jueves, 29 de septiembre de 2022

¿ESTÁ USTED LISTO PARA LA REDENCIÓN?

 
 

 
Cuando yo era un niño hablaba como niño, juzgaba como niño, pero cuando me hice hombre dejé las cosas que eran de niño. Ahora, como adulto, ya no paractico niñerías, sino que me comporto como un adulto. En la fe hay niños y hay adultos espirituales. Los unos solo pueden ingerir "leche", y muchos son alimentados con "leche muy adulerada", mientras que otros son alimentados correctamente como "niños recién nacidos, con leche espiritual no adulterada".  Si un adulto se alimenta con leche, no está creciendo              debe   crecer, pues debería estar comiendo "alimento sólido".
 

Por otro lado, si a un bebé se le proporciona alimento sólido se ahoga, no lo puede procesar. Los "niños en Cristo", solo pueden procesar la leche, y ésta no adulterada, porque se enferman y se mueren espiritualmente hablando. Los que van alcanzando la adultez consumiendo alimento sólido, van creciendo y creciendo hasta que logren alcanzar la medida de la estura del Cristo, un varón perfecto.  En el sistema religioso se mantiene a las personas como niños, consumiendo leche toda la vida, y muchas veces leche muy adulterada.
 

Por eso continúan desarrollándose dentro de los rudimentos, de los elementos básicos de la doctrina... el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de fe en Dios,  de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de muertos, y del juicio eterno. Según el autor de la Carta a los Hebreos, "porque debiendo ser ya maestros, en razón del tiempo, tenéis necesidad de que alguien os enseñe otra vez los primeros rudimentos de los oráculos de Dios, y habéis venido a ser como los que necesitan leche, y no alimento sólido. Porque todo el que usa de leche, es inexperto en la palabra de justicia, porque es recién nacido" (Heb 5:12,13).
En el capítulo 6 nos dice que hay que dejar a un lado los rudimentos y avanzar hacia el pleno entendimiento. Dice:
 Por tanto, dejando los principios elementales de la palabra del Mesías, avancemos a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de fe en Dios,  de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de muertos, y del juicio eterno.  Y esto haremos, si lo permite Dios. (Heb 6:1-3).  
Entónces hay que moverse, dejar lo rudimentario de la doctrina del Cristo, del Mesías, y avanzar. No se puede uno estancar en esas cosas elementales, se debe avanzar, crecer, ir hacia lo completo, la plenitud del conocimiento de Dios y de Su plan de redención.

Como los Hebreos del tiempo apostólico, nosotros, los Hebreos de este tiempo, como verdaderos israelitas, como el remanente del Pueblo santo (apartado), debemos escudriñar las Escrituras con una madurez y con una mente abierta, libre de conceptos e ideas religiosas pre-concebidas, hacia adelante y hacia arriba, hacia lo completo. Haríamos bien en entender que el reino de Dios está cerca, que el tiempo de que todas las naciones de la tierra sean benditas por medio del rey Mesías y sus reyes y señores asociados (Nosotros), la humanidad será educada en la justicia, pues, la Tierra misma llegará a estar llena del conocimiento del Eterno así como las aguas cubren el mar.
 

¡Hoy estamos mas cerca de la redención que cuando creimos al principio! La humanidad ha llegado a un punto de no retorno, al punto de autodestuirse. Por lo que sabemos que el tiempo esta cerca. Hasta la misma tierra, toda la creación gime aguardando la manifestación gloriosa de los Hijos de Dios y del Mesías mismo, para que ponga orden en medio de este caos para que las naciones puedan llegar a decir:
Venid, subamos al Monte de YHVH, a la Casa del Dios de Jacob; Él nos enseñará sus caminos, y nosotros andaremos en sus sendas. Porque de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalem la palabra de YHVH. Y Él juzgará entre muchos pueblos, y decidirá sobre naciones poderosas, Hasta las más distantes. Forjarán sus espadas en arados y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, Ni se adiestrarán más para la guerra. Miqueas 4:1-4).
 
La misión del Mesías es traer paz universal, y para eso es necesario que él reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies, siendo el último enemigo esn ser sometido la muerte misma.
Porque es necesario que Él reine, hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies,  y el postrer enemigo en ser destruido es la muerte 1 Corintios 15:25-26).
 

¿Está usted listo para la redención de la raza hunmana? O ¿se cree usted que solo los llamado Cristianos se salvarán?  ¿Destruirá Dios a la humanidad y solo salvará a unos pocos? Entónces ¿para qué vendrá el Mesías a reinar? ¿Sobre quiénes reinará el Mesías y nosotros con él? ¿Cual será el propósito de un reinado de mil años? Esas son preguntas importantes que debemos hacernos y debemos esforzarnos por encontrar las respuestas. ¿Acaso no será durante el milenio que Dios juzgará al mundo con justicia por aquel Varón a quien designó dando testimonio de él al levantarlo de entre los muertos? (Hechos 17:31).

¡Ese día que Dios ha establecido será un día de mil años! Durante ese día de mil años juzgará a las naciones, aún las mas lejanas, y ellas aprenderán justicia. Y la mayoría de ellos vivirán para siempre sobre la teirra nueva bajo unos cielos nuevos (gobierno nuevo) y en la tierra morará la justicia.
porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia....Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con su verdad. (Isaías 26:9; Salmo 96:13).

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miércoles, 28 de septiembre de 2022

ESCOGE A QUIÉN SIRVES...

"Pero si os parece mal servir a Jehováh, escogeos hoy a quién sirváis: si a los dioses a los cuales servían vuestros padres cuando estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis. Pero yo y mi casa serviremos a Jehováh" — Josué (Yehoshúa) 24:15. 

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Uno de los peores reyes en la historia de Israel fue Acab, rey de la Casa de Israel (Reino del Norte), cuya capital estaba en Samaria.
(1 Reyes 16:30) Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehováh, más que todos los que reinaron antes de él.

En la Biblia, lo que determina si un rey es bueno es el hecho que gobierne en base a lo que Dios manda, tal como está escrito en la Ley. Un rey no era juzgado por sus políticas económicas o sociales, sino por su obediencia a la Ley de Dios (heb. Torá, o Pentateuco). Eventualmente, si un rey guarda la Ley de Dios, eso se traducirá en bienestar social, económico y político en la nación.

Lamentablemente, el rey Acab fue uno de esos reyes malos que no guardaron el orden de Dios. La Biblia dice que hizo lo malo “más que todos los que reinaron antes de él”. Y las cosas empeoraron luego que Acab se casó con Jezabel.
(1 Reyes 16:31-33) Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró. E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel.

JEZABEL
Jezabel era la hija del rey de Sidón, y es muy probable que el matrimonio fue por conveniencia estratégica y diplomática. Era una princesa extranjera que traía costumbres paganas, ajenas al Dios de Israel. La Ley advierte en contra de matrimonios con pueblos paganos porque ellos desviarán los israelitas de su fe en Jehová (Deu. 7:3-5). Eso fue lo que sucedió con Acab: luego que el rey se casó con Jezabel, ella comenzó a ejercer una mala influencia sobre él y sobre todo el Reino de Israel, de forma que promovió la idolatría a Baal y Asera.

