Durante siglos se enseñó que la salvación consistía en salvar un alma para el más allá. Sin embargo, cuando regresamos a la mentalidad hebrea del A.T. descubrimos algo muy diferente: la yeshu'ah (salvación en hebreo bíblico) es liberación concreta de la opresión, la enfermedad, la injusticia y la muerte.
Egipto (Mitzraim) no es solo un país; simboliza toda forma de "estrechez" que asfixia la vida humana. Salvar significa sacar a una persona o a un pueblo de esa condición y conducirlo hacia la amplitud, la dignidad y la plenitud.
Los profetas fueron aún más radicales: donde no hay justicia para el pobre, no hay salvación. La redención no se mide por rituales sino por la restauración de relaciones rotas, comunidades heridas y sistemas corruptos.
Jesús no rompe con esta visión; la profundiza. Su nombre (Yeshua) significa "Dios salva", y su mensaje continúa la esperanza hebrea de restaurar al ser humano completo: cuerpo, corazón, comunidad y creación.
La Biblia no presenta una huida del mundo, sino su transformación. La resurrección no es escapar de la materia, sino la declaración de que la materia importa. El corazón nuevo prometido por los profetas no reemplaza la realidad; la renueva desde dentro.
En una frase:
> La salvación bíblica es el movimiento de la estrechez a la amplitud, de la opresión a la libertad, de la muerte a la vida, de un corazón endurecido a un corazón vivo.
INSTITUTO DE TEOLOGÍA CRÍTICA
HAROLD ALIAGA & YOSEF ROMERO
No hay comentarios:
Publicar un comentario