lunes, 29 de mayo de 2023

LA ELECCIÓN DIVINA DEL ISRAEL DE DIOS

 

"Alabad a Adonai, porque es bueno Adonai, salmodiad a su nombre, que es amable.  Pues Adonai se ha elegido a Jacob, a Israel, como su propiedad. Bien sé yo que es grande Adonai, nuestro Señor más que todos los dioses. Todo cuanto agrada a Adonai, lo hace en el cielo y en la tierra, en los mares y en todos los abismos" (Salmo 135:3-6).
 
EL ETERNO ha escogido a Israel para sí, no porque Israel lo mereciera, ni porque fuera el más numeroso de todos los pueblos de la Tierra, sino que lo ha escogido por Su gracia, para que sea un pueblo especial, un pueblo único para bendecir por medio de ese pueblo a todas las naciones de la tierra. ¡Esto solo se hace por gracia!
Aunque la nación en la carne no logró ese cometido, no significa que el plan de Dios haya fracasado, todo lo contrario, el plan de Dios se cumplirá a pesar del fracaso de la nación Judía que erró el blanco, que se hizo rebelde, que rechazó al Mesías.

Todos sabemos como la nación escogida por Dios, por gracia, que alcanzó su zenit en los días del rey Salomón, se rompió en dos grandes pedazos en los días de Reboam, hijo del rey Salomón (1 Reyes 11:11-13, 29-32; 12:18-24). Diez tribus quedaron al norte y fueron conocidas como "La Casa de Israel", mientras dos tribus (mas los Levitas) que quedaron al sur, conocidas como "la Casa de Judá". Dos reinos, dos naciones, que a menudo rivalizaron entre sí. Con su capital en Samaria, las diez tribus norteñas continuamente se revelaban contra el Todopoderoso, y, finalmente fueron llevadas cautivas por los Asirios y jamás regresaron a su tierra, fueron esparcidas por las naciones y con el tiempo perdieron su identidad israelita o Hebrea y se les llegó a ser conocidas como "las ovejas perdidas de la casa de Israel". La Casa de Judá continuó sirviendo al Eterno aunque frecuentemente cayó en infidelidad, Dios continuó tratando con ellos, pues de esa tribu vendría el Mesías prometido, Shiloh (Génesis. 49:10).

Como hemos dicho, las diez tribus (la mayor parte del pueblo santo) fue esparcido por las naciones y aparentemente quedaron en el olvido. Pero Dios no se olvidó de ellos.
Aunque el Eterno repudiara a Israel como un hombre repudia a su esposa infiel, y continuó su trato con la también infiel Judá, le dio carta de divorcio a Israel y ya no la consideraba como pueblo suyo (Jeremía 3:6-8; Oseas 1:1-9)...con todo prevalecía la siguiente promesa:  "No obstante, el número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y sucederá que en lugar de lo que se les dijo: ‘Vosotros no sois mi pueblo’, se les dirá: ‘Hijos del Dios viviente" (Oseas 1:10).

Finalmente llegó el Mesías esperado en la persona de quien llegó a ser conocido como Jesús de Nazareth. Este varón, escogido y designado por el Todopoderoso, es introducido con las siguientes palabras: "He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.  Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David.  Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin" (Lucas 1:31-33). Note la expresión "reinará sobre la Casa de Jacob para siempre"...Decir la Casa de Jacob es lo mismo que decir "la Casa de Israel", porque Jacob es Israel, fue Dios mismo quien hizo el cambio de nombre.

El Mesías declaró que él no había sido enviado a las naciones gentiles, sino que había sido enviado a "las ovejas perdidas de la Casa de Israel" (Mareo 15:24). Debemos entender una cosa y que esta quede bien clara en nuestras mentes: Aunque todos los Judíos son israelitas, no todos los israelitas son Judíos. Es un error pensar que la casa de Israel sea solo los Judíos. Ellos solo constituyen un pequeño porcentaje de Israel, solo dos tribus, mas los Levitas. La Casa de Israel constituye el 98% del pueblo santo y no son Judíos, aunque sí son israelitas. Ese 98% está contemplado en las palabras del Señor Jesús, cuando dijo: "También tengo otras ovejas que no son de este redil. A ellas también me es necesario traer, y oirán mi voz. Así habrá un solo rebaño y un solo pastor" (Juan 10:16). Aquellas "otras ovejas" no son los gentiles paganos, sino las ovejas perdidas de la Casa de Israel, los "hijos de Dios que están dispersos" por todas las naciones a los cuales el Mesías de Israel vino a buscar y a salvar (Juan 11:49-52; Lucas 19:9-10). Debemos atesorar esta gran verdad: ¡Jesús Cristo vino a socorrer a la descendencia de Jacob (Israel)! (Hebreos 2:12,16). ¡A todo Israel, la Casa de Jacob! 

En el libro de Hechos encontramos algo muy interesante e impresionante que muchos pasan por alto en su lectura rápida de la Biblia. Hechos 15, cuando Jacobo tomó la palabra en la asamblea en concilio, diciendo: 

"Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles para tomar de entre ellos un pueblo para su nombre. Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:  'Después de esto volveré y reconstruiré el tabernáculo de David, que está caído. Reconstruiré sus ruinas y lo volveré a levantar,  para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor que hace estas cosas, que son conocidas desde la eternidad" (Versículos 14-18).

Tres grandes cosas resaltan en este pasaje bíblico que llaman poderosamente la atención:  (1) Dios visita por primera vez a los Gentiles para tomar de entre ellos "Pueblo para su nombre". Este pueblo para Su nombre que es tomado de entre los Gentiles (las naciones) no es otro que la Casa de Israel que está dispersa entre las naciones, las "otras ovejas" de las que habló Jesús en Juan 10:16. "Los hijos de Dios dispersados" de los que habló proféticamente el sumo sacerdote Caifás en Juan 11:52.

(2) Después de esto volveré a reconstruir el tabernáculo (la habitación) de David que está caído". ¡Qué es esto? El tabernáculo de David que está caído no es otra cosa que el Reino de Dios representado por el reinado del antiguo rey David. Este reino cayó y no ha sido levantado, hasta que el Mesías ben David regrese y lo levante de nuevo. ¡Él es el Rey designado por Dios! (2 Samuel 7:12-16; Salmo 2:6-9). ¡Jesús es ese Rey!

(3) La razón para establecer ese reino con ese rey escogido por Dios, es "para que el resto de los hombres busque al SEÑOR, todos los gentiles (todas las naciones) sobre los/las es (será) invocado mi Nombre". (Miqueas 4:1-4; Salmo 22:27-28; Daniel 2:44; Daniel 7:14; Génesis 49:10). 

"Ella [Israel] dio a luz un hijo varón [Jesús el Mesías] que ha de guiar (gobernar) a todas las naciones con cetro de hierro. Y su hijo fue arrebatado ante Dios y su trono" (Apoc.12:5). ¡No hay lugar a dudas que el propósito de Dios con Israel es maravilloso! 

Esto trae a memoria cuando los hijos de Israel anduvieron por el desierto, en cierta ocasión llegaron a un lugar llamado "Elim", y en ese lugar habían 12 fuentes (manantiales) de agua y 70 palmeras (Éxodo 15:27). Las 12 fuentes o manantiales de agua representaban a las 12 tribus de los hijos de Israel, mientras que las 70 palmeras representaban a la plenitud de todas las naciones de la tierra, las cuales llegarán a ser benditas como resultado del reino de Israel. ¡Sin duda que todas las familias de la tierra llegarán a ser bendecidas por medio de la descendencia del padre Abraham! ¡Esa es la gran promesa! Y Pablo nos informa que: "Ya que vosotros sois del Mesías, ciertamente sois descendencia de Abraham, herederos conforme a la promesa" (Gálatas 3:29).

¡Gracia y paz al Israel de Dios!



domingo, 28 de mayo de 2023

LECTURA RECOMENDADA PARA TODO CREYENTE VERDADERO...

 







Por: Samuel Barruecos

ÍNDICE ELCTRÓNICO

Libro digital online gratuito y completo. Accede desde este índice electrónico a toda la obra.

Este libro está destinado a cambiar tu vida. En él hallarás el propósito que El Señor determinó para tdesde el principio de los tiempos.

En este trabajo te explico que debido a tus raíces hebreas es que sigues a Jesucristo y cuál es el significado de todo ello.

Tus raíces hebreas están en la Biblia. Permíteme llevarte en un recorrido por la Escritura en el que descubrirás quien eres y adónde perteneces realmente.

Hace mucho tiempo una parte del pueblo de Dios fue desterrada perdiendo sus raíces y su memoria. La Biblia les llama la Casa de Israel, lo que significa Linaje de Israel o Descendientes de Israel. Por medio de los profetas El Señor prometió no olvidarse de ese linaje. Tú eres parte de ese pueblo perdido que ahora está siendo recuperado.

Así que esta es la historia de tus raíces hebreas. De cómo tú y otras personas más han llegado hasta aquí.

¿Te interesa saber más acerca de tu verdadero origen? Entonces ve a la Introducción e inicia la lectura ahora mismo.

Lo recomiendo plenamente.

SIGA ESTE ENLACE:

https://www.lacasadeisrael.org/estudios-biblicos/la-casa-de-israel/tus-raices-hebreas/

viernes, 26 de mayo de 2023

ENGAÑOS DEL CORAZÓN ENGAÑOSO..

 *********************************************************************************************

Si el corazón humano es engañoso, la religión falsa lo aprovecha para crear más dogmas mentirosos y excusas para sostenerlos.

************************************************************************************************


"DIABLO Y SATANÁS"....personaje maligno ficticio, dios del mal inventado por la religión con tres propósitos fundamentales:
1- Para infundir miedo en las masas y poder así someterlas a sus dogmas y dictámenes.
2- Un ser maligno imaginario ausente en la Torá en los Profetas pero inventado para responsabilizarlo por toda la maldad humana y así minimizar la responsabilidad de los humanos en el uso de su libre albedrío y su propia inclinación al mal.
3. Un supuesto "dios del mal" para que rivalice con el solo Dios verdadero, producto del dualismo greco-romano, que se usa como excusa para culparlo por las malas acciones de los hombres.
Nota: Dios siempre responsabiliza al ser humano y lo juzgará por sus propias obras, sean malas o sean buenas.
"Todo este discurso termina en lo siguiente: Teme a Dios, y cumple sus mandamientos. Eso es el todo del hombre. Por lo demás, Dios habrá de juzgar toda obra, buena o mala, junto con toda acción encubierta" - Eclesiastés. 12:13-14).
"Escucha tú en los cielos, lugar de tu morada, perdona e intervén, dando a cada uno según su merecido, tú que conoces su corazón, tú el único que conoce el corazón de los hijos de los hombres" (1 Reyes 8:39).
"Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre" (Marcos 7:21-23).
"Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y sin remedio. ¿Quién lo conocerá? Yo, YHVH, escudriño el corazón y examino la conciencia, para dar a cada hombre según su camino y según el fruto de sus obras" (Jeremías 17:9-10).
Por ningún lado enseñan las Santas Escrituras que Dios culpará a algún "dios malino" por la maldad humana, Él juzgará a cada ser humano por sus propias acciones y dará el pago correspondiente "según sus obras". De modo que la trillada excusa: "El diablo me hizo hacerlo" no funcionará en el Juicio final.
Si el corazón humano es engañoso, la religión falsa lo aprovecha para crear más dogmas mentirosos y excusas para sostenerlos.
Nosotros, en Casa de Israel, creemos que Dios juzgará a cada ser humano por sus propias acciones, por sus propias maldades, producto de su propia inclinación al mal. Que no existe ningún "ser maligno universal" que tiente y haga pecar a todos los hombres en todo lugar del planeta simultáneamente...esto da al trate con lo que la Biblia enseña, que solo hay un Dios verdadero, el Todopoderoso, que el hombre fue creado con libre albedrío, y que el pecado y el mal comenzaron con la desobediencia en Edén, no antes, ni después. En nosotros está escoger entre el bien y el mal, aunque la inmensa mayoría escoja el mal, lo hace de su propia iniciativa y guiado por su propia concupiscencia, su propia inclinación al mal.
Esa es la "serpiente" que tienta a todos y a todas, la que con astucia extravía nuestros sentidos, como hizo con Eva, como hizo con Jesús, pero sin los resultados esperados. Jesús usó la Torá para refutar y desechar todas las ideas de auto complacencia que su propia carne y su mente le presentaron. ¡Ejemplo nos dejó, para sigamos sus pisadas! Cuando seamos tentados a hacer el mal o a auto complacernos haciéndole caso a los deseos de la carne, busquemos el consuelo de las Santas Escrituras.
"Porque aún Mesías no se agradó a sí mismo; más bien, como está escrito: 'Las afrentas de los que te afrentaron, cayeron sobre mí'.
Pues lo que fue escrito anteriormente fue escrito para nuestra enseñanza, a fin de que por la perseverancia y la exhortación de las Escrituras tengamos esperanza. Y el Dios de la perseverancia y de la exhortación os conceda que tengáis el mismo sentir los unos por los otros, según el Mesías Jesús" (Romanos 15:3-5).
Gracia y Paz.
No photo description available.
Like
Comment
Share

jueves, 25 de mayo de 2023

ADONAI UNO Y ÚNICO

"Al Rey de los siglos, al Di-s inmortal, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén" (1 Timoteo 1:17).

