martes, 12 de noviembre de 2019

LA DOCTRINA OLVIDADA



Nuestro llamado e ingreso a la nueva vida se basan en principios eternos que el Padre espera que sus hijos apliquen en su diario vivir. Debido a que estas leyes divinas no tienen límite de tiempo en su aplicación, ni aun los conocimientos del siglo XX pueden invalidarlas. Pero ¿cuáles son estos principios? Y ¿qué del Dios que los reveló?

Solamente tenemos que pensar en la inmensidad del espacio, la gigantesca multiplicidad de galaxias de estrellas y la magnificencia y belleza de algunos paisajes marinos y terrestres para darnos cuenta de la maravilla de la creación de Dios. Algunas veces estas cosas nos pueden parecer como su verdadera gloria. A nosotros, pero no a él.

Cuando los israelitas experimentaron los truenos y relámpagos que provenían del monte Sinaí, oyeron un sonido de bocina "muy fuerte," y vieron la nube espesa y que "todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego" (Exodo 19:16-18), pudo haberles parecido como una manifestación de la gran gloria de Jehová; pero no a él.

La creación y todas sus más grandiosas manifestaciones no son sino renuevos de un árbol divino de vida cuyo poder reside en un fruto espiritual que excede a todo lo demás en gloria. Cuando Moisés dijo, "ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca... Te ruego que me muestres tu gloria," Dios le respondió: "Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro" (Exodo 33:13-19).

Mientras las huestes celestiales de estrellas y las bellezas terrenales de la naturaleza pueden agitar nuestras emociones, permanecen silenciosas acerca de nuestras más profundas necesidades y quedan sordas ante nuestros clamores de ayuda. Cuando el Señor pasó delante de Moisés, proclamó no las grandes maravillas de su poder sino:"¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad" (Exodo 34:6).

De allí en adelante el propósito de la ley y los profetas fue mostrar este conocimiento de Dios de modo que su pueblo pudiera confiar en él con todo su corazón sin inclinarse hacia su propio entendimiento (Proverbios 3:5). Después de que Judá había [hubo] sido amonestado por el ejemplo de la caída de Israel, Jeremías le dijo: "No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová" (Jeremías 9:23-24).

Esta es la gloria trascendente del Padre, quien creó a los ángeles a través de tiempo inmensurable, vistió a Adán y Eva con pieles, cuidó a su pueblo Israel, preparó la venida de su Hijo, y ha llamado un pueblo para su gran gloria, numeroso como las estrellas de los cielos.

La gloria del Hijo
Habiendo llegado a conocer a este Padre compasivo, comprendemos ahora lo que Juan dio a entender cuando escribió del Hijo: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:14).

En el momento apropiado de su revelación de señales y ley a Moisés, Dios mostró su verdadera gloria, y en otro momento apropiado, al comienzo de su ministerio, el Hijo, Jesús, planteó con claridad su naturaleza y propósito. Usted recordará la ocasión en que lo hizo. Regresaba a Nazaret, donde se había criado, y como era su costumbre, antes de dejar su pueblo natal, se levantó a leer en la sinagoga un día sábado. Ya fuera que buscara la porción especial de Isaías que deseaba leer o que sus ojos cayeran sobre esta porción del rollo, nosotros no lo sabemos; pero lo que leyó fue: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor" (Lucas 4:18-19).

Los cielos deben resonar con las alabanzas de un Dios y Padre cuya verdadera naturaleza es amor y abnegado servicio a las criaturas que él ha creado. No es de extrañarse que el nombre de Jesús esté sobre todo nombre en los cielos y en la tierra, cuando nos damos cuenta que todo el motivo y propósito de su vida fue "para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mateo 20:28). Nunca pidió nada a nadie y se esforzó solamente por revelar a todos la bondad de su Padre. Esta es la razón por la que pudo decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9).

El ejemplo de la gracia y la verdad
De los muchos incidentes en el ministerio de Jesús que ilustran este principio eterno de gracia y verdad podemos examinar tan sólo unos pocos. Viajó a Galilea "predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo" (Mateo 4:23). Como Hijo de su Padre, él no pudo haber actuado de otro modo, pues ¿acaso no había nacido la nación de Israel de la gracia y verdad del Padre? Así que ésta era su "comida," como también hacer la voluntad de su Padre y "acabar su obra" (Juan 4:34).

Tal como las demás personas, Jesús experimentó mucha tristeza; y pudo sentirla en mayor grado que cualquier otro pues conocía el poder del pecado y de la muerte. Pero nunca permitió que esto estorbara su misión de misericordia. Sentía la pérdida de un ser querido, pero pronto volvía al trabajo que lo ocupaba. Así fue cuando Juan el Bautista murió trágicamente a manos del rey Herodes (Marcos 6:14-29). Fue en ese mismo tiempo que recibió el informe de los apóstoles sobre todas las cosas que habían hecho y enseñado en obediencia a la misión a que los había enviado (v. 30). Probablemente estaban felices aunque cansados. "Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer" (Marcos 6:31).

Retirándose en un barco a un lugar desierto, Jesús y los discípulos obviamente esperaban gozar del descanso y la soledad; pero tal era el poder de Jesús que la gente no soportaba perderlo de vista y aquellos que lo vieron salir reunieron más personas de los pueblos vecinos y corrieron al otro lado del lago buscándolo.

A pesar de su fatiga Jesús no podía resistir el hambre de la multitud, y la naturaleza de su Padre brilla a través de su respuesta ante la venida de ellos: "Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas" (Marcos 6:34). Pero habiendo satisfecho las necesidades del alma de ellos, pronto también satisfizo su deseo físico de alimento. Entonces, de nuevo, los hambrientos fueron alimentados con la gracia y la verdad.

Este doble y eterno principio implica necesariamente el abandono de la propia voluntad del hombre natural, lo cual fortalece la más débil de las personalidades para servir a los demás, y sujeta la más poderosa voluntad propia a las más profundas necesidades de los hombres. ¿Podría haber una mejor ilustración de esto que el incidente en el que Jesús lavó los pies de los discípulos?

Este episodio tuvo lugar durante la fiesta de la pascua que Judas abandonó para traicionarlo. Mientras él estaba allí todavía, y antes de compartir el haroseth, que era una especie de aperitivo que se tomaba antes del cordero pascual, era una costumbre general en la fiesta lavarse las manos para sumergir el pedazo de pan en el haroseth con manos limpias. Jesús se quitó su ropa exterior, tomó una toalla, vertió agua en un recipiente y entonces realizó la servil tarea de un esclavo: lavó los pies de sus discípulos expresando así delante de ellos su completa humildad.

Cuando completó la tarea que se había impuesto a sí mismo y se sentó a la mesa con ellos, dijo: "¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (Juan 13:12-15).

La gracia y la verdad hechas perfectas
El último incidente que ilustra este principio divino de servicio es el más extraordinario de todos. Una persona solitaria estaba al amanecer en la rivera del mar de Tiberias esperando el retorno de los discípulos pescadores que habían laborado toda la noche sin pescar nada. Se había tomado algún tiempo preparando un brasero, y un pez y pan estaban siendo preparados sobre el mismo. Cuando los cansados pescadores fueron alegrados por la milagrosa pesca que obtuvieron por su mandamiento, "vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado" (Juan 21:9-13).

Este Jesús, quien aún servía a los demás tan humilde y amorosamente, no era el que había de enfrentar la cruz, tampoco el que tuviera nuestra carne y nuestras debilidades, sino el que estaba vivo para siempre. Era el que ahora ejercía toda autoridad en el cielo y en la tierra, y el juicio de toda la humanidad, y cuyo nombre fue elevado por su Padre por encima de todo nombre en el cielo y en la tierra. Así la gracia y la verdad fueron hechas perfectas; y en su mortalidad e inmortalidad Jesús ilustró la divinidad eterna en compasión, gracia, paciencia, misericordia y verdad.

Fundamentos doctrinales
Tradicionalmente, nuestros fundamentos doctrinales descansan sobre las columnas gemelas de "el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo" (Hechos 8:12). Había otra columna en la cual se fundaba la vida de Jesús—la que hemos estado discutiendo, y aunque lo manifestó con completa claridad, lo hemos convertido en poco más que una parte incidental de su enseñanza, lo cual no debiera ser de ese modo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lucas 9:23). La palabra griega traducida "negar" tiene un fuerte significado: "negar completamente, abjurar, afirmar que no se tiene nada que ver con una persona" (en este caso, no tener nada que ver con nuestra anterior voluntad).

De aquí que debemos comenzar la nueva vida no solamente con un conocimiento correcto de "el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo", sino también con la otra columna: "el evangelio de la renuncia a la voluntad personal" que los escritores de las epístolas del Nuevo Testamento exponen en forma minuciosa.

Debido a que implica una transformación sicológica radical de pensamiento y carácter nuestros, esto puede fácilmente convertirse en la doctrina olvidada: preferiríamos empujarla hasta el trasfondo de nuestras creencias. Pero tal como fue fundamental en la vida y enseñanza completas de Jesús, así lo es ahora. En cierto modo, el llevar diariamente una cruz sería una carga mas fácil que enfrentar de manera firme y resuelta la tarea de abandonar completamente nuestra propia voluntad y por toda la vida afirmar la voluntad de Dios tan constantemente que podamos decir "hágase tu voluntad."

