33:20,22)

"Destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros...En aquel día cantarán este cántico en tierra de Judá." (Isaías 25:7,8; 26:1)

"En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová." (Jeremías 3:17)

"Cuando repartáis por suertes la tierra en heredad, apartaréis una porción para Jehová, que le consagraréis en la tierra, de longitud de veinticinco mil cañas y diez mil de ancho [más o menos 75 por 30 kilómetros]; esto será santificado en todo su territorio alrededor...y el santuario de Jehová estará en medio de ella." (Ezequiel 45:1; 48:10)

"Y subieron [las naciones al fin de los mil años] sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió." (Apocalipsis 20:9)

Estas citas de las Escrituras ilustran el cumplimiento de la promesa a Abraham en lo que se refiere a su simiente, Cristo y los santos. Muestran el sentido en que la promesa debe entenderse, el sentido obvio y sencillo, es decir, que cuando el reino de Dios sea establecido, y Abraham herede la tierra, su simiente que constituye el campamento divino, estará en la tierra con él en una porción especial señalada para tal propósito. Esta porción, que incluirá el territorio de Judá y Jerusalén, contendrá, como veremos en un estudio posterior, un área de poco más de 2,000 km. cuadrados que será suficientemente amplia para que los pabellones del rey se extiendan en una escala apropiada para la grandeza y majestad del reino. La simiente de Abraham, la novia, la esposa del Cordero, la totalidad de aquellos que siendo "llamados y escogidos y fieles," son "las primicias para Dios y el Cordero," y hallados dignos de reinar con Cristo, será una numerosa descendencia; pero no tan demasiado numerosa para el territorio asignado. "Muchos son llamados, mas pocos escogidos." "Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan."


En realidad, Juan describe estos pocos como "una gran multitud, la cual nadie podía contar"; pero esto debe ser tomado como la expresión del aspecto que una gran asamblea de personas presentaría a los ojos, y no como una declaración de un hecho aritmético. La expresión nunca podría ser verdadera en el sentido absoluto, puesto que los números pueden ser contados indefinidamente; pero en el sentido de una multitud tan grande y densa que el hombre no la puede calcular, resulta completamente apropiada. ¿Cuánta gente piensa el lector podría ser acomodada de pie en la sección del país apartada según Ezequiel, como una "porción santa"? Cerca de la décima parte de la población del globo: es decir, cerca de 500 millones de personas. El cálculo es muy simple; es fácil calcular cuánta gente podría estar en un kilómetro cuadrado; multiplique ese número por algo más de 2,000 km. cuadrados y tendrá el resultado señalado. Hacemos estas aparentemente innecesarias observaciones a causa de la objeción levantada contra la enseñanza bíblica sobre la herencia de la Tierra Santa por Jesús y los santos, en razón de la supuesta imposibilidad de que tan pequeño lugar los pueda contener.


La objeción surge a partir de dos errores. En primer lugar, el espacio no es tan pequeño; y, segundo, el número de quienes estarán con Cristo no es tan grande como presume la tradición popular. Al final de los mil años habrá de ser recogida una gran cosecha como resultado de la dispensación de luz y conocimiento de los mil años; pero al comienzo, el número de asociados con Cristo como la simiente de Abraham, para cooperar en la bendición de las naciones, será en la escala limitada de las "primicias." Estos son señalados como "primicias para Dios y para el Cordero" (Apocalipsis 14:4).


3.- Que Cristo, la simiente de Abraham, conquistará al mundo. Esta es la tercera característica de la promesa hecha a Abraham. Está expresada en las palabras "tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos." Para percibir el significado de esta declaración, es necesario recordar que en los países orientales, en tiempos antiguos, la puerta de una ciudad era el asiento de la autoridad. Era el lugar para hacer consultas, promulgar y registrar decretos, y donde los gobernantes se presentaban para recibir el homenaje del pueblo. Que un enemigo poseyera este lugar era entonces una evidencia de haber conquistado y desposeído a los originales dueños del poder.