Pablo, como buen Judío reconoció que hay un solo Di-s verdadero, una sola persona, que es Inmortal, es decir, incorruptible, que no puede de ninguna manera ser afectado por la muerte. Jesús sí fue afectado por la muerte, de hecho, él mismo declara ser: "el que vive; ESTUVO MUERTO, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos" (Apoc. 1:18). Y en Heberos 2:9 se nos dice que Jesús: "por la gracia de Di-s gustó la muerte para bien de todos". Luego leemos en Romanos 6:9, Pablo declara que "Mesias, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él". Queda claro que Jesús sí era un ser mortal, un ser humano sujeto al sufrimiento y a la muerte. Di-s, en cambio, no puede ser afectado de ninguna manera por la muerte. Di-s, además, se nos dice que es "invisible", Jesús no fue, ni es, ni será jamás invisible. Fue visto por multitudes, después de ser resucitado por Di-s, fue visto por más de 500 personas a la vez, según dice Pablo en 1 Corintios 15:6. En su regreso, se nos dice que "todo ojo le verá" (Apoc. 1:7). También se nos dice que el Eterno Padre es único. Es decir, que no hay nadie semejante a Él, nadie se compara con Él ni puede ser Di-s todopoderoso como lo es Él. Mesias, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él.Mesias, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él.l es único. Ese queda implícito en el Shemá: "Oye Israel: Adonai nuestro Di-s, Adonai UNO es" (¡UNO Y ÚNICO! Este argumento de por sí debería arruinar tod el argumento trinitario. Termino diciendo que, tocante al Rúaj hakodesh o "espíritu santo" que no se nos dice por ningún lugar que sea una persona o que sea Di-s mismo, sino que es un poder que procede de Di-s, que está asociado en las Escrituras con el aire, el viento, y con aliento. De hecho, la palabra hebrea "ruach" (espíritu-aliento) es un término femenino, no masculino, es como "la ruach" la brisa. Di-s siempre aparece en el masculino "Él". Entendemos que el espíritu santo (la ruach hakodesh) es una fuerza, un poder activo que procede de Dios, que se asocia con viento, aire, o brisa. Pondré dos ejemplos, dos testigos:
Juan 20:21-22:
"Yeshúa les dijo otra vez: 'La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.' Dicho esto, SOPLÓ SOBRE ELLOS y les dijo: 'Recibid el espíritu santo".
Hechos 2:1-2:
"Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una RÁFAGA DE VIENTO IMPETUOSO, que llenó toda la casa en la que se encontraban".
¿Notan como se asocia al espíritu santo con el viento o el aire? Esto es básicamente porque lo que la palabra "ruach" en Hebreo y "pneuma" en Griego significa. De "pneuma" en griego tenemos la palabra neumático, por su asociación con el aire. Así que el espíritu de Di-s se traduce en hebreo como "el aliento de Elohim", o "la brisa de Elohim", en Génesis 1:2, "y un viento de Di-s aleteaba por encima de las aguas" (Biblia de la Universidad de Jerusalem). Solamente un gran viento pudo llenar el lugar donde estaban reunidos los Discípulos en el día de Shavuot (semanas) en Hechos 2:1-2. Por ningún lado en las Escritura Hebreas o en los Escritos Apostólicos se insinúa que el "espíritu santo" sea "una persona", o la "tercera persona" de alguna "trinidad", eso es un invento delos concilios de la iglesia católica que los protestantes han tomado como si fuera "palabra de Di-s".

jueves, 18 de mayo de 2023

LA NATURALEZA DE JESÚS...VERDAD VS. TRADICIONES HUMANAS

Intruducción:

Una de las más grandes tragedias del cristianismo es que el Señor Jesucristo no ha recibido el respeto y la exaltación que se le deben por su victoria sobre el pecado, por medio del desarrollo de un carácter perfecto. La ampliamente popular doctrina de la ‘Trinidad’ convierte a Jesús en Dios mismo. En vista de que Dios no puede ser tentado (Stg. 1:13) y no tiene posibilidad de pecar, esto significa que Cristo en realidad no tuvo que luchar contra el pecado. Por lo tanto su vida en la tierra fue un engaño, viviendo toda la experiencia humana, pero sin ningún interés verdadero en el dilema espiritual y físico de la raza hunana, en vista de que esto no le afectaba personalmente.

En el otro extremo, grupos como los mormones y los Testigos de Jehová no aprecian debidamente el prodigio de que Cristo sea el Hijo unigénito de Dios. Como tal, él no pudo haber sido un ángel ni el hijo natural de José. Algunos han sugerido que durante su vida la naturaleza de Cristo fue como la que tenía Adán antes de la caída de éste. Aparte de la falta de la evidencia bíblica de esta idea, no se aprecia que Adán fue creado por Dios del polvo, mientras que Jesús fue ‘creado’ al ser engendrado por Dios en el vientre de María. De modo que, aunque Jesús no tuvo un padre humano, fue concebido y dado a luz como nosotros. Muchas personas no pueden aceptar que un hombre de nuestra naturaleza pecadora pudo tener un carácter perfecto. Es este hecho lo que constituye un obstáculo para una verdadera fe en Cristo.

Creer que Jesús fue de nuestra naturaleza, pero sin pecado en su carácter, venciendo siempre sus tentaciones, no es fácil. Se requiere mucha reflexión en los relatos del evangelio acerca de su vida perfecta, junto con los muchos pasajes bíblicos que niegan que él fue Dios, para llegar a un firme entendimiento y fe en el verdadero Cristo. Es mucho más fácil suponer que él era Dios mismo, y por lo tanto automáticamente perfecto. No obstante, esta idea rebaja la grandeza de la victoria que Jesús ganó contra el pecado y la naturaleza humana.

El tenía naturaleza humana. Esto significa que conpartió cada una de nuestras tendencias pecaminosas (He. 4:15), sin embargo las venció por medio de su compromiso con los caminos de Dios y procurando Su ayuda para vencer al pecado. Dios se la dio con gusto, hasta el grado de que “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” por medio de su propio hijo (2 Co. 5:19). Cuando Jesús nos pide compartir su yugo a fin de que podamos encontrar descanso (Mt. 11:29) la idea es de que él fue ‘un buey’ como nosotros, de la misma naturaleza, aunque mucho más fuerte.

 DIFERENCIAS ENTRE DIOS Y JESUS

Es necesario trazar una fina línea entre aquellos pasajes que hacen hicapié en el grado en que “Dios estaba en Cristo”, y aquellos que destacan su humanidad. Estos últimos pasajes hacen imposible justificar bíblicamente la idea de que Jesús es Dios mismo, “verdadero Dios de verdadero Dios”, como declara erróneamente la doctrina de la trinidad. (Esta frase “verdadero Dios de verdadero Dios” se usó en el Concilio de Nicea en el año 325 de nuestra era, donde se promulgó por primera vez la idea de que Dios es una ‘Trinidad’, y era desconocida por los primeros cristianos).

La palabra ‘Trinidad’ nunca aparece en la Biblia. El estudio 9 profundizará en la victoria total de Cristo sobre el pecado, y la parte que tuvo Dios en eso. A medida que comenzamos estos estudios, recordemos que la salvación depende de un correcto entendimiento del verdadero Jesucristo (Jn. 3:36; 6:53; 17:3). Una vez que hemos llegado a este verdadero entendimiento de su conquista sobre el pecado y la muerte, podemos bautizarnos en él a fin de participar de esta salvación.

Uno de los resúmenes más claros de la relación entre Dios y Jesús se halla en 1 Timoteo 2:5: “Por que hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. Una reflexión sobre las palabras destacadas lleva a las siguientes conclusiones:

-Como hay sólo un Dios, es imposible que Jesús pudiera ser Dios; si el Padre es Dios y Jesús también es Dios, entonces hay dos Dioses. “Para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre” (1 Co. 8:6). Por lo tanto, ‘Dios el Padre’ es el único Dios. Así que, es imposible que pueda haber un ser separado llamado ‘Dios el Hijo’, como lo afirma la falsa doctrina de la Trinidad. El Antiguo Testamento también presenta a Jehová, el único Dios, como el Padre (Is. 63:16; 64:8).

-Además de este solo Dios, está el mediador, el hombre Cristo Jesús- “… y un solo mediador… ” Esa palabra “y” indica una diferencia entre Cristo y Dios.

- Que Cristo es el “mediador” significa que él es un intermediario. Un mediador entre el hombre pecador y Dios sin pecado no puede ser Dios mismo; tenía que ser un hombre sin pecado, de naturaleza humana pecadora.

La frase “Jesucristo hombre” no nos deja en duda en cuanto a lo correcto de esta explicación. Aun cuando esta escribiendo después de la ascención de Jesús, Pablo no habla del Dios Jesucristo.

Varias veces se nos recuerda que “Dios no es hombre” (Nm. 23:19; Os. 11:9): no obstante, Cristo era claramente “el Hijo del Hombre”, como a menudo se le llama en el Nuevo Testamento, “Jesucristo hombre”.

El texto griego lo llama “Hijo del Anthropos”, es decir, de la humanidad, más bien que “Hijo de Abner” (esposo, hombre). En el pensamiento hebreo “el Hijo del Hombre” significa un hombre común y mortal (Is. 51:12). “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre [Adán], también por un hombre [Jesús] la resurrección de los muertos” (1 Co. 15:21). Él fue el Hijo del Altísimo” (Lc. 1:32). Que Dios sea “el Altísimo” indica que sólo Él tiene la celsitud última.; que Jesús sea “el Hijo del Altísimo” muestra que él no puede haber sido Dios mismo en persona. El lenguaje mismo de Padre e Hijo que se usa con respecto a Dios y Jesús, hace obvio que ellos no son iguales. Aunque un hijo puede tener ciertas similitudes con su padre, él no puede ser exactamente la misma persona ni tener la misma edad que su padre.

En consonancia con esto, hay varias diferencias obvias entre Dios y Jesús, que claramente muestran que Jesús no es Dios mismo.

Dios no puede ser tentado” (Stg. 1:13). Cristo “fue tentado en todo según nuestra semejanza” (He. 4:15).

Dios no puede morir –Él es inmortal por naturaleza (Sal. 90:2; 1 Ti. 6:16).

Cristo murió y estuvo en la tumba durante tres días (Mt. 12:40; 16:21).

Los hombres no pueden ver a Dios (1 Ti. 6:16; Ex. 33:20).

Los hombres vieron a Jesús y lo palparon (1 Jn. 1:1 recalca esto).


Cuando somos tentados, nos vemos forzados a elegir entre el pecado y la obediencia a Dios. A menudo elegimos desobedecer a Dios; Cristo tuvo las mismas opciones, pero siempre eligió ser obediente. Por lo tanto, él tuvo la posibilidad de pecar, aunque realmente nunca lo hizo. Es inconcebible que Dios tenga posibilidad de pecar. Hemos mostrado que la simiente de David prometida en 2 S. 7:12-16 era definitivamente Cristo. El versículo 14 habla de la posibilidad de pecar que tenía Cristo: “Y si él hiciere mal, yo le castigaré”.

 LA NATURALEZA DE JESÚS

La palabra ‘naturaleza’ se refiere a lo que nosotros somos básicamente. En el Estudio 1 hemos mostrado que la Biblia habla solo de dos naturalezas -la de Dios y la del hombre. Por naturaleza Dios no puede morir, ser tentado, etc. Es evidente que durante su vida Cristo no tuvo la naturaleza de Dios. Por lo tanto él era totalmente de naturaleza humana. Por nuestra definición de la palabra ‘naturaleza’ debería ser evidente que Cristo no pudo haber tenido dos naturalezas simultáneamente.

Fue vital que Cristo fuera tentado como nosotros (He. 4:15), de manera que por su perfecto vencimiento de la tentación pudiera ganar el perdón para nosotros. Los malos deseos, que son la base de nuestras tentaciones, proceden de dentro de nosotros (Mr. 7:15-23), de dentro de nuestra naturaleza humana (Stg. 1:13-15). Por lo tanto, fue necesario que Cristo fuera de naturaleza humana de manera que pudiera experimentar y vencer estas tentaciones.

Hebreos 2:14-18 expresa todo esto claramente:

“Por cuanto los hijos [nosotros] participaron de carne y sangre [naturaleza humana], él [Cristo] también participó de lo mismo [naturaleza], para destruir por medio de la muerte… al diablo… porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote… para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Este pasaje pone extraordinario énfasis en el hecho de que Jesús tenía naturaleza humana: “El también participó de lo mismo” (He. 2:14). 