Es la afirmación de la voluntad personal la que conduce al descuido en la asistencia a las reuniones de la congregación; es el cumplimiento de nuestros propios deseos el que conduce a la falta de servicio a otros; y es la complacencia de nuestros propios deseos la que conduce a la falta de tiempo para "apacentar la grey de Dios" (1 Pedro 5:2) o para "dar buenas nuevas a los pobres" (Lucas 4:18). Estas debilidades pueden aparecer en la vida de cada uno de nosotros si olvidamos la doctrina fundamental de la renuncia a la voluntad personal cuyos frutos son la gracia y la verdad tan características del Padre y esperadas de sus hijos. Cuando la renuncia a la voluntad personal opere verdaderamente en nosotros, entonces manifestaremos la compasión, gracia, paciencia, misericordia y verdad que Jesús tan claramente ilustró. Si miramos a nuestro alrededor con su discernimiento, nosotros también seremos conmovidos por la vista de tantos que son "como ovejas que no tienen pastor." Así, el calor del espíritu no solamente quitará el frío de los corazones de algunos en el mundo, sino que preservará el compañerismo de los santos en la iglesia.

Necesitamos mirar cuidadosamente dentro de nuestra propia mente y examinar los motivos de nuestros propios deseos. Podemos desanimarnos al descubrir lo deficientes que somos en los frutos del Espíritu que resultan del abandono de nuestra propia voluntad. Ustedes los recordarán: "Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5:22-23). ¿Podemos marcar cada uno de ellos y decir, "amén"? Si no, deberíamos pedir perdón y resolvernos a hacer un nuevo intento.

Nuestras vidas están fundadas sobre estas tres columnas de doctrina: el evangelio del reino de Dios, el nombre de Jesús, y la manifiesta renuncia a nuestra propia voluntad. Si ésta es nuestra situación, nos levantaremos inmortales en el alba de una nueva era para comenzar, bajo Jesús, a gobernar las naciones en gracia y verdad.

domingo, 10 de noviembre de 2019

¿PORQUÉ PERMITE DIOS EL SUFRIMIENTO?

EL SUFRIMIENTO es un problema que afecta a todos los seres humanos. Un niño nace ciego, deforme o con incapacidad mental; y entonces surge la pregunta: ¿Por qué? Pues el niño no ha dañado a nadie.


Una madre de excelente carácter y en la flor de la vida es atormentada por el dolor de una enfermedad incurable que sólo puede terminar en la muerte. ¿Por qué ella? Pues esta es la clase de personas que el mundo más necesita.


Millones de personas sufren desnutrición y enfermedades en países de inmenso crecimiento demográfico y poca producción agrícola. Otros perecen o pierden su hogar en inundaciones y terremotos. ¿Por qué tienen ellos que sufrir?


La tiranía del hombre y la capacidad destructiva de la guerra moderna han impuesto dolor, tortura y muerte sobre millones de seres indefensos. Incontables vidas se han perdido en brutales actos de terrorismo y secuestros aéreos. Siempre ha habido accidentes, pero hoy en día la cantidad de desastres y calamidades naturales es abrumadora: un avión de pasajeros se estrella; una planta de extracción de petróleo explota; el fuego atrapa a centenares de viajeros en un tren subterráneo. La gente se pregunta: ¿por qué lo permite Dios?


Las preguntas surgen rápidamente en la mente, y a primera vista parecen razonables; no obstante, un franco análisis de ellas muestra que llevan en sí ciertas implicaciones. Implican que el sufrimiento humano debe ser incompatible ya sea con el poder de Dios o con su amor. Es decir, si el Creador es un Dios de amor, entonces no tiene el poder para abolir el sufrimiento, y si es Todopoderoso no tiene la voluntad de hacerlo, y por lo tanto no es un Dios de amor. Se supone que un Dios a la vez amoroso y poderoso asumiría la responsabilidad de eliminar el sufrimiento humano, como por ejemplo el que afecta a seres evidentemente inocentes. ¿Se justifica esta suposición?


Las Realidades de la Vida


Algunas realidades se deben tomar en cuenta antes de que tratemos de formarnos un juicio:


1. El hombre vive en un universo de causa y efecto, y los efectos de ciertas causas son ineludibles. El fuego quema, el agua ahoga, los gérmenes infecciosos producen enfermedades. Estos hechos tienen implicaciones morales. Los seres humanos vivimos en un universo en el que las consecuencias de lo que hacemos son inevitables y, por lo tanto, nuestra responsabilidad por lo que hacemos es igualmente inevitable. Si no existiera esta "ley natural" el hombre podría hacer con impunidad lo que quisiera, y no habría responsabilidad. Dios hizo el universo de esta manera porque es un Dios moral, quien nos ha hecho seres responsables con libre albedrío para que elijamos cómo hemos de actuar.


2. La negligencia y mal uso que hace el hombre de su vida ha corrompido el desarrollo de la vida humana misma, y ha dejado males que afectan a las generaciones subsiguientes. Estas, a su vez, como parte de la ley natural, pueden manifestarse en forma de debilidades y tendencias hereditarias hacia las enfermedades. La materia misma de la vida puede ser afectada al pasar de generación en generación.


3. Las consecuencias de los actos de los hombres no son tan sólo físicas. Los males sociales y políticos que el género humano ha creado en el transcurso de la historia han dejado una carga cumulativa en las generaciones subsiguientes. La gente hoy en día está atrapada en una red de consecuencias de la historia pasada, e incluso cuando tratan de corregir un mal, provocan la aparición de otro:


"Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora" (Romanos 8:22).


¿Se Debería Salvar a la Gente de Sí Misma?


Tomando en cuenta hechos como estos, debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que en verdad estamos haciendo cuando exigimos a Dios que quite el sufrimiento? ¿No estamos pidiendo que Dios suspenda la ley natural, que desvíe las consecuencias hereditarias, y que quite los efectos de la inhumanidad de los mismos hombres? ¿Tenemos derecho a esperar que Dios salve a los hombres de las consecuencias de sus propias acciones? ¿Sería un universo moral si él lo hiciera?


Estas preguntas sólo se pueden hacer con respecto a situaciones donde esté involucrada la mano del hombre. A los terremotos, tempestades, hambruna e inundaciones se les llama casos de ‘fuerza mayor' porque por lo general no hay otra explicación acerca de por qué se produjeron. Así que si miramos más allá de los hechos humanos a los desastres naturales, encontramos que afectan a todos, inocentes y culpables por igual. Tan pronto como empezamos a cuestionar el sufrimiento de las víctimas inocentes de estos desastres, surge otro dilema. ¿Estamos diciendo que las calamidades deberían ser selectivas en su operación, afectando sólo a aquellos que ‘merecen' sufrir?


¿Un Mal o un Síntoma?


Reforzando todo el pensamiento general sobre el tema que se ha estudiado hasta aquí, surge una suposición básica: que el sufrimiento es malo en sí. La creencia que el sufrimiento es el mal esencial se halla en la raíz del budismo. El punto de vista bíblico es radicalmente diferente: el sufrimiento no es un mal en sí, sino un síntoma de un mal más profundo. Las Escrituras representan al sufrimiento como una de las consecuencias del pecado; no necesariamente el pecado de la persona que sufre, sino el pecado en la historia del hombre y en la sociedad humana en general. Su origen es descrito concisamente por el apóstol Pablo:


"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12).


La sentencia que se impuso a la mujer después de la desobediencia en el Edén dice:


"Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti" (Génesis 3:16).


Al hombre le dijo Dios:


"Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Génesis 3:19).


La enseñanza es sencilla. Con la desobediencia del hombre se produjo una ruptura en la relación entre el Creador y su creación; la relación entre Dios y los hombres está desbaratada. El primer pecado produjo un cambio fundamental que afecta a todos los seres humanos con los males que son comunes a la humanidad. La muerte es universal: Dios no la modifica para nadie en particular. La enseñanza de la Biblia es que se ha dejado que los hombres actúen a su propia manera y queden sujetos a la operación de la ley natural, aunque puede haber ocasiones en que un desastre natural es utilizado por Dios para castigar al hombre y purificar la tierra. El ejemplo sobresaliente es el diluvio que sobrevino en los días de Noé.


Al mismo tiempo, es cierto que según la Biblia el sufrimiento adquiere un nuevo significado para aquellos que buscan servir a Dios; ellos están en una nueva relación con el Creador y aprenderán a ver la tragedia desde una nueva perspectiva. ¿Cuál es?


La Experiencia de un Hombre Bueno


La respuesta se puede ver en el ejemplo de Job. Este es un hombre devoto que se ve afectado por un desastre. Pierde todo su ganado — la fuente de su riqueza. También sufre la terrible desgracia de perder a todos sus hijos de un golpe, y entonces es afligido con una penosa enfermedad que lo deja marginado de la sociedad humana. No obstante, Job dice:


"¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?" (Job 2:10).