La influencia de Jezabelse puede resumir en los siguientes puntos:

a. Procuró exterminar a los profetas de Dios.
Jezabel persiguió y mandó a matar a los verdaderos profetas de Dios (1 Reyes 18:4,13). Sin embargo, tratando de contrarrestar esto, el mayordomo del rey Acab, Abdías, hombre temeroso de Dios, logró salvar la vida de 100 profetas de Dios.
(1 Reyes 18:3-4) Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera temeroso de Jehová. Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.

b. Promovió la idolatría de Baal y Asera.
Jezabel fortaleció y organizó el sistema de adoración a Baal y Asera. Para mantener en pie la religión pagana. Aún en tiempos de sequía, ella le daba de comer a 450 profetas de Baal y 400 profetas de Asera (1 Reyes 18:19).

c. Promovió la inmoralidad.
Apocalipsis advierte en contra de profetas que tienen “el espíritu de Jezabel” (Apoc. 2:18-29).
(Apocalipsis 2:20) Pero tengo esto contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos.

Ahora no hablaremos a fondo sobre lo que la Biblia dice sobre Jezabel; pero si nos enfocaremos en lo que Dios espera de los creyentes ante esta situación. En Apocalipsis, el llamado que Dios hace a la iglesia (Apoc. 2:18-29) es: No toleres a Jezabel. Este es un mensaje similar al que el profeta Elías lanza al pueblo de Israel en la historia antigua…

CONVOCACIÓN
En el tiempo de Acab y Jezabel, muchos israelitas siguieron el mal ejemplo de sus líderes, y adoraron a los ídolos paganos. Sin embargo, quedó un remanente de israelitas fieles a Jehová; ellos guardaron su fe a escondidas por miedo a la persecución de Jezabel, quien mandó a matar a todos los profetas de Jehová. Aún Elías tuvo que esconderse para evitar que lo mataran. En ese tiempo, el Señor mandó cuervos para llevarle alimentos al profeta a la cueva donde estaba escondido (1 Reyes 17:1-7).

Pero llegó el día en que Dios llamó a Elías para enfrentar la situación. Él se presentó ante Acab, e irónicamente el rey le reclamó al profeta:
(1 Reyes 18:17-18) Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? 

Acab le estaba echando la culpa a Elías por la sequía de los últimos tres años. Para entonces, ya no había comida, y los animales se estaban muriendo. Poco faltaba para que las personas también comenzaran a morir. El rey atribuía esa crisis a la profecía de Elías, pero el profeta le recordó al rey que la causa real era la idolatría. 
(1 Reyes 18:18) Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehováh, y siguiendo a los baales.

Elías le pidió a Acab que convocara a todo el pueblo para un encuentro entre profetas:
(1 Reyes 18:19-20) Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel. Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.

El Monte Carmelo queda al noroeste de Israel (hoy cerca de Haifa), desde donde puede verse el mar, y también el valle de Jezreel. Allí se reunió todo el pueblo de Israel para presenciar el encuentro entre los profetas, pues había llegado el momento de la definición…

MOMENTO DE DEFINICIÓN
Cuando el pueblo de Israel estaba reunido en el Monte Carmelo, Elías se dirigió al pueblo para confrontarlos con una decisión:
(1 Reyes 18:20-21) Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehováh es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.

El verbo que se traduce como: “claudicar”*, en hebreo es: Pasaj (de donde viene la palabra “Pesaj”, Pascua), y significa: saltarse, pasar sobre, brincarse. La pregunta del profeta conlleva la idea de brincar de un lado a otro, como salta un pájaro de una rama a la otra, sin decidirse.
* (Nota: el diccionario define “Claudicar” como: rendirse, desistir, dejar de oponer resistencia; dejar de cumplir con las obligaciones, o faltar a los propios principios).

Al hacerles esa pregunta, Elías está confrontando al pueblo para que dejen de vacilar y tomen una decisión. Deben decidirse si sirven a Jehová o si van a ir tras los ídolos. ¡Había llegado el momento de la decisión!

RETO A LOS PROFETAS
Con el fin de probar ante los israelitas quién es el Dios verdadero, Elías lanzó un reto divino a los profetas de Baal y Asera:
(1 Reyes 18:24) Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehováh; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.

El pueblo aprobó el reto. Pero a la hora de la prueba, los profetas de Baal no pudieron hacer ningún milagro. Sin embargo, cuando Elías oró, Jehováh si respondió:
(1 Reyes 18:36-38)  Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehováh Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehováh, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehováh, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehováh, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.

Ante tal milagro, el pueblo reconoció al verdadero Dios:
(1 Reyes 18:39) Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡JEHOVÁH ES EL DIOS, JEHOVÁH ES EL DIOS!

Pero no sólo se trata de “reconocer” quien es el verdadero Dios, sino de comprometerse a “servirle”. No todos los que dijeron “Jehováh es Dios” en esa ocasión dedicaron sus vidas a obedecer al Señor. Para eso se requiere de un compromiso.

EN TIEMPOS DE JOSUÉ
En el libro de Josué leemos sobre un reto similar que Josué hizo al final de sus días. Los israelitas habían entrado a la Tierra Prometida y la habían conquistado. Ahora ya estaban disfrutando del fruto de la promesa.

Antes de morir, Josué quería cerrar su generación transmitiendo a la siguiente generación el pacto que el pueblo había hecho con Dios. Este es un pacto que cada generación debe renovar, ya que es una decisión personal. Cada persona elige si servirá a Dios o no.

En ese momento, Josué los llevó a tomar una decisión importante en su vida:
(Josué 24:14-15) Ahora, pues, temed a Jehováh, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehováh, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehováh.

Allí, la siguiente generación confirmó el pacto que sus padres habían hecho en el Monte Sinaí.

Leamos ahora cuál fue la respuesta del pueblo a la invitación de Josué…
(Josué 24:16-18) Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehováh para servir a otros dioses; porque Jehováh nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos. Y Jehováh arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehováh, porque él es nuestro Dios.

(Josué 24:24-25) Y el pueblo respondió a Josué: A Jehováh nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem.

DECISIÓN DE CADA GENERACIÓN
Cada generación suele enfrentar un dilema similar, y debe decir entre: Servir a Jehováh o servir a otros ídolos (ya sea Baal, Asera, Mamón, o cualquier otro ídolo que sea dueño del corazón del hombre). Cada persona tendrá que hacer su elección, porque no se puede “vacilar o claudicar” para siempre. Jesús dijo:
(Mateo 6:24) Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Jesús menciona al dios Mamón, que es el dios de las riquezas (muy popular en el mundo el día de hoy). Pero también puede referirse a cualquier cosa a la cual le dediquemos nuestra devoción.

