domingo, 20 de octubre de 2019

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO/ ÚNICA ESPERANZA CRISTIANA

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Introducción

Esperanza es la característica peculiar del evangelio. Otros sistemas se jactan de principios morales, los cuales se espera que el juicio apruebe y el entendimiento aplique en la formación del carácter.


Pero el evangelio supera estos sistemas en su poder de producir los resultados que ellos buscan, por medio de un elemento del cual todos los esquemas de sabiduría humana están necesariamente carentes.


En teoría la moralidad puede influir en las mentes superiores; pero carece del poder de levantar al caído o desarrollar frutos morales en las mentes naturalmente estériles. Apela a la mente instruida y a la aspiración moral; por tal razón es impotente con la vasta mayoría de la humanidad.



El Evangelio es Racional

El evangelio se dirige a la naturaleza humana, no con razonamientos difíciles y dogmas muertos, sino con amor personal y promesas inspiradoras. Cargado de ternura y alegría, vence la terquedad y disipa el letargo de los corazones humanos y los eleva a la perfección moral por medio de la influencia de sus afectos y esperanzas. Se adapta exactamente a las necesidades de la naturaleza humana, presente y futura. Solamente pide ser recibido con plena fe; y entonces, al contrario de los sistemas de filosofía humanos, satisface el corazón mientras ilumina la mente y tranquiliza el espíritu que no puede encontrar descanso en ningún lugar de este mundo de ansiedades y cuidados.


Sin embargo, desarrolla estos resultados por medio de un proceso inteligente. Opera a través de las ideas que comunica a la mente. No hay nada inexplicable en su modo de operación. Su amor es un asunto de afirmaciones específicas, a ser realizadas por fe, y no una misteriosa influencia que se introduce milagrosamente en el corazón. Sus esperanzas son el producto de promesas definidas, comprendidas y creídas con firmeza, y no de éxtasis desordenados de origen incomprensible. Todas sus operaciones son efectuadas sobre principios estrictamente racionales. Diseñado para la naturaleza humana, se adapta a su constitución mental, y es poderoso en sus métodos naturales para elevar y purificar a todos los que se someten a sus enseñanzas y le dan cuidadosa atención.



La Venida de Jesus es un Elemento Esencial del Evangelio

El presente estudio se propone hacer manifiesta la verdad de que la gran esperanza del evangelio se refiere a la segunda venida corporal del Señor Jesús; que tal suceso es el objeto central que el creyente iluminado espera como el clímax del deseo, la crisis de la recompensa; y que, por consiguiente, esta verdad es una de las principales influencias por las cuales el corazón es purificado, y el creyente mismo es preparado y hecho "útil al Señor."


Por la segunda venida del Señor Jesús se entiende el suceso que el lenguaje bíblico obviamente da a entender, es decir, el regreso del cielo a la tierra de nuestro Salvador, quien ahora está a la diestra de Dios. Es necesario admitir que Cristo estuvo realmente en la tierra entre los hombres, y que ascendió corporalmente al cielo después de la resurrección. La proposición, entonces, es que en un cierto momento descenderá del cielo tan real como cuando ascendió, y aparecerá en persona en la tierra como el mismo Señor Jesús que vivió en Judea entre judíos y romanos. Afirmo que esto es la enseñanza de la palabra de Dios, y estoy especialmente ansioso de demostrar que esta es la esencia de la verdadera esperanza cristiana.


Primero démonos cuenta de que los apóstoles declaran que hay sólo "una esperanza," como también sólo "una fe y un bautismo." Esta es la enseñanza de Pablo en Efesios 4:4: "Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación." Que esta esperanza es un componente esencial del evangelio, es evidente en las palabras de Pablo en Colosenses 1:5, donde hablando de "la esperanza que os está guardada en los cielos" (estando Cristo allí), dice: "De la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio." Todavía dice más: "Porque en esperanza fuimos salvos" (Romanos 8:24). Y solemnemente asegura a los hebreos que su salvación final depende de su adherencia a esa esperanza. Sus palabras son: "La cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza" (Hebreos 3:6). Sus palabras a los colosenses son igualmente contundentes en este punto:


"Para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio" (Colosenses 1:22,23).



Es Importante que Entendamos el Verdadero Evangelio

Estos testimonios deberían impresionarnos con un sentido de la importancia del asunto que se va a considerar. No es poca cosa estar equivocado sobre lo que debemos esperar. ¡Cuán desafortunado sería gastar nuestra energía espiritual esperando algo que Dios nunca ha prometido! Tal error implicaría ignorancia de la verdadera "esperanza del evangelio"; y esta "ignorancia," según Pablo, nos lleva a ser "ajenos a la vida de Dios" (Efesios 4:18). Lo que Dios nunca ha prometido, nadie lo recibirá jamás; porque ¿cómo podrían los inútiles anhelos del hombre cambiar los inmutables propósitos del Todopoderoso, especialmente si la satisfacción de tales anhelos implica el incumplimiento de las promesas que realmente han sido dadas? "Conforme a vuestra fe os sea hecho" (Mateo 9:29). Este es un principio divino. Si un hombre desperdicia su fe en lo que no tiene fundamento en la verdad, está sembrando al viento. Sólo la fe que construye su casa sobre la roca de las garantizadas promesas de Dios, resistirá la tormenta que barrerá con "el refugio de la mentira" (Isaías 28:17).


Antes de presentar un testimonio específico sobre la venida del Señor, será de provecho ocuparnos por un momento del ministerio personal de Cristo cuando estaba aquí en la tierra. Durante su peregrinaje en la tierra de Judea, donde viajó constantemente durante tres años haciendo obras maravillosas para demostrar que su misión era divina, proclamó las cosas del reino de Dios, y afirmó su calidad de Mesías en conexión con el reino, tal como lo he demostrado en estudios anteriores. Esta proclamación tuvo el efecto de atraer muchos discípulos, haciendo que lo consideraran como el ungido rey de Israel, destinado a realizar "la redención de Israel" de manos de los romanos y todas las otras naciones, estableciendo triunfalmente el reino de Dios sobre toda la tierra. Este punto de vista sobre Cristo, creado en la mente de sus discípulos por medio de las enseñanzas de su Maestro, es condenado por millares de personas sinceras pero equivocadas. Vimos en un estudio anterior cuán inapropiada fue la condenación, y cuán escritural es el punto de vista condenado.



Cristo y los Santos Reinarán Aquí en la Tierra

Ahora deseo señalar que la enseñanza de Cristo sobre el tema tuvo un efecto posterior sobre la mente de los discípulos. Creó en ellos la expectación de que ellos mismos compartirían los regios honores de Cristo en el tiempo cuando su misión como rey fuera manifestada. Este es un hecho admitido universalmente, aunque esta expectación es tan libremente condenada por la religión popular como la primera anteriormente mencionada. Los discípulos son reprobados como "carnales" por haber buscado lo que generalmente es calificado despectivamente como un "reino temporal." Encontraremos que hay mucha injusticia en esta imputación contra el entendimiento y juicio de los discípulos, como la hay en la que el último estudio intentaba refutar. Hubo sin duda un poco de ambición profana entre ellos, la cual trató de reprimir su divino Maestro; pero esta ambición no se mostró inventando una falsa doctrina, o pervirtiendo carnalmente alguna verdadera. Mas bien se manifestó en la forma de descuido espiritual en relación con lo que era verdadero. Les dio ideas equivocadas sobre el objetivo del reino de Dios y los principios por medio de los cuales la admisión sería garantizada; pero no les causó un entendimiento incorrecto de la naturaleza del reino mismo. Hay aquí una distinción muy importante y que puede conducir a conclusiones lamentables si se pasa por alto. Su esperanza de heredar el reino de Dios aquí en la tierra, así como su entendimiento del reinado de su Maestro, se fundaban en el testimonio profético y la expresa enseñanza del mismo Señor. En los profetas habían observado tal testimonio como el siguiente:


"Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre." (Daniel 7:18)


"Llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino." (Daniel 7:22)


"Y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo." (Daniel 7:27)


"Regocíjense los santos por su gloria, y canten aun sobre sus camas. Exalten a Dios con sus gargantas, y espadas de dos filos en sus manos, para ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos; para aprisionar a sus reyes con grillos, y a sus nobles con cadenas de hierro; para ejecutar en ellos el juicio decretado; gloria será esto para todos sus santos." (Salmos 149:5-9)


"En lugar de tus padres [refiriéndose a Cristo] serán tus hijos [es decir, los santos, su pueblo], a quienes harás príncipes en toda la tierra." (Salmos 45:16)


"He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio." (Isaías 32:1)


"Yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten." (Jeremías 23:3,4)


"Y subirán salvadores al monte de Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová." (Abdías 21)


Ellos también notaron la enseñanza del Señor para el mismo efecto en los siguientes ejemplos: "Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá" (Mateo 24:46,47). "Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (Mateo 25:20,21). "Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades" (Lucas 19:16,17). Otra vez Jesús dice a los principales sacerdotes y ancianos de los judíos: "El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él" (Mateo 21:43).


En el tiempo en que Jesús usó las últimas palabras citadas, los principales sacerdotes y gobernantes estaban en posesión del reino de Israel, el cual habiendo sido originalmente establecido por Dios, fue llamado el reino de Dios. Ahora la mayoría de las personas pueden entender el significado de la predicción de que el reino les sería quitado. Por la historia saben que la forma de gobierno judía fue abolida, y que en cumplimiento de la predicción de Cristo, sus gobernantes fueron depuestos de sus asientos de autoridad, y miserablemente destruidos en los terribles juicios que cayeron sobre la ciudad de Jerusalén. Pero al leer la segunda parte de la cita, entonces tropiezan. "Será dado a gente que produzca los frutos de él." La mayor parte de la gente entiende lo que fue quitado, pero ¿qué de lo que sería dado? La cosa dada tiene que ser la misma cosa que es quitada; así, el reino de Israel, que fue quitado a los principales sacerdotes y fariseos, será dado a "gente que produzca los frutos de él." Esto es evidente en sí mismo. Lo único que requiere definición es cuál es la nación productora de frutos; Esto es fácilmente contestado. Jesús dijo a sus discípulos: "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino" (Lucas 12:32). También añade, en respuesta a la pregunta de Pedro, "he aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?"


"De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel." (Mateo 19:27,28)


De nuevo, cuando los discípulos estaban reunidos en la última cena, les dijo:


"Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel." (Lucas 22:28-30)


Aquí encontramos una identificación completa de la "gente que produzca los frutos de él." Esa nación está formada de los discípulos de nuestro Salvador, quien siendo "el heredero," es también su cabeza. Ellos son señalados por Pedro como "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios" (1 Pedro 2:9), coincidiendo con el testimonio de que ellos heredarían el reino de Dios que fue quitado a los fariseos, y el cual, aunque ahora en ruinas, será restaurado en gloriosa plenitud.