Job reconoce el importante principio de que el hombre no puede exigir a Dios que le bendiga en todo momento; no le corresponde a él decidir lo que hará Dios.

El Doloroso Problema


Sin embargo, llega el momento cuando el sufrimiento de Job se vuelve tan insoportable que le parece que sería preferible morir. Estando angustiado y desconcertado, Job pregunta, en efecto: ¿Por qué vive un hombre si sólo es para sufrir? Dios, que ha hecho al hombre, ¿puede desecharlo como si no fuera más que un juguete?


Los amigos de Job sostienen que hay una relación directa entre el pecado de un hombre y su sufrimiento, y por lo tanto razonan que para sufrir de manera tan terrible, Job debe haber pecado gravemente.


Él está convencido de su propia integridad: es humano, pero sabe que no es culpable de los pecados que ellos le atribuyen. No obstante, ha absorbido una cantidad suficiente de la filosofía de sus amigos para convencerse que está sufriendo injustamente. ¿Lo ha elegido Dios sólo para que le sirva de blanco contra el cual disparar sus flechas? Porque comparado con las demás personas, sus sufrimientos parecen mucho más enormes que sus faltas. Le parece que su aflicción sólo puede significar que Dios se ha vuelto contra él, y este problema moral se añade a su amargura. Si "prosperan las tiendas de los ladrones" (Job 12:6); entonces, ¿por qué deben sufrir los justos? Si Dios lo está juzgando, ¿es justo que él sea juzgado según una norma que la naturaleza humana es incapaz de alcanzar?


Los amigos fracasan completamente en su intento por desestabilizar la convicción de Job de su propia rectitud, y finalmente dejan de discutir con él. Pero respaldando la convicción de Job está su fe fundamental en Dios y en su justicia, a pesar de todas sus objeciones; y así Job expresa la esperanza de que en la vida futura, si no ahora, Dios, como Redentor suyo, lo defenderá y estará a su lado. Y así Job incorpora un nuevo elemento en el debate cuando mira más allá del sepulcro, hacia la resurrección y la reconciliación. Esa creencia, aludida ligeramente en el libro de Job, se expresa plenamente en otros pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y da una nueva perspectiva al problema. No obstante, no explica en sí por qué las personas sufren en esta vida.


Dios Habla al Hombre


Cuando sus amigos se han callado y Job ha pronunciado su discurso final, el joven Eliú entra en el debate. Eliú demuestra que en su desesperación Job ha impugnado la justicia de Dios, pero también aporta una nueva luz al problema. Dios habla a los hombres no sólo por la revelación sino también por el sufrimiento. De esta manera Dios se comunica con hombres y mujeres y los lleva hacia él (leer Job 33:14-18).


Según Eliú, Dios se revela a los seres humanos para la educación espiritual de ellos, para que tengan una guía en su vida y para preservarlos de la destrucción. Dios quita al hombre de su obra y lo aparta de la soberbia (Job 33:17), desviándolo del rumbo egoísta de su vida, porque la soberbia humana es la fuente del mal. En cuanto a los otros medios de revelación y comunicación, Eliú dice:


"También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos, que le hace que su vida aborrezca el pan, y su alma la comida suave. Su carne desfallece, de manera que no se ve, y sus huesos, que antes no se veían, aparecen. Su alma se acerca al sepulcro, y su vida a los que causan la muerte" (Job 33:19-22).


Esta descripción del sufrimiento concuerda perfectamente con lo que le pasaba a Job, y Eliú sostiene que aun Job necesita la reprensión, la disciplina y el castigo del Señor no por los pecados específicos alegados por sus amigos, porque Eliú no los menciona, sino por una falta más sutil. Eliú ya aludió a ella, pues es el pecado de la soberbia espiritual, y sólo la experiencia del sufrimiento puede ponerla al descubierto para que Job se arrepienta.


Dios Obra en el Hombre


Por lo tanto, el sufrimiento es uno de los medios que utiliza Dios para obrar en los hombres para su crecimiento espiritual, llevándolos a un mejor conocimiento de él; y el resultado para Job fue un conocimiento nuevo e íntimo de Dios. El pudo decir:


"De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza" (Job 42:5-6).


Esta obra de Dios en el hombre debe ser de naturaleza individual; sólo el individuo que sufre puede crecer por medio de la experiencia.


El problema general del sufrimiento permanece, y la única respuesta que se puede sacar del libro de Job es que el hombre no puede poner en tela de juicio la majestad y sabiduría de Dios; él es el Creador y Sustentador de todas las cosas vivientes y sus obras sobrepasan el entendimiento del hombre. Esta es la respuesta que expone con tanto poder y belleza la voz que sale del torbellino en los capítulos 38-41. El hombre no puede más que aceptar que los caminos de Dios están más allá de su entendimiento.


"¿Acaso Teme Job a Dios de Balde?"


Por lo tanto, aunque el libro de Job no ofrece una respuesta sencilla al problema del sufrimiento, lo eleva a un nivel más amplio. Sólo por la pérdida de sus bienes y por el sufrimiento personal podía Job saber con seguridad que no servía a Dios por amor a casas, tierras, ganado y rebaños, o incluso por sus hijos. Ni siquiera le servía por amor a su salud y bienestar. Adoraba a Dios por lo que éste es, y a pesar de todas las palabras vanas que salieron de su mente y cuerpo atormentados, tenía una máxima creencia en la justicia y fidelidad de Dios. Fue sólo cuando quedó despojado de todo lo que tenía, que realmente comprendió que Dios era su único refugio, y en ese descubrimiento él quedó triunfalmente justificado frente a las calumnias del adversario.


La fe de Job en Dios fue puesta a prueba, y por la prueba su fe quedó templada como el acero. Fue por su aceptación final de la sabiduría de Dios, y por aprender que podía crecer en fe por medio del sufrimiento, que Job llegó finalmente a un más pleno conocimiento de Dios.


Algunas Conclusiones


Las conclusiones que se pueden sacar de lo que se ha considerado hasta ahora se pueden resumir como sigue:


1. El hombre vive en un universo ordenado de causa y efecto, y debe aceptar las consecuencias de esta realidad; desde que el pecado entró en la vida humana estas consecuencias inevitablemente incluyen el sufrimiento. Sin embargo, el sufrimiento tal vez no esté relacionado directamente con el pecado de la víctima, porque puede ser el resultado de las acciones de generaciones anteriores.


2. Al mismo tiempo, el Sustentador del universo es un Dios de sabiduría y amor que puede guiar y controlar el sufrimiento de aquellos que lo buscan a fin de llevarlos a un conocimiento más profundo de él.


Una Disciplina Divina


Es a la luz de esta última conclusión que podemos entender un pasaje en la Epístola a los Hebreos, basado en un dicho de Proverbios:


"Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas" (Hebreos 12:5-12; Proverbios 3:11-12).


Leído en su contexto, el pasaje se explica solo. El sufrimiento y el dolor son experimentados por todos los seres humanos, pero para los hijos de Dios, estas cosas son dirigidas por su Padre Celestial como una disciplina espiritual, y como tal son una expresión de su amor.


¿Sufre Dios?


Aún se puede alcanzar un nivel más en el entendimiento del sufrimiento. Es que Dios mismo es afectado por el sufrimiento de los seres humanos, porque por causa de su amor él dio a su propio Hijo para que muriera por ellos, y esto le causó sufrimiento a Dios mismo. Jesús era totalmente inocente, no contaminado por ninguna clase de pecado, no obstante puso su vida voluntariamente, sufriendo injusticia y crueldad por amor a sus amigos:


"Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (Juan 3:14-17).


"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13).


Incluso Dios no podía tener mayor amor que entregar a su amado Hijo al sufrimiento de la cruz para la redención de los hombres.


Por lo tanto, se puede decir que incluso Dios mismo sufre, y así se puede entender el dicho del profeta referente a la relación de Dios con Israel:


"En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó" (Isaías 63:9; véase también Jueces 2:16).


¿Por qué Dios no Interviene?


El Dios de Israel no es una Causa Primordial remota e insensible; su Espíritu Santo puede afligirse, puede conmoverse con ferviente compasión. El puede amar con un amor eterno. Estas son expresiones bíblicas, y revelan a Dios como la personalidad suprema que, por su santa transcendencia, puede entrar en la vida de los hombres y mujeres que él ha creado.


A menudo la gente pregunta: ¿Por qué no interviene Dios para detener el sufrimiento, para poner fin a las guerras, para eliminar las enfermedades? Por supuesto, Dios efectivamente interviene en los asuntos humanos; ha mostrado su poder muchas veces en la historia. Pero hay un límite para esta intervención; le ha dado al hombre el libre albedrío, y le permite usarlo para bien o para mal.


Dios intervino en la historia de su pueblo escogido, Israel, y les dio oportunidades especiales para que lo adoraran a él y fueran sus testigos en el mundo. El les entregó su revelación y las promesas y profecías de un venidero Mesías.