Si escogemos servir a Dios, debemos hacerlo de todo corazón y con completa sinceridad. Este es el llamado de todo aquel que quiera ser parte del pueblo de Dios.
(Deu. 6:4-5) Oye, Israel: Jehováh nuestro Dios, Jehováh uno es. Y amarás a Jehováh tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

La Biblia nos exhorta a no ser de “doble ánimo”, como los que vacilan entre servir a Dios o a otro ídolo. O también vacilar entre amar a Dios o a nosotros mismos. Santiago nos dice que si nos acercamos a Dios, debe ser de todo corazón.
(Santiago 4:8)  Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

Si esta devoción es sólo de labios, pero no de hechos ni de corazón, entonces tal vez sea sólo una religión vacía, tal como lo profetizó Isaías.
(Isaías 29:13)   Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.

martes, 27 de septiembre de 2022

"El cielo y la tierra pasarán" ¿Cuando y cómo?

 


 

La teología popular enseña que Dios, para deshacerse del pecado, destruirá con fuego literal no solo la tierra y todo lo que hay en ella, sino tambien los cielos (entiéndase el firmamento). Pero ¿será cierto? Y usted, ¿le prendería fuego a su casa para deshacerse de una plaga de insectos, o simplemente limpiaría su casa de la plaga? La Biblia sí habla de una destrucción de la tierra y aún de los cielos, y el Mesías Yeshúa (Jesús) habló de que "el cielo y la tierra pasarían" (Mateo 24:35 y de que las "las esterllas caerían del cielo y la potencia de los cielos serían conmovidas" (Mateo 24:29), pero, ¿sería esto literal? ¿Literalmente pasarían el cielo y la tierra? ¿Literalmente caerán las estrellas del cielo sobre la tierra? Veamos cómo se cumplen estas profecías y otras relacionadas. Sabemos que en la Biblia se usa el lenguaje pictórico y las hipérboles (lenguaje descriptivo exagerado) para darle fuerza al mensaje que es quiere transmitir; tanto en la Torá, como en los Profetas, en los Escritos, en los mensajes proféticos de Jesús y de sus Discípulos. 

Cuando Yeshúa (Jesús) habla de que "el cielo y la tierra pasarán" lo hace de manera comparativa solamente, pues añade: "pero mis palabras no pasarán". Es decir, es mas probable que el cielo y la tierra pasen o dejen de ser que mis palabras dejen de cumplirse, esa es la idea de la comparativa. Aquí nuestro Señor NO está afirmando que el cielo y la tierra dejen de existir sin que sus palabras se cumplan. En cuanto a que las estrellas del cielo caigan, veamos lo que nuestro Señor quiere dejar sentado en la mente de queines le escuchaban hablar proféticamente.

"Pero inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. Las estrellas caerán del cielo y los poderes de los cielos serán sacudidos.  Entonces se manifestará la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y en ese tiempo harán duelo todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria". 

El Señor está hablando en el cotexto del juicio que le sobrevendría a la nación Judía al final de aquella era, ¿cómo lo sabemos? Porque en el relato paralelo registrado en Lucas 21, podemos corroborarlo. Veamos:

"Hablando algunos acerca del templo decían que estaba adornado con hermosas piedras y con ofrendas votivas, él dijo:  —En cuanto a estas cosas que veis, vendrán días cuando no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.  Entonces le preguntaron diciendo: —Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Qué señal habrá cuando estas cosas estén por suceder?" (Lucas 21:5-7) 

¿Cuéles cosas debían suceder? ¡La destrucción del templo! ¿Cuándo ocurrió la destrucción del templo? En el año 70 de la Era Común. Las fuerzas romanas rodearon la ciudad desde el año 67 y la ciudad fue citiada, segú el historiador Josefo, fueron dias de una tribulación terrible, el hambre dentro de la ciudad, tanta así que las madres mataban a sus hijos, los cocían y se los comían. Durante aque acedio a la ciudad santa, los mismos judíos revoltosos prendieron fuego al templo ya partes de la ciudad. Tito concedió tiempo y oportunidad de rendirse y salvar la ciudad, la nación y el templo, pero los sediciosos rehusaron rendirse y se envalentonaron para seguir peleando, lo cual fue su ruina total. Tambien Josefo habla de señales que hubieron durante el acedio y cómo lo revoltosos ignorarn o maliterpretaron. Carros de guerra sobre las nubes, el sol oscurecido, una estrella en forma de una gran espada brillante en el cielo, y un varón que gritá por mucho tiempo: "Ay de ti Jerusalem! ¡Ay de ti ciudad!

La ciudad fue ultimadamente acediada y destruida y ciento de miles de personas fueron muertas y todo fue puesto en llamas en el año 70 AD. Literalmente no quedó del templo piedra sobre piedra.

"Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed entonces que ha llegado su destrucción.

Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad, salgan; y los que estén en los campos, no entren en ella.

Porque éstos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.

  ¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días! Porque habrá grande calamidad sobre la tierra e ira sobre este pueblo" (Lucas 21:20-23).

Aunque todo esto se escribió mucho tiempo despues de haber acontecido, se supone que ya corria la tradicin oral de que ya Jesús lo había dicho o profetizado.

Volviendo a lo de que "las estrellas caerían del cielo" y como dice en Apocalipsis "como la higuera deja caer sus higos estremecida por un fuerte viento" (Apocalipsis 6:13)...Sebemos que las estrellas literales no pueden caerse del cielo y que muchas de ellas son en comparación de mayor tamaño que la tierra misma, ¿cómo debe interpretarse esto? 

Sabiendo que tanto las estrellas, como el sol, como la luna son tomados como figura en la profecía, debemos identificar qué significan tales cosas. En Apoc. 12, Juan ve una visión, en el cielo, de una mujer vestida del sol, con la Luna a sus pies con una corona de 12 estrellas. (Apoc 12:1)

Esta Mujer es un símbolo de Israel...En la Profecía Israel es comparada con una mujer, de la cual, Dios es Marido. Eso es porque el pacto de Dios con Israel es un pacto matrimonial. Hay un pacto eterno entre Dios e Israel. En Apoc. 12, esta "Mujer" (Israel) aparece "vestida del sol"..el sol representa bíblicamente a Jacob y la Luna representa a la esposa de Jacob, las doce estrellas son las doce tribus de Israel. Cuando Israel es destruido por Roma, a causa de las contínuas revueltas Judías del siglo primero, Su liderato religioso, los que gobermaban en Israel, sono considerados como "estrellas" y el cielo es su poderío o poder que ejerecían al gobernar sobre el pueblo. Ese poderío fue estremecido y removido y sus "estrellas" fueron precipitadas a tierra, perdieron el domnio y el briilo de su gobierno teocrático.

El apóstol Pedro habló sobre la destrucción del sistema Judaico (el cielo y la tierra que existían en su tiempo) y có cómo todo aquellos pasarí con gran estruendo (la invasión de las poderosas ordas romanas)..y el cielo y la tierra serían quemadas junto a las obras que habían en ella.(2 Pedro 3:10-12).