Esta frase usa tres palabras, todas con el mismo significado, para recalcar la idea. Él participó “de lo mismo”, es decir, de la misma naturaleza; el relato pudo haber dicho ‘él también participó de ELLA’, pero recalca que ‘él participó de lo mismo’. En forma similar, Hebreos 2:16 desarrolla la idea de que Cristo no tuvo la naturaleza de los ángeles, debido a que él era la simiente de Abraham, y había venido a traer salvación para la multitud de creyentes que llegarían a ser la simiente de Abraham. Por este motivo, fue necesario que Cristo tuviera naturaleza humana. En todo, él tenía que ser “semejante a sus hermanos” (He. 2:17) de manera que Dios pudiera concedernos el perdón por medio del sacrificio de Cristo. Por lo tanto, decir que Jesús no era totalmente de naturaleza humana, es desconocer la base misma de las buenas nuevas acerca de Cristo.

Cada vez que los creyentes bautizados pecan, ellos pueden acercarse a Dios, confesando su pecado en oración por medio de Cristo (1 Jn. 1:9); Dios está consciente de que Cristo fue tentado para pecar exactamente como son tentados ellos, pero que él fue perfecto, venciendo esa misma tentación en la que ellos fallaron. Por este motivo, “Dios… en Cristo” puede perdonarnos (Ef. 4:32). Por lo tanto, es vital reconocer cómo Cristo fue tentado tal como nosotros, y necesitaba tener nuestra naturaleza para que esto fuera posible. “Dios es Espíritu” (Jn. 4:24) por naturaleza y como “Espíritu” él no tiene carne y sangre. Que Cristo tenga naturaleza de “carne” significa que de ninguna manera tuvo la naturaleza de Dios durante toda su vida.

Todos los intentos previos de los hombres por guardar la palabra de Dios, es decir, vencer totalmente la tentación, habían fracasado. Por lo tanto, “Dios, enviando a su hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Ro. 8:5). El “pecado” se refiere a la propensión natural hacia el pecado que tenemos por naturaleza. Ya hemos cedido a esto, y continuamos haciéndolo, y “la paga del pecado es muerte”. Para salir de este predicamento, el hombre necesitaba ayuda adicional. Él por sí solo parecía incapaz de perfección; no correspondía ni corresponde a la carne redimir a la carne.

Por lo tanto, Dios intervino y nos dio a su propio Hijo, quien tenía nuestra “carne de pecado”, con todas las propensiones que nosotros tenemos hacia el pecado. Romanos 8:3 describe la naturaleza humana de Cristo como “carne de pecado”. En unos pocos versículos anteriores, Pablo habló de que en la carne “no mora el bien”, y que la carne milita naturalmente contra la obediencia a Dios (Ro. 7:18-23). En este contexto, es maravilloso leer en Romanos 8:3 que Cristo tenía “carne de pecado”. Fue debido a esto, y a que él venció esa carne, que nosotros tenemos una vía de escape de nuestra carne; Jesús tenía plena conciencia de la pecaminosidad de su propia naturaleza. En una ocasión se dirigieron a él como “maestro bueno”, con la implicación de que él era “bueno” y perfecto por naturaleza. El respondió: 

“¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (Mr. 10:17,18). En otra ocasión, los hombres empezaron a testificar de la grandeza de Cristo debido a una serie de notables milagros que él había realizado. Jesús no capitalizó esto “porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Jn. 2:23-25).

Debido a su gran conocimiento de la naturaleza humana (conocía todo acerca de esto), Cristo no quería que los hombres lo elogiaran personalmente, ya que él sabía cuan maligna era su propia naturaleza humana.

 LA HUMANIDAD DE JESÚS

Los relatos del evangelio suministran muchos ejemplos de que Jesús tenía una naturaleza totalmente humana. Está escrito que él estaba cansado, y tuvo que sentarse a beber de un pozo (Jn. 4:6). “Jesús lloró” por la muerte de Lázaro (Jn. 11:35). En sumo grado, el relato de sus sufrimientos finales debería ser prueba suficiente de su humanidad:

“Ahora está turbada mi alma”, admitió mientras oraba a Dios para que lo salvara de tener que pasar por su muerte en la cruz (Jn. 12:27). Él oró, diciendo: “Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa [de sufrimiento y muerte]; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mt. 26:39). Esto indica que en algunos casos su ‘voluntad’ (deseos de Cristo) era diferente a la de Dios.

Sin embargo, durante toda su vida Cristo había sometido su voluntad a la de Dios en preparación para esta prueba final de la cruz: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Jn, 5:30). Esta diferencia entre la voluntad de Cristo y la de Dios es prueba suficiente de que Jesus no era Dios.

Se espera que durante nuestra vida crezcamos en nuestro conocimiento acerca de Dios, aprendiendo de las pruebas que experimentamos en la vida. En esto, Jesús fue nuestro gran ejemplo. El no tuvo dentro de sí un conocimiento completo de Dios mayor del que nosotros tenemos.

Desde su niñez “Jesús crecía en sabiduría y en estatura [es decir, madurez espiritual; compárese con Ef. 4:13], y en gracia para con Dios y los hombres” (Lc. 2:52). “El niño crecía y se fortalecía” (Lc. 2:40). Estos dos versículos describen el crecimiento físico de Cristo paralelo a su desarrollo espiritual; el proceso de crecimiento ocurrió en él en forma natural y espiritual. Si “el Hijo es Dios”, como declara el credo de Atanasio referente a la ‘Trinidad’, esto no habría sido posible. Incluso al final de su vida, Cristo admitió que no conocía el tiempo exacto de su segunda venida, aunque el Padre sí (Mr. 13:32). Él hacía preguntas a los maestros de la ley a la edad de 12 años, ansioso por aprender, y a menudo habló de que él había aprendido y había sido enseñado por su Padre.

La obediencia a la voluntad de Dios es algo que todos tenemos que aprender en un período de tiempo. Cristo también tuvo que pasar por este proceso de aprender obediencia a su Padre, como tiene que hacerlo cualquier hijo. “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia [es decir, obediencia a Dios]; y habiendo sido perfeccionado [es decir, espiritualmente maduro], vino a ser autor de eterna salvación” como resultado de su completo y total crecimiento espiritual (He. 5:8,9). Filipenses 2:7,8 (comentado más adelante en la Digresión 27) consigna este mismo proceso de crecimiento espiritual en Jesús, que culminó en su muerte en la cruz. El “se despojó a sí mismo, tomando forma [comportamiento] de siervo… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la… muerte de cruz”. El lenguaje que se usa aquí ilustra cómo Jesús conscientemente creció espiritualmente, haciéndose a sí mismo completamente humilde. Así que finalmente “se hizo obediente” al deseo de Dios de que muriera en la cruz. De modo que él fue “perfeccionado” por la manera como aceptó sus sufrimientos.

Es evidente por esto que Jesús tuvo que hacer un esfuerzo consciente y personal de ser justo; de ninguna manera fue obligado por Dios, lo que habría hecho de él un simple títere. Jesús verdaderamente nos amaba, y dio su vida en la cruz por este motivo. El constante énfasis en el amor de Cristo por nosotros sería insincero si Dios lo hubiese forzado a morir en la cruz (Ef. 5:2,25; Ap. 1:5; Gá. 2:20). Si Jesús fue Dios, entonces él no habría tenido más opción que ser perfecto y luego morir en la cruz. Que Jesús efectivamente tenía estas opciones, nos permite apreciar su amor y formar una relación personal con él.

Fue debido a la buena disposición de Cristo de dar su vida voluntariamente, que Dios quedó tan complacido con él: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida… Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo” (Jn. 10:17,18). Es difícil entender que Dios haya quedado tan complacido con la obediencia voluntaria de Cristo si Jesús era Dios, viviendo una vida en forma humana como alguna clase de asociación condescendiente con el hombre pecador (Mt. 3:17; 12:18; 17:5). Estos relatos de la complacencia del Padre en la obediencia del Hijo son prueba suficiente de que Cristo tenía la posibilidad de desobedecer, pero conscientemente eligió ser obediente.

CRISTO TENÍA NECESIDAD DE SALVACIÓN

Debido a su naturaleza humana, Jesús era mortal como lo somos nosotros. En vista de esto, Jesús necesitaba que Dios lo salvara de la muerte. Reconociendo esto intensamente, Jesús “ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al [a Dios] que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (He. 5:7). El hecho de que Cristo tenía que suplicar a Dios para que lo salvara de la muerte, elimina toda posibilidad de que él fuera Dios en persona. Después de la resurrección de Cristo, la muerte “no se enseñorea más de él” (Ro. 6:9), implicando que antes estaba bajo su dominio.

Muchos de los Salmos son proféticos de Jesús; cuando en el Nuevo Testamento se citan algunos versículos de un Salmo acerca de Cristo, es razonable asumir que muchos de los otros versículos del Salmo tratan también acerca de él. Hay numerosas ocasiones en las que se hace hincapié en que Cristo necesitaba la salvación de parte de Dios:

- Salmos 91:11,12, es citado con referencia a Jesús, en Mateo 4:6. Salmos 1:16 profetiza acerca de cómo Dios daría la salvación a Jesús: “Lo saciaré de larga vida [es decir, vida eterna], y le mostraré mi salvación”. Salmos 69:21 se refiere a la crucifixión de Cristo (Mt. 27:34); el Salmo completo describe los pensamientos de Cristo en la cruz: “Sálvame, oh Dios… acércate a mi alma, redímela… tu salvación, oh Dios, me ponga en alto” (vrs. 1,18, 29). - El Salmo 89 es un comentario de la promesa que Dios hizo a David referente a Cristo. Con relación a Jesús, Salmos 89:26 profetiza: “El me [Dios] clamará; Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación”.

- Las oraciones de Cristo a Dios pidiendo salvación fueron escuchadas; se le escuchó debido a su espiritualidad personal, no porque ocupara un lugar en una ‘Trinidad’ (He. 5:7). Que Dios resucitó a Jesús y lo glrificó con inmortalidad es un tema principal en el Nuevo Testamento:

- “Dios… levantó a Jesús… A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador” (Hch. 5:30,31).

- Dios… ha glorificado a su Hijo Jesús… a quien Dios ha resucitado de los muertos” (Hch. 3:13,15). - “A este Jesús resucitó Dios” (Hch. 2:24, 32,33).

- Jesús mismo reconoció todo esto cuando pidió a Dios que lo glorificara (Jn. 17:5, compárese con 13:32; 8:54).


Si Jesús era Dios mismo, entonces todo este énfasis estaría fuera de lugar, en vista de que Dios no puede morir. Jesús no habría necesitado que lo salvaran si él era Dios. Que fue Dios quien exaltó a Jesús, demuestra la superioridad de Dios sobre él, y el carácter separado de Dios y Jesús. De ninguna manera Cristo pudo haber sido “verdadero y eterno Dios [con] dos… naturalezas… Divinidad y naturaleza humana”, como declara el primero de los 39 Artículos de la Iglesia Anglicana. Por el significado mismo de la palabra, un ser puede tener sólo una naturaleza. Proponemos que la evidencia de que Cristo fue de nuestra naturaleza humana es abrumadora.

 LA RELACIÓN DE DIOS CON JESÚS

Considerar cómo Dios resucitó a Jesús, nos lleva a pensar en la relación entre Dios y Jesús. Si ellos son “co-iguales… co-eternos”, como declara la doctrina de la Trinidad, entonces deberíamos esperar que su relación sea la de personas iguales. Ya hemos visto amplia evidencia de que este no es el caso. La relación entre Dios y Cristo es similar a la que hay entre marido y mujer: “Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Co. 11:3).

Como el marido es la cabeza de la esposa, así Dios es la cabeza de Cristo, aunque ellos tienen la misma unidad de propósito que debería existir entre marido y mujer. De modo que “Cristo [es] de Dios” (1 Co. 3:23), así como la mujer pertenece al esposo.

A menudo se declara que Dios el Padre es Dios de Cristo. El hecho de que a Dios se le describe como “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (1 P. 1:3; Ef. 1:17) incluso después de la ascención de Cristo al cielo, muestra que esta es ahora la relación entre ellos, como lo fue durante la vida mortal de Cristo. Algunas veces los trinitarios sostienen que Cristo sólo se menciona como menor que Dios durante su vida en la tierra.

Las cartas del Nuevo Testamento se escribieron algunos años después de que Cristo ascendió al cielo; no obstante a Dios se le menciona como Dios y Padre de Cristo. Todavía Jesús trata al Padre como su Dios.

Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento, se escribió muchos años después de la glorificación y ascención de Cristo; no obstante habla de Dios como “Dios, su Padre [de Cristo]” (Ap. 1:6). En este libro, Cristo resucitado y glorificado dio mensajes a los creyentes. Él habla del “templo de mi Dios… el nombre de mi Dios… la ciudad de mi Dios” (Ap. 3:12). Esto prueba que Jesús incluso ahora piensa en el Padre como su Dios –y por lo tanto, él (Jesús) no es Dios.