Dios Envió a Su Hijo


Así fue que, hace aproximadamente dos mil años, Dios intervino en la vida e historia del hombre dando a su Hijo Jesucristo para que participara al máximo del sufrimiento humano a fin de llevar a cabo la redención del pecado y de la muerte. Jesús compartió nuestra experiencia, soportando las tentaciones internas y las aflicciones externas que son la herencia común de todo el género humano:


"Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos" (Hebreos 2:10).


"Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Hebreos 2:17-18).


"Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (Hebreos 5:8).


Al aceptar el sufrimiento en obediencia a la voluntad de Dios, Jesús lo elevó a un nuevo plano. Lo mostró no como el más grande de los males, sino como un medio para alcanzar una meta; porque por el sufrimiento, en su perfecta obediencia a Dios, Jesús venció el poder del pecado en la naturaleza humana, y así hizo posible la resurrección de los muertos a vida eterna con el Padre. Haciendo esto Jesús obtuvo la perfección, una fe probada y una obediencia completa. Se entregó totalmente al amor de Dios y al servicio de sus semejantes, convirtiéndose en un digno ejemplo para sus seguidores.


Hecho Perfecto por Medio del Sufrimiento


"Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados" (1 Pedro 2:21-24).


"y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (Hebreos 5:9).


El es el autor, la fuente, la causa de una salvación que los hombres no pueden lograr por sí mismos, ya que por causa de su sacrificio aquellos que vienen a él en busca de vida son aceptados por la gracia de Dios como miembros de Cristo. Y así, como Cristo resucitó al tercer día, hay una resurrección espiritual a nueva vida para aquellos que se bautizan en él, y la esperanza de la resurrección física y un cambio a la inmortalidad cuando él regrese.


"Participantes de la Naturaleza Divina"


Si hombres y mujeres habían de llegar a ser "participantes de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4), siendo levantados del pecado a un nivel donde podían conocer a Dios, disfrutar de comunión eterna con él y compartir su vida incorruptible, entonces sólo Dios sabía cómo se podía alcanzar esto de una manera compatible con su propia majestuosa santidad. Era una condición que requería que diera a su Hijo para que muriera en la cruz.


Entonces, si Dios sufrió, y si, en obediencia al Padre, Cristo sufrió hasta la muerte, todo el problema del sufrimiento del hombre se eleva a un nuevo nivel. Sin fe en Dios, el sufrimiento es un mal que se debe soportar. Pero para los que tienen fe en Dios y el ejemplo de su Hijo, el sufrimiento puede purificar y ennoblecerlos. Puede ser un medio por el cual Dios trae a su presencia al que sufre. El castigo del Señor puede ser en verdad una educación divina, la disciplina del Señor.


Todas las Cosas Nuevas


Si el Hijo de Dios sufrió, ¿pueden esperar las demás personas ser una excepción? Pero más allá del sufrimiento estaba la resurrección, y más allá de la resurrección vendrá el reino de Dios cuando Cristo vendrá a reinar, tomando para sí a aquellos que ya se han comprometido a seguirlo. En este momento el establecimiento del reino está muy cerca. Pero las propias palabras de Jesús y otras muchas profecías bíblicas dejan en claro que la venida de Cristo estará precedida [será precedida?] por una gran tribulación para el mundo, y sin duda también para sus discípulos:


"Porque habrá entonces gran tribulación, cual no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fueren acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados" (Mateo 24:21, 22).


Pero cuando aparezca el Señor Jesucristo, él purificará la tierra de todo mal, quitará todo pecado y egoísmo, eliminará las enfermedades y finalmente pondrá fin a la muerte. Reinará para Dios y quitará el sufrimiento para siempre. Entonces se cumplirán las palabras que oyó el apóstol Juan en las isla de Patmos:


"Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron, y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21:3-5).


Para aquellos que responden al llamado del amor de Dios, el camino del sufrimiento puede ser el camino de la vida, y ese es el propósito último de la existencia del sufrimiento en el mundo. El llamado aún está vigente; aún hay oportunidad para todos los que están buscando una esperanza más allá de este mundo impío actual, para encontrarla en las "buenas nuevas" del evangelio.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

¿DESCENDIÓ JESÚS LITERALMENTE DEL CIELO?



Antes de comenzar hay algo que debemos dejar absolutamente en claro. El Señor Jesucristo es el Hijo de Dios. Es el ser más importante de todo el universo, fuera de Dios mismo. El propósito de este folleto es honrar al Señor Jesús como debe ser honrado.

Desafortunadamente, la enseñanza bíblica acerca del Señor Jesús es frecuentemente mal entendida. En un bien intencionado aunque errado intento de honrar a Jesús muchas iglesias enseñan acerca de él cosas que no son bíblicas. Este folleto tiene la intención de corregir esas ideas erróneas.

Esto no emana de un deseo de criticar las creencias de otros, sino simplemente de mostrar lo que la Biblia realmente enseña acerca del Señor Jesús, el Hijo de Dios. Únicamente cuando entendamos esto, podremos dar al Señor la gloria que se merece.

"Porque he descendido del cielo"

El título de este folleto es una pregunta: ¿bajó o descendió Jesús del cielo? En el capítulo 6 del evangelio de Juan hay un versículo que aparentemente responde esta pregunta. Jesús dijo:

"Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" (ver. 38).

No debemos apresurarnos a sacar a una conclusión. El tema no es tan simple como parece a primera vista.

Una dificultad que existe es que hay dos clases diferentes de lenguaje: literal y figurado. Jesús utiliza ambas clases de lenguaje en el capítulo que estamos considerando.

En el versículo 64 Jesús dice: "Pero hay algunos de vosotros que no creen." Esto es lenguaje literal. Significa exactamente lo que dice. Ni siquiera un niño podría dejar de entender su significado.

Pero muchos otros pasajes no son así. Por ejemplo, los versículos 53 y 54 del mismo capítulo; en estos Jesús dice:

"De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero."

Esto es lenguaje figurado. No significa lo que parece estar diciendo; en vez, sus palabras tienen un significado mucho más profundo. Hay que considerar las palabras cuidadosamente para descubrir su verdadero significado. En consecuencia, si no somos cuidadosos podemos fácilmente interpretar mal las palabras.

Los judíos incrédulos interpretaron mal este y muchos otros dichos similares de Jesús. Ellos dijeron: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" ¡Quizás pensaban que estaba predicando el canibalismo! Fuera lo que fuera lo que pensaban, la verdad es que estaban muy equivocados.

Volviendo entonces a la cuestión original "he descendido del cielo" ¿Es este lenguaje literal o figurado?

Hay una buena razón para considerar que es figurado. En el versículo 31 del mismo capítulo hay una mención a lo que el Antiguo Testamento llama "maná". Esta era una especia de pan producido por Dios para que su pueblo comiera durante el viaje por el desierto. El versículo 31 dice: "Pan del cielo les dio a comer."

Esto es obviamente lenguaje figurado. El pan milagroso no era cocinado en el cielo y distribuido en la tierra. La declaración de que el pan vino del cielo nos informa que el Dios del cielo lo creó en la tierra.

Más lenguaje figurado

La Biblia usa lenguaje figurado no sólo acerca de cosas sino también de personas. La Biblia dice que: "Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan" (Juan 1:6). Sin embargo, Juan nunca estuvo en el cielo. 'Enviado de Dios' significa simplemente que Dios le asignó una tarea especial.

Pero esta explicación sólo se puede aplicar a versículos que mencionan a Jesús 'descendiendo' del cielo. Hay otros pasajes que aparentemente sugieren en una u otra forma que Jesús en una época vivió en el cielo. Este es uno de tales pasajes:

"Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:5).

¿Cómo debemos considerar versículos como éste? ¿Son literales o figurados? ¿Vivía Jesús realmente con Dios antes de que el mundo fuera creado? ¿O tienen estas palabras un significado mucho más profundo?

El propósito de este estudio es dejar que la Biblia hable por sí misma y responda estas preguntas para nosotros.

Tres puntos de vista sobre Jesús

Aquellos que no creen en la Biblia por lo general dicen que Jesús era simplemente un hombre común y corriente. Esa gente está en el error. El era el Hijo de Dios, No necesitamos perder tiempo considerando este punto de vista.

Pero vamos a considerar los tres puntos de vista acerca de Jesús a los que se adhieren los cristianos que creen en la Biblia.

El primer punto de vista es el más común. Este sostiene que Jesús es Dios todopoderoso en forma humana. Los que creen en esto se refieren a Jesús como la segunda persona de la Trinidad; es difícil entender lo que quieren exactamente decir con esa frase. De acuerdo a este punto de vista, Jesús vivió en el cielo desde toda la eternidad antes de su nacimiento en la tierra.

El segundo punto de vista es enseñado por una denominación llamada los "Testigos de Jehová" y por unos cuantos otros grupos pequeños. Sostienen que Jesús no es Dios sino un poderoso ángel que Dios creó hace mucho tiempo. Ellos también creen que Jesús vivió en el cielo antes de su nacimiento en la tierra.

Los que creen en uno de estos dos puntos de vista toman literalmente los versículos que hablan de Jesús descendiendo del cielo.