Todo esto es simbólico, el fuego y la destrucción causada por él. El cielo y la tierra representativo del sistema Judaico habria de desaparecer y un nuevo orden de cosas lo reemplazaría. Los "cielos nuevos y la tierra nueva" representan el dominio de la fe en Jesucristo su nuevo orden de cosas espiritual. En esta nueva situación la justicia mora, ya que no seremos mas justificados por las obras, sino por nuestra fe en Jesús el Mesías de Israel. 

Ciertamente que esto es un preámbulo del nuevo orden de cosas que será establecido sobre esta tierra literal cuando Jesús regrese a establecer su reino. Entónces, los reinos del mundo llegarán a ser del Eterno y de Su Ungido (el Mesías o Cristo). Entonces el cielo y la tierra (el sitema u orden de cosas actual) desaparecerá dando lugar a nuevos cielos y nueva tierra del reino eterno de Dios (Apoc.11:15)              

"Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más". Como está escrito:

" Oí una gran voz que procedía del trono diciendo: 'He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron.  El que estaba sentado en el trono dijo: 'He aquí yo hago nuevas todas las cosas.' Y dijo: 'Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas." (Apoc. 21:1-5).

Así que Dios no destruirá la tierra ni el firmamento para eliminar el pecado ni a los rebeldes e incorregibles, sino limpiará este misma tierra y llegará a estar bajo los "cielos nuevos" del gobierno divino y la tierra será eternamente habitada de gente justa y redimida, tal como fue la intención de Dios en el huerto de Edén. Jesús reinará sobre esta misma tierra y nosotros reinaremos con él como "reyes y sacerdotes". Y cantaremos el siguiente cántico:

"Ellos entonaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;  y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra! (Apoc. 5:9,10).

 

lunes, 26 de septiembre de 2022

LA GRAN MENTIRA DEL SISTEMA DEL GRAN ENGAÑO

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LA GRAN MENTIRA:
 
No entiendo como personas inteligentes que debería saber, ya que se consideran religiosas o cristianas (que es básicamente lo mismo), y se empeñan en perpetúar un mentira, la cuál, aunque parezca un "mentirita piadosa" o una "mentirita blanca", no es mas que una simple mentira, mentira que surgió primeramente en el Edén, cuando la serpiente le dijo a Havah (Eva): "No moriréis; sino...que seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal"...Esa mentira la escucho repetirse en cada sepelio, en cada persona religiosa que trata de consolar a los dolientes. "Tu Mamá está en el cielo, en la presencia del Señor, él la llamó a su presencia"...¡Eso es totalmente falso! Ya que la Biblia nos enseña que la muerte es lo contrario a la vida, y que no vamos para ningún cielo al morir, sino que dormimos el sueño de la muerte, hasta el día de la resurrección de los muertos cuando el Mesías Jesús regrese.
"Y no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él" - 1 Tesaloniscences.4: 13,14.
Debemos entender que si fuera verdad que los cristianos van al cielo al morir, ¿para qué hablar de la resurrección d los muertos? Si ya están en el cielo, ¿cuál es la necesidad de la resurrección?
"Y de la misma manera que está reservado a los hombres el morir una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, a los que le esperan ansiosamente para salvación" - Hebreos 9:27,28.
Cuando murió Lázaro, un amigo a quien Jesús amaba mucho, él se encontraba en otro lugar, pero le dijo a sus Discípulos: "Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo del sueño". Los discípulos, pensando que Jesús se refería al reposar de sueño, le dijeron: "Señor, si duerme, sanará"...pero él les dijo claramente: "Lázaro ha muerto"...El Mesías habló de la muerte como de un sueño. ¡Porque eso es lo que es! En Juan 5:28, 29 dijo:
"No os asombréis de esto; porque va a llegar la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación [krisis - Juicio]". De modo que los muertos no estan en el cielo ni en ningún "infierno de tormentos eternos", sino que están en la tumba, en el sepulcro.
"Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace. Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que de sí mismos son semejantes a las bestias. Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración [rúach-espíritu-aliento] tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y yodo volverá al polvo" - Ecclesiastés 3: 18-20.
Y en el capítulo 9: 4-7, 9,10 de Eclesiastés dice:
"Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.
Anda, pues, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con corazón alegre; porque tus obras ya son agradables a Dios.
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida fugaz que te son dados debajo del sol, todos esos años fugaces; porque ésta es tu parte en la vida, y en el trabajo con que te afanas debajo del sol. Todo lo que esté al alcance de tu mano, esmérate en hacerlo según tus fuerzas; porque en el seól [sepultura], adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduríaporque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría".
Toda la Biblia armoniza con esta enseñanza y no admite contradicción, aún por algunos versículos que parecen decir lo contrario, pero que, examinados con cuidado y estudiando el contexto, no son para nada contradictorios.
La religión del gran engaño quiere perpetuar la mentira que la serpiente dijo a la mujer en Edén. Pero si estudiamos correctamente la Escritura y la dejamos interretarse a sí misma, encontraremos la verdad sobre éste o cualquier otro tema.

 

UNA BIBLIA - MUCHAS IGLESIAS...¿TIENE IMPORTANCIA?

 


Una Biblia.

Cuando los reformadores protestantes se opusieron a la iglesia romana y posteriormente se separaron de ella, el grito de combate de la nueva religión fue «la Biblia, toda la Biblia, y nada más que la Biblia.» La razón fundamental de ese grito fue la teoría de que si la gente pudiera leer la Biblia por sí misma en su propia lengua, descubriría la verdad acerca de Dios y Su propósito, abandonaría sus errores antiguos y consecuentemente estaría unida por una fe común.

Desgraciadamente para el protestantismo, la teoría no surtió efecto. En vez de producir la unidad que esperaban sus fundadores, produjo en el transcurso del tiempo una diversidad de opiniones y un número creciente de comunidades religiosas compitiendo entre sí. Todas éstas afirmaban que de una u otra manera se basaban en la Biblia, creándose así el caos religioso que existe en la cristiandad actual. Una de las razones del moderno movimiento ecuménico es el reconocimiento de que la existencia de tantas iglesias es un reproche al mismo cristianismo. Esa misma libertad que fue un rasgo vital del protestantismo ha sido la causa de su fragmentación. Las iglesias protestantes supuestamente centradas alrededor de una misma Biblia han multiplicado sus diferencias en el transcurso del tiempo. Entonces, ¿estaba equivocada la teoría de que las enseñanzas de la Biblia son suficientes en sí y comprensibles a los hombres de juicio y buena voluntad? El hecho de que los resultados no alcanzaron la meta deseada no quiere decir que la teoría es falsa. Como se mostrará más adelante, hubo otros factores que limitaron y echaron a perder el efecto unificador de la verdad religiosa. Las afirmaciones de la Biblia acerca de sí misma aseguran que sus enseñanzas son completas y suficientes. Proclama que Dios habló a los hombres durante mucho tiempo por sus santos profetas y que ahora en nuestro tiempo les ha hablado por su propio Hijo Jesucristo. Lo que hablaron los profetas y el Hijo lo encontramos impreso en las páginas de la Biblia. Si hacemos a un lado la Biblia, dejamos de oír la voz de Dios. Algunas personas sostienen haber recibido visiones y revelaciones especiales aparte de la Biblia, pero para la gran mayoría no hay señales del cielo. La voz del cielo se oye únicamente en la Palabra de Dios impresa en las páginas de la Biblia.