Durante su vida mortal, Jesús se relacionó con su Padre de manera similar. Él habló de ascender “a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn. 20:17). En la cruz, Jesús expresó su humanidad en pleno: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46). Es imposible entender tales palabras si fueron pronunciadas por Dios mismo.

El hecho mismo de que Jesús oró a Dios “con gran clamor y lágrimas” indica en sí mismo la verdadera naturaleza de su relación (He. 5:7; Lc. 6:12). Evidentemente, Dios no puede orar a sí mismo. Incluso ahora, Cristo ora a Dios por nosotros (Ro. 8:26,27; compárese con 2 Co. 3: 18).

 “SIENDO EN FORMA DE DIOS”

Jesús… siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Fil. 2:5-11).

Estos versículos se han interpretado con el significado de que Jesús era Dios, pero que en su nacimiento se convirtió en ser humano. Si esto es cierto, entonces también se debe intentar dar una explicación satisfactoria a los argumentos presentados en los Estudios 7 y 8. Afirmamos que no puede hacerse que un versículo contradiga el tenor general de la enseñanza de la Biblia. Es significativo que este es casi el único pasaje al que se puede acudir para intentar dar una razón satisfactoria del ‘eslabón perdido’ en el razonamiento trinitario: cómo fue que Jesús se transfirió desde su condición de Dios en el cielo a un bebé en el vientre de María.

El siguiente análisis procura demostrar lo que realmente significa este pasaje.

1. Hay numerosas frases casi casuales dentro de este pasaje que contradicen categóricamente la idea trinitaria:

a) La frase “Dios también le exaltó [a Jesús]… y le dio un nombre” (v. 9) muestra que Jesús no se exaltó a sí mismo: Dios lo hizo. Se desprende que él no estaba en un estado exaltado antes de que Dios lo hiciera por él, en la resurrección.

b) El proceso completo de la humillación de Cristo a sí mismo, y la subsiguiente exaltación por Dios había de ser “para gloria de Dios Padre” (vr. 11). Por lo tanto, Dios el Padre no es co-igual con el Hijo.

2. El contexto de este pasaje debe considerarse cuidadosamente. Pablo no empieza a hablar acerca de Jesús en forma inesperada. En Filipenses 2:5 él se refiere a la mente de Jesús. Retrocediendo hasta Filipenses 1:27, Pablo empieza a hablar de la importancia de nuestro estado mental. Esto se desarrolla en los primeros versículos del capítulo 2: “Unánimes, sintiendo una misma cosa… con humildad… no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:2-5). Por lo tanto, Pablo está hablando de la importancia de tener un criterio como el de Jesús, que esté dedicado al humilde servicio de los demás. Por lo tanto, los versículos que siguen son un comentario acerca de la humildad de mente que demostró Jesús y no se refieren a algún cambio de naturaleza.

3. Jesús fue “en forma de Dios”. En el Estudio 8.3 hemos mostrado que Jesús era de naturaleza humana, y por lo tanto esto no puede referirse a que Cristo tenía naturaleza divina. De paso, debe notarse que algunas traducciones modernas diseñadas para una ‘lectura fácil’, pasan por alto el significado preciso del texto griego, y tienden a dar una paráfrasis más bien que una traducción en ciertos pasajes. Filipenses 2:5-8 es un ejemplo clásico de esto. Sin embargo, esto no significa censurar su uso en otros casos.

Que la palabra “forma” (griego, ‘morphe’) no puede referirse a la naturaleza esencial queda demostrado en Filipenses 2:7 que habla de que Cristo tomó “la forma de siervo”. El tenía la forma de Dios, pero tomó la forma de siervo. La naturaleza esencial de un siervo no es diferente a la de cualquier otro hombre. En armonía con el contexto, podemos interpretar esto con seguridad con el significado de que aunque Jesús era perfecto, tenía una mente totalmente inclinada a Dios, aunque estaba dispuesto a comportarse como un siervo. En algunos versículos posteriores Pablo nos alienta a llegar a ser “semejantes a él [a Jesús] en su muerte” (Fil.3:10). Hemos de compartir la ‘morphe’, la forma de Cristo que él mostró en su muerte. Esto no significa que hemos de compartir la naturaleza que él tenía entonces, porque nosotros ya tenemos naturaleza humana.

No tenemos que cambiarnos nosotros mismos para tener naturaleza humana, pero necesitamos cambiar nuestro modo de pensar de manera que tengamos la ‘morphe’ o imagen mental que Cristo tuvo en su muerte. Aquí, en Filipenses 2, hay una clara alusión a Génesis 1:27. El hombre fue hecho ‘a imagen de Dios’ con la intención de que él gobernara sobre la creación, aunque no era inmortal. Cuando desobedeció a Dios, él literalmente (cuando extendió su mano para tomar del fruto prohibido) codició la igualdad con Dios. La consecuencia fue contraria a lo que dijo la serpiente: la sentencia de muerte cayó sobre él y sobre sus descendientes. Jesucristo tomó el camino opuesto. Él también era ‘a imagen de Dios’; pero “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”. Él se despojó a sí mismo del orgullo humano y fue obediente a su Padre.

La palabra griega ‘morphe’ significa una imagen, impresión o parecido. Se dice que los seres humanos tienen “apariencia [morphe] de piedad” (2 Ti. 3:5). Gálatas 4:19 habla de que “Cristo sea formado” en los creyentes. Debido a que Jesús tenía un carácter perfecto, un modo de pensar perfectamente inclinado a Dios, él fue “en forma de Dios”. Por esto, no fue para él una ‘apropiación’ pensar o saber que en este sentido él era uno con Dios. La versión Reina-Valera (Revisión de 1960) traduce esta frase diciendo que Jesús no estimó la igualdad con Dios “como cosa a qué aferrarse”. Si esta traducción es correcta (la que también es apoyada por la Versión Revisada Estandar y la Nueva Versión Internacional en inglés), entonces esto desaprueba totalmente la teoría de que Jesús era Dios. En conformidad con esto, Jesús ni por un momento consideró la idea de ser igual a Dios; él sabía que estaba sujeto a Dios, y que no era igual a él.

4. “Cristo “se despojó a sí mismo” aludiendo a la profecía de su crucifixión en Isaías 53:12: “Derramó su vida hasta la muerte”. Él “tomó forma [manera] de siervo” por su actitud de servicio con sus seguidores (Jn. 13:14), lo que quedó sumamente demostrado por medio de su muerte en la cruz (Mt. 20:28). Isaías 52:14 profetizó referente a los sufrimientos de Cristo de que en la cruz “de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres”. Esta progresiva humillación de sí mismo “hasta la muerte, y muerte de cruz” fue algo que ocurrió durante su vida y muerte, no en su nacimiento. Hemos mostrado que el contexto de este pasaje se relaciona con la mente de Jesús, cuya sumisión se nos presenta como ejemplo para copiar. 

Por lo tanto, estos versículos hablan acerca de la vida de Jesús en la tierra, en nuestra naturaleza humana, y cómo él se humilló a sí mismo, a pesar de tener una mente totalmente a tono con Dios, para considerar nuestras necesidades.

5. Si Cristo era Dios por naturaleza y luego se despojó de eso y tomó naturaleza humana, como los trinitarios intentan interpretar este pasaje, entonces Jesús no era “verdadero Dios” mientras estuvo en la tierra; no obstante, los trinitarios creen que sí era. Todo esto demuestra las contradicciones que se crean por subscribirse a una definición hecha por el hombre, como lo es la Trinidad.

6. Finalmente, una acotación referente a la frase “siendo en forma de Dios”. La palabra griega traducida como “siendo” no significa ‘siendo originalmente, desde la eternidad’. Hechos 7:55 habla de que Esteban estaba “lleno del Espíritu Santo”. El estaba entonces lleno del Espíritu Santo y lo había estado por algún tiempo; pero no siempre había estado así.

En Lucas 16:23; Hechos 2:30; Gálatas 2:14, se pueden encontrar otros ejemplos. Por lo tanto, la frase acerca de Cristo “siendo en forma de Dios” significa que él era (mentalmente) en forma de Dios, y no implica que era de esa forma desde el principio del tiempo.

martes, 16 de mayo de 2023

EL ORIGEN DE JESÚS/ UNA EXPLICACIÓN RAZONABLE.


PROFECÍAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO ACERCA DE JESÚS.


Ya explicamos cómo el propósito de Dios para la salvación de los hombres se centró en Jesucristo. Las promesas que Él hizo a Eva, Abraham y David, todas hablan de Jesús como su descendiente literal. En verdad, la totalidad del Antiguo Testamento apunta a Cristo y profetiza acerca de él. La ley de Moisés, que Israel tenía que obedecer antes de la época de Cristo, constantemente apuntaba hacia Jesús: “La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo” (Gá. 3:24). De este modo, en la fiesta de Pascua tenía que matarse un cordero en perfectas condiciones (Ex. 12:3-6); esto representaba el sacrificio de Jesús, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29; 1 Co. 5:7). La condición intachable que se requería para todos los sacrificios de animales apuntaba hacia el carácter perfecto de Jesús (Ex. 12:5, comparado con 1 P. 1:19).

En los Salmos y profetas del Antiguo Testamento hay incontables profecías acerca de cómo sería el Mesías. Se centran especialmente en describir cómo moriría. La negativa del judaísmo a aceptar la idea de un Mesías que muere sólo puede deberse a su desatención a estas profecías, algunas de las cuales se presentan a continuación:

Profecía del Antiguo Testamento:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Sal. 22:1).

Cumplimiento en Cristo:

Estas fueron las mismas palabras de Jesús en la cruz (Mt.27:46).

“Soy… despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, los Judíos despreciaron a Jesús y se burló de él  (Lc. 23:35; 8:53); ellos menearon la cabeza (Mt. 27:39), y diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él” (Sal. 22:6-8). dijeron esto mientras él colgaba en la cruz (Mt. 27:43).

"Mi lengua se pegó a mi paladar…horadaron mis manos y mis pies” (Sal. 22:15,16).

Esto se cumplió en la sed de Jesús en la cruz (Jn. 19:28). El taladrado de manos y pies se refiere al método físico de crucifixión que se usó.

“Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Sal. 22:18).

El cumplimiento preciso de esto se halla en Mateo 27:35.

Note que Hebreos 2:12 cita específicamente  Salmos 22:22 para aplicarlo a Jesús “Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre. Porque me consumió el celo de tu casa” (Sal. 69:8,9).

Esto describe bien los sentimientos de Cristo con respecto al distanciamiento de sus hermanos judíos

y de su propia familia (Jn. 7:3-5; Mt. 12:47-49). Esto se cita en Juan 2:17.

“Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre” (Sal. 69:21).

Esto ocurrió mientras Cristo estaba en la cruz (Mt. 27:34). La totalidad de Isaías 53 es una notable

profecía acerca de la muerte y resurrección de Cristo, cada versículo del cual tuvo un inequívoco cumplimiento. A continuación se dan sólo dos ejemplos:

“Como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:7) Cristo, el Cordero de Dios, permaneció en silencio durante su juicio (Mt. 27:12,14).

“Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte” (Is. 53:9).

Jesús fue crucificado junto a criminales inicuos (Mt. 27:38), pero fue enterrado en la tumba de un

hombre rico (Mt. 27:57-60).


No es extraño que el Nuevo Testamento nos haga recordar que la “ley y los profetas” del Antiguo Testamento es la base de nuestro entendimiento acerca de Cristo (Hch. 26:22; 28:23; Ro. 1:2,3; 16:25,26). Jesús mismo advirtió que si no entendemos correctamente a “Moisés y a los profetas”, no podemos entenderlo a él (Lc. 16:31; Jn. 5:46,47).

Que la ley de Moisés apuntara hacia Cristo, y que los profetas profetizaran acerca de él, debería ser suficiente prueba de que Jesús no existía físicamente antes de su nacimiento. La falsa doctrina de la ‘pre-existencia’ física de Cristo antes de su nacimiento convierte en absurdas las repetidas promesas de que él sería la simiente (descendiente) de Eva, Abraham y David. Si él ya estaba existiendo en el cielo cuando se dieron estas promesas, Dios habría estado equivocado al prometer a estas personas un descendiente que sería el Mesías. Las genealogías de Jesús, anotadas en Mateo y Lucas 3, muestran que Jesús tenía un pedigree que se remontaba hasta aquellas personas a quienes Dios había hecho las promesas. La promesa de David referente a Cristo hace imposible su existencia física en la época en que se hizo la promesa: “Yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas… yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo (2 S. 7:12,14). Note el tiempo futuro que se usó aquí. En vista de que Dios sería el Padre de Cristo, es imposible que el Hijo de Dios haya podido ya estar en existencia en aquel período de tiempo en que se hizo la promesa. Que esta simiente “procederá de tus entrañas” muestra que él habría de ser un descendiente literal y físico de David.

“En verdad, juró Jehová a David… De tu descendencia pondré sobre tu trono” (Sal. 132:11).