Cristo Mismo Confirmó la Naturaleza del Reino

Si los discípulos estuvieron tan malamente confundidos, como se ha supuesto, en su idea del reino de Cristo y la posición que ellos deberían tener en él, es impresionante que nunca leemos de alguna corrección que Cristo haya hecho de tal error. En tres ocasiones debió surgir tal corrección de haber sido necesaria.


La primera fue cuando la madre de los hijos de Zebedeo vino con sus dos hijos, Santiago y Juan, diciendo: "Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda" (Mateo 20:21). Tomando en cuenta el punto de vista popular, éste era el momento de expresar la condenación de la mal dirigida ambición carnal y terrenal que supuestamente indicaba la petición. Sin ninguna duda, el Salvador, quien no tardaba en corregir los conceptos equivocados de sus discípulos y en amonestarlos con severidad, lo habría hecho si la solicitud hubiera sido realmente de tal naturaleza que lo ameritara. Pero, ¡cuán diferente es su respuesta! ¡Ninguna palabra de censura! ¡Ni el mas leve susurro que implicara amonestación! Más bien, una directa e ilustrativa confirmación de la idea incorporada en el fondo de la petición de la madre. "No sabéis lo que pedís," respondió, "...el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre" (Mateo 20:22,23). Por consiguiente, en vez de declarar inadmisible su pedido, él deja constancia de que la posición solicitada será dada a aquellos para quienes está preparada.


La segunda ocasión ocurre después de la resurrección. Jesús se juntó con dos de sus discípulos que caminaban hacia la villa de Emaús (Lucas 24:13), pero veló sus ojos para que no lo reconocieran. Ellos conversaron con él sobre el tema de su propia muerte. En el curso de la conversación, uno de ellos, expresando el punto de vista generalmente compartido por los discípulos, dijo: "Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel" (Lucas 24:21). Aquí había otra oportunidad de explicar su equivocación, de haberla habido; pero de nuevo encontramos una total ausencia de cualquier impresión de tal naturaleza. El los amonestó, pero no se refirió a lo que ellos creían, sino a lo que no creían. "¡Oh insensatos," exclamó, "y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?" (Lucas 24:25,26). El les reprochó por no entender sus sufrimientos, no por creer en su gloria real.


La tercera ocasión fue inmediatamente anterior a la ascensión. Se señala en Hechos 1:6, que cuando Jesús y sus discípulos se reunieron, éstos le preguntaron, diciendo: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" Ellos habían tenido sus ojos abiertos al hecho y necesidad de sus sufrimientos; pero viendo que estos se habían cumplido y que había resucitado glorioso de entre los muertos, evidentemente pensaron que al fin había llegado el tiempo cuando su acariciada esperanza de la restauración nacional bajo el Mesías sería realizada. Así que le preguntaron si él haría posibles sus deseos en aquel tiempo.


Es un hecho notable, que esta pregunta fue hecha después de que Cristo había hablado a los discípulos "durante cuarenta días acerca del reino de Dios" (Hechos 1:3). Este hecho sugiere que la pregunta estaba basada en las enseñanzas recibidas durante ese tiempo. De todos modos, ¿cómo fue recibida la pregunta? ¿Con desaprobación y amonestación? No; antes bien, como en el caso anterior, con una respuesta confirmatoria: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad" (Hechos 1:7). Esto equivalió a afirmar que "tiempos y sazones" habían sido señalados para el suceso contemplado en su pregunta. Es decir, que el suceso denominado "la restauración de Israel" realmente sucedería en el transcurso del tiempo, pero que no les correspondía saber cuándo. Cuán inapropiada habría sido tal respuesta, de haber estado equivocada su suposición sobre el hecho de la restauración.



El Error de los Discípulos

La realidad es que no había ninguna duda sobre el suceso en sí. Jesús los había estado instruyendo durante cuarenta días sobre el tema. La inquietud de los discípulos se relacionaba solamente con el tiempo del suceso, y la respuesta del Señor estuvo limitada a la misma inquietud. Ellos supusieron que el evento ocurriría entonces. "Ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente" (Lucas 19:11). Este fue un error peculiar de los primeros tiempos. Ellos no erraron en creer que Dios establecería su reino en la tierra, y que Cristo se manifestaría visiblemente como el "rey sobre toda la tierra" (Zacarías 14:9), puesto que estas cosas habían sido testificadas abundantemente en los profetas y proclamadas por el mismo Jesús. Su error residía en la suposición de que serían cumplidas en sus propios días.


Los modernos han ido exactamente al otro extremo. Ellos no esperan de ningún modo el reino de Dios. Magnifican el sacrificio de Jesús hasta proporciones contrarias a la Escritura, y omiten totalmente su reinado. Excluyen el reino de Dios, ignorándolo y no creyendo en nada referente a él; mientras que la muerte de Cristo domina y ensangrienta todas las doctrinas de su sistema religioso. Los discípulos sólo vieron al rey en Cristo, y esperaron su manifestación en su propio tiempo; los modernos sólo ven el sacrificio, y consideran cumplida su misión en la salvación de supuestas almas inmortales en el momento de morir.



El Error Corregido

El error de los discípulos fue corregido en su debido tiempo. El suceso de la crucifixión de Cristo y su consiguiente resurrección y ascensión, completó su falta de conocimiento permitiéndoles ver que las glorias prometidas de la era futura no eran alcanzables por el hombre mortal sin una intervención sacrificial, una experiencia de muerte para cada hombre, por medio de la cual había de "llevar muchos hijos a la gloria" (Hebreos 2:10). Pero esta adición a su conocimiento no apartó su atención de estas glorias. Por otra parte, la muerte de Cristo, alejada de su propia perspectiva, carece de atractivo; su interés e importancia surgen de su conexión con el glorioso resultado obtenido. Por consiguiente, en vez de silenciar el reino en su mente, solamente intensificó su apreciación por él, mostrándoles su valor en la grandeza del sacrificio necesario para asegurarlo. Proporcionó fervor a su denuedo, llevándoles a desear intensamente la consumación de "la gloria que será revelada." Ellos entonces dijeron: "Señor, restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" Es evidente que no tenían la idea de que Cristo los abandonaba de nuevo. Habían olvidado las muchas parábolas en las cuales él les había enseñado su próxima partida hacia "un país lejano" de donde regresaría más tarde para pedir cuenta a sus siervos (Lucas 19:12; Mateo 25:14). Sólo un sentimiento predominaba en sus mentes: el deseo de que el reino de Dios apareciera inmediatamente.


Por consiguiente, cuando "fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos," ellos se quedaron "con los ojos puestos en el cielo," evidentemente maravillados del suceso inesperado e inexplicable. ¡Cristo había sido separado de ellos de nuevo! Ellos fueron completamente incapaces de entender esta nueva desilusión. Su esperanza había sido levantada hasta el más alto nivel por un compañerismo de cuarenta días, y la tristeza que los había invadido durante el encarcelamiento de su Maestro en la tumba, había sido borrada por una dulce comunión en las cosas concernientes al reino de Dios. Ahora, de nuevo, su Señor y Maestro, su mejor amigo, su esperanza y salvación, aquel en quien se concentraba todo su afecto y ferviente deseo, los había dejado. ¿Qué harían? Habían sido de nuevo lanzados al mundo, de nuevo a la perplejidad. Pero esta vez el alivio estaba a la mano:


"Se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por que estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo." (Hechos 1:10,11)


Aquí comienza el testimonio específico en apoyo del tema de este estudio. Los discípulos fueron confortados en su perplejidad por la seguridad de que Jesús vendría de nuevo; Este fue el bálsamo administrado a sus espíritus turbados; la esperanza por medio de la cual se resignaron a la ausencia de su Señor y Maestro. De aquel día en adelante, se volvió la doctrina central alrededor de la cual se movían todas sus enseñanzas, la característica esencialmente distintiva y constantemente prominente de las buenas nuevas que ellos proclamaban.


Jesús mismo les había enseñado repetidamente la doctrina de su regreso, aun antes de su crucifixión. La parábola del hombre noble (Lucas 19:11-27) fue dicha con este propósito, pues se dice que él la usó "por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente." Su enseñanza es muy clara:


"Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo...Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos." (Lucas 19:12-15)


En esta forma, los discípulos fueron informados de que Jesús sería llevado al cielo para realizar una labor de preparación y ser investido con poder, para más tarde retornar a la tierra y entonces juzgar a sus siervos, premiándolos con el gobierno de diez ciudades o con la ignominia de un vergonzoso rechazo, según sus méritos (léase el resto de la parábola). Esta fue una ampliación de su otra declaración: "Te será recompensado en la resurrección de los justos" (Lucas 14:14), una resurrección que se lleva a cabo hasta cuando "el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo" (1 Tesalonicenses 4:16). La parábola de las diez vírgenes tiene el mismo propósito. El esposo ausente sustituye al Cristo ascendido, y las vírgenes esperando, a los que "esperan su venida." Además de otras parábolas con la misma intención, Jesús había dicho claramente: "Vendrán días cuando el esposo les será quitado [a los discípulos]" (Mateo 9:15). También lo había asegurado sin figuras: "Si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo" (Juan 14:3).



La Segunda Venida en la Enseñanza de los Apóstoles

Pero ellos no podían entender la sencilla lección, pues Cristo estaba con ellos, y no esperaban que los abandonara. Ellos no podían ver lo que su regreso podía significar, cuando no sabían nada de su partida; pero cuando los días llegaron de que el esposo les fue quitado, "entonces recordaron sus palabras." El anuncio de los ángeles reviviría, sin duda, las muchas lecciones que Jesús mismo les había enseñado de su propuesta partida y su intención de regresar para establecer el reino. Desde entonces la segunda venida del Señor se volvió su acariciada esperanza, el gran suceso que ellos esperaban para su salvación. Fue lo que ellos predicaron y sobre lo que escribieron, lo que esperaban y por lo que oraron, la piedra fundamental del sistema de fe que ellos promulgaban.


Por supuesto, este sistema no trató de excluir, sino que incluía y necesitaba la doctrina del sacrificio de Cristo por el pecado, y la necesidad de arrepentimiento y regeneración personal; la segunda venida del Señor era buena noticia solamente para aquellos que lo amaban y estaban preparados para reunirse con él y aptos para estar con él. Aun así, fue la gran doctrina de la cual dependían las demás. Encontramos a Pedro enseñando en uno de sus primeros sermones después de la ascensión de Cristo:


"Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo." (Hechos 3:20,21)


El mismo apóstol, escribiendo a los ancianos entre "los expatriados de la dispersión," repitió la doctrina en el siguiente contexto: "


Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada. Apacentad la grey de Dios...y cuando aparezca el príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria." (1 Pedro 5:1-4)


Entonces, en lo que se refiere a los primeros discípulos de nuestro Señor, está plenamente demostrado que la segunda venida era su gran esperanza, en realidad, su única esperanza; pues, ¿qué otra esperanza podían tener? Ellos amaban entrañablemente a su Maestro y sabían que su retorno sería su propia liberación de las imperfecciones de un cuerpo pecaminoso, y de las aflicciones de hombres malvados; no solamente esto, sino también el establecimiento en la tierra de "gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres." ¿A qué otro suceso podían mirar con cristiana esperanza más que la venida de Cristo?