Consideremos el testimonio de la Biblia acerca de su total suficiencia. Nuestro Señor con frecuencia reprochó a la gente de su tiempo, pero nunca por leer las Escrituras. Más bien les reprochó por no vivir de acuerdo a ellas. El dijo:

«Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mi; y no queréis venir a mi para que tengáis vida.» (Juan 5:3940)

A los saduceos dijo referente a la actitud de ellos con respecto a la resurrección: «Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios» (Mateo 22:29), y agregó:

«Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.» (Mateo 22: 3132Exodo 3:6)

Jesús dijo que las palabras escritas en Exodo capítulo 3 eran un mensaje de Dios para su misma generación, y advirtió a los saduceos que por hacer a un lado las Escrituras, se estaban extraviando.

El apóstol Pablo tenía un compañero llamado Timoteo, hijo de una judía de Listra. Escribió dos de sus cartas a ese joven, y en una de ellas empleó las siguientes palabras:

«…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.» (2 Timoteo 3:15)

En esta carta leemos también cómo Timoteo recibió de su madre Eunice y de su abuela Loida su precoz conocimiento de las Escrituras. En Hechos 17 se relata cómo Pablo y Silas predicaron el evangelio a los judíos de Berea, quienes recibieron la palabra con buena voluntad, pero comprobando la verdad de lo que Pablo y Silas decían:

«…pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.» (Hechos 17:11)

Ellos tenían las Escrituras y las usaban para poner a prueba la verdad de todo lo que oían. Pablo no los reprendió por hacer esto, sino que los alabó por su celo por la palabra de Dios. A los creyentes en Tesalónica les escribió:

«Examinadlo todo; retened lo bueno.» (1 Tesalonicenses 5:21)

Las anteriores citas confirman que las Escrituras enseñan la verdad acerca de Dios, la cual es necesaria para la salvación, y sostienen que cualquier persona tiene el derecho y el deber de leer la Biblia por sí misma.
Es cierto que el apóstol Pedro advierte a los creyentes contra los que tuercen las Escrituras y les dan un significado particular (2 Pedro 3:16), pero él nunca se opone a la lectura de las mismas. En 1 Pedro 2:2, los exhorta, diciendo:

«…desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.»

El conocimiento de Dios y el crecimiento espiritual de los creyentes depende de una cuidadosa lectura de la palabra divina, y no hay ninguna sugerencia de que haciendo esto, ellos están expuestos al peligro o alejados de la fe. Al contrario, la idea esencial de estos pasajes es que las Escrituras pueden enseñar a los hombres la verdad acerca de la salvación, y que esa verdad es comprensible para cualquier persona. Así que según la Biblia, la teoría de los reformadores era correcta; pero algo falló.

Muchas iglesias

La intención de la Biblia no es ocultar ni causar confusión, sino revelar la verdad y establecer la unidad. Siendo esto así, ¿cómo se ha producido el caos religioso actual? Este triste resultado se debe principalmente a dos factores. Primero, para entender la Biblia es necesario acercarse a ella con una mente abierta, dispuesta a ser instruida y a someterse a sus enseñanzas. El problema ha sido que muchas personas han llegado a la Biblia con ideas preconcebidas, buscando en sus páginas apoyo para doctrinas ya formuladas en otras fuentes. La gente ha tenido la tendencia de concebir a Dios de acuerdo a su propio criterio, creando así un Dios según lo que ellos desearían que fuera, en lugar del Dios que la Biblia revela. Llegan a la Biblia buscando al Dios de su propio invento y una manera de vivir que les convenga, y con frecuencia suponen que la Biblia les respalda. Llegan a esta conclusión por medio de una lectura superficial, una selección caprichosa de las partes de la Biblia que apoyan sus ideas, y el rechazo de aquellas partes que no las apoyan. Además, basan sus doctrinas en textos aislados sin tomar en cuenta la enseñanza total de las Escrituras. A menudo las doctrinas son aisladas las unas de las otras de manera que nunca se examina a fondo el resultado lógico de sus enseñanzas. Por ello las discrepancias y contradicciones no se echan de ver. En segundo lugar, algunas iglesias han dado un énfasis especial a ciertas doctrinas particulares, descuidando otras enseñanzas importantes. El resultado ha sido una perspectiva desequilibrada y confusa de la verdad de la Biblia, que a su vez conduce a conclusiones falsas y a un concepto equivocado de la salvación.

Esto es lo que sucedió en las iglesias reformadas. Aunque estuvieron unidas por ciertas doctrinas fundamentales, al cabo de poco tiempo fuertes desacuerdos sobre otras doctrinas las dividieron. Algunos reformadores rechazaron libros enteros de la Biblia porque no favorecían sus doctrinas predilectas, o trataron de disminuir la autoridad de los libros que no concordaban con sus artículos de fe. Cuando la Biblia no los respaldó, se apoyaron de nuevo en la tradición católica romana. Así, aun en presencia de la palabra de Dios, se abrió la puerta al razonamiento independiente, alejado de las Escrituras. Plummer en su libro Reforma Continental, página 189, describe la situación así: «A grandes rasgos la verdad no es que las enseñanzas de los reformadores hayan hecho a los hombres peores, sino que no han podido hacerlos mejores, y es aquí donde desaparece la semejanza entre el evangelio original y la reforma

El resultado es que en el mundo religioso de hoy es imposible conseguir una explicación clara y unánime sobre temas como el reino de Dios, la autoridad e inspiración de las Escrituras, la segunda venida de Jesucristo, la importancia del bautismo, la naturaleza de la iglesia, el significado de la Cena del Señor, la naturaleza del hombre, la resurrección de Jesucristo y la vida después de la muerte. Las iglesias que durante muchos años han enseñado la doctrina de la inmortalidad del alma, ahora se encuentran que algunos de sus teologos principales estan diciendo que esta doctrina no es biblica sino pagana, que no viene de Dios, sino de Platón, que la vida eterna no se conseguirá con la partida del alma al cielo despues de la muerte sino por la resurrección del cuerpo cuando Jesús regrese. Esto es lo que dice la Biblia sobre la naturaleza del hombre, pero solo unas pocas personas lo creen. La Biblia dice categórica y enfáticamente que el hombre es mortal. Sin embargo, en el mundo religioso hay incertidumbre y duda con respecto a esta doctrina fundamental, de la cual depende la interpretación correcta de muchas otras enseñanzas. Con sólo este ejemplo, se demuestra la confusión y diversidad de ideas que enfrenta la persona que busca la verdad religiosa, lo que con frecuencia la lleva al desaliento y a la desesperación, o a una indiferencia que termina en apatía o incredulidad. A veces esa diferencia se expresa en la creencia de que no importa a qué iglesia se asiste o qué se cree, porque con tantas iglesias, una es tan buena como la otra.