Salomón fue el cumplimiento básico de la promesa, pero como él ya estaba físicamente en existencia al tiempo de esta promesa (2 S. 5:14), el principal cumplimiento de esta promesa acerca de que David tendría un descendiente físico que sería el Hijo de Dios, debe referirse a Cristo (Lc. 1:31-33). “Levantaré a David renuevo justo” (Jer. 23:5), es decir, el Mesías.

Similares casos en que se usa el tiempo futuro se hallan en otras profecías referente a Cristo. En Hechos 3:22,23 se cita el pasaje “profeta les levantaré [a Israel]… como [Moisés]” (Dt. 18:18), que define a ese profeta como Jesús. 


 EL NACIMIENTO VIRGINAL

El relato de la concepción y nacimiento de Cristo no deja margen para la idea de que él pre-existió físicamente. Aquellos que sostienen la falsa doctrina de la ‘Trinidad’ se ven forzados a concluir que en algún momento hubieron tres personas en el cielo, y luego una de ellas de algún modo se convirtió en feto en las entrañas de María, quedando sólo dos en el cielo. Por lo tanto, la creencia en la pre-existencia nos lleva a concluir que Cristo de algún modo descendió y entró en las entrañas de María. Toda esta compleja teología es totalmente ajena a la enseñanza de la Escritura. El relato del comienzo de Cristo no da ninguna razón para pensar que salió del cielo y entró en María. La falta de evidencia de esto es un gran ‘eslabón perdido’ en la enseñanza trinitaria.

El angel Gabriel apareció a María con el mensaje de que “concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo… Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón [es decir, ella era virgen]. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc. 1:31-35).

Dos veces se recalca que Jesús sería el Hijo de Dios al nacer; evidentemente, el Hijo de Dios no existía antes de su nacimiento. Una vez más, se debe tomar nota de los muchos casos de tiempo futuro – por ejemplo, “será grande”. Si Jesús ya existía físicamente cuando el ángel le dijo esas palabra a María, él ya era grande. Jesús fue el “linaje” de David (Ap. 22:16), la palabra griega ‘genos’ implica que Jesús ‘se generó de’ David. Él nació “de” María (Lc. 1:35).

LA CONCEPCIÓN DE JESÚS

Por medio del Espíritu Santo (poder/aliento de Dios) que actuó sobre María, ella pudo concebir a Jesús sin haber tenido relación con un hombre. De modo que José no fue el padre de Jesús. Debe entenderse que el Espíritu Santo no es una persona (véase el Estudio 2); Jesús fue el Hijo de Dios, no el Hijo del Espíritu Santo. Por medio del uso que Dios hizo de su Espíritu sobre María, “por lo cual también el Santo Ser” que había de nacer de ella, fue “llamado Hijo de Dios” (Lc. 1:35). El uso de la palabra “por lo cual” implica que si el Espíritu Santo no hubiera actuado sobre las entrañas de María, Jesús, el Hijo de Dios, no podría haber tenido existencia.


Que Jesús fue “concebido” en las entrañas de María” (Lc. 1:31) es también prueba de que no puede haber existido físicamente antes de este tiempo. Si ‘concebimos’ una idea, esta comienza dentro de nosotros. Asimismo, Jesús fue concebido dentro de las entrañas de María –allí empezó como feto, tal como cualquier otro ser humano. Juan 3:16, el más famoso versículo de la Biblia, consigna que Jesús fue el “Hijo Unigénito” de Dios. Millones de personas que recitan este versículo no meditan en lo que implica. Si Jesús fue “engendrado”, el ‘comenzó’ su existencia cuando fue concebido en las entrañas de María. Si Jesús fue engendrado por Dios como su Padre, esta es una clara evidencia de que su Padre es mayor que él –Dios no tiene principio (Sal. 90:2) y por lo tanto Jesús no puede ser Dios mismo ( Expanderemos mas adelante sobre este punto).

Es significativo que Jesús fue “engendrado” por Dios, mas no creado, como lo fue Adán originalmente. Esto explica la íntima asociación de Dios con Jesús –“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Co. 5:19). Que Cristo fue engendrado por Dios, más bien que sólo creado del polvo, ayuda también a explicar su natural aptitud para los caminos de Dios su Padre.

Isaías 49:5,6 contiene una profecía referente a Cristo como la luz del mundo, lo que él cumplió (Jn. 8:12). Se le describe como meditando en “Jehová… que me formó desde el vientre para ser su siervo”. Por lo tanto, Cristo fue “formado” por Dios en el vientre de María, por medio del poder de su Espíritu Santo. Las entrañas de María fue evidentemente el lugar del origen físico de Cristo.

Hemos visto en el Estudio 7.1 que Salmos 22 profetiza los pensamientos de Cristo en la cruz. Él consideró que Dios “me sacó del vientre…sobre ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios” (Sal. 22:9,10). Cuando estaba muriendo, Cristo recordó sus orígenes –en el vientre de su madre María, formado por el poder de Dios. La descripción misma acerca de María en los evangelios como la “madre” de Cristo destruye en sí misma la idea de que él existió antes de nacer de María.

María era un ser humano común, con padres humanos normales.

Esto queda demostrado por el hecho de que ella tenía una prima, quien dio a luz a Juan el Bautista, un hombre común (Lc. 1:36). La idea católica romana de que María no era de naturaleza humana común significa que Cristo no podría haber sido tanto “Hijo del Hombre” como “Hijo de Dios”. Estos son sus frecuentes títulos por todo el Nuevo Testamento. Fue “Hijo del Hombre” por razón de tener una madre totalmente humana, e “Hijo de Dios” debido a la acción de Dios sobre María por medio del Espíritu Santo (Lc. 1:35), significando que Dios era su Padre. Este hermoso arreglo queda anulado si María no fue una mujer común.

“¿Qué hará limpio a lo inmundo? Nadie… ¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y para que se justifique el nacido de mujer?… ¿Ycómo será limpio el que nace de mujer?” (Job 14:4; 15:14; 25:4). Esto pone fin a cualquier idea acerca de que sea posible una inmaculada concepción, ya sea de María o de Jesús.

Como María nació “de mujer”, con padres humanos comunes, debe haber tenido nuestra naturaleza humana e impura, que ella transfirió a Jesús, el cual fue “nacido de mujer” (Gá. 4:4). El lenguaje de que fue “nacido” por medio de María es mayor evidencia de que él no pudo haber existido físicamente sin haber nacido de ella. El Diaglotón vierte Gálatas 4:4 así: “Habiendo sido producido de una mujer”. El Salvador iba a ser ‘la simiente de la mujer’ (Gn. 3:15), ocurriendo esta promesa en el contexto de los registros en Génesis de muchas genealogías basadas en hombres.

Los relatos del evangelio frecuentemente indican el carácter humano de María. Cristo tuvo que reconvenirla por lo menos tres veces por su falta de percepción espiritual (Lc. 2:49; Jn. 2:4); ella no entendió todo lo que él decía (Lc. 2:50). Esto es exactamente lo que esperaríamos de una mujer que era de naturaleza humana cuyo hijo era el Hijo de Dios y por lo tanto más espiritualmente perceptivo que ella, aunque él también compartió la naturaleza humana. José tuvo relaciones con María después del nacimiento de Cristo (Mt. 1:25), y no hay razón para pensar que ellos no tuvieran de ahí en adelante una relación marital normal.

Por lo tanto, la mención acerca de la “madre y sus hermanos” de Cristo en Mateo 12:46,47 implicaría que María tuvo otros hijos después de Jesús. Jesús fue sólo “su primogénito”. Por consiguiente, las enseñanzas católicas de que María siguió siendo virgen y que luego ascendió al cielo no tiene absolutamente ningún apoyo bíblico, Como ser humano de naturaleza mortal, María debió haber envejecido y fallecido; aparte de esto leemos en Juan 3:13 que “nadie subió al cielo”. El hecho de que Cristo tuvo naturaleza humana (véase He. 2:14-18; Ro. 8:3) significa que su madre debe haberla tenido también, ya que su Padre no la tuvo. Ella se consideró a sí misma como “la sierva [sirviente femenina] del Señor” (Lc. 1:38, compárese con Sal. 86:16) – no como ‘la madre de Dios’.

EL LUGAR DE CRISTO EN EL PLAN DE DIOS

Dios no decide sus planes en forma improvisada, ideando partes extras para su propósito a medida que se desarrolla la historia humana. Dios tenía formulado un plan completo desde el principio mismo de la creación (Jn. 1:1). Por lo tanto, su deseo de tener un Hijo estaba en su plan desde el principio. Él amaba ese Hijo antes de que naciera tal como los padres pueden amar a un hijo aún en el vientre materno. La totalidad del Antiguo Testamento revela diferentes aspectos del plan de salvación de Dios en Cristo.

Hemos demostrado frecuentemente que por medio de las promesas, las profecías de los profetas, y los tipos de la ley de Moisés, el Antiguo Testamento está constantemente revelando el propósito de Dios en Cristo. Fue por motivo del conocimiento de Dios de que Él tendría un Hijo que Él también efectuó la creación (He. 1:1,2, texto griego; En la versión del Rey Jaime en inglés la palabra “por” se traduce mejor como “por motivo de”). Fue por motivo de Cristo que Dios permitió las edades de la historia humana (He. 1:2, texto griego). Se desprende que la revelación de Dios al hombre en el transcurso de los años, tal como se consigna en el Antiguo Testamento, está llena de referencias a Cristo.

Es difícil que nosotros podamos entender completamente la supremacía de Cristo y su inmensa y fundamental importancia para Dios. Por lo tanto, es correcto decir que Cristo existió en la mente y propósito de Dios desde el principio, aunque él sólo llegó a existir físicamente por medio de su nacimiento de María. Hebreos 1:4-7,13,14 recalca que Cristo no era un ángel; mientras que en su vida mortal, él era inferior a los ángeles (He. 2:7), fue exaltado a un honor mucho más grande que el de ellos, en vista de que él era el “Hijo unigénito” de Dios (Jn. 3:16). Cristo no existió como un “espíritu” antes de su nacimiento. 1 Pedro 1:20 resume la posición: Cristo fue “destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos”.

Jesús era el pivote central del evangelio, que Dios “había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje [creado por procreación] de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Ro.1:1-4).

Esto resume la historia de Cristo:

1. Prometido en el Antiguo Testamento –es decir, en el plan de Dios.

2. Creado como una persona física por medio del nacimiento virginal,

como una simiente de David.


3. Debido a su carácter perfecto (“el Espíritu de Santidad”) mostrado

durante su vida mortal

4. Fue resucitado, y por medio de la predicación inspirada de los apóstoles,

él nuevamente fue declarado públicamente como el Hijo de Dios.


LA PRECOGNICIÓN DE DIOS

Recibiremos considerable ayuda en nuestra apreciación de cuán plenamente estaba Cristo en la mente de Dios en el principio, aunque no existía físicamente, si podemos aceptar el hecho de que Dios conoce todas las cosas que ocurrirán en el “futuro”; él tiene ‘precognición’ completa.

Por lo tanto, Dios puede hablar y pensar acerca de cosas que no existen, como si existieran. Tal es la totalidad de su conocimiento del futuro. Estrictamente, no hay en hebreo una palabra para ‘promesa’ –ni siquiera una; con seguridad la palabra de promesa de Dios se cumplirá. Lo que Él dice es como si ha sucedido. Dios “llama las cosas que no son, como si fuesen” (Ro. 4:17). Por lo tanto, él puede declarar “lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho… [diciendo] mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Is. 46:10. Debido a esto, Dios puede hablar de los muertos como si estuvieran vivos antes de nacer, y puede hablar de hombres como si estuvieran vivos antes de nacer.

El puede hablar de un día venidero como si ha venido.

El “consejo”, o palabra de Dios, había profetizado a Cristo desde el principio; él siempre estuvo en el propósito o ‘agrado’ de Dios. Por lo tanto, era cierto que en algún tiempo Cristo nacería físicamente; Dios cumpliría su declarado propósito en Cristo. La certeza de la precognición de Dios está, por lo tanto, reflejada en la seguridad de su palabra. El hebreo bíblico tiene un tiempo gramatical ‘profético perfecto’, que usa el tiempo pasado para describir cosas futuras que Dios ha prometido. Así David dijo: “Aquí está la casa de Jehová Dios” (Texto Hebreo, 1 Cr. 22:1), cuando en aquel tiempo el templo era solamente una promesa de Dios.

Tanta era la fe en la promesa que David se atrevió a describir cosas futuras.

La Escritura abunda en ejemplos de la precognición de Dios. Dios estaba tan seguro de que cumpliría las promesas que le hizo a Abraham, que le dijo: “A tu descendencia he dado esta tierra” (Texto Hebreo, Gn, 15:18), en una etapa en que Abraham ni siquiera tenía hijos. Durante este mismo período antes de que naciera la descendencia (Isaac/Cristo), Dios además prometió: “Te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (Gn. 17:5). Verdaderamente, Dios “llama las cosas que no son, como si fuesen”.