Es evidente que la promesa de que Cristo poseería las puertas de sus enemigos no ha sido cumplida. En ningún sentido puede un intérprete demostrar que Cristo ha desplazado a sus enemigos del sitio de honor, gloria y poder. Hombres impíos gobiernan el mundo. El mismo país de Cristo, la tierra prometida a Abraham, está esclavizada por el poder musulmán, el cual administra autoridad y desarrolla sus abominaciones religiosas en la misma ciudad que fue llamada por el nombre de Dios y que Jesús convertirá en el trono de Jehová en la edad futura. [Nota del traductor: Se recuerda al lector que estas palabras fueron escritas en el año 1862, mucho antes del regreso del pueblo judío a Palestina y el establecimiento del moderno estado de Israel.] En vez de que Cristo posea las puertas de sus enemigos, puede decirse que los enemigos pisotean a Cristo en la puerta. Los cuernos de los gentiles se han levantado sobre la tierra de Judá para dispersarla (Zacarías 1:21), y todo lo que pertenece a Abraham y a su simiente está actualmente vacío y en desolación. Pero cuando el reino de Dios venga, esto será cambiado. Dios hablará con ira a las naciones y las escarnecerá. Cristo las convertirá en pedazos como a vasija de alfarero (Salmos 2:9; Apocalipsis 2:27); vendrá como hombre de guerra, como el León de la tribu de Judá, para pelear contra el poder confederado de sus enemigos (Apocalipsis 19:19; Zacarías 14:3; Ezequiel 38:21-23). El castigará a los reyes de la tierra sobre la tierra (Isaías 24:21). Desplazará a los poderosos de sus tronos, y enviará vacíos a los ricos (Lucas 1:52,53). Entonces poseerá las puertas de sus enemigos. Todos los reyes se arrodillarán delante de él, y todas las naciones le servirán (Salmos 72:11). Todos los pueblos, naciones y lenguas le servirán y obedecerán; su dominio será un dominio eterno que nunca terminará, y su reino nunca será destruido (Daniel 7:14). Entonces la proclamación resonará en fuertes cantos triunfales de gozo por toda la tierra:


"LOS REINOS DEL MUNDO HAN VENIDO A SER DE NUESTRO SEñOR Y DE SU CRISTO; Y EL REINARA POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS" (Apocalipsis 11:15)


4.- Que todas las naciones serán benditas en Abraham y en su simiente. Este es el evangelio resumido en una frase. Así nos lo da a entender Pablo en Gálatas 3:8. El lector atento podrá discernir en el texto la sustancia de lo que Jesús y los apóstoles predicaron. Ellos predicaron "el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo" (Hechos 8:12; 28:29-31). El anuncio hecho a Abraham no es más ni menos que estas cosas comprimidas en una frase, puesto que anuncia en forma general lo que otras Escrituras revelan en forma detallada. Habla de la bendición universal en relación con Abraham y Cristo; mientras tanto, otros pasajes ponen en claro el proceso por el cual las bendiciones son realizadas: primero, en lo que se refiere a individuos, y luego, en relación con las naciones. Debe ser evidente que esto aún no se ha realizado. Las naciones no están en estado de bendición. No sólo sufren el peso del mal gobierno, sino también viven en un estado de pobreza, ignorancia y miseria, lo cual es contrario al estado de bendición. El mundo yace en maldad. Abraham y su simiente son desconocidos, excepto como objeto de escarnio. Aun en la "feliz Inglaterra," la incredulidad y el vicio están a la orden del día. Existe una apariencia externa de piedad: muchos edificios de iglesias y capillas, enseñanza dominical, sermones, oraciones, colectas, ferias, etc.; pero, ¿qué hay dentro sino podredumbre y huesos de muertos? La gente que hace estas cosas es egoísta, supersticiosa o ignorante. Hay poco temor de Dios o respeto por su palabra. Existe mucho temor al hombre y amor por el mundo. La gente está engañada y degradada; sus cerebros confunden el paganismo con el cristianismo y sus corazones están corrompidos por las exigencias de las clases sociales y la ganancia deshonesta.


Las naciones aún no están benditas en Abraham y su simiente, pero lo estarán, pues leemos:


"He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio...No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos. Y el corazón de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos hablará rápida y claramente." (Isaías 32:1,3,4)

"En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas. Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aún los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel. Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido; serán destruidos todos los que se desvelan para hacer iniquidad." (Isaías 29:18-20)

"Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo." (Isaías 35:4-6)

"Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos." (Malaquías 1:11)

"Los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra." (Zacarías 9:10)

"Vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová." (Zacarías 8:22)

"Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo." (Zacarías 2:11)

"Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar." (Habacuc 2:14)

"Te temerán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación. Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra. Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna...Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos...Sea su nombre para siempre, se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado." (Salmos 72:5-7, 12-14, 17)