¿A qué otro evento podían mirar con alguna esperanza? Ningún suceso de su vida tenía promesa para ellos; y ¿qué había en la muerte sino un puente luminoso hacia la resurrección? Para ellos no tenía nada del engaño con que las modernas predicaciones la han adornado. Ellos no reconocían "una gloria inmediata tras una muerte inmediata." Para ellos la muerte, en vez de ser "vestíbulo del éxtasis," era la "puerta de la corrupción." Era la esclavitud de aquella mortalidad hereditaria, de la cual Cristo había venido a liberarlos; el desolador sueño sepulcral en el cual dormirían profundamente hasta el regreso de su Maestro, quien los despertaría a una resurrección incorruptible, cuando dirían: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Donde, oh sepulcro, tu victoria?"


Su esperanza no era la muerte, sino el regreso del Señor, al cual inevitablemente estaban dirigidas sus esperanzas personales y temores, y todas sus expectaciones referentes al cumplimiento de las promesas de Dios. Ahora bien, de la misma manera que a los apóstoles, ocurrió a aquellos que más tarde se convirtieron a la fe cristiana. El evangelio predicado portaba las mismas esperanzas que llenaban los corazones de los predicadores. Habiendo ofrecido la inmortalidad como base, el sacrificio de Cristo como el medio presentado para el ejercicio de la fe, y el reino prometido como la herencia en la cual la inmortalidad sería disfrutada, todo esto los llevó naturalmente a la idea de que la venida de Cristo era el magno evento a realizarse. Porque todas las promesas contenidas en el mensaje señalaban la "revelación de Jesucristo" como el tiempo del cumplimiento. ¿Deseaba Pablo alcanzar la resurrección de entre los muertos? (Filipenses 3:11). El esperaba estar incluido entre "los que son de Cristo, en su venida" (1 Corintios 15:23). ¿Ansiaba él la "corona de justicia" que recibiría del "Señor, juez justo"? (2 Timoteo 4:8). El no esperaba esto, sino hasta "en su manifestación y en su reino" (4:1), refiriéndose a "aquel día" en el versículo 8.


¿No fueron éstas las esperanzas comunicadas por el evangelio a todos los que lo abrazaron? Resurrección a vida eterna y herencia en el reino de Dios, es la salvación ofrecida a todos los hijos de Adán sin distinción de época o condición. Si un hombre recibe aquella promesa de salvación en el sentido de creerla, entonces "descansará en esperanza." ¿En esperanza de qué? Del cumplimiento de la promesa. El puede trabajar con gran devoción en la obra de prepararse, ocupándose en su salvación con temor y temblor; puede seguir la justicia con dedicación, cuidando la vida moral con entusiasmo; puede ocuparse en la prosecución de cualquier trabajo benevolente, y obtener placer en presentar el evangelio a sus vecinos. No solamente puede hacerlo, sino que debe hacerlo, si va a ser un siervo acepto cuando el Señor venga a pedirle cuentas de su mayordomía. Pero, ¿cuál es el sentimiento más íntimo de su naturaleza, si él sigue siendo un verdadero hombre? Esperanza, o mejor dicho, constante y ansioso deseo por la salvación que él predica a otros. Cansado de sus propias imperfecciones y faltas como un ser humano perecedero, anhela la inmortalidad prometida; afligido por la perversión e injusticia prevalecientes, presentadas a su alrededor en forma política y social, anhela ser testigo y participante de la perfección del reino de Dios.


Como "lo que se espera" no puede ser obtenido sino hasta la venida del Señor, ¿no está claro que la venida será la máxima esperanza en su mente? No importa si no es probable que ocurra durante su vida; porque, sea que viva o muera, será el tiempo de su liberación, e igualmente importante como un asunto de contemplación futura, mil años antes del evento, como para un cristiano contemporáneo con el evento.



El Evangelio Distorsionado por la Idea de la Inmortalidad del Alma

Es solamente el dogma popular de la inmortalidad del alma, que envuelve la creencia en un estado de muerte consciente en el cual los destinos espirituales están sellados, el que distorsiona la armonía de las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre este punto. Si los cristianos al morir son realmente transportados al cielo para gozar del galardón en la presencia del Salvador, entonces la doctrina de su retorno a la tierra no tiene para ellos ningún interés práctico, puesto que su salvación es totalmente independiente de ella. Mueren y son salvos, según la enseñanza común; supuestamente van al cielo y ven a Cristo; por consiguiente, su atención está concentrada naturalmente en la muerte como el gran suceso revelador, y apartado de la venida de Cristo, la cual ven como una especie de doctrina innecesaria y hasta cuestionable. De hecho, la gran mayoría de la gente religiosa va hasta el extremo de rechazarla totalmente, como una inspiración carnal, e interpretan todas las referencias en el Nuevo Testamento con el significado de la llegada de la muerte.


¡Qué terrible perversión! ¡Qué fatal incredulidad! Es el fruto natural del árbol corrupto en el cual crece. Si la creencia popular sobre el estado de la muerte fuera correcta, entonces la negación de la venida de Cristo, la resurrección y el reino sería el resultado lógico, y la gente tradicionalista que va hasta aquel extremo solamente estaría razonando en forma coherente. Pero si se retira la doctrina de la inmortalidad del alma, la raíz de todos los males en sentido teológico, entonces la armonía es restaurada. Vemos a los justos muertos durmiendo en corrupción, y percibimos la necesidad de la venida del Redentor a despertarlos a la incorruptibilidad y la vida, y la importancia esencial de tal suceso como el objeto de esperanza durante sus vidas mortales.



La Segunda Venida en las Epistolas

Me he esforzado en demostrar que la segunda venida de Cristo fue la esperanza de los cristianos convertidos por medio de la predicación de los apóstoles. Ahora voy a reforzar los argumentos presentados citando una cantidad de pasajes de las epístolas dirigidas a ellos y en las cuales la doctrina es establecida con una sencillez que convencerá a cualquier mente inteligente:


"Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo." (Tito 2:11-13)


"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas." (Filipenses 3:20,21)


"Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan." (Hebreos 9:28)


"Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria." (Colosenses 3:4)


"Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es." (1 Juan 3:2)


"Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos." (1 Tesalonicenses 1:9,10)


"Nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo." (1 Corintios 1:7)


"Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor...afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca." (Santiago 5:7,8)


"Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo...Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado." (1 Pedro 1:7-13)


"Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados." (1 Juan 2:28)


"Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder." (2 Tesalonicenses 1:6,7)


"Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino...Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a los que aman su venida." (2 Timoteo 4:1-8)


Resulta innecesario cualquier comentario sobre estos testimonios elocuentes. Su escrupulosa claridad no deja lugar para discusión. Demuestran que la esperanza de los primeros cristianos fue diferente de la de los religiosos modernos, y que hacían de la venida del Señor un asunto de interés personal. Jesús mismo los había exhortado a estar vigilantes: "He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela" (Apocalipsis 16:15). También había dicho:


"Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día...Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre." (Lucas 21, 34-36)



La Incredulidad del Mundo

Ahora bien, en el mundo que en la actualidad se denomina cristiano, no vemos nunca esta ansiedad sobre la segunda venida de Cristo. Existe una indiferencia universal respecto de este evento. Esto nos hace recordar la declaración en la parábola, que "tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron." Muy pocos se preocupan por la venida del esposo; muy pocos creen en su venida. Cuando hablan del suceso, su lenguaje es prácticamente el de los burladores de los cuales escribió Pedro: "¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación" (2 Pedro 3:4). Pero el día vendrá cuando esta apatía será rudamente eliminada. "Como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra" (Lucas 21:35).


¿Cómo es que esos hombres están tan ciegos ante la doctrina evidente del Nuevo Testamento? Debido a que, bajo la guía de una teoría falsa, creen que la muerte determina la situación eterna de cada persona para bien o mal, mientras en realidad la muerte no determina nada de esto. Solamente nos lleva a la oscuridad y al silencio hasta la venida de Cristo. Ese será el gran momento decisivo "en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres" (Romanos 2:16). Benditos los que están preparados para su llegada. Felices aquellos que "aguardan la manifestación gloriosa"; tres veces felices "los que aman su venida;" porque solamente a ellos "aparecerá por segunda vez para salvar a los que le esperan."


Estimado lector: arrepiéntete de tus mundanas insensateces. Escucha el buen mensaje que te manifiesta la Biblia. Aprende la verdad en sus olvidadas páginas, y dejando atrás tus errores y desatención, da obediencia a los requerimientos celestiales. Entonces aguarda con esperanza la venida del Hijo del Hombre para que puedas ser de él en el día cuando reúna a sus santos.

martes, 15 de octubre de 2019

TUYO ES EL REINO - El Mensaje del Cristianismo Original


Capítulo 1—El Reino de la Biblia


No hay duda de que el reino de Dios fue el tema de predicación de Jesús cuando estaba en la tierra hace aproximadamente dos mil años. El presente libro intenta restablecer el significado original de su predicación sobre el tema, a fin de que vuelva a ocupar su correcto lugar en el centro de la vida cristiana.


En primer término estoy dirigiéndome a quienes creen en la existencia de Dios pero no logran entender lo que a diario sucede en el mundo, y no están seguros si realmente tienen parte en lo que él está haciendo.


Pero me atrevo a esperar que si algún incrédulo llegara a leer estas páginas encontraría en ellas evidencia de la existencia de un Dios supremamente sabio y poderoso, quien tiene un plan para la tierra y el hombre, el cual está llegando a su finalización. De este modo el lector podría volver a pensar en el mensaje cristiano.


¿Qué dice Jesús acerca del reino de Dios?


En cierta ocasión los discípulos de Cristo le pidieron que les enseñara a orar. En respuesta, Jesús les dio el conocido Padrenuestro. En esas pocas líneas hizo dos alusiones al reino de Dios. Fue la primera cosa que les dijo que pidieran: "Venga tu reino," como también fue el tema final: "Tuyo es el reino... por todos los siglos" (Mateo 6:9-13).


Este énfasis que puso Jesús en el reino de Dios es confirmado aun por medio de una lectura casual de los evangelios donde ocurre repetidamente. En realidad encontramos que el principal propósito de la predicación de Cristo era dar información acerca de este reino.


En otra ocasión uno de sus oyentes le pidió que no los abandonara, pero él rechazó su petición con el siguiente comentario:


"Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado." (Lucas 4:43)


En un examen más cuidadoso podemos darnos cuenta de que hay alrededor de cien alusiones al reino de Dios solamente en los evangelios, y algunas más de treinta en el resto del Nuevo Testamento.


Alusiones bíblicas al reino de Dios

Antes de comenzar un estudio detallado, lo cual es el propósito inmediato de este libro, me gustaría presentar una pequeña lista de cosas que la Biblia asocia con el reino de Dios. Estas proporcionarán algunas pistas sobre el significado del término.