De este modo Cristo habló durante su ministerio de cómo Dios “todas las cosas ha entregado en su mano [de Cristo]” (Jn. 3:35), aunque este no era el caso en aquel tiempo. “Todo lo sujetaste bajo sus pies [de Cristo]… pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas” (He. 2:8).

Dios habló acerca de su plan de salvación, que efectuaría por medio de Jesús,”por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio” (Lc. 1:70). Como estaban tan intimamente vinculados al plan de Dios, se hablaba de estos hombres como si literalmente existieron en el principio, aunque evidentemente este no es el caso. En cambio podemos decir que los profetas estaban en el plan de Dios desde el principio. Jeremías es un ejemplo clásico: “Antes que te formase en el vientre te conocí,

y antes que nacieses te santifiqué; te di por profeta a las naciones “ (Jer.1:5). De modo que Dios sabía todo acerca de Jeremías aun antes de la creación.

De igual manera, Dios podía hablar de Ciro, el rey persa, antes del tiempo de su nacimiento, usando lenguaje que implica que entonces estaba en existencia. Hebreos 7:9,10 es otro ejemplo de este lenguaje de existencia que se usa para alguien que entonces no ha nacido. De la misma manera que se habla de Jeremías y los profetas como si hubiesen existido aun antes de la creación, debido a su parte en el plan de Dios, así también se habla de los verdaderos creyentes como si en aquel tiempo hubiesen tenido existencia. Es evidente que en aquel tiempo nosotros no existíamos físicamente, excepto en la mente de Dios quien “nos salvó y llamó con llamamiento santo… según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti. 1:9). Dios “nos escogió en él [en Cristo] antes de la fundación del mundo… habiéndonos predestinado… según el puro afecto de su voluntad” (Ef. 1:4,5). La idea total de que Dios preconoce a las personas desde el principio, y que las ‘determinó’ (‘predestinò’) para salvación, indica que existieron en la mente de Dios en el principio (Ro. 8:27; 9:23).

A la luz de todo esto, no es sorprendente que se diga que Cristo, como la suma del propósito de Dios, existió desde el principio en la mente y plan de Dios, aunque físicamente eso no pudo haber ocurrido. El fue “el cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Ap. 13:8).

Jesús no murió entonces literalmente; él fue el “Cordero de Dios” sacrificado en la cruz cerca de 4000 años después (Jn. 1:29; 1 Co. 5:7). De la misma manera que Jesús fue escogido desde el principio (1 P. 1:20), así también fueron los creyentes (Ef. 1:4; en estos versículos se usó la misma palabra griega que se vertió como “escogió”). Nuestra dificultad para comprender todo esto se debe a que no podemos imaginar fácilmente cómo obra Dios aparte del concepto del tiempo. La ‘fe’ es la capacidad para ver las cosas desde el punto de vista de Dios, sin las restricciones del tiempo.

 “EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO” (JUAN 1:1-3)

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas” (Jn. 1:1-3).

Estos versículos, cuando se entienden apropiadamente, confirman y expanden las conclusiones alcanzadas en la sección anterior. Sin embargo, este pasaje es el que más se ha tergiversado para enseñar que Jesús existió en el cielo antes de su nacimiento. Un entendimiento correcto de estos versículos depende de lo que creamos que significa la expresión “el Verbo” en este contexto. No puede referirse directamente a una persona, porque una persona no puede estar “con Dios” y al mismo tiempo ser Dios. La palabra griega ‘logos’ que aquí se ha traducido como “Verbo”, no significa en sí misma ‘Jesús’. Por lo general se traduce como “Verbo” o palabra, pero también como: relato causa comunicación doctrina intención predicación razón dicho nuevas.

Sólo se habla del “Verbo” como “él” porque ‘logos’ es masculino en griego. Pero esto no significa que se refiere a Jesús. La versión alemana (de Lutero) habla de “dast wort” (neutro); la versión francesa (de Segond) habla de “la parole” en femenino, mostrando que “el Verbo” no indica necesariamente una persona masculina. La versión católica ‘Douay’ traduce “la Palabra”.

“EN EL PRINCIPIO”

‘Logos’ puede referirse estrictamente al pensamiento interior que se expresa exteriormente en palabras y otra forma de comunicación. En el principio Dios tenía este ‘logos’. Este propósito singular estaba centrado en Cristo. Todo lo creado llegó a existir a causa del propósito que Dios tenía en Cristo –las estrellas, planetas, etc. fueron todas de algún modo creadas en conexión con el nacimiento, existencia y victoria de Cristo (y he aquí, por lo tanto, la humildad de Dios permitiendo el nacimiento y muerte de su Hijo en la forma en que lo hizo). Hemos mostrado como el Espíritu de Dios pone en actividad sus pensamientos interiores, lo que explica la conexión entre su Espíritu y su palabra (véase la Sección 2.2).  Como el Espíritu de Dios desarrollaba su plan para los hombres e inspiraba desde el principio su palabra escrita, de ese modo comunicaba la idea de Cristo en su obra y palabras. Cristo era el ´logos’ de Dios, y por lo tanto el Espíritu de Dios expresaba el plan de Dios acerca de Cristo en todas sus actuaciones. Esto explica por qué tantos incidentes del Antiguo Testamento son típicos de Cristo. Sin embargo, no está demás recalcar que Cristo en persona no era “el Verbo” o la Palabra; “la Palabra” era el plan de salvación de Dios por medio de Cristo. ‘El logos’ (“la Palabra”)  se usa con mucha frecuencia en relación con el evangelio acerca de Cristo –por ejemplo, “la palabra de Cristo” (Col. 3:16 compárese con Mt. 13:19; Jn. 5:24; Hch, 19:10; 1 Ts. 1:8, etc.). Note que el ‘logos’ es acerca de Cristo, más bien que sea personalmente él. Cuando Cristo nació, esta “palabra” se convirtió en una forma de carne y sangre –“y aquel Verbo [o Palabra] fue hecho carne” (Jn. 1:14). Jesús era personalmente ‘el verbo hecho carne’ más bien que ‘el Verbo’ o Palabra. Él llegó a ser personalmente ‘el Verbo’ o Palabra cuando nació de María, más bien que en cualquier tiempo anterior.

El plan, o mensaje, acerca de Cristo estuvo con Dios en el principio, pero fue claramente revelado en la persona de Cristo, y en la predicaciòn del evangelio acerca de él en el primer siglo. De modo que Dios nos declaró su palabra por medio de Cristo (He. 1:1,2). Una y otra vez se recalca que Cristo expresó las palabras de Dios y realizó milagros por la palabra o mandato de Dios a fin de revelarnos a Dios (Jn. 2:22; 3:34; 7:16; 10:32,38; 14:10,24).

Pablo obedeció el mandato de Cristo de predicar el evangelio acerca de él “a todas las gentes”. “La predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora… se ha dado a conocer a todas las gentes” (Ro. 16:25,26, compárese con 1 Co. 2:7). La vida eterna para el hombre solo fue posible por medio de la obra de Cristo (Jn. 3:16; 6:53,54); no obstante, en el principio Dios tenía este plan para ofrecer al hombre la vida eterna, sabiendo ciertamente del sacrificio que Jesús haría. La revelación completa de esa oferta sólo se produjo después del nacimiento y muerte de Jesús: “La vida eterna, la cual Dios… prometió desde antes del principio de siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra [de vida] por medio de la predicación” (Ti. 1:2,3). Hemos visto cómo se habla de los profetas de Dios como si siempre hubiesen existido (Lc. 1:70) en el sentido de que “la palabra” que ellos hablaban existió con Dios desde el principio.

Las parábolas de Jesús revelaron muchas de estas cosas; de ese modo él cumplió la profecía referente a sí mismo: “Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mt. 13:35). Fue en este sentido que “en el principio… el Verbo era con Dios”, pero “fue hecho carne” en el nacimiento de Cristo.

“EL VERBO ERA DIOS”

Ahora estamos preparados para considerar en qué sentido “el Verbo era Dios”. En esencia, nuestros planes y pensamientos somos nosotros mismos. ‘Me voy a Londres’ es una ‘palabra’ o comunicación que expresa mi propósito, porque es mi propósito. El plan de Dios en Cristo se puede entender de igual manera. “Porque cual es su pensamiento [del hombre] en su corazón, tal es él” (Pr. 23:7), y como piensa Dios es Dios mismo. Así la palabra o pensamiento de Dios es Dios: “el Verbo [la palabra] era Dios”. Debido a esto, hay una asociación muy íntima entre Dios y su palabra; paralelismos como Salmos 29:8 son comunes: “Voz de Jehová que hace temblar al desierto; hace temblar Jehová el desierto” (compárese Sal. 56:4; 130:5). Declaraciones como “pero no me habéis oído, dice Jehová “ (Jer. 25:7) son comunes en los profetas. En verdad, Dios quiere decir: ‘Uds. no han escuchado mi palabra hablada por los profetas’.

En realidad, algunas veces ‘Jehová’ ha de leerse como significando ‘la palabra de Jehova’ (ejemplo, 1 S. 3:8). Del mismo modo, “la Escritura” se ha de entender como significando ‘Dios’ (Ro. 9:17, compárese Ex. 9:16; Gá. 3:8). David tomó la palabra de Dios como su lámpara y luz (Sal.119:105), no obstante también expresó: “Tú eres mi lámpara, oh Jehová; mi Dios alumbrará mis tinieblas” (2 S. 22:29), mostrando el paralelo entre Dios y su palabra. Por lo tanto, es comprensible que se personifique la palabra de Dios como si fuese él mismo, es decir, se habla de ella como si fuese una persona, aunque no lo es (véase la Digresión 5, ‘El Principio de Personificación').

Dios es la verdad misma (Jn. 3:33; 8:26; 1 Jn. 5:10), y por lo tanto la verdad de Dios también es la verdad (Jn. 17:17). De manera similar, Jesús se identifica a sí mismo con sus palabras tan íntimamente que él p1ersonifica su palabra: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Jn.12:48). Jesús habla de su palabra como si fuese una persona literal, es decir, él mismo. Sus palabras fueron personificadas porque estaban  tan íntimamente asociadas con Jesús.

La palabra de Dios también se personifica como una persona, es decir, Dios mismo, en Juan 1:1-3. De modo que, referente a la palabra, se nos dice: “Todas las cosas por él fueron hechas” (Jn. 1:3). Sin embargo, “creó Dios” todas las cosas por su palabra de mandato (Gn. 1:1). Debido a esto, se habla de la palabra de Dios como si fuese Dios mismo. La enseñanza devocional que se puede sacar de esto es que por medio de la palabra de Dios que está en nuestro corazón, Dios puede llegar muy cerca de nosotros. Dios habló de cómo Israel “profanó” el mandato de guardar el Sábado, y luego, de cómo lo profanaron a Él (Ez. 22:26). Él es Su palabra, y despreciar sus pensamientos es despreciarlo a Él. Nuestra actitud hacia Su palabra es nuestra actitud hacia Él. Así Saúl pecó “contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó” (1 Cr. 10:13).

Es evidente por Génesis 1 que Dios fue el creador, por medio de su palabra, y no Cristo en persona. Fue la palabra o Verbo, que se describe como que hizo todas las cosas, y no Cristo en persona (Jn. 1:1-3). “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos [es decir, las estrellas] por el aliento de su boca… él dijo y fue hecho” (Sal. 33:6,9). Incluso en el presente es por su palabra que se desarrolla la creación natural: “Él envía su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra. Da la nieve como lana… enviará su palabra… y fluirán las aguas” (Sal. 147:15-18).

Como la palabra de Dios es su poder creativo, él la usó en el engendramiento de Jesús en el vientre de María. La palabra, el plan de Dios puesto en acción por su Espíritu Santo (Lc. 1:35), llevó a cabo la concepción de Cristo. María reconoció esto en su respuesta a las nuevas acerca de su inminente concepción de Cristo: “Hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lc. 1:38).

Hemos visto que el Espíritu o Palabra de Dios refleja su propósito, el cual ha sido declarado en todo el Antiguo Testamento. Hasta qué punto es cierto, se muestra en Hechos 13:27, donde se habla de Jesús en paralelo a las palabras de los profetas del Antiguo Testamento: “[Los judíos] no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas”. Cuando nació Cristo, toda la palabra o Espíritu de Dios se expresó en la persona de Jesucristo. Bajo inspiración, el apóstol Juan se regocijó por el modo en que el plan de vida eterna de Dios se había expresado en Cristo, a quien los discípulos habían podido palpar y ver físicamente. Ahora reconoció que ellos habían estado manejando la palabra de Dios, su completo plan de salvación en Cristo (1 Jn. 1:1-3). Aunque nosotros no podemos ver físicamente a Cristo, también podemos regocijarnos de que por medio de un verdadero entendimiento de él, podemos conocer tan íntimamente el propósito de Dios para con nosotros y de ese modo podemos asegurarnos la vida eterna (1 P. 1:8,9). Debemos hacernos las preguntas:

“¿Conozco realmente a Cristo?” Tan sólo aceptar que una vez existió un hombre bueno llamado Jesús no es suficiente. Por medio de un constante y piadoso estudio de la Biblia, es posible entenderlo prontamente como nuestro Salvador personal y nos relacionaremos con él por medio del bautismo. Él juzgará a los hombres en el día postrero, pero también la palabra será juez de ellos(Jn. 12:48). El fue la expresión perfecta de la esencia de la palabra de Dios. En ese sentido, él fue aquella palabra. él fue de manera completa la Palabra/mensaje que él predicó.