El tercer punto de vista es el que sostienen los cristadelfianos y otros cuantos grupos. De acuerdo a este punto de vista, Jesús no vivió en el cielo antes de su nacimiento y los versículos que se refieren a su origen celestial se deben entender en forma figurada.

Este es el punto de vista que se explicará en este folleto. Si esto le parece sorprendente, tenga paciencia y continúe leyendo. Hay una gran cantidad de evidencia bíblica para sostener este punto de vista.

Jesús fue un hombre verdadero

Jesús no fue una hombre ordinario y pecador. No debemos cometer el error de pensar eso. El fue un hombre único. El era el Hijo de Dios. Sin embargo, en un sentido sin ambigüedades, él era un hombre y no Dios todopoderoso.

Esto no significa que él dejó de ser hombre tan pronto como subió en forma corporal al cielo. La Biblia nos enseña a considerar a Jesús como hombre, aun en la actualidad. Mucho tiempo después de que Jesús había resucitado y subido al cielo, el Nuevo Testamento estaba haciendo declaraciones como la siguiente:

"abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos" (Romanos 5:15-19).

"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2:5).

Jesús realmente es un hombre. Esa es la inequívoca enseñanza del Nuevo Testamento. Consideremos ahora esa enseñanza con las palabras de un obispo inglés, en un pasaje que describe el punto de vista que la mayoría de los cristianos tienen sobre Jesús:

"Jesús no fue un hombre que nació y creció, él era Dios y por un tiempo limitado participó en una farsa. Tenía la apariencia de hombre pero en el fondo era Dios disfrazado una especie de Papá Noel."

Muchas personas de la iglesia consideraron ofensiva la referencia a Papá Noel. Pero, fuera de eso, están de acuerdo en que esa declaración del obispo representa cabalmente la enseñanza de la iglesia. Si Jesús era realmente Dios, o un ángel poderoso que vivía en el cielo, entonces él nunca fue un hombre verdadero sino una persona celestial disfrazada con carne humana.

Pero el Nuevo Testamento no está de acuerdo con esas opiniones. El Nuevo Testamento describe a Jesús como hombre.

Esta es la primera razón para considerar que el punto de vista común sobre Jesús está errado.

El nacimiento de Jesús

El nacimiento del Señor Jesucristo fue el resultado de un portentoso milagro. Su madre era una joven mujer soltera de excelente carácter. Ella era virgen. Las cosas sucedieron así:

"Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1:30-35)

Examinemos estas palabras en detalle. Hay mucho que aprender de ellas. El niño sería hijo propio de María. El ángel no dijo que ella iba a producir un cuerpo de carne para que un ser celestial habitara en él. El ángel dijo: "concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo". Estas palabras evidentemente debían tomarse en forma literal. Describen el comienzo de una nueva vida humana no la venida de un ser celestial a la tierra.

Además, si Jesús hubiera sido una persona celestial, millones de años mayor que María, ¿podría haber sido, en un sentido estrictamente verdadero, su hijo? Y sin embargo, Jesús era el hijo de María, y no una especie de hijo adoptivo extraordinario. Todos los evangelios se refieren a María como la madre de Jesús, y nunca como su madre adoptiva.

Por otra parte, aunque José, que más tarde fue marido de la madre de Jesús, es a veces llamado su padre, los hechos verdaderos no están en duda. Lucas se refiere a Jesús como: "hijo, según se creía, de José" (Lucas 3:23).

Jesús era verdaderamente hijo de María, no una persona celestial pretendiendo ser hijo de María. Como todo hijo, él se parecía a su madre en muchas formas. Eso era lo que hacía a Jesús un hombre real. Los hombres reales no viven en el cielo antes de nacer, y este hombre, Jesús, no lo hizo tampoco. Su concepción y nacimiento milagrosos fueron el comienzo de su existencia como persona.

La naturaleza humana es débil, y está llena de tentaciones. Jesús heredó de su madre la debilidad de la naturaleza humana.

Pero eso es sólo parte de la historia. El ángel estableció muy claramente que el hijo de María era también el Hijo de Dios: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1:35).

Jesús heredó también muchos rasgos de su Padre. Dios era su Padre y de Dios Jesús heredó el deseo de hacer siempre el bien. Esto fue lo que le ayudó a vencer la debilidad de su naturaleza humana a luchar contra la tentación y vencerla.

La niñez de Jesús

En las Escrituras encontramos muy poco acerca de la niñez de Jesús. Pero algo que sí encontramos es muy importante. Lucas describe la forma en que Jesús creció en los siguientes términos:

"Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres" (Lucas 2:52).

Aquellos que creen que Jesús era realmente Dios quedan un poco perplejos con este versículo. ¿Cómo puede crecer Dios en sabiduría y en gracia ante sí mismo? ¡La idea es completamente absurda! Es obvio que Lucas no creía que Jesús era Dios que estaba habitando en forma temporal el cuerpo de un niño.

¿Y qué de la otra idea que Jesús era un poderoso ángel celestial que residía en el cuerpo de un niño en crecimiento? Esta idea no es mejor que la anterior. Ese ángel, sin lugar a dudas, habría sido perfecto mucho antes de que viviera en la tierra. Un ángel en el cuerpo de un muchacho no podría "crecer en sabiduría y en gracia para con Dios".

Este versículo describe el crecimiento de una niño verdadero. Su cuerpo se desarrolló. Su provisión de sabiduría se incrementó gradualmente. Y su carácter maduró en forma tal que su Padre tuvo cada día mayor complacencia con él.

Su victoria sobre la tentación

Se dice que a veces los boxeadores y luchadores profesionales se reúnen antes de una pelea y se ponen de acuerdo. Hacen un pacto de no causarse heridas serias pero para complacer al público pretenden pelear fieramente. A veces hasta deciden quién ha de ganar esta pretensión de pelea, y como es de esperarse arreglan cómo han de compartir el dinero del premio.

Hay un palabra para describir para esta clase de decepción: ¡engaño!

La Biblia describe cómo el Señor Jesús libró una tremenda batalla contra las tentaciones humanas. El luchó contra la tentación todos los días y siempre resultó vencedor.

Todos sabemos lo que es la tentación. Si Jesús era un hombre verdadero, podemos entender la clase de lucha que él sostuvo. Pero si él era un ser celestial, usando un cuerpo humano, entonces no habría habido lucha alguna todo habría sido sólo un engaño.

Es imposible que Dios, o un ángel, sean tentados como nosotros. La Biblia dice que "Dios no puede ser tentado por el mal" (Santiago 1:13).

Sin embargo, acerca de Jesús la Biblia nos dice:

". . . tenemos un sumo sacerdote que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Hebreos 4:15).

En cierta ocasión, cuando Jesús estaba luchando contra la tentación, él dijo: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42).

Evidentemente Jesús tenía una voluntad propia que tenía que ser dominada para que la voluntad de Dios se hiciera. Si él era un hombre verdadero podemos entender este versículo. Pero el versículo no tiene sentido alguno si Jesús en realidad era Dios o un ángel en forma humana.¿Cómo alcanzó Jesús la perfección?

Hay dos formas completamente diferentes por medio de las cuales algo puede ser menos que perfecto. Es importante comprender la diferencia entre ambas formas.

Una casa vieja que está a punto de derrumbarse no es perfecta. Esto es debido a que está carcomida; hay muchas cosas que no están bien.

Una casa nueva a medio construir tampoco es perfecta. Pero es una clase de imperfección diferente. No hay nada malo con esta casa a medio construir, hasta cierto punto todo está bien. Pero todavía no está lista.

Jesús nunca fue imperfecto en el primer sentido de la frase. No había nada malo en él. El nunca pecó, ni siquiera una vez.

Sin embargo, su carácter tenía que desarrollarse gradualmente, como una casa en construcción, hasta que estuviera completo. En este sentido, él tenía que llegar a ser perfecto, como lo demuestran las siguientes citas bíblicas:

"Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación" (Hebreos 5:8,9).

"Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos" (Hebreos 2:10).

Nuevamente es evidente que hay algo supremamente errado con la idea popular de que Jesús era un ser celestial vestido con un cuerpo humano. ¿Podemos imaginarnos a tal ser aprendiendo la obediencia por medio de sus padecimientos? ¿Podemos concebir la idea de un ser así alcanzando la perfección a través del sufrimiento?

Claro que no. Tenemos en la Biblia la descripción de un hombre verdadero adquiriendo un carácter perfecto, paso a paso.

Si Jesús hubiera sido Dios mismo, o un poderoso ángel, hubiera sido perfecto mucho antes de venir al mundo. Pero las cosas no fueron así. La Biblia dice enfáticamente que Jesús sólo alcanzó por medio de sus sufrimientos en la tierra.

Su muerte en la cruz

La muerte del Señor Jesús presenta un problema adicional para aquellos que sostienen los puntos de vista más comunes acerca de su naturaleza. Dios no puede morir, dice la Biblia (Daniel 12:7; 1 Timoteo 6:16). Lo mismo es cierto con respecto a los ángeles (Mateo 22:30).