¿Tiene importancia?

Como primer paso, apliquemos la prueba del sentido común. Imaginemos un paciente en un hospital esperando la cirugía cuando se le dice que el cirujano que está a punto de operarlo opina que los principios de la cirugía no tienen importancia, que lo importante para él es conseguir los instrumentos y proceder con el trabajo. Está claro que el paciente habrá desaparecido antes que el cirujano se ponga su bata. También imaginemos a alguien preparándose para viajar por avión a otro país. Mientras está esperando en el aeropuerto, se entera de que el piloto opina que los principios de la navegación aérea no tienen importancia; que lo único que tiene importancia es mantener el avión en el aire y confiar en su sentido de la dirección. Es casi seguro que el pasajero viajará en autobús.

Estos ejemplos son, por supuesto, hipotéticos y exagerados. Ningún cirujano operaría sin tener un conocimiento preciso de la cirugía, y ningú piloto volaría sin saber muy bien los principios de la navegación , . Hacer lo contrario sería absurdo y muy peligroso porque se pondría en peligro la vida de alguien. Sin embargo, cuando se trata de nuestra relación con Dios, lo que está claramente peligroso y equivocado en el caso de la cirugía o la navegación, se acepta muchas veces como normal y razonable. Muchas personas opinan que no importa lo que se cree acerca de Dios si se lleva una vida respetable. ¿Es esto razonable? ¿Es probable que el Dios que hizo el mundo y que lo sostiene día tras día por leyes que son invariables y absolutas, sea indiferente a la manera en que los hombres se relacionan con El, con Su palabra y con Su mundo? ¿No sería más razonable suponer que el Dios que hizo el mundo con tante atención y precisión estuviera interesado en lo que piensan los hombres acerca de Él y como consideran Su Palabra? En esto, Dios no ha dejado al hombre escoger. Él les ha hablado a través de la Biblia, la cual es Su Palabra, y les ha revelado lo que tienen que hacer para acercarse a Él, ser aceptos, y recibir salvación.

Así que al reflexionar sobre el asunto, encontramos que es tan peligroso e insensato descuidar los principios de la verdadera religión como descuidar los principios de la cirugía o de la navegación. La única diferencia es que en el caso de la religión, las consecuencias del descuido no son tan obvias al principio, aunque al final son más permanentes e irrevocables. Tanto en el caso de la religión como en los demás casos, la vida de alguien está en juego.

La libertad de culto es una bendición cuando significa libertad para adorar a Dios sin interferencia, pero es algo menos que una bendición si contagia a los hombres con una especie de ceguera religiosa que les despoja de la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso. En épocas anteriores, cuando los hombres tenían convicciones fuertes, estaban dispuestos a hablar con denuedo sobre lo que creían correcto o equivocado; pero hoy en día, en nuestra época de tolerancia y de concesión, la controversia religiosa es considerada anticuada, casi vergonzosa. Se encuentran cada vez menos personas con convicciones firmes; la palabra clave es la moderación, y cualquier posición que pueda avivar el fuego de la controversia es condenada. Algunos prefieren no llegar a conclusiones definitivas acerca de nada. Están dispuestos a discutir y considerar, pero no a decidir. Piensan que algunas religiones pueden ser mejores que otras, pero que todas las religiones son buenas. Recomiendan que uno escoja la que más le convenga y que saque a relucir sus mejores cualidades, sin perjudicar a otros.

Este punto de vista tiene la apariencia de moderación y sensatez, pero contradice la enseñanza de la Biblia. La verdadera religión, la cual es revelada en la Biblia, es fundamentalmente intolerante; el mero hecho de que existe una religión verdadera significa que todo lo que se opone a ella y la contradice tiene que ser falso. Esta opinión desagrada a muchos, pero la persona sincera la encontrará lógica. Algunos pensarán que es un punto de vista dogmático y fanático, y que lo único que importa es la sinceridad. Empero, si bien es cierto que la sinceridad es muy importante, también es evidente que una persona puede estar sinceramente equivocada.

Con respecto a la manera de acercarse a Dios, la Biblia emplea palabras imperativas y categóricas. Se encuentra un ejemplo en Hebreos 11:6: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca  a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.» Observe las palabras «imposible» y «necesario.» El escritor no dice que es preferible acercarse a Dios con fe o que es difícil acercarse a El sin fe, sino que es imposible agradar a Dios sin fe y que es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay. Estas palabras no admiten un término medio. El que desea acercarse a Dios tiene que creer, y de nada le sirve acercarse sin fe. Esto puede provocar la pregunta: ¿Por qué no me acepta Dios como soy? La Biblia revela que Dios no está dispuesto a aceptar a nadie por su bondad natural. Esto es inaceptable y sería injusto. Algunos han nacido en circunstancias adversas y viven en condiciones degradantes, de modo que les es difícil mantener una buena conducta. Otros han nacido en circunstancias favorables y viven en un ambiente agradable, de modo que les es más fácil ser buenos. Dios no acepta a los hombres sobre esta base injusta.

Ante los ojos de Dios todos los hombres somos pecadores y nuestra propia bondad es insuficiente para justificarnos en Su presencia. Sólo hay una norma de rectitud, santidad y justicia, y esa norma es la que Dios ha establecido. El no comprometerá esa norma para acomodarla a la inconstancia de los hombres. El pecado no es menos pecaminoso hoy día que en los días de Noé o de Eva. Dios no ha cambiado de un Dios que aborrece el pecado a un Dios que meramente lo tolera. La bondad humana tiene poco valor comparada con la norma divina de justicia. De nada sirve acercarnos a Dios pretendiendo que somos mejores que la mayoría de las personas y mucho mejores que algunas. Podemos llegar a El con una lista de buenas obras que testifica que somos gente decente, que pagamos nuestras deudas y que no perjudicamos a nuestro prójimo. En lo que a buena reputación se refiere, estas cosas pueden ser importantes, pero en cuanto a la salvación son insignificantes. No es nuestra pobre rectitud personal la que nos dará acceso a la gracia de Dios. La Biblia nos enseña que tenemos que repudiar nuestra pobre moralidad, confesando que no podemos alcanzar la justicia de Dios. A esta actitud se le llama arrepentimiento.