 JESÚS HISTÓRICO

Si, como afirman algunos, no hay evidencia de que Jesús de Nazareth haya existido, entonces la existencia misma del cristianismo es difícil de explicar. Esperar que alguien crea que millones de personas durante los pasados 2000 años han basado sus creencias en alguien que nunca existió, y tener una fe tan intensa en él que fueron motivados a difundir su fe en él a nivel mundial, a menudo a riesgo de persecución y muerte, es pedir algo inconcebible. Cristianos y judíos por lo general no tienen dificultad para aceptar que Mahoma existió, aunque rechazan sus pretensiones y enseñanzas. En verdad, aceptamos que los más famosos personajes históricos existieron sin exigir una revisión crítica de la evidencia.

Frecuentemente se han hecho análisis de acontecimientos históricos de amplia aceptación, por ejemplo, que en 1066 se produjo la batalla de Hastings, pero hemos encontrado difícil de obtener una evidencia concreta. El hecho de que algunos nieguen tan intensamente la existencia misma de Jesús de Nazaret es sin duda indicativo de una reacción extrema, un deseo de encontrar una excusa conveniente para no hacer frente a las razones para aceptar su Mesiazgo. Esto es especialmente cierto cuando se reconoce que los primeros judíos mismos aceptaron que en el primer siglo existió una persona llamada Jesús. Las siguientes evidencias históricas de la existencia de Jesús de Nazaret muestran que de ninguna manera se le puede desechar como invención teológica de los hombres.

Mucha información útil de esta sección se seleccionó de Gary Habermas, ‘Ancient Evidence for the Life of Jesus’ (Antigua Evidencia de la Vida de Jesús).

1. Tácito fue un historiador romano cuyos dos libros principales acerca del primer siglo (‘Annals’ y ‘Histories’) mencionan a Jesús y al cristianismo.

En los ‘Annals’ (Anales), cerca del año 115 de nuestra era, escribió: “Una clase odiada por sus abominaciones, llamados cristianos por el populacho. Christus, de quien se originó el nombre, sufrió la pena capital durante el reinado de Tiberio, por sentencia de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilatos”.

El emperador Tiberio reinó entre los años 14-37 de nuestra era, durante cuyo período Cristo fue ajusticiado, conforme a estos anales. Tácito también describe cómo las creencias de este grupo “surgieron no solamente en Judea, donde comenzaron [estas ideas], sino incluso en Roma”, y él continúa describiendo cómo los cristianos eran odiados en todas partes, y muchos fueron muertos en Roma. Todo esto concuerda con el relato del Nuevo Testamento acerca de Jesús, ya que los discípulos y los apóstoles difundieron sus enseñanzas primeramente en Judea, y luego por todo el mundo romano, incluso Roma, encontrando gran oposición.

2. Suetonio, otro historiados romano, comentó sobre el reinado de Claudio (41-54 de nuestra era): “Debido a que los judíos en Roma constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto, él [Claudio] los expulsó de la ciudad”. “Cresto” es otra forma de escribir “Cristo”. Incidentalmente,

Hechos 18:2 describe cómo una pareja de judíos llamados Aquila y Priscila tuvieron que salir de Roma debido a la persecución de los judíos. Después Seutonio comenta acerca de la persecución de los cristianos en el reinado de Nerón: “Después del gran incendio de Roma… también se aplicaron castigos a los cristianos, una secta que profesaba una creencia nueva y malévola”. Esta referencia a la existencia de un grupo llamados “cristianos” en el primer siglo sugiere que una persona llamada “Cristo” existió a comienzos de ese siglo.

3. F.F. Bruce (“Christian Origins”, pgs, 29,30) señala el hecho de que hay referencias a una historia del Mediterráneo oriental escrita por un historiador llamado Thallus cerca del año 52 de nuestra era. Bruce muestra en otro libro (The New Testament Documents” pg. 113) que un erudito llamado Julio Africano, citó a Thallus, mofándose de la descripción  que éste hace de las tinieblas que se produjeron durante la crucifixión de Jesús atribuyéndolas a un eclipse de sol. Esto sugiere que Thallus escribió un relato de la crucifixión de Jesús, la cual ocurrió algunos años antes de que él escribiera su historia en el año 52 de nuestra era.

4. Plinio, un oficial del Gobierno Romano, menciona detalladamente la existencia de un grupo de personas muy activas llamadas cristianas en los últimos años del primer siglo. El describe la forma en que ellos efectuaban el servicio recordatorio: “Tenían la costumbre de reunirse en un cierto día fijo antes de que amaneciera, cuando cantaban en estrofas alternadas un himno a Cristo” (“Cartas de Plinio” traducido al inglés por W. Melmoth, Vol 2, X:96). Los emperadores romanos, Trajano y Adriano, mencionaron el problema de tratar con los cristianos. Para referencias de esto, véase “Carta a Plinio”, Vol.2, X:97 y la Historia Eclesiástica, de Eusebio, IV:IX, respectivamente. La existencia de este grupo desde el primer msiglo y su extraordinaria tenacidad durante las persecuciones sugeriría que ellos eran seguidores de un personaje histórico real que vivió en el primer siglo.

5. El Talmud, un libro sagrado judío, en Sanedrín 43a se refiere a la muerte de Jesús. Es aceptado que esta parte del Talmud data del primer período de la compilación de ese libro (es decir, en los años 70 a 200 de nuestra era):

“En la víspera de la pascua Yeshu [Jesús] fue colgado. Durante 40 días antes de que se realizara la ejecución, un heraldo proclamó: ‘Él va a ser pedreado porque ha practicado la brujería y ha incitado a Israel a que apostatara. Cualquiera que pueda decir algo a su favor, que pase adelante en su defensa’. Pero en vista de que nada se presentó en su favor, fue colgado en la víspera de la pascua”.

“Colgado” puede ser un modismo de crucifixión –así se usó en el Nuevo Testamento (Gá. 3:13; Lc. 23:39). Este pasaje describe a los judíos queriendo que Jesús fuera apedreado (¿presumiblemente en conformidad con la ley mosaica?), pero menciona que efectivamente fue colgado. La explicación de esto se da en la descripción del Nuevo Testamento acerca de cómo los judíos tenían que usar la ley romana para efectuar la muerte de Jesús –la cual habría sido por medio de la crucifixión.

El Sanedrín 43a también describe cómo cinco discípulos de Jesús fueron sentenciados a muerte, mostrando de nuevo que los judíos habían creído tradicionalmente en la existencia del Jesús histórico. En Sanedrín 106b incluso dice que Jesús tenía 33 años cuando murió; exactamente como lo requiere el Nuevo Testamento. Maier (“First Easter”, pgs. 117,118) cita del documento judío del siglo V, “Toledoth Jesu”, que afirma que los discípulos trataron de robar el cuerpo de Jesús después de su muerte, pero que un jardinero llamado Judá se enteró de sus planes y trasladó el cuerpo de Jesús a otra parte entregándolo después a los judíos. Justino Martyr escribiendo el año 50 de nuestra era consigna que los judíos despacharon mensajeros especiales para que afirmaran que el cuerpo de Jesús había sido robado (“Diálogo con Tryfo”, 108), y Tertuliano (“On Spectacles”, 30), presenta un relato similar cuando escribió en el año 200 de nuestra era. Entre ellos, estos puntos de evidencia muestran que los judíos de los primeros siglos de nuestra era creían en la existencia y muerte violenta del Jesús histórico.


6. El dramaturgo griego Luciano, escribiendo en el segundo siglo, se burla de los cristianos que “adoran a un hombre hasta este día [el cual] fue crucificado” (Luciano, La Muerte del peregrino, 11-13 en “Las Obras de Luciano”, Vol. 4, traducción de Fowler y Fowler).

7. Josefo es el historiador más conocido del primer siglo. En sus “Antigüedades”, escrito en los años 90-95 de nuestra era, él menciona a Santiago, “el hermano de Jesús, que se llama Cristo”. Él también habla en otra sección del mismo libro en términos que claramente corroboran la descripción de Jesús que se encuentra en el Nuevo Testamento:

“Existió en esta época Jesús, un hombre sabio… Porque era un hacedor de hechos maravillosos… Era Cristo… se les apareció a ellos al tercer día, vivo, tal como los profetas habían predicho estas y otras diez mil cosas maravillosas referente a él”. Tan preciso es este pasaje que algunos han afirmado que es una interpolación.

Que a pesar de eso hay razón para usar este pasaje en apoyo de la discusión de que hubo un hombre llamado Jesús de Nazaret, que vivió en el primer siglo, se demuestra por las siguientes consideraciones:

- Eusebio (Historia Eclesiástica, 1:XI) cita esta sección de Josefo. - Respetados eruditos apoyan esta primera lectura como original, y pueden demostrar que esta sección está escrita en el mismo estilo de la obra de Josefo (véase Daniel Rops, “El Silencio de los Contemporáneos de Jesús”, pg. 21; J.N.D. Anderson, “Cristianismo: El testimonio de la Historia”, pag.20; F.F. Bruce, “Los Documentos del Nuevo Testamento”, pgs. 108,109).

- No hay evidencia textual de que esto sea una interpolación. -El profesor Schlomo Pines afirma que era casi seguro que la edición arábiga de las obras de Josefo que se han descubierto era la original. El  pasaje recién mencionado aparece allí, pero sin las obvias declaraciones doctrinales referentes a la resurrección y Mesiazgo de Jesús que se hizo  en el extracto dado anteriormente. Esto parece razonable considerando que Josefo era judío. Pines primeramente hizo públicos sus hallazgos en artículos en “The New York Times”, Febrero 12 de 1972, en el cual él cita el debatido pasaje de Josefo acerca de Jesús tomado de la versión arábiga:

“En esta época hubo un hombre sabio llamado Jesús. Y su conducta era buena y fue conocido como virtuoso. Y mucha gente entre los judíos y otras naciones llegaron a ser sus discípulos. Pilato lo condenó a morir crucificado. Y aquellos que habían llegado a ser sus discípulos no abandonaron su discipulado. Ellos informaron de que él se les apareció tres días después de su crucifixión y que estaba vivo; en consecuencia, talvez era el Mesías referente al cual los profetas han relatado maravillas”.

Este relato concuerda admirablemente con el relato del Nuevo Testamento.


“HE DESCENDIDO DEL CIELO"

“El pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo…He descendido del cielo” (Jn. 6:33,38).

Estas palabras, y otras parecidas, se tergiversan para apoyar la errónea idea de que Jesús existió físicamente en el cielo antes de su nacimiento. Sin embargo, se deben tener en cuenta los siguientes puntos:

1. Los trinitarios toman estas palabras en forma literal a fin de probar su creencia. Sin embargo, si hemos de tomarlas literalmente, entonces esto significa que de algún modo Jesús bajó literalmente como una persona.

No sólo la Biblia no dice absolutamente nada de esto, sino que el lenguaje acerca de que Jesús fue concebido como un bebé en el vientre de María pierde todo significado. Juan 6:60 describe la enseñanza acerca del maná, diciendo, “es difícil de aceptar” (Traducción de Moffat); es decir, necesitamos entender que se está usando lenguaje figurativo.

2. En Juan 6, Jesús está explicando que el maná era un tipo de él. El maná fue enviado por Dios en el sentido de que Dios era responsable de crearlo en la tierra; no bajó flotando físicamente desde el trono de Dios en el cielo. De modo que la venida de Cristo desde el cielo se ha de entender de igual manera; él fue creado en la tierra por medio de la acción del Espíritu Santo en el vientre de María (Lc. 1:35).

3.Jesús dice que “el pan que yo daré es mi carne” (Jn. 6:51). Los trinitarios afirman que fue la parte ‘Dios’ de Jesús lo que descendió del cielo. Pero Jesús dice que el pan que descendió del cielo fue su “carne”. Asimismo, Jesús relaciona el pan del cielo consigo mismo como el “Hijo del Hombre” (Jn. 6:62), no como ‘Dios el Hijo’.

4. En este mismo pasaje de Juan 6 hay abundante evidencia de que Jesús no fue igual a Dios. La frase “me envió el Padre viviente” (Jn. 6:57) dificilmente es la ‘co-eternidad’ de la cual hablan los trinitarios.

5. Debe preguntarse: ¿Cuándo y cómo Jesús ‘descendió’ del cielo? Los trinitarios usan estos versículos de Juan 6 para ‘probar’ que Jesús descendió del cielo a su nacimiento. Pero Jesús habla de sí mismo como “aquel que descendió del cielo” (vrs. 33,50), como si fuera un proceso en marcha.