Todos sabemos, sin embargo, que Jesús murió en la cruz.

Hay quienes que consideran que tiene la respuesta a este problema. Dicen que sólo su cuerpo murió. El ser espiritual interior continuó viviendo.

Pero esta explicación no sirve. La Biblia dice que no fue sólo el cuerpo de Cristo el que murió, "derramó su vida hasta la muerte" (Isaías 53:12).

Y más aún, la Biblia muestra que Jesús temía la muerte tanto como nosotros. La muerte era una pavorosa experiencia para él, al igual que para nosotros.

"Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente" (Hebreos 5:7).

Esto es también fuerte evidencia de que Jesús no era ni Dios ni tampoco un ángel en forma humana. ¿Podría tal ser haber sufrido gran ansiedad ante la perspectiva de perder su cuerpo humano temporal?

Sin duda alguna que sólo un hombre verdadero, que estaba a punto de morir en realidad, se sentiría como Jesús en relación con la muerte.

¿Por qué está Jesús a la diestra del Padre?

En la actualidad Jesús está sentado a la diestra de Dios (Salmos 110:1, Hebreos 1:13). Con estas palabras, y en varias otras formas, la Biblia nos dice cuán grande es Jesús. El es la persona más importante de toda la creación, fuera de Dios mismo el Creador.

Supongamos ahora que se hace la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué es Jesús tan grande? ¿Por qué le ha dado Dios un lugar tan exaltado?

Los que creen que Jesús es Dios, o un ángel, tienen una respuesta sencilla. Dicen que Jesús siempre ha sido grande, él era un espíritu grande en el cielo antes de venir a la tierra. Después él regresó al lugar que le pertenece. El regresó al exaltado lugar de donde había venido.

Pero esa no es la respuesta de la Biblia.

La Biblia dice que Jesús se hizo grande después de su vida en la tierra. Dice que Jesús se hizo grande porque Dios le dio grandeza. Y nos dice, una y otra vez, que Dios le dio grandeza porque Jesús la mereció a causa de lo que hizo en la tierra.

"Pero vemos a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte" (Hebreos 2:9).

"Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre" (Salmos 91:14).

"Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros" (Salmos 45:7).

"y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo" (Filipenses 2:8,9).

Esta es, sin duda alguna, la prueba final y concluyente que Jesús es una hombre verdadero. Un hombre verdadero, pero sin embargo un hombre muy especial. El es el único hombre en toda la historia que ha derrotado a la tentación humana por completo. Es por eso que ahora él está sentado a la diestra de Dios.

Las cosas desde el punto de vista de Dios

En las páginas 3 y 4 consideramos las palabras de Jesús: "he descendido del cielo". Vimos también que esta clase de lenguaje se puede entender fácilmente en sentido figurado y no literal.

Ahora podemos llegar a una conclusión más concreta. A la luz de todas las claras enseñanzas que hemos estudiado, podemos estar seguros de que Jesús era un hombre verdadero. Si esto es así, su declaración de que descendió del cielo sólo se puede tomar en sentido figurado. Podemos estar seguros de esto. El evidentemente quería decir que su vida comenzó cuando el Dios del cielo hizo que en la tierra sucediera un poderoso milagro con su madre, María.

Esto todavía deja un cierto número de versículos enigmáticos. Tenemos, por ejemplo, las palabras de Juan 17:5 en que Jesús se refiere a "aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" y otros pasajes bíblicos donde ocurren expresiones similares. ¿Pueden ser estas expresiones lenguaje figurado?

Ciertamente que pueden ser lenguaje figurado. Pero para apreciar el significado de esos dichos debemos hacer un esfuerzo especial para ver las cosas desde el punto de vista de Dios.

Hay muchas diferencias entre Dios y nosotros. La diferencia que nos ocupa en este momento es esta. Para nosotros el futuro es desconocido, sólo podemos tratar de adivinar lo que ha de ocurrir mañana. Pero Dios conoce el futuro, para él el mañana es tan real como el presente es para nosotros. Es por eso que la profecía bíblica siempre se cumple.

Pablo comentó sobre esto en Romanos 4:17. El llamó la atención al hecho de que Dios dijo a Abraham en Génesis: "Te he puesto por padre de muchas gentes".

Hay que notar que dice "te he puesto" y no "te pondré". En esa época Abraham tenía sólo un hijo. Pero cuando Dios hace una promesa, esa promesa es segura. Se puede considerar como cumplida ya. Cuando un hombre hace una promesa dice: «Haré esto o aquello». Pero Dios, por medio de sus profetas, con frecuencia dice acerca del futuro: «He hecho tal o cual cosa», cuando lo que quiere decir es que sin duda lo ha de hacer.

En la segunda parte de Romanos 4:17 Pablo saca la misma lección y dice: "y llama las cosas que no son, como si fuesen". Para Dios el futuro es real

Con un poco de ayuda del apóstol Pablo hemos establecido un principio importante. Para nosotros, sólo el pasado y el presente son reales. El futuro está escondido de nuestra vista.

Pero Dios es diferente. El puede ver el futuro perfectamente. El futuro es tan real para Dios como el presente es para los hombres. Dios puede hablar del futuro como si ya hubiera ocurrido.

Hay muchos pasajes en la Biblia donde Dios hace esto. A continuación tenemos tres ejemplos:

(1)"Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué" (Jeremías 1:4,5).

Por lo tanto, Dios conoció a Jeremías antes de que el hombre naciera. Obviamente, este es lenguaje figurado. No significa que Jeremías en realidad existía antes de su nacimiento. Significa que Dios podía mirar al futuro y ver a Jeremías antes de que naciera. Expresado en otras palabras, antes de que Jeremías naciera él existía en la mente de Dios.

(2)"según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habién donos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad" (Efesios 1:4,5).

No sólo a Jeremías; Dios también conocía a los miembros de su iglesia antes de que nacieran. Esto también es lenguaje figurado, basado en el conocimiento de Dios del futuro. En la segunda frase de esta cita Pablo muestra claramente lo que quería decir en lenguaje literal: "según el puro afecto de su voluntad".

(3)"ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros" (1 Pedro 1:20).

En la anterior cita, la palabra 'destinado' es interesante. Es la traducción de una palabra griega que significa "conocido por anticipado". De esa palabra nos han llegado al castellano: prognosis y pronóstico.

Prognosis es una palabra asociada por lo general con la medicina. Es un conocimiento anticipado de un suceso. Por ejemplo, un médico puede decir: «Este paciente tiene cáncer en el estómago. Mi prognosis es que continuará sangrando y posiblemente ha de morir en cuestión de un mes.»

Los médicos, por supuesto, cometen errores. Admiten que sus prognosis, al igual que los pronósticos del tiempo, con frecuencia salen errados. Dios es diferente. El ciertamente que conoce las cosas por anticipado. Una prognosis de Dios es absolutamente cierta.

Uno de los versículos citados anteriormente, entonces, nos dice que antes de que creara el mundo Dios sabía todo acerca de Jesús. Esto es de esperarse. También vimos en una de las otras citas que Dios sabía todo acerca de los primeros cristianos antes de la creación del mundo.

Jeremías, la primera iglesia y el Señor Jesús. Todos estaban ya en la mente de Dios, desde el comienzo del tiempo.

Por lo tanto no es de sorprender que Jesús dijera a su Padre celestial: "Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese". (Juan 17:5).

Ahora pues sabemos lo que él quería decir con estas palabras.

Dios el gran planificador

Cuando el hombre se propone hacer algo importante, comienza con el desarrollo de un plan.

Antes de lanzar un ataque el comandante de un ejercito prepara un plan de batalla y lo revela a sus generales. Antes de que se construya un edificio importante, un arquitecto tiene que hacer los planos.

Los planes de los hombres con frecuencia no se llevan a cabo. El enemigo puede realizar un movimiento sorpresivo que haga imposible que los generales comiencen el ataque. El edificio puede resultar demasiado costoso y los planes y los planos del arquitecto tienen que abandonarse.

Pero nada puede prevenir que Dios realice su plan con el mundo. Como ya hemos visto, él habla de su plan como si ya estuviera consumado, aun antes de comenzar a llevarlo a cabo.

El Antiguo Testamento tiene un nombre para el plan de Dios. Lo denomina: la sabiduría de Dios. Un diccionario bíblico describe la sabiduría en el Antiguo Testamento como "el irresistible cumplimiento de lo que Dios tiene en mente".

Esa es una buena definición. Se encaja perfectamente con el siguiente pasaje del Antiguo Testamento:

"¿No clama la sabiduría, y da su voz la inteligencia? A la entrada de las puertas da voces Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra" (Proverbios 8:1-23).

En otras palabras, antes que Dios comenzara su obra con este mundo él tenía su plan la sabiduría, como los judíos lo denominaban.

Los griegos que creían en muchos dioses, pero no en el Dios de la Biblia le daban a este plan un nombre diferente: logos, que se traduce como 'Verbo' o 'Palabra'. El mismo diccionario bíblico describe 'logos' como "el plan de Dios y el poder creativo de Dios".