1. El reino de Dios fue buena nueva, puesto que ése es el significado de la palabra evangelio:


"Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino." (Mateo 4:23)


2. En los días de Cristo el reino era todavía un asunto del futuro:


"Prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente." (Lucas 19:11)


3. Antes de que venga el reino habrá señales que indicarán su proximidad:


"Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios." (Lucas 21:31)


4. Cuando llegue la hora del reino, ciertas personas entrarán en él y otras serán excluidas:


"Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios." (Lucas 13:28-29)


"Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios." (Hechos 14:22)


"Manifiestas son las obras de la carne...los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios." (Gálatas 5:19-21)


"Os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre." (Mateo 26:29)


5. Los que entren en el reino tendrán que cambiar de alguna manera:


"Esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción." (1 Corintios 15:50)


"El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios." (Juan 3:5)


6. Jesús urgió a sus seguidores a que buscaran el reino con prioridad:


"Buscad primeramente el reino de Dios." (Mateo 6:33)


Los fundamentos de la fe cristiana

Con estas referencias continuas a través del Nuevo Testamento, así como también las que se encuentran en la Biblia de Cristo (el Antiguo Testamento), se esperaría que el reino de Dios fuera una de las principales enseñanzas de las iglesias en la actualidad, de modo que todos los miembros de sus congregaciones se dieran cuenta de la importancia del asunto, y tuvieran por lo menos alguna idea de lo que será el reino de Dios. Sin embargo, es una triste realidad que la vasta mayoría de los que afirman ser cristianos encontrarán dificultad en demostrar lo que es el reino de Dios, o lo que para ellos significa personalmente, aun cuando oran diariamente: "Venga tu reino."


Unos cuantos probablemente digan que el reino de Dios es un imperio de gracia en el corazón de cada uno de los creyentes, citando las palabras de Jesús "el reino de Dios está entre vosotros." Otros afirmarán que la Iglesia es el reino de Dios en la tierra, y cuando el mundo entero se convierta al cristianismo el reino de Dios habrá venido finalmente. Unos cuantos más dirán que el reino de Dios está en el cielo donde El mora, desde donde reina y adonde los fieles irán al morir. Pero ¿cuadran estas afirmaciones con las enseñanzas de Cristo?


Una forma sencilla de poner a prueba estas ideas consiste en sustituirlas en las afirmaciones bíblicas acerca del reino de Dios. Por ejemplo, usted podría releer los puntos 1 al 6; pero cada vez que "el reino de Dios" es mencionado lo reemplazaría con la frase "un reino de gracia en el corazón." ¿Tendrían aún sentido los pasajes? Pruebe y vea lo que piensa. Trate de nuevo usando "Iglesia" o "cielo." ¿Coinciden estos términos con todas las referencias? Si no, estas ideas son dudosas.


Lo que este ejercicio nos dice es que como la frase "el reino de Dios" es tan común en la Biblia deberíamos buscarle sobre todo un significado consistente. No debemos buscar su significado en algún sentido remoto, obscuro o poco común, sino de modo que satisfaga todas las referencias de la Biblia. Hay un punto de vista que combina todas las alusiones bíblicas y hace del reino de Dios el tema central del cristianismo. En realidad, estas páginas demostrarán que "el reino de Dios" es usado para describir todo el plan de Dios para la tierra y la humanidad.


Un reino literal

En estos días es fácil olvidar lo que era un reino en tiempos antiguos. Aquellos a quienes originalmente fue dada la Biblia podían definir prontamente un reino por su experiencia diaria. Estaba compuesto de cuatro cosas: un territorio, un gobernante, un pueblo gobernado y las leyes del gobierno.


En el Antiguo Testamento el reino de Israel, gobernado por reyes como David y Salomón, era un reino en este sentido y es muy revelador que después de la resurrección de Jesús los discípulos demostraron que esperaban el reino de Dios en el mismo sentido. En el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles aprendemos que en el pequeño intervalo entre su resurrección y ascenso a los cielos, Jesús habló a sus discípulos "acerca del reino de Dios" (Hechos 1:3). Note de paso la importancia de este tópico. Jesús aprovechó sus últimos días hablando de él. La reacción de los discípulos consistió en esperar un reino literal, de la misma manera como el reino de Israel había existido previamente. "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hechos 1:6), fue la pregunta de ellos.


¿Es éste un ejemplo aislado, o el resto de la Biblia respalda este punto de vista sobre el reino de Dios?


El reino de los hombres y el reino de Dios

Desde los comienzos de la historia los hombres se han organizado en grupos, poniendo a otros hombres en posición de autoridad sobre ellos. De este modo el hombre gobierna al hombre. Esto es cierto tanto del antiguo cacique tribal como de los presidentes electos en las modernas superpotencias. Tal sistema de gobierno donde el hombre controla su propia organización y destino es llamado en la Biblia "el reino de los hombres." Actualmente este reino está representado por todas las distintas naciones del mundo sin importar su punto de vista político. Se practican ideas humanas y se impone la voluntad humana.


Pero muy poca gente se da cuenta de que el reino de los hombres está bajo el control oculto de Dios. "El Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere" (Daniel 4:32). El propósito de este control oculto es el de llevar a la humanidad a un estado en el que Dios gobernará abiertamente al mundo. En otras palabras el reino de los hombres dará paso al reino de Dios.


Una estatua de varios metales

¿Oyó Ud. alguna vez de Nabucodonosor? Si hubo alguna vez un hombre y un régimen que representara el reino de los hombres, fue este rey que gobernó sobre el Nuevo Imperio Babilónico en los alrededores del 600 A.C. Bajo su genio militar y administrativo se formó un gran imperio como el mundo jamás había visto hasta entonces. Centrado en la ciudad capital de Babilonia sobre el río Eufrates, el imperio se extendía en un gran arco que rodeaba el perímetro occidental del desierto de Arabia, incluyendo en su territorio países conocidos actualmente como Irak, Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Israel y partes de Egipto e Irán.


Sobre esta área gobernó Nabucodonosor como déspota, imponiendo su voluntad y capricho por medio de una eficiente organización civil y militar. Reconstruyó Babilonia completamente: sus templos, palacios y las residencias particulares fueron rodeados por gruesas murallas de gran altura y resistencia. La Biblia muestra al rey en el momento de decir: "¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?" (Daniel 4:30). En su día él representó el reino de los hombres.


Pero ¿qué tiene que ver esto con el reino de Dios?


Exactamente lo siguiente: En una ocasión Nabucodonosor fue a su cama preocupado por lo que sucedería a su reino después que él hubiera muerto. Esa misma noche Dios contestó sus pensamientos dándole un resumen de los sucesos del mundo que abarcaba los siguientes 2500 años. Esta información le fue proporcionada por medio de un sueño y usted la encontrará en el libro de Daniel capítulo 2.


En el sueño Nabucodonosor vio una gran estatua que se levantaba hasta el cielo en deslumbrante magnificencia. Una característica poco común de esta estatua era que cada sección estaba hecha de una clase diferente de metal. Este era el orden de los metales:


Cabeza Oro

Pecho y brazos Plata

Vientre y muslos Bronce

Piernas Hierro

Pies Mezcla de hierro y barro

Dudando acerca del significado de esta extraña visión, Nabucodonosor pidió a Daniel, un profeta judío que estaba exiliado en Babilonia, que le explicara su significado.


Una secuencia de cuatro imperios

Con la ayuda de Dios, Daniel dijo que la estatua representaba diferentes fases del reino de los hombres a través de la historia. La cabeza de oro representaba al mismo Nabucodonosor y el Imperio Babilónico sobre el cual gobernaba:


"Tú eres aquella cabeza de oro." (Daniel 2:38)


Después del Imperio Babilónico se levantarían tres imperios más en el reino de los hombres, representados por los siguiente tres metales.


"Y después de ti, se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce el cual dominará sobre toda la tierra. Y el cuarto reino será fuerte como hierro" (Daniel 2:39-40).


La historia ha demostrado que esta predicción fue completamente cierta. El Imperio Babilónico dio paso al Imperio Persa en los alrededores del 540 A.C. Este corresponde al pecho y brazos de plata. 210 años más tarde los griegos derrotaron a los persas y tomaron el control del reino de los hombres. Este Imperio Griego fue el más grande de todos, extendiéndose desde el Mar Egeo hasta las fronteras de la India. Tal como Daniel dijo, "Dominará sobre toda la tierra," no el globo entero tal como lo conocemos actualmente, pero ciertamente sobre la mayor parte del mundo civilizado de ese entonces. La elección del metal fue apropiada. El bronce era la característica distintiva de los ejércitos griegos, las armaduras griegas de bronce son legendarias.


A continuación en la escena del mundo, llegaron los Romanos quienes en vez de los griegos vinieron a ser los representantes del reino de los hombres. De nuevo la elección del metal fue buena. El refrán dice, "fuerte como el hierro," y ciertamente el Imperio Romano fue el más fuerte, más eficiente y despiadado que el mundo jamás haya conocido.


El significado de los principales componentes de la estatua puede ser resumido como sigue:


Cabeza de oro Imperio Babilónico 610-540 A.C.

Pecho y brazos de plata Imperio Persa 540-330 A.C.

Vientre y muslos de bronce Imperio Griego 330-190 A.C.

Piernas de hierro Imperio Romano 190 A.C-475 D.C.

(Todas las fechas son aproximadas)


Ningún quinto imperio

El Imperio Romano continuó hasta el siglo quinto D.C.; pero distinto a los imperios anteriores, no fue reemplazado por otro imperio mayor. Al contrario, se descompuso gradualmente frente al ataque de las tribus del norte como los godos y los hunos. La ausencia de un quinto imperio ya había sido predicha por Daniel mil años antes. Las piernas de hierro de la estatua dan paso a los pies que son una mezcla de material fuerte y débil, hierro y barro. Daniel mismo explica lo que esto prefigura:


"Será un reino dividido... Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil." (Daniel 2:41-42)


Esto ha resultado en una verdad completa. Desde el final del Imperio Romano no ha habido un poder que haya tenido completa autoridad sobre la mayor parte del mundo. Muchos han tratado de lograrlo y han fallado. Siempre ha existido una mezcla de naciones débiles y fuertes, y esto aún persiste en la actualidad. Incidentalmente, esto significa que cualquier esperanza de dominación del mundo por alguna de las superpotencias actuales es solamente una ilusión.


Predicción histórica

Está claro que el sueño que Dios le dio a Nabucodonosor fue una revelación importante para la humanidad. Su objeto no fue satisfacer la curiosidad del rey sino informar a todas las generaciones futuras que Dios está controlando los sucesos del mundo. Mientras superficialmente parece que el hombre es supremo en el reino de los hombres, en realidad puede operar solamente dentro de los límites señalados por el reino de los cielos.


¿Podría esta detallada predicción de 2,500 años de historia del mundo haber sido escrita por un simple hombre? ¿Podrán la adivinación o la premonición explicar satisfactoriamente su extraña certeza? De no ser así, ¿sería irracional reconocer el significado literal del texto bíblico y admitir que, como Daniel dijo en esta ocasión, "Hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios" (Daniel 2:28)?