Ya que los hombres no pueden ser aceptados sobre la base de su propia bondad, porque sería inadecuado e injusto, Dios los acepta por su fe. La fe que manifestamos hacia Su palabra, Dios la cuenta como rectitud. Esta es la gran doctrina de la justificación por la fe, la cual explica por qué es imposible acercarse a Dios sin fe y por qué los que pretenden acercarse a El tienen que creer. Para demostrar cómo opera este gran principio, el apóstol Pablo cita el caso del hombre Abraham y lo explica en su carta a los romanos, capítulo 4. Abraham recibió de Dios ciertas promesas, el cumplimiento de las cuales parecía humanamente imposible en el momento en que fueron dadas. Pero Abraham tuvo fe en las promesas de Dios a pesar de las apariencias adversas; su fe le fue contada por justicia y así llegó a ser amigo de Dios. Pablo explica en Romanos 4:20-25 que Abraham

«Tampoco dudó, por incredulidad de la romesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para para hacer todo lo que le había prometido; por lo cual su fe le fue contada por justicia. No solo respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en que el que levantó de los muertos a Jesús, señor nuestro,el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación

Pablo insiste en que los principios que operaron en el caso de Abraham se aplican a todos los hombres que llegan a Dios para salvación.

El elemento imprescindible en el proceso de la salvación es la fe en la palabra de Dios. Esta fe es la base de la religión verdadera, y con ella se comienza una vida nueva. El apóstol Pedro dice: «…siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23). Por eso tantos pasajes en el Nuevo Testamento recalcan la necesidad de tener fe, es decir, de creer:

«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.» (Juan 1:1112)

«Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay….» (Hebreos 11:6)

«Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo….» (Marcos 16:1516)

Debe ser evidente que según la Biblia, los que dicen que no tiene importancia lo que una iglesia cree y enseña, son tan insensatos como el cirujano y el piloto que dicen que no importan los principios de la cirugía o de la navegación.

¿Fe o superstición?

Puesto que la fe es tan importante, está claro que la fe que Dios exige no puede significar creer en algo que es falso o inventado por el hombre mismo. La fe que Dios requiere es la fe en la verdad; porque creer en lo falso no es fe sino superstición. La Biblia dice acerca del hombre que «cual es su pensamiento en su corazón, tal es él» (Proverbios 23:7). Es decir, el comportamiento de un hombre está condicionado y regulado por lo que él cree, de manera que una creencia falsa puede dar por resultado una vida falsa. Los escritores del Nuevo Testamento entendían esto y exhortaban constantemente a los creyentes que mantuvieran la fe. Consideremos las palabras fuertes que empleó el apóstol Pablo sobre este mismo tema en su carta a las iglesias en Galacia:

«Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.» (Gálatas 1:89)

Con estas frases tanjantes, Pablo condena dos veces a los que predican falsas enseñanzas. Esto es un ejemplo de la intolerancia bíblica antes mencionada, la cual es muy diferente de la tolerancia moderna para con ideas religiosas que son a veces totalmente disímiles y hasta antagónicas. Pablo insistía que el evangelio que él predicaba era verdadero y que cualquier otra enseñanza que lo contradijera era falsa. Afirmó que existía una sola y bien definida verdad acerca de Dios y Su propósito y que los que se desviaban de ella estaban en peligro. Hoy en día se dice con frecuencia que la fe cristiana no se puede definir con proposiciones lógicas y términos claros. Se supone que es demasiado personal y mística para eso. Este punto de vista es el que anima a tantas personas a decir que no importa lo que se cree ni a qué iglesia se asiste. Sin embargo, examinada a la luz de las enseñanzas del Nuevo Testamento, la iglesia se llama «columna y baluarte de la verdad» (1 Timoteo 3:15), y es el sagrado deber de cada creyente asegurarse que su fe y su iglesia están edificadas sobre esa base verdadera que es revelada en la Biblia.

Cuando Jesús hablaba a la mujer junto al pozo de Sicar (Juan capítulo 4), la conversación giró en torno a la cuestión de la religión verdadera, acerca de la cual Jesús dijo unas palabras muy significativas en el versículo 23: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.» Según Jesús, la verdadera religión está basada en la verdad y debe ser una religión del espíritu. Ya se ha hablado de la necesidad obvia de la verdad. Cuando Jesús dijo que la verdadera religión era del espíritu, estaba enseñando que no consiste meramente en una ostentación superficial y una ceremonia externa, ni tampoco solamente en la ejecución de ciertos actos de alabanza y sumisión, sino que es una condición interior, una adoración en el espíritu. Esto recalca la importancia de vivir conforme al camino que Dios nos ha trazado. Es posible alabar a Dios con nuestros labios pero deshonrarlo con nuestra manera de vivir. Podemos cantar himnos de sumisión e inclinar nuestras cabezas con humildad, siendo internamente rebeldes y orgullosos. La religión de la iglesia, capilla o templo no tiene mérito si no está de acuerdo con la voluntad que Dios expresa en Su palabra y si no se manifiesta en una vida de obediencia y santidad. Manifestamos la verdad de nuestra religión por la obediencia que practicamos en nuestro diario vivir. Necesitamos buscar humildemente la verdad contenida en la palabra de Dios y reflejar esa verdad en nuestra manera de vivir. Esta es la adoración en espíritu y en verdad.

Abraham fue justificado por Dios porque a pesar de que era de edad avanzada y su esposa estéril, él creyó que Dios le daría un hijo conforme a las promesas (Génesis 15:1-6). El factor importante es que las promesas eran reales y que Dios las había hecho. Nosotros también debemos creer las promesas de Dios, pero es necesario asegurarnos que las promesas en que confiamos han sido hechas en realidad por Dios. Hay quienes confían en promesas que ellos mismos han inventado pero que nunca fueron dichas por Dios. Se han creado ideas que Dios nunca expresó, y se le han atribuido palabras que El nunca habló. Creer en promesas verdaderas es fe, pero confiar en promesas fabricadas es ingenuidad.

Una cuestión de vida o muerte

Esta no es simplemente una cuestión académica que interesa solamente a los teólogos y a las personas que gustan de discutir acerca de la religión. Es más bien una cuestión de vida o muerte para todos aquellos que buscan la salvación. La importancia de descubrir la verdad se manifiesta en los principios eternos revelados en la Biblia, porque los principios que rigen nuestra manera de acercarnos a Dios son perpetuos y no cambian.

En Levítico capítulo 10 encontramos la historia de dos hombres que murieron trágicamente por haber pasado por alto estos principios. Nadab y Abiú eran sacerdotes del Señor en el tiempo de Moisés y sus funciones eran reguladas por los mandamientos de Dios en cuanto a Su culto. El relato dice:

«Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová, y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado.» (Levítico 10:1-3)

Era correcto que estos sacerdotes ofrecieran incienso delante del Señor, pero la manera de hacerlo había sido cuidadosamente prescrita por Dios. De acuerdo al relato, parece que estos dos hombres hicieron caso omiso de los mandatos de Dios, ofreciendo fuego no consagrado que habían obtenido de otra fuente distinta al altar del Señor. Su acción se debió tal vez al descuido, indiferencia o pura rebeldía, pero de todos modos Dios rechazó su adoración porque era falsa. La ofrenda de incienso en sí fue correcta, pero Dios no la aceptó porque la hicieron de una manera que El no había mandado. Algunas personas dirán que las acciones equivocadas deben ser perdonadas si el propósito es correcto, que los medios dudosos son ennoblecidos si el fin es bueno. Pero esta idea es obviamente errónea cuando de adorar a Dios se trata. La historia de Nadab y Abiú invalida y condena la teoría de que el fin justifica los medios, y demuestra que Dios no es indiferente a la forma que inventan los hombres para adorarlo.