Esto es muy útil ya que nos ayuda a comprender el capítulo primero del evangelio de Juan. Juan parece haber combinado la idea griega de la Palabra de Dios con la idea judía de la sabiduría de Dios. El evangelio de Juan comienza así: "En el principio era el Verbo". En otras versiones: "En el principio la Palabra existía" (versión Biblia de Jerusalén).

Hay mucha gente que no puede sacarle sentido a este pasaje. Otros creen que pueden entenderlo pero sacan una conclusión errónea, puesto que consideran que el Verbo es un ser viviente. Las palabras Verbo y Palabra tienen diferente géneros, una es masculina y la otra femenina. En el original en griego la palabra 'logos' es neutra.

Si pensamos en Plan en vez de Verbo (o Palabra), esto es lo que sacamos de Juan 1:

"En el principio era el Plan, y el Plan era con Dios, y el Plan era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por el Plan fueron hechas, y sin el Plan nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En el Plan estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres Y aquel Plan fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." (Juan 1:1-14).

Estas palabras de Juan resumen la enseñanza bíblica en forma exquisita. Jesús existía en el cielo desde el principio pero no como persona. El existía como una gran idea en la mente de Dios, como la parte central del plan de Dios. No existió como persona sino hasta cuando nació en Belén. Entonces, como Juan dice: el plan fue hecho carne.

El honor que se debe a Jesús

Ahora que ya hemos visto lo que la Biblia realmente enseña acerca de Jesús podemos comenzar a darle honor, como quizás no lo hacíamos antes. Por qué esto es así se hace evidente si reconsideremos lo que hemos planteado.

Vimos que hay dos clases de lenguaje en la Biblia. Hay lenguaje literal, que significa exactamente lo que dice. Y hay lenguaje figurado, que tiene un significado más profundo del que parece a primera vista.

Cuando Jesús dijo que había descendido del cielo él nunca había estado personalmente en el cielo. Sus palabras no podían ser literalmente ciertas, sino que debían tener un significado figurado.

Puesto que Dios lo sabe todo él puede ver el futuro. Cuando Dios todopoderoso decide hacer algo ya se puede considerar como hecho. Antes de que creara el mundo Dios hizo un plan. Jesús fue el comienzo de ese plan, y la parte más importante de él. Los seguidores de Jesús también forman parte del plan. Las Escrituras se refieren tanto a ellos como a su Señor como si existieran antes de la creación del mundo.

Por supuesto que ni Jesús ni sus seguidores estaban vivos en ese entonces. Sólo existían en la mente de Dios como parte de su plan. En este sentido figurado todos ellos estaban en el cielo desde el principio de la creación.

Pero la vida real de Jesús sólo comenzó cuando nació en Belén. Su nacimiento fue un milagro. Dios fue su Padre, y María, una virgen, fue su madre.

Ella fue su madre verdadera, y Jesús fue tan hijo verdadero de ella como lo era de Dios. Debido a esto Jesús fue un hombre verdadero. Esto significa que sufrió las mismas tentaciones de pecar como cualquier otra persona.

Pero él conquistó la tentación, en forma absoluta. Llevó una vida libre de pecado y desarrolló un carácter perfecto. Como galardón por esto, Dios lo resucitó de entre los muertos y lo hizo la persona más importante del universo, después de sí mismo.

Si agradó a Dios dar tal honor a Jesús, nosotros también debemos honrarlo por las mismas razones. Debemos estar en capacidad de dirigir nuestra vista al cielo y decir a Dios:

Padre celestial, tu Hijo tuvo que luchar contra la tentación, lo mismo que yo tengo que hacerlo. El sabe cómo me siento.

Pero él ganó todas las batallas que tuvo contra la tentación, mientras que yo con frecuencia las pierdo. Señor, admiro su inmensa victoria y deseo que yo pudiera seguir su ejemplo mucho mejor que como lo hago ahora.

Pero yo soy débil, Señor. Ten misericordia de mí y ayúdame. Ayúdame a imitar a tu Hijo. Ayúdame a tratar de todo corazón de seguirle. Ayúdame a amarle, honrarle y obedecerle.

Dios Todopoderoso, tu Hijo pasó por esta vida de sufrimiento y muerte. Yo se que él me comprende, Señor, y por tanto te pido tu ayuda por medio de él. Yo sé que tú me escucharás.

ACERCA DE LA "PREEXISTENCIA" DE JESUCRISTO



Varios pasajes bíblicos parecen implicar que Jesucristo existió en alguna forma en el cielo antes de aparecer aquí en la tierra. La mayoría de estos pasajes se encuentran en el Evangelio de Juan. Por ejemplo:

"Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió." (Juan 6:38)

¿"Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?" (Juan 6:62)

"De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy." (Juan 8:58)

"Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese." (Juan 17:5)

Se argumenta que estas afirmaciones son claras y debemos aceptar la enseñanza bíblica de que Jesús vivió anteriormente en el cielo. Es cierto que los pasajes son claros, pero eso no significa necesariamente que debemos tomarlos en sentido literal. Hay otros pasajes bíblicos que son tan claros como estos, y sin embargo no los tomamos en sentido literal, aunque frecuentemente las personas que oyeron las palabras no sabían inicialmente cómo tomarlas. Muchos de estos pasajes también se encuentran en el Evangelio de Juan. Por ejemplo:

"Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?" (Juan 2:19-20)

"Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" (Juan 3:3-4)

"Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla." (Juan 4:13-15)

"Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra." (Juan 4:34)

"Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera." (Juan 6:50)

"Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti..." (Mateo 18:9)

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." (Lucas 9:23)

"Con Cristo estoy juntamente crucificado..." (Gálatas 2:20)

De la misma manera que no tomamos las anteriores afirmaciones en sentido literal, tampoco debemos tomar en sentido literal las afirmaciones de que Jesús vivió en el cielo antes de nacer en la tierra. En primer lugar, la Biblia afirma que Jesús es un hombre (ver Isaías 53:3, Juan 1:30, Juan 8:40, Hechos 2:22, Hechos 17:31, Romanos 5:15, 1 Corintios 15:21, 1 Corintios 15:47). Los hombres y mujeres comenzamos nuestra existencia cuando nacemos. En el caso de Jesús, Mateo y Lucas nos informan que María la madre de Jesús concibió por el poder del Espíritu de Dios, y Mateo nos habla del momento en que "Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes" (Mateo 2:1). Si Jesús no nació en forma real y normal en ese momento, ¿en qué sentido puede ser hijo de Abraham y de David, o incluso de María? Lucas nos dice que el niño Jesús "crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." (Lucas 2:52) ¿Cómo puede haber crecido en sabiduría si antes de nacer ya era un ser celestial dotado de toda sabiduría? Y si Jesús abandonó toda su sabiduría y conocimiento anterior para nacer en la tierra como hombre, ¿cómo pudo seguir siendo la misma persona? ya que la esencia de cualquier persona es la totalidad de las experiencias y sabiduría adquirida en el transcurso de su vida. También el autor de la Epístola a los Hebreos dice que Jesús fue perfeccionado y aprendió la obediencia por medio de sus experiencias aquí en la tierra (Hebreos 2:10, 5:8), pero ¿cómo puede haberse perfeccionado aquí si antes de nacer ya era un perfecto y poderoso ser celestial?

Existía entre los judíos la idea de que un buen maestro "venía de Dios," pero no en el sentido de haber vivido en los cielos con Dios antes de nacer. Por ejemplo, en Juan 3:2 Nicodemo le dice a Jesús: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él." Sin embargo, no hay evidencia de que Nicodemo creyera que había existido literalmente en los cielos antes de nacer.

Si la Biblia aparentemente insinúa que Jesús vino del cielo, dice lo mismo acerca de otros hombres. Por ejemplo, Juan 13:3 dice que Jesús "había salido de Dios," y en Juan 16:28 Jesús dice "Salí del Padre, y he venido al mundo." Estas palabras son tomadas comúnmente como evidencia de la preexistencia de Jesús en el cielo, pero Juan 1:6 dice: "Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan." La frase afirma literalmente que Juan vino de la presencia de Dios, al igual que Jesús, pero nadie sostiene que Juan haya preexistido en el cielo.

Otro caso más claro aún es el del profeta Jeremías. En Jeremías 1:5 la palabra de Jehová vino al profeta diciendo, "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te dí por profeta a las naciones." Estas palabras, tomadas literalmente, implican que Jeremías existía antes de nacer, pero nadie las toma en ese sentido. Significan que antes que el profeta naciera, Jehová ya sabía cómo sería y ya había decidido que cuando naciera lo nombraría como profeta a las naciones. Antes de nacer, Jeremías existía solamente en la mente y en el plan de Dios, quien conoce todas las cosas antes que existan. De la misma forma, Dios dice en Isaías 51:2 que "cuando [Abraham] no era más que uno solo lo llamé, lo bendije y lo multipliqué." Como ya había decidido que Abraham tendría una descendencia numerosa, habló de aquello como si ya fuera una realidad desde que lo decidió (ver también Isaías 46:10, 49:1-3, Romanos 4:17). El salmista dice: "Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas" (Salmos 139:16). Incluso en la esfera puramente humana, cuando un arquitecto se propone construir un edificio, primero hace una maqueta, y posiblemente la presenta diciendo: "Este es el edificio X," cuando todavía no es más que un proyecto.