Sin embargo, Ud. podría decir, "Realmente ésta es una profecía sorprendente, pero ¿qué tiene que ver con el reino de Dios?"


Una extraordinaria piedra que crece

La revelación de Dios a Nabucodonosor no se limitó a mostrarle esta extraordinaria estatua metálica. Al continuar el sueño vio otra cosa sorprendente. De una montaña cercana estaba siendo cortado un trozo de piedra. Gradualmente esta piedra se llegó a separar de la roca madre hasta que finalmente se volvió libre. Lo que impresionó al rey fue que esto se realizó sin que la mano del hombre se involucrara en la tarea.


Luego vino el dramático final del sueño.


La piedra recién cortada repentinamente se precipitó a través del aire hacia la estatua y la golpeó con resonante fuerza en sus pies. La gran masa de metal tembló y se estremeció, y finalmente la estatua completa cayó al suelo en un montón. Tan devastadora fue la destrucción y tan pulverizados quedaron los fragmentos del metal roto que cuando se levantó un fuerte viento los restos de la estatua se esparcieron, y la única cosa que quedó fue la pequeña piedra que había causado el daño.


¿Qué sucedió a la piedra?


Mientras observaba, Nabucodonosor vio que la piedra cambió de forma. ¡Iba creciendo! Creció y creció hasta el tamaño de una colina. Aún entonces no dejó de crecer, volviéndose finalmente una montaña que cubría toda la tierra. El reino de Dios se establece


Usted probablemente se habrá dado cuenta de las implicaciones de la segunda parte de este sueño. La destrucción de la estatua significa que el control humano sobre la tierra será eliminado súbitamente. Si usted se inclina a considerar esto como imposible, recuerde el exacto cumplimiento de la primera parte de la profecía: la correcta secuencia de los cuatro imperios mundiales, Babilonia, Persia, Grecia y Roma, y la ausencia de un quinto imperio, tomando su lugar una mezcla mundial de naciones fuertes y débiles. La razón exige que aceptemos la totalidad de la profecía y no solamente la primera parte. El hecho de que la primera parte se cumplió garantiza que también lo hará el resto.


Esta impresión inmediata de que la destrucción de la estatua representa la remoción del reino de los hombres es correcta. Dejemos que Daniel mismo nos lo diga:


"Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos. pero él permanecerá para siempre." (Daniel 2:44)


Este es uno de los versículos más reveladores en la totalidad de la Biblia, con información comprimida sobre el reino de Dios. Veremos con más detalle lo que esto nos dice.


"En los días de estos reyes"

¿Cuáles reyes? La piedra golpeó a la estatua en los pies compuestos de hierro y barro, representando el estado fragmentado del mundo tras la declinación del Imperio Romano. Esta ha sido la condición del mundo durante los últimos 1500 años, incluyendo el tiempo presente. Por consiguiente vivimos en la época cuando la piedra golpeará a la estatua y ésta caerá.


"El Dios del cielo levantará un reino"

Los reinos que cayeron y fueron removidos estaban en la tierra. De la misma manera, el reino de Dios tendrá que estar en la tierra. No hay nada que sugiera que este reino divino será menos literal que el reino de los hombres que reemplazará. La piedra (el reino de Dios) creció hasta llenar la tierra, no los cielos.


"Desmenuzará y consumirá a todos estos reinos"

El gobierno humano de la tierra representado por los cuatro imperios de Babilonia, Persia, Grecia y Roma, y el estado dividido del mundo desde entonces, será removido completamente. La profecía no sugiere una transición gradual del reino de los hombres al reino de Dios. El cambio será repentino, violento y completo. Los restos esparcidos del gobierno humano serán lanzados de tal manera que de ellos no quedará rastro alguno.


"Ni será el reino dejado a otro pueblo"

El esplendor de Babilonia pasó a Persia, su conquistador. Persia a su vez entregó su reino y territorio a Grecia, y Grecia a Roma. El reino de Dios será diferente. Una vez establecido será permanente, sin ceder su autoridad o dominio a un sucesor. Otras frases en el versículo confirman esto: "No será jamás destruido" y "permanecerá para siempre."


La identidad de la piedra

La agencia de destrucción del reino de los hombres en la profecía fue una piedra cortada sin manos humanas. Comparándolo con otras partes de la Escritura esto puede verse como una clara alusión a Jesucristo. En cierta ocasión Jesús, sin duda con este sueño de Nabucodonosor en su mente, se comparó con una roca provista por Dios y que un día rompería y reduciría a polvo toda oposición:


"Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?... Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará." (Mateo 21:42,44)


Jesús, aunque fue cortado de la roca de la humanidad común en el sentido de que nació de una madre humana, no llegó a existir por medio del normal proceso de concepción, sino por la acción directa del poder de Dios sobre María. En este sentido se puede decir correctamente que no fue cortado con mano humana.


Así el trabajo de la piedra de remover la estatua es una representación de la misión de Jesús de establecer en todo el mundo el reino de Dios. De esto se deduce que el reino que él predicó mientras estaba en la tierra es idéntico al reino de Dios predicho por Daniel.


Resumen

En este capítulo hemos echado un vistazo a los rasgos fundamentales del reino de Dios tal como se encuentran en la Biblia. Constituyen por supuesto sólo el bosquejo esencial de un gran lienzo y tenemos muchos detalles que llenar de otros pasajes bíblicos antes de que podamos ver el cuadro completo en su sorprendente belleza. Sin embargo, el diseño general está claro:


La misión de Jesús fue predicar el reino de Dios.

Muchas referencias del Nuevo Testamento indican que éste será un reino literal en la tierra, y que los seguidores verdaderos de Cristo serán invitados a tener parte en él.

El reino de Dios reemplazará a todos los gobiernos existentes y crecerá hasta cubrir toda la tierra, y nunca tendrá fin.

Dios ha señalado a Jesús como el que establecerá el reino.

El control de Dios de los acontecimientos mundiales en el pasado es una garantía de que esto se cumplirá finalmente.

TUYO ES EL REINO - El Mensaje del Cristianismo Original


Capítulo 2—E Reino de Dios en la tierra

Algunas personas leen un libro en forma muy ordenada. Comienzan en la primera página de una historia y continúan leyéndola página tras página, resistiendo firmemente la tentación de echar un vistazo al final para ver cómo termina. Otros, supongo que la mayoría de nosotros, no tenemos tal control. ¿Se salvará el héroe de la trampa letal? ¿Heredará la propiedad disputada o ganará el caso la bella dama? Hojeamos rápidamente las últimas páginas y casi invariablemente nos damos cuenta de que lo logra, y así fortificados regresamos con menos temor a los peligros del momento, sabiendo que todo saldrá bien al final.

Este capítulo ha sido colocado aquí para beneficio de esta última clase de lectores. En realidad debería leerse mucho más tarde, pues es el final de la "trama," una descripción de la finalización del propósito de Dios cuando su reino se ha establecido en la tierra. Pero lo he colocado aquí porque creo que muchos de nosotros preferiríamos asegurarnos de que todo irá bien para el mundo al final, y que cuando usted vea el maravilloso futuro que Dios ha dispuesto, aumentará su deseo de saber cómo se realizará esto. Así que en este capítulo exploraremos la Biblia para investigar todo lo relacionado con el reino de Dios.

Por otra parte, si usted es de esas personas que leen un libro ordenadamente, recordando los detalles en cada paso para traerlos a la mente y relacionarlos con el resultado final, entonces puede que prefiera saltar el presente capítulo para leerlo después del capítulo 12.

Una tierra bella pero afligida

Vivimos en un mundo que está lleno de belleza y maravillas naturales. Colina, montaña, bosque, llanura, río y océano, todos se combinan para proporcionar un ambiente apropiado para las necesidades de las miríadas de formas de vida que cubren nuestro planeta. Presidiendo sobre todas estas cosas está el hombre, la forma más desarrollada de vida, con inteligencia para lograr sus metas, con emociones para gozar de las maravillas que lo rodean y con un corazón hecho para la amistad y el amor.

Aun así, sigue siendo un mundo que clama por el cambio.

Navegando furtivamente bajo las azules aguas de los océanos se encuentran submarinos cargados con mortales misiles nucleares que pueden ser dirigidos a borrar algunas de las mayores ciudades de la tierra. Dentro de esas poblaciones florecen el crimen y la violencia en las peligrosas calles, y los inocentes y los débiles son oprimidos. En el campo, la guerrilla coloca sus letales trampas, y el francotirador se sienta pacientemente a esperar a su víctima. En otras partes del mundo hay millones de solitarias y patéticas figuras, de facciones hundidas y huesos que casi saltan de la piel llevando el horrible testimonio de los efectos del hambre. Aun en las áreas menos devastadas una tercera parte de la población de la tierra tiene que dormir cada noche sin haber comido. En el mundo entero languidece la gente en lechos de sufrimiento y dolor. En los hospitales hay largas filas esperando alivio para las quejas que afligen nuestros defectuosos cuerpos. El llamado mundo desarrollado está recogiendo una triste cosecha de enfermedades mentales que se deben a la presión de un sofisticado estilo de vida.

Podemos verdaderamente entender los sentimientos de Reginald Heber cuando dijo:

"Todos los paisajes son bellos, y sólo el hombre es vil."

Soñando con el futuro

¿Ha soñado usted alguna vez que con sólo ondear alguna varita mágica podía curar instantáneamente las enfermedades del mundo? Una época de paz, abundancia y felicidad se asoma a su mente, pero luego la visión es opacada por la realidad y usted tiene que reconocer que los problemas de la tierra son insolubles.

En realidad usted puede seguir soñando. Sus más extravagantes sueños de felicidad humana serán sobrepasados algún día por los verdaderos sucesos. Desde luego, esto no se realizará por medio de un proceso mágico sino porque es la declarada intención de Dios. Si la gente tan sólo leyera la Biblia encontraría maravillosas y satisfactorias descripciones de la vida en la tierra cuando sea establecido el reino de Dios y se daría cuenta de que toda la enfermedad presente en este globo será curada y todos sus problemas serán resueltos.

Ahora consideraremos las referencias bíblicas que describen el reino de Dios, y mientras las lee le pediré que las tome en sentido literal. Sé que algunas veces se piensa que las descripciones bíblicas del futuro son simbólicas o una alegoría a la que debemos dar un significado místico. Este no es generalmente el caso. Las ocasiones en las que es permisible hacer tal interpretación, ésta debe ser un complemento del significado literal y no una sustitución de él. Por ejemplo: "Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos" se refiere a la curación de la ceguera tanto física como espiritual.

Me gustaría asegurarle solemnemente que cada uno de los siguientes pasajes de la Biblia puede ser aplicado correctamente al reino de Dios.

