NUNCA EXISTIÓ "EL TEXTO ORIGINAL" DE LA BIBLIA COMO NOS ENSEÑARON...

 

¿Te incomoda esta frase?

𝐍𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐢𝐨́ “𝐞𝐥 𝐭𝐞𝐱𝐭𝐨 𝐨𝐫𝐢𝐠𝐢𝐧𝐚𝐥” 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐁𝐢𝐛𝐥𝐢𝐚 𝐭𝐚𝐥 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐨𝐧.
No digo que se haya perdido. Digo algo mucho peor para ciertas seguridades religiosas: la evidencia muestra que, en muchos casos, nunca hubo uno solo.
Durante siglos se nos repitió una historia tranquilizadora: un autor inspirado hizo un manuscrito inicial y luego hubo una cadena de copias casi milagrosamente idénticas. ¿Cierto?
Esa historia no nace de los manuscritos. Nace de la necesidad moderna de orden, control y uniformidad. 𝐄𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 𝐦𝐨𝐫𝐭𝐚𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐚 𝐡𝐢𝐩𝐨́𝐭𝐞𝐬𝐢𝐬 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐠𝐮𝐨 𝐧𝐨 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐛𝐚 𝐚𝐬𝐢́.
Cuando uno deja el púlpito, cierra el manual doctrinal y abre los manuscritos reales, la Biblia aparece tal como fue: un corpus textual vivo, múltiple, en movimiento. Y eso no es una opinión. Es un hecho documentado.


Tomemos un caso brutal: Jeremías.
No hablamos de variantes menores. Hablamos de dos ediciones completas del mismo libro, coexistiendo durante el período del Segundo Templo. Una versión es aproximadamente un 12–15 % más larga que la otra (6,000 palabras de diferencia entre una y otra versión, ambas originales, ambas en hebreo!). El orden de los oráculos cambia. Secciones enteras aparecen en lugares distintos. Y lo decisivo: ambas versiones existían en hebreo, antes de cualquier traducción griega.
Entonces, la pregunta que nadie quiere formular en iglesias, seminarios ni púlpitos es inevitable:
¿Cuál de las dos es “el original”?
¿La más larga porque “tiene más”?
¿La más corta porque “es más primitiva”?
¿O seguimos fingiendo que existe un único manuscrito perfecto perdido en el cielo de los manuscrítos?
La Crítica Textual no responde con fe ciega ni con dogmas. Responde con datos y los datos dicen algo incómodo: 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐭𝐞𝐠𝐨𝐫𝐢́𝐚 “𝐭𝐞𝐱𝐭𝐨 𝐨𝐫𝐢𝐠𝐢𝐧𝐚𝐥” 𝐧𝐨 𝐬𝐢𝐫𝐯𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐢𝐫 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐛𝐢́𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚.
Veamos otro ejemplo. El Pentateuco.
Durante generaciones se repitió que el Pentateuco Samaritano era una versión tardía, manipulada, sectaria. Hasta que se hallaron los manuscritos de Qumrán y estos arruinaron aquel relato. Los manuscritos del desierto demostraron que muchas de esas lecturas ya circulaban dentro del judaísmo, sin relación alguna con los samaritanos. Eran textos pre-samaritanos, plurales, aceptados, usados.
¿Resultado?
𝐍𝐨 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐢́𝐚 𝐮𝐧 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐏𝐞𝐧𝐭𝐚𝐭𝐞𝐮𝐜𝐨, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐯𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐬 𝐥𝐞𝐠𝐢́𝐭𝐢𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐭𝐞𝐱𝐭𝐨, 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐦𝐢𝐭𝐢𝐝𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐢𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬. 𝐍𝐨 𝐡𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐞𝐬𝐜𝐚́𝐧𝐝𝐚𝐥𝐨. 𝐍𝐨 𝐡𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐜𝐫𝐢𝐬𝐢𝐬 𝐝𝐞 𝐟𝐞. 𝐇𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐯𝐢𝐯𝐚.
Incluso libros narrativos como Samuel muestran que la versión griega antigua no es un capricho del traductor, sino el reflejo de una Vorlage hebrea distinta de la que más tarde se fijó como Texto Masorético.
Esto es importante: pluralidad, no corrupción.
Y aquí entra un punto clave que muchos prefieren callar:
𝐥𝐚 𝐨𝐛𝐬𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐮𝐧 𝐭𝐞𝐱𝐭𝐨 𝐚𝐛𝐬𝐨𝐥𝐮𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐢𝐣𝐨 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐛𝐢́𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚, 𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐞́𝐩𝐨𝐜𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐣𝐮𝐝𝐚𝐢́𝐬𝐦𝐨 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐞𝐯𝐚𝐥. La fijación extrema del texto surge cuando el judaísmo y el cristianismo enfrentan crisis identitarias, cierres de canon, disputas de autoridad. Antes de eso, el texto respiraba.
Esto no lo dicen “herejes digitales”.
Lo afirman los mayores especialistas del mundo, entre ellos Emanuel Tov, profesor emérito de la Universidad Hebrea de Jerusalén y autoridad mundial indiscutida en Crítica Textual de la Biblia Hebrea. 𝐒𝐮𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐨𝐬 𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐞, 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐥𝐨𝐬, 𝐥𝐚 𝐁𝐢𝐛𝐥𝐢𝐚 𝐟𝐮𝐞 𝐩𝐥𝐮𝐫𝐢𝐟𝐨𝐫𝐦𝐞, 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐚 𝐩𝐥𝐮𝐫𝐢𝐟𝐨𝐫𝐦𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐞𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐫𝐦𝐚.
Entonces, seamos honestos:
cuando alguien proclama “yo creo en el texto original de la Biblia”, casi nunca cree en un texto histórico. Cree en una construcción teológica moderna, proyectada hacia atrás para tranquilizar conciencias.
La fe que necesita negar la evidencia no es fe, es miedo.
En LIMUD® no hacemos teología del miedo.
No protegemos a la Biblia de los manuscritos.
No le tenemos pánico a las variantes.
No huimos de la historia.
Porque sabemos algo elemental: un texto que sobrevivió miles de años no necesita ser defendido con fanatismo religioso.
La Crítica Textual no pregunta “¿qué versión me gusta más?”, ni “¿qué lectura confirma mi doctrina?”. Pregunta algo mucho más peligroso:
¿qué lectura explica mejor el surgimiento de las otras?
¿qué variante es más antigua?
¿qué edición refleja un estadio previo del texto?
Eso exige método. Exige formación. Exige abandonar slogans religiosos y asumir disciplina intelectual.
Por eso incomodamos.
Por eso no somos populares en ciertos círculos.
Y por eso, también, somos necesarios.
La Biblia no se debilita cuando cae el mito del texto perfecto.
Se tenía que decir y se dijo!
Dr. César Silva®.
Director de LIMUD®.
Especialista en Biblia Hebrea.
Publicación basada en el libro de Emanuel Tov, Textual Criticism of the Hebrew Bible.

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