El Nuevo Testamento dice que Dios escogió a los creyentes cristianos antes que nacieran, hablando como si ya existieran. En Efesios 1:4 Pablo dice que Dios "nos escogió en él [Cristo] antes de la fundación del mundo," lo que implica que si Cristo existía en aquel entonces, también existían las demás personas que iban a creer en él. En realidad, Pablo está hablando de la predestinación, el hecho de que Dios conoce de antemano quiénes van a nacer y qué papel harán en su plan y propósito. Unos versículos más adelante, en Efesios 1:11, el apóstol dice en forma explícita: "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad." También dice en Romanos 8:29-30: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos." Dirigiéndose a Timoteo, Pablo habla de la "gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos" (2 Timoteo 1:9), como si todos los creyentes ya existieran en aquel entonces. De la misma forma el apóstol Pedro explica las alusiones a la supuesta "preexistencia" de Jesucristo diciendo que fue "ya destinado antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros" (2 Pedro 1:20).

En lo que se refiere a la "gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:5), es obvio que Jesús no pudo haber gozado de esa gloria aunque realmente existiera en aquel entonces, puesto que las Escrituras enfatizan que sólo se hizo merecedor de esa gloria al completar en la cruz su victoria sobre el pecado. El escritor a los Hebreos dice:

"Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos." (Hebreos 2:9)

En Hechos 3:13, refiriéndose a la resurrección y ascensión de Jesús al cielo, Pedro dice:

"El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad."

En su primera epístola, Pedro dice que Dios "resucitó [a Jesús] de los muertos y le ha dado gloria..." (1 Pedro 1:21).

Jesús mismo, hablando a dos discípulos en el camino a Emaús, enfatiza que su glorificación era posterior a sus sufrimientos, diciendo:

"¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?" (Lucas 24:26; ver también Juan 7:39, Juan 12:16)

Los anteriores pasajes demuestran que Jesús no pudo haber gozado literalmente de gloria antes de su nacimiento, porque solamente podía recibirla después de haber terminado su ministerio en forma exitosa. Tanto la existencia de Jesús antes que el mundo fuese, como su glorificación, solamente pudieron haber existido en forma anticipada en la mente y propósito de Dios. Este propósito fue a menudo revelado por medio de los profetas. Hablando de lo que le iba a acontecer, el Señor dice, "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él..." (Mateo 26:24). Los pasajes que son citados para apoyar la idea de la supuesta "preexistencia" de Jesucristo no indican que realmente viviera en el cielo antes de nacer. Simplemente enfatizan en lenguaje figurado el hecho de que la aparición del Señor Jesús en la tierra no fue una cosa fortuita sino un acontecimiento que fue determinado y autorizado por su Padre celestial desde antes de la creación del mundo.

lunes, 4 de noviembre de 2019

"No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará al Reino de los Cielos"

Escudriñando los dichos de Jesús el Cristo..

"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en el cielo" (Mateo 7:21)

Notamos varias cosas en este versículo bíblico, y para entenderlo bien tenemos que saber que quien está hablando aquí es Jesús, el Hijo de Dios. Es a él a quien estarían llamando "Señor, Señor"..Él está hablando del reino de los cielos, que es lo mismo que el reino de Dios. Se está refiriendo al Mundo venidero, al reino que será establecido en la tierra cuando Jesús regrese. No está hablando de algo etéreo que esté en el corazón de los hombres, ni de ningún lugar "mas allá del sol", se trata de un reino literal, de un gobierno real aquí mismo en la tierra, donde se hará la voluntad del PADRE que está en el Cielo, aquí en la tierra como se hace en el cielo"

"Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre.
Venga tu Reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:9-10)

Ese reino no existe en la tierra en la actualidad, sino que tenemos que orar pidiendo que que venga, que sea establecido..Cuando el ángel del Eterno anunció el nacimiento de Jesús, hizo a siguiente predicción:

"Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y le dará el Señor Dios el trono de David su padre; y reinará en la Casa de Jacob por siempre; y de su Reino no habrá fin". (Lucas 1:32-33)
Aquí la clave es "reinará sobre la casa de Jacob [Israel] para siempre" ¿Por lo que sabemos, Jesús no está reinando actualmente en Israel, en Jerusalem, "la ciudad del gran rey" (Salmo 48:2; Mateo 5:35). De modo que ese reino está todavia en el futuro, todavia por venir.

EL PADRE está en el cielo.
En la cristiandad extraviada, tienden a confundir a la gente enseñando doctrinas falsas acerca del Padre, de Dios. La gente piensa que Dios es una especie de deidad con tres cabezas, cada una de las cabezas es Dios, pero es una sola cabeza. Sin embargo, Jesús no pensaba ni enseñaba tal aberración. Para él, Dios, el Todopoderoso, era su PADRE y su DIOS. Él estaba claro acerca de su relación con el Padre, sabía y enseñaba que era "Hijo del Altísimo" (Salmo 83:18) y no el Altísimo mismo, ni parte integral de alguna deidad de tres cabezas. Pablo expresa esa relación de la siguiente manera:

"el Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza del Cristo." (1 Corintios 11:3).

Pablo estaba hablando de una relación basada en autoridad. El Cristo es autoridad sobre el hombre (el varón), el varón es la autoridad sobre la Mujer, y Dios (el Padre Todopoderoso) es la Autoridad sobre el Cristo y sobre todos. Dios es Dios, y Jesús es Jesús, el varón es varón y la Mujer es Mujer. No hay nada misterioso o inexplicable sobre eso como en el llamado "dogma de la trinidad".

HACIENDO LA VOLUNTAD DEL PADRE.
Jesús el Cristo siempre hizo la voluntad de su Padre, aún cuando esa voluntad era morir en la cruz. Cuando le llegaba su hora, oró al PADRE diciendo:

"Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú" (Marcos 14:36). Pablo explica que Jesús se hizo "obediente (al PADRE) hasta la muerte, y muerte de cruz"..El autor de la carta a los Hebreos, añade:

"Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (Hebreos 5:7-8).
En el Salmo 40;8 estaba escrito proféticamente acerca de el Cristo:
"El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,
Y tu ley está en medio de mi corazón[.
El Cristo llama a Su Padre "Dios mío", y era su agrado hacer la voluntad de Su Padre. Jesús es nuestro Modelo, nuestro ejemplo, si queremos agradar a Dios tenemos que serles agradables y hacer Su voluntad, aún cuando esa voluntad requiera padecer por serles obedientes.

Jesús dijo: "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra". JESÚS tenía bien claro que la voluntad del que le envió, del PADRE, era "acabar Su Obra", es decir, poner en marcha la fase final del gran plan de redención, el cual quedará consolidaddo cuando él regrese para establecer el Reino de Dios sobre la tierra, comenzando desde Jerusalem, "la ciudad del gran rey".-

LLAMAR A JESÚS "SEÑOR, SEÑOR" NO ES SUFICIENTE.

Son muchos los que le llaman "Señor", pero,¿hacen todos la voluntad de Su Padre que está en el cielo? Están todos tratando fielmente de serles agradables al Padre obedeciendo sus mandamientos? La respuesta lamentablemente es no. La cristiandad se ha extraviado y se ha enmarcado en sistemas de religión con dogmas y doctrinas diversas y contradictorias. La Cristaianda extraviada deja mucho que desar y no está haciendo la voluntad del Padre que envió a Jesús. Ni siquiera estan haciendo ni enseñando lo que Jesús hizo y enseñó. Llamar a Jesús "Señor" implica obediencia y pureza en la enseñanza..ver a Jesús como el Hijo de Dios y no como "dios el Hijo"...es ver a Jesús como totalmente hombre, y no como un ser híbrido, mitad hombre y mitad dios. Lllamar a Jesús "Señor, Señor" implica ser obedientes a Dios y a Su Palabra, vivir en sumisión a la voluntad del Padre como vivió Jesús, andar como él anduvo. La voluntad de Dios es que creamos en su Hijo por lo que es,no por lo que los dogmas dicen que es, y que creyendo en él obtengamos la redención, el perdón de nuestros pecados.
Jesús declaró: "Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les digo"..Oir y obedecer la voz de Jesús el Cristo, como ovejas es la voluntad del que lo envió. "Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo le s doy vida eterna"...Esa es la voluntad de Dios que oigamos la voz de Jesús y sigamos en pos de él como el Representante legítimo del Padre que lo envió, lo ungió y lo hizo "Señor y Cristo". Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino es por el espíritu de santidad. Haciendo así entraremos en el reino de los cielos en el Mundo Venidero.

Yosef Rodriguez

¿ESTÁS SEGURO DE QUE JESÚS FUNDÓ TU IGLESIA?

  ¿ESTÁS SEGURO DE QUE JESÚS FUNDÓ TU IGLESIA? Uno de los serios problemas que enfrentamos es que, todo cristianismo sea católico, ortodoxo,...