Vida individual en el reino de Dios

La mayoría de los ciudadanos de cualquier reino son súbditos; así que comenzaré nuestro análisis mostrando lo que la Biblia dice acerca de la posición de hombres y mujeres normales viviendo en el reino de Dios.

Una sociedad pacífica

Uno de los más grandes anhelos de la actualidad es el de paz y seguridad, con libertad del temor a cualquier peligro. El reino de Dios será una sociedad enteramente pacífica. Guerras o preparativos de guerra serán desconocidos. Violencia entre individuos o naciones será algo del pasado. Esta serenidad se extenderá a los animales, pues aun la naturaleza de las bestias será domesticada. Considere algunas de las declaraciones de Dios acerca de su reino que respaldan estas afirmaciones:

"Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra" (Isaías 2:4).

"Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra, que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego" (Salmos 46:9).

"Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz" (Salmos 37:11).

"No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte" (Isaías 11:9). (En el capítulo anterior consideramos una montaña que creció desde una pequeña piedra. Aquí tenemos la misma figura refiriéndose al reino de Dios.)

"El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey" (Isaías 65:25).

"Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna" (Salmo 72:7).

Fertilidad y alimento

Otro problema del mundo actual es el látigo del hambre. La lluvia parece estar declinando en muchas áreas y los desiertos están devorando inexorablemente la tierra fértil. Cada año cientos de miles de personas mueren de hambre y millones más sufren los efectos prolongados de la desnutrición. En el reino de Dios los desiertos áridos de la tierra serán transformados en tierras fértiles con copiosos suministros de agua.

"Porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas" (Isaías 35:6-7).

"Se alegraran el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa" (Isaías 35:1).

Pero habrá una razón adicional para el cambio en la producción agrícola. Las pestes y enfermedades ahora causan mucho daño a las cosechas de los granjeros y rara vez se logra el completo potencial de la cosecha. En el reino de Dios el rendimiento de las cosechas aumentará dramáticamente, produciendo granos hasta en las cumbres de las colinas (Salmos 72:16). El ciclo de la agricultura continuará sin interrupciones estacionales (Amós 9:13), y esta cosecha aumentada de frutales y campo asegurará que el hambre sea desconocida en el reino de Dios (Ezequiel 36:30).

La justicia

Una de las tragedias del reino de los hombre es que a los pobres y a los débiles se les niega la justicia. Ellos no tienen los medios o las habilidades ni la capacidad para defenderse y son frecuentemente explotados. En las grandes ciudades del mundo florece el crimen organizado, y los negocios ilegales, las extorsiones y las drogas abundan, tiranizando a los que caen en sus garras. Cuando el reino de Dios se haya establecido, el cuidado de los desposeídos será una de las principales preocupaciones de la administración divina:

"Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor" (Salmos 72:4).

En aquellos días no habrá mala administración de justicia porque el juicio divino no se basará solamente en lo que vea o escuche, pues podrá ver directamente en las mentes de los hombres y mujeres para establecer la verdad en cualquier asunto:

"No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra" (Isaías 11:3-4).

Habitación

Hay pocas desigualdades más grandes en el mundo actual como el tipo de casa en que viven los seres humanos. La habitación siempre ha ocupado un lugar prominente en la agenda de la mayoría de gobiernos, pero el problema permanece. Las humildes casas de Africa, Asia y Sudamérica son principalmente covachas fabricadas con cartón, láminas de hierro corrugado y cualquier otro material utilizable que se puede encontrar. Muchos millones viven en condiciones deplorables donde los servicios esenciales son pobres y poco confiables, y el servicio de aguas negras es muy primitivo o inexistente.

Aun en el mundo occidental los barrios pobres todavía desfiguran las ciudades y los rapaces propietarios cierran sus ojos a las súplicas de sus desafortunados inquilinos.

El futuro que la Biblia presenta es el de gente contenta y serena que vive en casas propias, rodeadas de su parcela de tierra privada:

"Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma... Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado" (Isaías 65:21-22; Miqueas 4:4).

Salud y larga vida

Pero tal cuadro idílico sería arruinado a menos que los habitantes del reino de Dios recibieran buena salud para gozar de las bendiciones. Cuerpos sanos y robustos serán una de las características de la época futura:

"Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo" (Isaías 35:5-6).

Esas vidas felices y saludables serán largas. Una persona que muera de cien años de edad será considerada solamente un niño:

"No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años...porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo" (Isaías 65:20,22).

Un lenguaje internacional

Uno de los obstáculos para la armonía internacional es la enorme variedad de idiomas que existe en el mundo. Cuando Dios establezca su reino en la tierra será removida esta causa de división y un lenguaje universal se aplicará en todo el globo:

"En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento" (Sofonías 3:9).

Cambios dramáticos. ¿Por qué?

Estos pasajes se combinan para formar el cuadro bíblico de la vida en el reino de Dios. Paz, felicidad y seguridad caracterizarán la vida de todos los súbditos. Las maldades e injusticias que causan tanta ansiedad y angustia en la actualidad serán eliminados y todos recibirán alimento, salud y larga vida para que puedan gozar estas bendiciones a plenitud.

Usted estará disculpado por pensar que el cuadro bíblico que acabo de presentar es el de una sociedad completamente materialista, que vive para su propia gratificación y satisfacción. En realidad éste no será el caso. Más bien estas bendiciones grandes y de largo alcance vendrán como consecuencia de un cambio en las actitudes de las personas. Estos beneficios provenientes de Dios no son un fin en sí mismos, sino el resultado de que hombres y mujeres se vuelvan a él con sinceridad.

En la actualidad la mayoría de personas conocen las tantas veces repetidas palabras del coro de ángeles en el nacimiento de Jesús:

"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" (Lucas 2:14).

Esto representa la causa y el efecto. Si primero hay gloria a Dios, a continuación sigue paz en la tierra. La Biblia establece claramente que los hombres y las mujeres del mundo entero se volverán al reconocimiento de Dios antes de recibir las bendiciones del reino:

"Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti" (Salmos 22:27).

Una consideración de la vasta gama de creencias en el mundo actual proporciona alguna idea de la magnitud de este futuro cambio. La lista de las diferentes religiones es interminable. Algunas de ellas son incompatibles con las otras, y algunas son hasta ateas. En el reino de Dios reconocerán que han estado equivocadas en sus más caras creencias. El profeta Jeremías echa una mirada a este tiempo:

"Oh Jehová...a ti vendrán naciones desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho" (Jeremías 16:19).

Verdadera adoración

Este nuevo reconocimiento del verdadero Dios será la base de un sistema universal de adoración correcta y un deseo sincero de parte de los adoradores de vivir como él lo desea:

"Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová...y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas" (Isaías 2:2-3).

"Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades; y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová" (Zacarías 8:20-22).

Esta buena voluntad de parte de todo el mundo para aceptar a Dios es la única base sobre la cual él los bendecirá. La Biblia enseña claramente que los favores de Dios siguen a la verdadera adoración y la secuencia no puede ser revertida.

El reino de los cielos

Haremos una pequeña digresión por un momento para prevenir una posible confusión. Los lectores del evangelio de Mateo encontrarán que él usa "reino de los cielos" en vez de la forma más usual "reino de Dios." No hay diferencia en el significado de las dos frases, las cuales se usan en forma intercambiable en las Escrituras. Una comparación entre los relatos paralelos de los evangelios sobre los mismos incidentes confirma esto (por ejemplo, Mateo 3:2 y Marcos 1:15; Mateo 5:3 y Lucas 6:20, etc.). El Nuevo Diccionario Bíblico tiene el siguiente comentario:

"Mientras Mateo, quien se está dirigiendo a los judíos, habla la mayor parte de las veces del 'reino de los cielos,' Marcos y Lucas hablan del 'reino de Dios,' que tiene el mismo significado que el 'reino de los cielos'... En todo caso no puede asumirse ninguna distinción en el significado de las dos expresiones" (Artículo 'Reino de Dios').

Note también que la frase de Mateo es 'reino de los cielos,' no 'reino en los cielos.' Como hemos visto en este capítulo, durante el reino de Cristo el estado de cosas en la tierra se aproximará al de los cielos, haciendo las palabras de Mateo las más apropiadas. La oración del Señor confirma esto: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra."

Cómo se llevará a cabo esta reforma

Los últimos milenios de historia humana con su beligerancia internacional, diversidad religiosa y animosidad conforman una realidad prominentemente clara. Este cambio de una sociedad mayormente egoísta, atea o pagana no resultará por medio de un proceso de desarrollo progresivo. En los capítulos anteriores ya hemos tenido una indicación de esto en la repentina e irrevocable remoción de la estatua metálica que representa al reino de los hombres. Ahora me gustaría dirigir su atención a los pasajes explícitos que nos dicen cómo se logrará este cambio de corazón. Será por medio de la revelación de Dios mismo como juez y castigador de todos los malos, dando así evidencia de su existencia y poder.

En la sección titulada 'Una sociedad pacífica' notamos que Isaías hablaba de naciones donde "no alzará espada nación contra nación." Bajo el encabezamiento de 'Verdadera adoración' leímos más de la misma referencia donde se alude a las mismas naciones diciendo "subamos al monte de Jehová." Pero en el pasaje completo estas dos declaraciones están conectadas por medio de las siguientes palabras:

"Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos" (Isaías 2:4).

Esto nos dice que la paz en la tierra se logrará por medio de un edicto y su correspondiente ejecución.

Hablando todavía de los sucesos que rodean al establecimiento del reino, Isaías refuerza el mensaje de que Dios usará su gran poder para imponer la sumisión:

"Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra... Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él... Porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia" (Isaías 24:21;26:21;26:9).

Ezequiel escribe el resultado de esta intervención divina:

"Y seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas naciones; y sabrán que yo soy Jehová" (Ezequiel 38:23).

Rey de reyes y Señor de señores

El proceso de llevar al mundo al reconocimiento de Dios será el trabajo de su representante, quien será rey sobre el reino de Dios. Este rey no será otro que el Señor Jesucristo quien, como la pequeña piedra del sueño, vendrá a la tierra con la misión de reemplazar el reino de los hombres con el reino de Dios.

En un salmo que el Nuevo Testamento específicamente aplica a Cristo tenemos una descripción de la situación a su regreso. A causa de su invencible poder se ordena a las naciones que se sometan al nuevo gobernante del mundo:

"Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás."

"Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira" (Salmos 2:6-12).

La autoridad divina investida en Cristo conducirá a la sumisión de todo gobernante humano. En el último libro de la Biblia, en palabras que claramente repiten el pronunciamiento de la suerte de la estatua de Nabucodonosor, leemos el resultado final del propósito de Dios tal como se revela en la Escritura:

"Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 11:15).

"Para justicia reinará un rey"

"¿Luego eres tú rey? dijo Pilato a su noble prisionero. Jesús contestó en la cortés forma de palabras que en aquellos días indicaba completo asentimiento: "Tú dices que yo soy rey" (Juan 18:37).