Hablando del don de Dios a Jesús, Cristo dijo: “Mi Padre os está dando el pan” del cielo (vr. 32, Weymouth). Al mismo tiempo que hablaba estas palabras, el ya había ‘descendido’ en el sentido de que había sido enviado por Dios. Debido a esto, también podía hablar en tiempo pasado:

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo” (vr. 51). Pero él también habla acerca de ‘descender’ como el pan del cielo en la forma de su muerte en la cruz: “El pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (vr. 51). De modo que aquí tenemos a Jesús hablando de que ya descendió del cielo, de que está en proceso de ‘descender’, y de que aún tenía que ‘descender’ por su muerte en la cruz. Tan sólo este hecho debería probar que ese ‘descenso’ se refiere a Dios manifestándose a sí mismo, y no sólo al nacimiento de Cristo. Esto queda concluyentemente demostrado en todas las referencias del Antiguo Testamento acerca de que Dios ‘descendería’ las cuales tienen este mismo significado. De modo que Dios vio la aflicción de su pueblo en Egipto, y ‘descendió’ para salvarlos por medio de Moisés. Él ha visto nuestra servidumbre al pecado, y ha ‘descendido’ o se ha manifestado a sí mismo, enviando a Jesús como el equivalente de Moisés para sacarnos de la sevidumbre.

¿CREÓ JESÚS LA TIERRA?

“El primogénito de toda creación. Porque en él [Jesús] fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos” (Col. 1:15-18). Esto es típico de aquellos pasajes que pueden dar la impresión de que Jesús efectivamente creó la tierra.


1. Si esto fuera cierto, entonces se contradicen muchos otros pasajes que enseñan que Jesús no existió antes de su nacimiento. El relato en Génesis claramente enseña que Dios fue el creador. El creador fue ya sea Jesús o Dios; si decimos que Jesús fue el creador mientras que en Génesis se dice que fue Dios, estamos diciendo que Jesús era directamente igual a Dios. En este caso es imposible explicar los muchos versículos que muestran las diferencias entre Dios y Jesús (véase el Estudio 8.2 para ejemplos de estos casos).

2. Jesús fue el “primogénito”, lo que implica un comienzo. No hay prueba de que Jesús fuera el “primogénito” de Dios antes de la creación de la tierra literal. Pasajes como 2 Samuel 7:14 y Salmos 89:27 predijeron que un descendiente literal de David llegaría a ser el primogénito de Dios.

Claramente él no estaba en existencia en el tiempo en que se escribieron esos pasajes, y por lo tanto tampoco existía en el tiempo de la creación. Jesús llegó a ser el “Hijo de Dios con poder” por medio de su resurrección de entre los muertos (Ro. 1:4). Dios resucitó “a Jesús¸ como está escrito también en el salmo segundo: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hch, 13;32,33). De modo que Jesús llegó a ser el primogénito de Dios por medio de su resurrección. Note también que un hijo que se halle a la diestra de su padre se refiere a que es el primogénito (Génesis 48:13-16), y Cristo fue exaltado a la diestra de Dios después de su resurrección (Hch, 2:32; He. 1:3).

3. Es en este sentido que a Jesús se le describe como el primogénito de entre los muertos (Col. 1:18), una frase que es paralela a “el primogénito de toda creación (Col. 1:15). Por lo tanto él habla de sí mismo como “el primogénito de los muertos… el principio de la creación de Dios” (Ap. 1:5; 3:14). Jesús fue el primero de una nueva creación de hombres y mujeres inmortales, cuya resurrección en pleno nacimiento como hijos inmortales de Dios ha sido hecha posible por la muerte y resurrección de Jesús (Ef. 2:10; 4:23,24; 2 Co. 5:17). “En Cristo todos [los verdaderos creyentes] serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Co. 15:22,23). Esta es precisamente la misma idea que se halla en Col. 1. Jesús fue la primera persona que resucitó de entre los muertos y se le dio inmortalidad, él fue el primero de la nueva creación, y los verdaderos creyentes seguirán su modelo cuando él regrese.

4. La creación que se menciona en Col. 1 se refiere, por lo tanto, a la nueva creación y no a la de Génesis. Por medio de la obra de Jesús “todas las cosas fueron creadas… tronos… dominios” etc. Pablo no dice que Jesús creó todas las cosas ni da ejemplos de ríos, montañas, aves. etc.

Los elementos de esta nueva creación se refieren a aquellos galardones que tendremos en el reino de Dios. “Tronos… dominios” etc. se refieren a cómo los creyentes resucitados serán “reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra” (Ap. 5:10). Estas cosas se hicieron posibles por medio de la obra de Jesús. “Porque en él fueron creadas todas las cosas… en los cielos” (Col. 1:16). En Efesios 2:6 leemos acerca de los creyentes que están en Cristo sentados en “lugares celestiales”. Si un hombre está en Cristo por medio del bautismo, él es una nueva creación (2 Co. 5:17). Estando en Cristo somos salvados por su muerte (Col. 1:22). El planeta literal no podría ser creado por estar en Cristo. De modo que estos versículos están enseñando que la posición espiritual exaltada que podemos tener ahora, así como lo que experimentaremos en el futuro, todo ha sido hecho posible por Cristo. Los cielos y la tierra contienen todas las cosas que necesitaban reconciliación “mediante la sangre de su cruz [de Cristo]” (Col. 1:16,20), mostrando que la frase “todas las cosas… en el cielo” se refiere a los creyentes que ahora se sientan en “lugares celestiales… en Cristo Jesús”, y no a todas las cosas físicas que nos rodean.

5. Si Jesús fue el creador, es extraño lo que él dría: “… al principio de la creación… los hizo Dios” (Mr. 10:6). Esto seguramente parece como si él entendía que Dios era el creador, no él mismo. Si él literalmente creó todo en el cielo esto incluiría a Dios,

“ANTES QUE ABRAHAM FUESE, YO SOY” (Jn, 8:58)

A menudo se hace mal uso de estas palabras para enseñar que Jesús existió antes de Abraham. Sin embargo, una investigación más de cerca revela que la verdad es lo opuesto:

1. Jesús no dice ‘Antes que Abraham fuese, yo fui’. Él era el descendiente prometido de Abraham; le quitamos sentido a las promesas que Dios hizo a Abraham si decimos que Jesús existió físicamente antes de la época de Abraham.

2. El contexto de Juan 8:58 es la conversación de Cristo con los judíos referente a Abraham. En lo que a ellos concernía, Abraham era el hombre más grande de todos los tiempos. Jesús está diciendo: “Yo soy ahora, en el presente, más importante que Abraham”. En la situación presente, era Jesús a quien debían honrar y no a Abraham. Él está diciendo: ‘Yo soy ahora, más importante de lo que Abraham fue alguna vez’. Es posible entender la palabra “antes”, de Juan 8:58 con alguna referencia al tiempo, en el sentido de que antes de que Abraham existiera, Cristo ya había estado en el plan de Dios desde el principio mismo del mundo. Debido a que Jesús fue “antes” de Abraham en este sentido, él fue “antes” de él en términos de importancia.

3. Prueba de esto se halla en Juan 8:56: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”. La única vez que se sabe que Abraham se rio y se alegró fue cuando se le dio la promesa de que tendría una simiente; él entendió que finalmente esa promesa se refería a Jesús (Gn. 17:17). Abraham vio de antemano a Cristo por medio de las promesas que se le hicieron referente a Jesús. Él comentó críticamente acerca del sacrificio futuro de Jesús: “En el monte de Jehová será provisto” (Gn. 22:14). Fue en este sentido que Jesús habla de que Abraham lo vio. Es en este contexto de hablar acerca de las promesas, que Jesús pudo decir: “Antes que Abraham fuese yo soy”. El reconoció, como lo hemos explicado en la Sección 3.1, que las promesas que Dios hizo a Abraham estaban revelando el plan acerca de Jesús que Dios había conocido desde el principio del mundo. Ese propósito, que había estado desde “antes que Abraham fuese”, había sido revelado a Abraham en las promesas que se le hicieron, y ahora estaban cumpliéndose ante los ojos de los judíos del primer siglo, cuando rodeaban a Jesús; “Y la palabra [de la promesa] se hizo carne”.

MELQUISEDEC

Más de un estudiante bíblico ha dicho un cordial ‘amén’ a las palabras del apóstol Pedro cuando escribió: “Nuestro amado hermano Pablo… en todas sus epístolas… entre las cuales hay algunas [cosas] difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 P. 3:15,16). En el comentario de Pablo acerca de Melquisedec, que se consigna en Hebreos, él mismo admitió que estaba profundizando, hablando de cosas que podrían ser captadas sólo por los creyentes muy maduros (He. 5:10,11,14. Por lo tanto, no es sabio basar una doctrina fundamental en la enseñanza de tales versículos; ni los pasajes acerca de Melquisedec deberían tener tanta importancia en la mente de aquellos que aún están aprendiendo las doctrinas básicas de la Escritura.

“Este Melquisedec, rey de Salem [Jerusalén], sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo” se menciona que es “sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios” (He. 7:1,3). Por este pasaje algunos sostienen que Jesús existió literalmente antes de su nacimiento, y por lo tanto no tuvo padres humanos. Jesús tuvo un Padre (Dios) y una madre (María) y una genealogía (véase Mateo 1, Lucas 3, y compárese con Juan 7:27). Por lo tanto, ‘Melquisedec’ no puede referirse a él personalmente. Además, Melquisedec fue “hecho SEMEJANTE al Hijo de Dios” (He. 7:3); él no era Jesús mismo, pero tenía ciertas similitudes con él, las cuales el escritor usó para propósitos didácticos. “A semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto”, que es Jesús (He. 7:15), quien fue ordenado sacerdote “según el orden de Melquisedec” He. 5:5,6).

El lenguaje de Hebreos acerca de Melquisedec no puede tomarse literalmente. Si Melquisedec literalmente no tenía padre ni madre, entonces la única persona que él podría haber sido era Dios mismo; él es la única persona sin principio (1Ti. 6:16; Sal. 90:2). Pero esto está vetado por Hebreos 7:4: “Considerad, pues, cuán grande era éste”, y también por el hecho de que fue visto por los hombres (lo cual no puede ser con Dios) y él ofreció sacrificios a Dios. Si a él se le llama hombre, entonces debe haber tenido padres literales. Que él sea “sin padre, sin madre, sin genealogía” debe referirse por lo tanto al hecho de que su genealogía y sus padres no están anotados. Los padres de la reina Ester no están registrados, y así sus antecedentes se describen de manera similar. Mardoqueo “había criado a… Ester, hija de su tío, porque era huérfana… Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya” (Ester 2:7).

Este libro de Génesis por lo general entra en muchos detalles para presentar los antecedentes familiares de todos los personajes que nos da a conocer. Pero Melquisedec aparece en escena sin previo aviso, sin datos de sus padres, y desaparece del relato con igual brusquedad. No obstante, no puede haber duda de que él era digno de un respeto muy grande; incluso el gran Abraham le pagó diezmos, y él le bendijo, mostrando claramente la superioridad de Melquisedec sobre Abraham (He. 7:2,7).

Pablo no está tan sólo haciendo gimnasia mental con la Escritura. En el primer siglo había un problema muy real, que el argumento de Melquisedec podía resolver. Los judíos razonaban así: ‘Uds. los cristianos, nos dicen que este Jesús puede ser ahora nuestro  sumo sacerdote, que ofrece nuestras oraciones y obras a Dios. Pero un sacerdote tiene que tener una genealogía conocida que demuestre que es de la tribu de Leví. Y en cambio Uds. admiten que Jesús era de la tribu de Judá (He. 7:14). Disculpen, pero para nosotros Abraham es nuestro líder y ejemplo supremo (Jn. 8:33,39), y no queremos honrar a este Jesús’. A lo cual Pablo responde:

‘Pero recuerden a Melquisedec. El relato del Génesis está diseñado para mostrar que un sacerdote tan grande no tenía genealogía, y el Mesías ha de ser tanto rey como sacerdote, cuyo sacerdocio es según el modelo de Melquisedec (He. 5:6 compárese con Sal. 110:4). Abraham era inferior Jesús, y dejar de darle tanta importancia al asunto de las genealogías (véase 1 Ti. 1:4). Si ustedes meditan en cuánto es Melquisedec un tipo de Jesús (es decir, los detalles de su vida apuntaban hacia él), entonces Uds. tendrían un mayor entendimiento de la obra de Cristo’. Y podemos aplicar esta lección a nosotros mismos.

Autor: Duncan Heaster

¿Y SI LA BIBLIA NUNCA ENSEÑÓ QUE TENEMOS UN "ALMA INMORTAL"?

  ¿Y si la Biblia nunca enseñó que tienes un "alma" inmortal? Durante siglos nos dijeron que el ser humano tiene un alma atrapada ...