Claro está, podemos reclamar el derecho de complacernos a nosotros mismos, pero puede ser que no complazcamos a Dios. La Biblia nos enseña repetidas veces que la verdad no se promueve por medios falsos y que tampoco se apoya sobre bases corruptas. No podemos adorar a Dios desobedeciendo sus mandamientos. Es muy cierto que estamos libres de los mandamientos que regulaban el sacerdocio Judío, pero a nosotros se nos han dado otros mandamientos tan reales y obligatorios aquellos como aquellos, para podernos acercar a Dios y reverenciarlo de la manera debida. No podemos glorificar a Dios siendo indiferentes a Su voluntad, como tampoco lo pudieron hacer Nadab y Abiú .

Tanto ahora como antes, es inútil acercarnos a Dios con fuego extraño. Dios no ha cambiado ni en naturaleza ni en propósito. Los que pretenden llegar a Su presencia para adorarlo, deben haberse preocupado por descubrir Su voluntad y necesitan tener el ferviente deseo de hacerla. El principio antiguo que Moisés repitió a Aarón todavía es verdad: «En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado.» No podemos glorificar a Dios sin obedecerlo. Si una iglesia conduce a los hombres a creer que la palabra de Dios no es digna de confianza, o que se puede hacer caso omiso de Sus mandamientos, o que es optativo creer ciertas doctrinas fundamentales, esta iglesia tiene que ser falsa porque en resumidas cuentas enseña a las personas a desobedecer la palabra de Dios. De nada nos serviría alegar que fuimos engañados por otras personas. Esta excusa no será válida ante el tribunal supremo de los cielos. Jesús dijo:  «Si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mateo 15:14). De nada nos servirá insistir en que hombres inteligentes y estudiosos nos han enseñado lo que hemos de creer y hacer. Lo importante no es la erudición sino la verdad medida por la palabra de Dios. Por buena que parezca, la religión fabricada por el hombre no puede sustituir a la de Dios. Esto es lo que Jesús aclaró cuando citó las palabras de un profeta hebreo de antaño y recalcó su significado para prevenirnos contra la religión fabricada por el hombre: «Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres» (Mateo 15:9). Esta posición es muy distinta de la enseñanza religiosa popular de hoy. Hay profesores eminentes en la cristiandad actual que niegan la enseñanza de la Biblia acerca de Dios y Su propósito, que rechazan la realidad de la resurrección de Jesucristo, que infunden duda sobre la autoridad de la palabra de Dios y modifican Sus mandamientos. La moraleja de todo esto es que no debemos dejarnos impresionar por las credenciales de tales hombres. Cuando la erudición respeta la autoridad de la palabra de Dios y nos ayuda a entenderla mejor, debemos estar agradecidos por ella; pero la Biblia nunca sugiere que el conocimiento divino se alcanza por medio del ingenio humano. Nos dice al contrario que la verdad es descubierta por los que son humildes y contritos de espíritu.

Conclusión

Algunas personas han respondido a la exhortación de examinar de manera penetrante su religión y medirla por la palabra de Dios, y han quedado sorprendidos al descubrir que lo que habían creído toda su vida era falso. E autor de este estudio confiesa que ésta fue su experiencia. Tal procedimiento le reveló la falsedad de la doctrina de la inmortalidad del alma y su destino después de la muerte, y sacó a la luz en su lugar el significado verdadero y vital de la resurrección como medio de alcanzar la vida eterna cuando Jesús regrese a la tierra para reinar sobre ella. Le liberó de doctrinas de demonios, diablos y espíritus incorpóreos. Le hizo comprender que el reino de Dios es un verdadero reino que se establecerá sobre la tierra en lugar de los gobiernos actuales, que están decayendo. Le descubrió la perspectiva de la vida eterna, una vida limpia de pecado y libre de incapacidad física, una vida inmortal y maravillosa que se vivirá con Cristo en el reino de Dios. Le reveló también que no había cumplido uno de los más solemnes mandatos del Señor: ser bautizado. Al entender la doctrina bíblica del bautismo, le quedó claro que el bautismo por aspersión de niños pequeños no concordaba con la enseñanza y práctica de la Escritura. La palabra de Dios le aclaró que el bautismo es un acto de obediencia que resulta de la creencia y la fe; que es una sepultura voluntaria en agua como señal de haber muerto a la vida antigua, seguida de una resurrección del agua a una nueva vida de fe y obediencia. De esta manera la palabra de Dios da iluminación a la mente, arrepentimiento al corazón, y por último, vigor a la voluntad.

En los primeros días de la iglesia, los apóstoles y Discípulos soportaron grandes privaciones y mucho sufrimiento para predicar un sistema particular de verdad y una manera particular de vivir. Algunos de ellos fueron apedreados, azotados, expuestos al hambre y a toda clase de peligros; perseguidos, acosados y finalmente martirizados. Soportaron todo esto porque estaban convencidos de que lo que tenían que decir era vital. En las palabras de Pedro: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29). Si no importa qué creemos o con quiénes adoramos, entónces ellos se equivocaron cuando se empecinaron en predicar la verdad a toda costa. Si hubieran aceptado suavizar el desafío del evangelio, sin duda habrían evitado la enemistad de los gobernantes, quienes habrían recibido con beneplácito un evangelio cómodo que solamente pidiese respetabilidad. La posición intransigente de los apóstoles, fundada en la Palabra no adulterada de Dios y la verdad pura, es un perpetuo desafío a esta generación y a cualquier otra que encuentre mas atractiva la indiferencia que la convicción.

Una Biblia - muchas iglesias. ¿Tiene importancia cuál escogemos? A la larga, nuestra respuesta dependerá de lo que buscamos. Si solamente buscamos la amistad y la satisfacción de asistir a una iglesia, entónces la respuesta es no; probablemente no importa. Pero si buscamos la vida eterna y una forma de adoración aprobada por Dios, la respuesta es Sí. Correctamente entendida, esta pregunta es de vital importancia, porque de ella depende nuestra vida misma.

~ G. D. Gillet

LA SALVACIÓN BÍBLICA...NO ES ESCAPAR DEL MUNDO PARA IRSE A VIVIR AL CIELO..

  La salvación bíblica no trata de escapar al cielo: trata de rescatar la vida. Durante siglos se enseñó que la salvación consistía en salv...