El hombre llamado ante sus acusadores para responder de un cargo fraudulento fue el único hombre perfecto que jamás haya vivido. El dedicó su vida a hacer lo bueno. Tenía horror a la falsedad y a la hipocresía, lo cual lo conducía ocasionalmente a ser severo y franco. Pero también demostró amor y bondad y un perfecto sentido de justicia y honestidad. Su compasión no conocía límites: curó al enfermo, detuvo las lágrimas de la madre viuda devolviendo a su hijo a la vida. Enseñó con paciencia el camino de Dios y finalmente, en agonía indescriptible, entregó su vida por sus amigos.

Es el mismo hombre noble designado por Dios como futuro gobernante del mundo. "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13:8), y cuando él regrese mostrará sin cambio las características que tan gráficamente presentan los evangelios. La gente mala e hipócrita será tratada como lo fueron los cambiadores de monedas en el templo; pero para el resto será un gobernante sabio, justo y bondadoso. ¡Cuán bendecida será verdaderamente la tierra cuando el Hijo de Dios sea su rey! Por medio de su perfecto gobierno la tierra se volverá un lugar idílico donde vivir.

Contemple estos anticipos bíblicos de los beneficios del reinado de Cristo sobre el reino de Dios:

"He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio...y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (Isaías 32:1,17).

"El juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio... Salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor... Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra... Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán... Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado" (Salmos 72:2,4,7-8,11,17).

Estos fervorosos términos describen al soberano bajo cuyo fuerte pero benigno gobierno todas las naciones del mundo encontrarán una vida de gozo y satisfacción.

"La ciudad del gran Rey"

El centro de este perfecto gobierno futuro será la antigua capital judía: Jerusalén. Será reconstruida y contendrá un glorioso templo que llegará a ser el punto focal de la adoración mundial. Desde la ciudad se dispondrán sabias y buenas leyes y todo el mundo mirará a Sion y a su rey con lealtad respetuosa, viajando allí para aprender los caminos de Dios. Esta es la unísona voz de las Escrituras. En el Sermón del Monte dijo Jesús:

"No juréis...por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey" (Mateo 5:34-35).

Y hablando del futuro trabajo de Jesús, dice Dios:

"Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte" (Salmos 2:6).

Los profetas hablaron similarmente de Jerusalén de una manera que nunca ha llegado a suceder, pero que será cumplida cuando Jesús regrese para ser su justo rey:

"En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón" (Jeremías 3:17).

"Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová...el reino de la hija de Jerusalén" (Miqueas 4:2,8).

"...cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso" (Isaías 24:23).

Un reino de 1,000 años

El rey de la futura edad no reinará solo sino que será asistido por príncipes. Dejaré la identidad de estos asistentes para considerarla en un capítulo posterior, pero los menciono ahora pues cuando se habla de ellos en Apocalipsis, se señala también la duración del reinado de Cristo:

"Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinaran con él mil años" (Apocalipsis 20:6).

Durante estos mil años, conocidos como el milenio, la tendencia innata del hombre de hacer lo malo será refrenada, con el resultado de que la tierra será purificada gradualmente de todo mal. Después de un esfuerzo final de rebelión la naturaleza humana misma será erradicada, y la muerte será completamente eliminada de la tierra. Consideraremos esto con más detalle en el capítulo 13.

Después del milenio

Al final de los mil años el reino de Dios llegará a su etapa permanente. El reino de Cristo habrá preparado la tierra como un lugar apropiado para que Dios habite en comunión perfecta con su Creación. Así se nos dice que al final del milenio Cristo renunciará a su soberanía sobre el reino de Dios en favor de Dios mismo (1 Corintios 15:24-28). El cuadro final de la Biblia es de absoluta perfección: "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apocalipsis 21:3-4).

Resumen

En este capítulo del presente libro he dejado a la Biblia describir en sus propias palabras el futuro que Dios ha determinado para la tierra, cuando el reino de los hombres sea reemplazado por su reino, regido por su rey y gobernado por sus leyes. Hemos visto que satisfará los deseos y anhelos de toda la humanidad, y será experimentado por todos los que estén dispuestos a reconocer su supremacía.

Pero este glorioso objetivo no será logrado sin cuidadosa planificación, esfuerzo y sacrificio. Por consiguiente en el capítulo 5 volveremos sobre nuestros pasos para ver las etapas por las cuales esta muy satisfactoria culminación será realizada. Mientras tanto, antes de que regresemos de nuestro extenso vistazo al final de la trama para examinar la emocionante forma en que el drama se desarrolla, debemos dedicar algún tiempo a pensar en Dios mismo y en los medios por los cuales ha comunicado su plan a la humanidad.

lunes, 14 de octubre de 2019

REFLEXIÓN : LA BENDICIÓN DE LA VIDA ETERNA.


La semana pasada en nuestra publicación del día Lunes acerca de “tuyo es el reino” expusimos todos los detalles acerca de la promesa hecha a nuestro padre Abraham, cuando se le prometió “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Genesis 12:3)


El porque hemos venido hablando de un personaje Abraham; personaje que “aparentemente” para muchos estudiosos de la biblia solamente toma relevancia en el antiguo testamento (incluso no se habla de El en las predicaciones, o se habla muy poco), sin embargo ese personaje que incluso fue llegado a llamarse el “amigo de Dios” (Santiago 2:23), es el personaje que le fueron hechas las promesas mas importantes para la humanidad y la continuidad de ésta en la tierra, y es por ello que hoy vamos a exponer a QUE BENDICIÓN se refería Dios cuando le prometió eso a Abraham en Genesis 12:3; versículo mencionado al inicio de esta publicación.


Que la vida humana termina en la muerte es casi demasiado obvio para mencionarlo; pero la Biblia explica la razón de la muerte. Sucede a causa de lo que Dios llama pecado.


Es de suma importancia detenernos a analizar lo siguiente: Si el pecado puede ser removido, entonces la barrera que impide la vida eterna también será removida, pero esa vida eterna para vivirla en este mismo planeta que Dios creó para ser habitado


Isaías 45:18 Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.


y vivir en ella eternamente, no el cielo. En la presente publicación y las futuras más recientes, trataremos de exponer cómo ha sido posible la remoción del pecado por medio del sacrificio de Jesús; pero para el propósito presente necesitamos decir que solamente Jesús hizo posible la vida eterna para la humanidad, y por eso vino a ser llamado las “primicias”


1 corintios 15:20-23

20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.

21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.


por ser el primero en recibir la vida eterna y el primero en resucitar, pues antes de Él, ningún ser humano había recibido semejante galardón, pues todos los que han muerto obedeciendo la voz de Jehová y confiaron en sus promesas, ahora duermen esperando el día de la resurrección


Daniel 12:2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.


"Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 6:23)


"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna." (Juan 3:16)


Y esta vida sin límite es posible porque los pecados pueden ser perdonados por medio de Jesús:


"Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados." (Mateo 26:28)


"La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:7,9)


Así que una parte de las bendiciones prometidas dadas a Abraham y al mundo a través de la simiente de Abraham que es Cristo, fué el perdón de los pecados para hacer posible la vida eterna en el reino de Dios.


Esto se enseña claramente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Anteriormente se ha citado el pensamiento final de la profecía de Miqueas, en el que aún espera para el futuro el cumplimiento de la promesa a Abraham. El pasaje completo muestra que era el perdón lo que el profeta tenía particularmente en mente:


"¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham su misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos." (Miqueas 7:18-20)


El Nuevo Testamento registra las palabras del apóstol Pedro en una de las primeras ocasiones cuando el mensaje cristiano fue predicado después de la muerte y resurrección de Jesús, y él también identifica la bendición prometida a Abraham con el perdón disponible por medio del sacrificio de Jesús:


"Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros, primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad." (Hechos 3:25-26)


No hay duda de que cuando Dios hizo la promesa a Abraham, él estaba prometiendo la venida del Salvador al mundo, a través de quien es posible el perdón y la vida eterna. ¡UNA BENDICIÓN VERDADERA!


La bendición de un gobierno perfecto

En el capítulo 2 de nuestro libro “tuyo es el reino” y que lo veremos en publicaciones futuras, ya consideramos las bendiciones que vendrán a toda la tierra como resultado del retorno de Jesús a establecer el reino de Dios y a "poseer la puerta de sus enemigos." Pero queremos referirnos a un pasaje adicional que claramente identifica el perfecto gobierno de Jesús en el futuro con el cumplimiento de la promesa a Abraham.


En Salmos 72 hay una bella descripción del reino de Dios bajo el perfecto gobierno de Cristo. Paz y justicia florecerán en el mundo, los pobres no serán más oprimidos, la tierra se volverá fructífera, todos los gobernantes del mundo se someterán al nuevo rey, y su gobierno abarcará a todo el mundo. Al final del salmo todo es resumido en palabras que claramente reiteran la promesa a Abraham, "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra":


"Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado." (Salmos 72:17)


Hasta aquí nuestra entrega...






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UNA REFLEXIÓN SOBRE LA CITA DE COLOSNSES 2:8

Hola estimados lectores, como todos los Miércoles, hoy les publicaremos "La Cita Comentada".
Colosenses 2:8: Tengan cuidado: no se dejen llevar por quienes los quieren engañar con teorías y argumentos falsos, pues ellos no se apoyan en Cristo, sino en las tradiciones de los hombres y en los poderes que dominan este mundo..

Hay muchas doctrinas engañosas en el mundo, muchos confunden esto con religiones, sin embargo, una cosa es religión y otra doctrina. La verdadera religión es aquel comportamiento genuino de amor hacia el prójimo, teniendo en cuenta la doctrina verdadera en la cual fue enseñado, o enseñada, la persona, es decir, si una iglesia tiene una doctrina sana, que no se salga de la Palabra de Dios, entonces debe ser puesta, en su práctica, la religión, por ejemplo este pasaje:
Santiago 1:27 La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.
Si Dios nos manda a amar entonces debemos amar, y las viudas y huérfanos son personas muy vulnerables al mundo, lo cual nos mandan a cuidarlos y a amarlos.
Pero como mencionamos al principio, hay muchas falsas doctrinas y religiones en el mundo, las cuales tienen muchas tradiciones, argumentos, teorías, enseñanzas, prácticas y poderes falsos. Unos guardan días que ya en Cristo no se da, otros rezan a "santos" que en Cristo eso sería idolatría, otros hacen falsos milagros dependiendo de la cuota monetaria que dan, lo cual, Cristo nunca hizo, algunos otros tienen muchas palabrerías que son engañosas al interpretar las Sagradas Escrituras, y además de eso, se basan en profetas falsos, quienes los hacen creer cosas que la Biblia no muestra ni enseña.