Estos testimonios ilustran las bendiciones garantizadas a "todas las familias de la tierra" en las promesas hechas a Abraham: muestran en qué consiste la bendición en su total desarrollo. No es una bendición imaginaria sino la concesión de aquellas dádivas abundantes que el mundo entero anhela, pero no sabe cómo conseguir. Sin embargo, estas bendiciones no serán efectivas sino hasta que el reino de Dios venga. No pueden ser logradas antes de tal tiempo, puesto que se necesita un gobernante justo e irresistible para expulsar a los otros gobernantes del lugar y el poder, antes de volverlas realizables. Se requiere poder, sabiduría, justicia y misericordia concentrados en un rey universal antes de que las naciones puedan ser hechas justas, prósperas y felices. En pocas palabras, se necesita que Cristo, la simiente de Abraham, tome en sus propias manos todos los asuntos del mundo antes de que pueda haber "¡gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" Esta bendición de Abraham se realiza individualmente, en el tiempo presente, en la medida en que la gente se apropia de las promesas por fe, viniendo a ser herederos de la exaltación futura por medio de la sumisión a Cristo en el presente. Pero el estado de cosas pactado con Abraham en las promesas no podrá ser realizado sino hasta que el mismo Abraham herede la tierra, y su simiente posea las puertas de sus enemigos.



El Por Qué de la Ley de Moisés

En vista de la conclusión evidente de que las promesas a Abraham otorgan una garantía incondicional de los "bienes venideros" (Hebreos 9:11), se podría preguntar, ¿por qué la ley de Moisés y la amarga experiencia de los judíos tuvieron que ser permitidas antes del cumplimiento de las promesas? Pablo se anticipa y responde a esta pregunta en Gálatas 3:19: "Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa." Si queremos saber el propósito de la ley, encontramos la información cinco versículos más abajo: "De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo" (Gálatas 3:24). A causa del casi total predominio de ignorancia y pecado durante el tiempo en que las promesas fueron hechas, fue necesario instituir una administración preparatoria de la mente divina, que inculcara aquellas lecciones fundamentales concernientes a Dios. Sin ellas nada bueno podría lograrse, puesto que su existencia en la mente humana es la verdadera base de esa comunión entre Dios y los hombres que lo honra a El y los salva a ellos. Fue necesario fijar aquellos principios básicos en la mente de la nación escogida, preparando así el camino para el desenvolvimiento del estado de cosas prometido a los padres.


Esto se llevó a cabo por medio del establecimiento de la ley de Moisés en medio de Israel, un sistema que en sí mismo fue solamente una alegoría de la verdad divina, de la misma forma como es apropiado el entrenamiento de los niños (Gálatas 4:1,2). Pero la ley de Moisés, debido a sus exigencias, severidad y rigurosidad grabó en profundos y permanentes caracteres el concepto de la relación de la Deidad con la humanidad, que aún prevalece dondequiera que ha llegado la tradición mosaica. El poder, supremacía y santidad de la Deidad se hicieron palpables por medio de la ley, aun para los que fueron desobedientes. En el curso de los siglos, ese concepto de Dios fue formado de la manera que lo encontramos en los días de Jesús como el fundamento sobre el que se adelantarían las operaciones por las cuales la simiente de Abraham (los fieles creyentes) sería engendrada por medio de la promulgación de la palabra de fe.


Sin la ley, no cabe duda que el conocimiento de Dios pudo haber perecido de la tierra y la humanidad habría sido totalmente esclavizada por la especulación insensata y entenebrecedora, y abandonada a la maldad que prevalecía antes del diluvio. La pequeña luz de las promesas pronto se habría extinguido y el mundo se habría sumergido en la oscuridad del barbarismo incurable, listo para una completa destrucción como la que se llevó a cabo en los días de Noé. Esta gran catástrofe fue evitada por medio del establecimiento de un sistema que (considerado superficialmente) mientras ofrecía una obstrucción a la gloriosa consumación prometida a Abraham, fue potencialmente influyente en el desarrollo entre la humanidad de la situación moral necesaria para la concesión de las bendiciones prometidas.


Las promesas forman el fundamento de lo que se denomina la dispensación cristiana. Fue necesario que Dios creara un derecho para las bendiciones de su amor, a fin de que los hombres pudieran asirse de ellas, puesto que como pecadores estaban sin esperanza y no podían establecer un derecho para sí mismos. Fue necesario que El hiciera el primer gesto; y así lo hizo concediendo una promesa incondicional a Abraham, a quien seleccionó por su fidelidad. El creer en ellas dio a Abraham un derecho a las cosas prometidas, invistiéndolo a él y a su simiente con el derecho exclusivo. De aquí la necesidad de que un gentil se convierta en simiente de Abraham por medio de Cristo para que pueda tener alguna esperanza futura de vida y una herencia en el reino de Dios.



