Contribución de "Teología Crítica Latinoamericana".
Existe una historia muy popular sobre el origen del diablo: que era un ángel bueno, creado por Dios, que por soberbia se rebeló y fue expulsado al infierno. Esta versión aparece en catecismos, predicaciones y hasta en el cine. Sin embargo, esa historia no está en la Biblia. Proviene de libros apócrifos, es decir, textos que el pueblo judío o la Iglesia no aceptaron como parte de las Escrituras.
Este estudio, basado en el documento que compartiste, busca explicar de manera clara y sencilla de dónde salió realmente la idea del diablo, por qué existen tres versiones distintas sobre su caída, y por qué ninguna de ellas aparece en el Antiguo Testamento como tal.
1. El problema que dio origen a la idea del diablo
Los antiguos israelitas se enfrentaban a distintos males: ataques de animales, guerras, enfermedades. Algunos de esos males tenían una causa clara. Pero otros parecían no tener explicación (una muerte repentina, un accidente extraño). Como no querían pensar que esos males venían de Dios, concluyeron que existían fuerzas malignas responsables de ellos: los "espíritus impuros" o demonios, gobernados por un jefe supremo al que llamaron con distintos nombres (Satán, Mastema, Belial, Belcebú, entre otros).
2. La llegada de la cultura griega y el problema teológico
Al principio, los judíos simplemente aceptaban la existencia de esos demonios sin preguntarse su origen, aunque mucha influencia vino de la religión persa. Pero hacia el año 300 a.C., con la conquista de Alejandro Magno, entró en escena la cultura griega, que también creía en demonios, aunque los consideraba seres casi divinos, al mismo nivel que sus dioses.
Esto obligó a los judíos a aclarar su postura: para ellos solo existía un Dios supremo, así que los demonios tenían que ser criaturas inferiores creadas por Él. Pero surgió una nueva pregunta incómoda: ¿cómo pudo Dios crear seres malvados, si el Génesis dice que todo lo que hizo era bueno? La respuesta fue que Dios los creó buenos (como ángeles), y ellos, por su propia voluntad, se volvieron malos.
Esto llevó a una tercera pregunta, todavía más difícil: ¿qué pecado cometieron exactamente esos ángeles? Y aquí nacieron tres versiones distintas.
3. Primera versión: el pecado sexual (Libro de Henoc, c. 200 a.C.)
Basándose en un pasaje extraño de Génesis 6,1-4 (donde "hijos de Dios" se unen con mujeres humanas y engendran gigantes), se compuso la historia recogida en el 1er Libro de Henoc. Según este relato, doscientos ángeles, liderados por Semyasa, bajaron a la tierra atraídos por la belleza de las mujeres. De esa unión nacieron gigantes que devoraban todo, incluyendo humanos. Dios envió a los arcángeles Uriel, Rafael y Miguel para encerrar a esos ángeles rebeldes hasta el juicio final. Los espíritus de los gigantes muertos quedaron vagando por la tierra como demonios.
Esta versión se repitió en otros libros apócrifos: el Libro de los Jubileos, el Testamento de los Doce Patriarcas y el 2º Libro de Baruc.
4. Segunda versión: el pecado de envidia (Vida de Adán y Eva, c. 100 a.C.)
Algunos judíos consideraron poco decoroso atribuir un pecado sexual a seres espirituales, así que surgió otra explicación. Según esta, cuando Dios creó a Adán a su imagen, ordenó a los ángeles que lo adoraran. Miguel obedeció, pero Satanás se negó por envidia y orgullo, alegando que él había sido creado antes y era superior a Adán. Como castigo, fue expulsado del cielo junto a los ángeles que lo siguieron.
Esta versión resultaba más coherente: encajaba mejor con la naturaleza espiritual de los ángeles y explicaba por qué Satanás se dedica a tentar a los humanos (por envidia hacia la felicidad que Adán conservaba en el Paraíso).
5. Tercera versión: el pecado de soberbia (2º Libro de Henoc, c. 50 d.C.)
Un himno del profeta Isaías (14,4-15), que originalmente celebraba la caída de un rey de Babilonia orgulloso llamado "Lucero" (en latín, Lucifer), fue reinterpretado por algunos judíos como una descripción de la caída de Satanás. Según esta lectura, Satanás quiso "ser como Dios", se rebeló por soberbia y fue arrojado al sheol (el inframundo). De este malentendido nace el uso del nombre "Lucifer" para referirse al diablo, aunque en el texto original de Isaías no tiene nada que ver con él.
6. Lo que realmente dice el Nuevo Testamento
De las tres versiones, el Nuevo Testamento solo recoge la primera, la del pecado sexual, y lo hace dos veces:
- Judas 6-7 (c. año 90): habla de ángeles que abandonaron su lugar y fueron encadenados, comparándolos con Sodoma y Gomorra.
- 2 Pedro 2,4 (c. año 125): dice que Dios no perdonó a los ángeles que pecaron y los encerró en el Tártaro hasta el juicio.
Es importante notar que estos autores no estaban afirmando que ese hecho ocurrió históricamente; lo mencionan como ejemplo de que Dios castiga el pecado, igual que mencionan otros relatos legendarios (el diluvio, la destrucción de Sodoma, la esposa de Lot convertida en sal).
7. Lo que enseñó después la Iglesia
Curiosamente, la tradición cristiana posterior abandonó la única versión que sí aparece en el Nuevo Testamento (la sexual) y adoptó la de la soberbia, que pasó a los catecismos desde el Concilio de Trento (1566) hasta el catecismo de san Pío X (1973), resumida en seis puntos: los ángeles fueron creados buenos, sometidos a una prueba, algunos cayeron por soberbia, fueron expulsados y son ahora enemigos de Dios y de los hombres.
El Catecismo de la Iglesia Católica de 1993 no resolvió el problema: mezcla las tres versiones apócrifas (números 391-395), citando el pecado sexual de 2 Pedro, pero hablando también de soberbia y de envidia.
Conclusiones
1. La Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) no contiene una historia unificada sobre el origen del diablo. Las tres versiones conocidas (pecado sexual, envidia y soberbia) provienen de libros apócrifos, no de las Escrituras canónicas.
2. El Nuevo Testamento solo menciona una de las tres versiones (la sexual), y lo hace de forma incidental, sin afirmar que sea un hecho histórico comprobado.
3. La versión más popular hoy (la de la soberbia y la expulsión del cielo) es, paradójicamente, la menos respaldada por el texto bíblico, y su fuerza proviene de una mala interpretación de un himno de Isaías dirigido a un rey babilonio, de donde también surge el nombre "Lucifer" aplicado al diablo.
4. El desarrollo de la figura del diablo responde a una necesidad teológica: explicar el origen del mal sin atribuírselo directamente a Dios, en un contexto de contacto cultural con el pensamiento griego.
5. El documento cierra con una reflexión pastoral: entender esto no debería generar temor, sino invitar a asumir la responsabilidad personal sobre el mal, en lugar de atribuirlo únicamente a una fuerza externa.
INSTITUTO DE TEOLOGÍA CRÍTICA
HAROLD ALIAGA & YOSEF ROMERO
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