Nuestro gran maestro Jesucristo nos advierte:
Mateo 24:24: Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.
Mateo 7:15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
Escritores bíblicos como Pablo y Pedro nos dicen:
2 Corintios 11:13 Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.
2 Pedro 2:1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.
El verdadero conocimiento que lleva a vida eterna es el saber y conocer a nuestro Padre celestial, Jehová el Señor y a Jesucristo a quien Él envió, su Hijo Amado, toda verdadera doctrina gira alrededor de esta verdad, saber quienes son ellos, y todo su poderío, belleza, misericordia, amor, etc, nos regala una luz tan linda que es imposible apagarla.
Filemón 1:6 para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús.
2 Pedro 1:2 Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.
2 Pedro 3:18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
Colosenses 1:10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.
Juan 17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Procurad pues queridos amigos, hermanos, estar escudriñando las Sagradas Escrituras, en ellas está la verdad, la palabra de Dios no son tradiciones, ni falsos argumentos, ellas transforman el corazón del hombre, entonces ocurre un hermoso y gran cambio en las vidas de aquellos que buscan y entienden las verdaderas doctrinas que en ellas se encierran. El que decía malas palabras ya no las dice, el que hurtaba ya no lo hace, el mujeriego cambia y vuelve a su familia, el borracho se abstiene de la bebida, en fin, son milagros maravillosos que se dan al aceptar a Jesús en cada alma quien lo ansía, Él transforma de verdad.
Que Dios les bendiga siempre.
Hasta aquí nuestra entrega.

domingo, 13 de octubre de 2019

¿ES UNA PERSONA EL ESPÍRITU SANTO?

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Nuestro estudio bíblico ha dado amplia evidencia de que el Espíritu de Dios se refiere a Su poder, el cual refleja su “mente” de una manera muy amplia. Debido a que la forma en que actúa el Espíritu de Dios refleja con tanta precisión la esencia y personalidad de Dios, algunos han planteado que el Espíritu de Dios es una persona y que también es Dios.
Un cuidadoso repaso de las lecciones previas mostrará que el Espíritu de Dios es Su mente y poder; si eso es así, no hay manera en que una mente o poder puedan ser una persona. La electricidad es un poder invisible que puede producir resultados para la persona que la controla, pero no
puede ser una persona. El Espíritu de Dios incluye Su amor como parte de Su carácter, y también se refiere a Su poder, pero de ninguna manera se puede referir a otra persona aparte de Él.
Por obvia y evidente que parezca ser la equivocada creencia de que el Espíritu es una persona, es creída por la mayoría de los ‘cristianos’, en vista de que ellos creen en la doctrina de la ‘Trinidad’. Esta declara categóricamente que hay tres dioses, los cuales de algún modo son iguales: Dios el Padre, Dios el Espíritu Santo y Dios Jesús.
Hay buena razón para creer que la ‘Trinidad’ era fundamentalmente una idea pagana importada al cristianismo; de ahí que esa palabra no aparece en la Biblia. Si aceptamos esta idea de que Dios es una Trinidad, entonces tenemos que llegar a la conclusión de que de algún modo el poder/espíritu de Dios es una persona, quien también es Dios, aunque
no es Dios el Padre. Al ser confrontados con lo ilógico de su posición, la ruta de escape más popular para tales personas es afirmar que Dios es un misterio, y que debemos aceptar tales cosas con fe, sin exigir una explicación lógica.
Esto categóricamente pasa por alto las referencias del Nuevo Testamento de que el misterio de Dios fue revelado por medio de la palabra y obra de Cristo:
- “No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio” (Ro. 11:25).
- “La predicación de Jesucristo… la revelación del misterio” (Rom. 16:25).
- “Os digo [les explico] un misterio… ” (1 Co. 15:51).
- “Dándonos a conocer el misterio de su voluntad” (Ef. 1:9; 3:3).
- La predicación de Pablo había de “dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” (Ef. 6:19; Col. 4:3).
- “El misterio… que ahora a sido manifestado a sus santos” (Col.1:26,27).
Con todo este énfasis en que en el presente no existe misterio alguno en relación con doctrinas fundamentales, sólo alguien que aún se halle en tinieblas podría pretender que lo hay. ¿Y no le preocupa a tal persona que el nombre que la Biblia le asigna a “Babilonia”, el sistema de falsa religión que se describe en Apocalipsis, es “Misterio” (Ap. 17:5)? La obvia implicación es que este sistema proclama que sus creencias son un misterio; pero los verdaderos creyentes entienden el misterio de esa mujer (Ap. 17:7).
Por supuesto, se ha de esperar un razonamiento tan impreciso de parte de aquellos que basan su entendimiento de Dios en cosas subjetivas como la experiencia humana, o la nebulosa e indefinida actividad de alguna fuerza espiritual externa ejercida sobre su mente. Si se espera que seamos verdaderamente humildes ante la enseñanza de la palabra de
Dios, se desprende que también se nos requiere que usemos elementos básicos de razonamiento y deducción a fin de descubrir su mensaje.
Ningún predicador del evangelio, que se consigne en la Biblia,
recurrió a la frase: “Esto es un completo misterio, usted no puede entenderlo”. En cambio, leemos que ellos apelaban a la gente por medio de la razón y sacaban conclusiones lógicas de la Escritura.
En su predicación de temas fundamentales del evangelio, los
cuales estamos considerando en estos Estudios, Pablo “discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase” (Hch. 17:2,3). Aquí se presentó un razonamiento bíblico sistemático y lógico por excelencia; y el relato prologa esta frase con: “Pablo, como acostumbraba… discutió… ”. Por lo tanto, este era su estilo habitual (véase también Hch. 18:19). En armonía con esto, durante la gran campaña en Corinto, Pablo “discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos… pero oponiéndose… estos” (Hch. 18:4-6). Aquellos que eran convertidos pasaban por un proceso de persuasión mediante el razonamiento de Pablo
basado en la Biblia; aquí no había una ‘visión de Jesús en mi dormitorio’, ‘me vino un sentimiento indescriptible’, ‘conocí al Señor una noche’.
Note también que el relato inspirado hace un llamado a la lógica y a la racionalidad al señalar que ellos se oponían. Asimismo, en Antioquía, Pablo y Bernabé, “hablándoles [la palabra], les persuadían… ” (Hch. 13:43). Su próxima parada fue Iconio, donde “hablaron de tal manera que creyó una gran multitud” (Hch. 14:1).
Tiempo después cuando compareció a juicio para abogar por su vida, la misma gloriosa lógica continuó inspirando la esperanza segura que tenía Pablo en el futuro: “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero” con claridad tan penetrante, incluso su cínico e insensible juez “se espantó” (Hch. 24:25).
Como nuestra conversión debería estar basada en semejante proceso de razonamiento, tendríamos que estar capacitados para dar una descripción lógica de nuestra esperanza y doctrina: “Estad siempre preparados para presentar defensa… ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 P. 3:15).
Hablar con voz seria de las experiencias de uno mismo no es dar una razón de la esperanza del evangelio. La continua confianza de muchos cristianos ‘evangélicos’ en el ‘testimonio personal’ como un medio de predicar, destaca la falta de una ‘respuesta razonada’ de su ‘esperanza’. Un completo vocabulario ha surgido entre tales cristianos que les permite ‘compartir lo que el Señor ha hecho en mi vida’, etc. Tales anécdotas personales contrastan abruptamente con las palabras de Pablo: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo” (2 Co. 4:5). Y eso viene de un hombre que ‘tuvo una relación personal con Jesús’ mayor que la de mayoría de las demás personas.
La manera lógica, bíblicamente razonable, de nuestra conversión debería fijar el modelo para nuestra relación más amplia con Dios por el resto de nuestros días. Como siempre, nuestros ejemplos son los primeros cristianos que usaron la “razón” para encontrar las soluciones a sus problemas de administración (Hch. 6:2). Las cartas del Nuevo Testamento también dan por supuesto que sus lectores aceptan el uso de la lógica bíblica. Así, “por causa de” los que eran los sumo sacerdotes bajo la ley de Moisés, podemos entender detalles acerca de la obra de Cristo (He. 5:3). Habiendo hablado del insuperable amor de Dios en Cristo, Pablo insta a que, en consecuencia, “vuestro culto racional” (griego: ‘logikos’,
es decir lógico) sea dedicarse totalmente a Él (Ro. 12:1). El vocablo ‘logikos’ se deriva del griego ‘logos’, que es el término que normalmente se traduce como ‘palabra’, en referencia a la palabra de Dios. Por lo tanto, nuestra respuesta ‘lógica’ en términos bíblicos es la que se deriva de la palabra de Dios.
Si no podemos sacar conclusiones lógicas de las Escrituras, entonces todo estudio bíblico es vano, y no hay necesidad de la Biblia, la cual se podría tratar como si fuera sólo dulces trivialidades o una muestra de literatura fascinante. Esto es todo lo que parece representar en los estantes de muchos cristianos.
Sin embargo, debe reconocerse que algunos que creen que el Espíritu de Dios es una persona tratan efectivamente de dar razones bíblicas. Los versículos citados son aquellos que hablan del Espíritu de Dios en un lenguaje personal como, por ejemplo, “el Consolador” en Juan 14:16, o los que se refieren al Espíritu que “se aflige”.
En el Estudio demostramos que el “espíritu” de un hombre se
puede enardecer (Hch. 17:16), agitar (Gn. 41:8), o regocijar (Lucas 10:21).
Su ‘espíritu’, es decir, su esencia misma, su mente y propósito, que da origen a sus acciones, se menciona como una persona separada, pero, por supuesto, esto no es literalmente así. También al Espíritu de Dios se le puede mencionar de la misma manera.
También se debe entender que a menudo la Biblia emplea el lenguaje de personificación cuando se refiere a cosas abstractas, por ejemplo, en Proverbios 9:1 se menciona a la sabiduría como si fuera una mujer. Esto es para demostrarnos cómo sería en la práctica una persona que tenga sabiduría; la ‘sabiduría’ no puede existir excepto en la mente de alguien, y así es como se usa este mecanismo de la personificación. Para más información sobre esto, véase “El Principio de
Personificación”.
Las cartas de Pablo contienen salutaciones abiertas que mencionan a Dios y a Jesús pero no al Espíritu Santo (Ro. 1:7; 1 Co. 1:3;2 Co. 1:2; Gal. 1:3; Ef. 1:2; Fil. 1:2; Col. 1:2; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:2; 1 Ti. 1:2; 2 Ti. 1:2; Tit. 1:4; Flm. 3). Esto es extraño si él consideraba que el Espíritu Santo es
parte de una divinidad, tal como la doctrina de la ‘Trinidad’ equivocadamente supone. Algo del Espíritu Santo fue derramado sobre los hombres
(Hch. 2:17:18); la misma construcción griega es usada en Mr. 12:2; Lc. 6:13; Jn. 21:10 y Hch. 5:2). ¿Cómo podemos recibir parte de una persona? “Nos ha dado de su Espíritu [de Dios] (1 Jn. 4:13). Esto es una insensatez si el Espíritu Santo es una persona. Otro serio argumento en contra de la proposición de que el Espíritu Santo es una persona, es el hecho de que el Espíritu Santo es descrito en el texto griego con género neutro. Esto significa que cuando leemos pasajes que hablan del Espíritu Santo como “él” estamos viendo definitivamente la personificación de un poder, no la referencia a una persona real.

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