La Resurrección Confirma las Promesas

Sin embargo, hubo necesidad de algo adicional a la promesa para asegurar a Abraham las bendiciones del pacto: esto se denomina la "confirmación" de las promesas. El significado preciso de esto será visto en un repaso de los hechos del caso que afecta a Abraham, Isaac y Jacob. A ellos se les prometió que poseerían la tierra de Palestina para siempre. Para que esta promesa se realice es necesario que Abraham, Isaac y Jacob sean levantados de los muertos y vueltos a la vida para siempre. De aquí que puede decirse que las promesas llevan consigo esta característica: implican el compromiso de parte de Dios de que en el tiempo señalado para la realización de la promesa, El los sacará del polvo de la muerte y les dará vida eterna. ¿De qué otra manera pueden ellos heredar la tierra para siempre?


Que ésta era la intención de Dios para con ellos se hizo evidente por medio de la discusión de Cristo con los saduceos sobre la resurrección. El dice: "Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos" (Mateo 22: 31,32). Cristo argumentaba que el hecho de que el Creador se llamara el Dios de los padres que habían vuelto al polvo, era la prueba de su intención de resucitarlos; y el argumento fue tan fuerte que hizo callar a los saduceos. Así, pues, la deducción de que las promesas a Abraham, Isaac y Jacob incluían la promesa de resurrección e inmortalidad fue establecida por Cristo fuera de toda duda. Siendo esto así, tenemos que darnos cuenta del hecho de que bajo las circunstancias que existían en el tiempo de la promesa, era imposible que la cosa prometida pudiera ser concedida. Abraham, Isaac y Jacob estaban, por su propia constitución natural, sentenciados a muerte. Eran hijos de Adán, pecadores por descendencia y actuación individual, y por consiguiente excluidos de la resurrección a inmortalidad implicada en la promesa. Aunque la herencia fue garantizada por "dos cosas inmutables," la promesa y el juramento, y como "es imposible que Dios mienta," su concesión fue una asunto necesario. ¿Cómo podía reconciliarse la imposibilidad de hacer inmortales a los pecadores con la necesidad de que las promesas se cumplieran?


Encontramos la respuesta en las obras realizadas por Cristo en su primera venida "para confirmar las promesas hechas a los padres." ¿Cómo confirmó las promesas? Haciendo posible su cumplimiento. ¿Cómo logró esto? Derramando su sangre del nuevo pacto (abrahámico) por muchos, para remisión de los pecados. El quitó el pecado por medio del sacrificio de sí mismo, quitando así el sello de las puertas de la muerte y sacando a luz la vida e inmortalidad, abriendo el camino para el cumplimiento de todo lo que había sido prometido de antemano a los padres. De este modo se desvaneció la imposibilidad, y el necesario cumplimiento de las promesas fue colocado sobre la base triunfante de las obras realizadas por Cristo. Este era el gran evento prefigurado en los sacrificios de la ley, los cuales no tenían valor en sí mismos, excepto como un medio de establecer una relación entre Dios y su nación, simbolizando una relación más alta y duradera que sería establecida sobre el cuerpo del sacrificado "Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo."


Se puede ver que las cosas declaradas en los profetas y predicadas por los apóstoles como "el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo" eran solamente la elaboración de "las promesas de Dios hechas a los padres," en las cuales tenían su origen y base legal. Es importante reconocer este hecho para que la posición de los santos como "hijos de Abraham" y "simiente de Abraham" pueda ser claramente apreciada y podamos ver la armonía y plenitud del plan de Dios, que comenzando en los días de Abraham, fue prefigurado en la ley, gradualmente revelado por medio de los profetas, y consumado en la proclamación de Jesús y sus apóstoles.


En vista de todas estas cosas, bien podríamos exclamar con Pablo (Romanos 11:33-36): ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amen."

¿Y SI LA BIBLIA NUNCA ENSEÑÓ QUE TENEMOS UN "ALMA INMORTAL"?

  ¿Y si la Biblia nunca enseñó que tienes un "alma" inmortal? Durante siglos nos dijeron que el ser humano tiene un alma atrapada ...