martes, 15 de octubre de 2019

TUYO ES EL REINO - El Mensaje del Cristianismo Original


Capítulo 2—E Reino de Dios en la tierra

Algunas personas leen un libro en forma muy ordenada. Comienzan en la primera página de una historia y continúan leyéndola página tras página, resistiendo firmemente la tentación de echar un vistazo al final para ver cómo termina. Otros, supongo que la mayoría de nosotros, no tenemos tal control. ¿Se salvará el héroe de la trampa letal? ¿Heredará la propiedad disputada o ganará el caso la bella dama? Hojeamos rápidamente las últimas páginas y casi invariablemente nos damos cuenta de que lo logra, y así fortificados regresamos con menos temor a los peligros del momento, sabiendo que todo saldrá bien al final.

Este capítulo ha sido colocado aquí para beneficio de esta última clase de lectores. En realidad debería leerse mucho más tarde, pues es el final de la "trama," una descripción de la finalización del propósito de Dios cuando su reino se ha establecido en la tierra. Pero lo he colocado aquí porque creo que muchos de nosotros preferiríamos asegurarnos de que todo irá bien para el mundo al final, y que cuando usted vea el maravilloso futuro que Dios ha dispuesto, aumentará su deseo de saber cómo se realizará esto. Así que en este capítulo exploraremos la Biblia para investigar todo lo relacionado con el reino de Dios.

Por otra parte, si usted es de esas personas que leen un libro ordenadamente, recordando los detalles en cada paso para traerlos a la mente y relacionarlos con el resultado final, entonces puede que prefiera saltar el presente capítulo para leerlo después del capítulo 12.

Una tierra bella pero afligida

Vivimos en un mundo que está lleno de belleza y maravillas naturales. Colina, montaña, bosque, llanura, río y océano, todos se combinan para proporcionar un ambiente apropiado para las necesidades de las miríadas de formas de vida que cubren nuestro planeta. Presidiendo sobre todas estas cosas está el hombre, la forma más desarrollada de vida, con inteligencia para lograr sus metas, con emociones para gozar de las maravillas que lo rodean y con un corazón hecho para la amistad y el amor.

Aun así, sigue siendo un mundo que clama por el cambio.

Navegando furtivamente bajo las azules aguas de los océanos se encuentran submarinos cargados con mortales misiles nucleares que pueden ser dirigidos a borrar algunas de las mayores ciudades de la tierra. Dentro de esas poblaciones florecen el crimen y la violencia en las peligrosas calles, y los inocentes y los débiles son oprimidos. En el campo, la guerrilla coloca sus letales trampas, y el francotirador se sienta pacientemente a esperar a su víctima. En otras partes del mundo hay millones de solitarias y patéticas figuras, de facciones hundidas y huesos que casi saltan de la piel llevando el horrible testimonio de los efectos del hambre. Aun en las áreas menos devastadas una tercera parte de la población de la tierra tiene que dormir cada noche sin haber comido. En el mundo entero languidece la gente en lechos de sufrimiento y dolor. En los hospitales hay largas filas esperando alivio para las quejas que afligen nuestros defectuosos cuerpos. El llamado mundo desarrollado está recogiendo una triste cosecha de enfermedades mentales que se deben a la presión de un sofisticado estilo de vida.

Podemos verdaderamente entender los sentimientos de Reginald Heber cuando dijo:

"Todos los paisajes son bellos, y sólo el hombre es vil."

Soñando con el futuro

¿Ha soñado usted alguna vez que con sólo ondear alguna varita mágica podía curar instantáneamente las enfermedades del mundo? Una época de paz, abundancia y felicidad se asoma a su mente, pero luego la visión es opacada por la realidad y usted tiene que reconocer que los problemas de la tierra son insolubles.

En realidad usted puede seguir soñando. Sus más extravagantes sueños de felicidad humana serán sobrepasados algún día por los verdaderos sucesos. Desde luego, esto no se realizará por medio de un proceso mágico sino porque es la declarada intención de Dios. Si la gente tan sólo leyera la Biblia encontraría maravillosas y satisfactorias descripciones de la vida en la tierra cuando sea establecido el reino de Dios y se daría cuenta de que toda la enfermedad presente en este globo será curada y todos sus problemas serán resueltos.

Ahora consideraremos las referencias bíblicas que describen el reino de Dios, y mientras las lee le pediré que las tome en sentido literal. Sé que algunas veces se piensa que las descripciones bíblicas del futuro son simbólicas o una alegoría a la que debemos dar un significado místico. Este no es generalmente el caso. Las ocasiones en las que es permisible hacer tal interpretación, ésta debe ser un complemento del significado literal y no una sustitución de él. Por ejemplo: "Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos" se refiere a la curación de la ceguera tanto física como espiritual.

Me gustaría asegurarle solemnemente que cada uno de los siguientes pasajes de la Biblia puede ser aplicado correctamente al reino de Dios.

Vida individual en el reino de Dios

La mayoría de los ciudadanos de cualquier reino son súbditos; así que comenzaré nuestro análisis mostrando lo que la Biblia dice acerca de la posición de hombres y mujeres normales viviendo en el reino de Dios.

Una sociedad pacífica

Uno de los más grandes anhelos de la actualidad es el de paz y seguridad, con libertad del temor a cualquier peligro. El reino de Dios será una sociedad enteramente pacífica. Guerras o preparativos de guerra serán desconocidos. Violencia entre individuos o naciones será algo del pasado. Esta serenidad se extenderá a los animales, pues aun la naturaleza de las bestias será domesticada. Considere algunas de las declaraciones de Dios acerca de su reino que respaldan estas afirmaciones:

"Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra" (Isaías 2:4).

"Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra, que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego" (Salmos 46:9).

"Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz" (Salmos 37:11).

"No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte" (Isaías 11:9). (En el capítulo anterior consideramos una montaña que creció desde una pequeña piedra. Aquí tenemos la misma figura refiriéndose al reino de Dios.)

"El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey" (Isaías 65:25).

"Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna" (Salmo 72:7).

Fertilidad y alimento

Otro problema del mundo actual es el látigo del hambre. La lluvia parece estar declinando en muchas áreas y los desiertos están devorando inexorablemente la tierra fértil. Cada año cientos de miles de personas mueren de hambre y millones más sufren los efectos prolongados de la desnutrición. En el reino de Dios los desiertos áridos de la tierra serán transformados en tierras fértiles con copiosos suministros de agua.

"Porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas" (Isaías 35:6-7).

"Se alegraran el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa" (Isaías 35:1).

Pero habrá una razón adicional para el cambio en la producción agrícola. Las pestes y enfermedades ahora causan mucho daño a las cosechas de los granjeros y rara vez se logra el completo potencial de la cosecha. En el reino de Dios el rendimiento de las cosechas aumentará dramáticamente, produciendo granos hasta en las cumbres de las colinas (Salmos 72:16). El ciclo de la agricultura continuará sin interrupciones estacionales (Amós 9:13), y esta cosecha aumentada de frutales y campo asegurará que el hambre sea desconocida en el reino de Dios (Ezequiel 36:30).

La justicia

Una de las tragedias del reino de los hombre es que a los pobres y a los débiles se les niega la justicia. Ellos no tienen los medios o las habilidades ni la capacidad para defenderse y son frecuentemente explotados. En las grandes ciudades del mundo florece el crimen organizado, y los negocios ilegales, las extorsiones y las drogas abundan, tiranizando a los que caen en sus garras. Cuando el reino de Dios se haya establecido, el cuidado de los desposeídos será una de las principales preocupaciones de la administración divina:

"Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor" (Salmos 72:4).

En aquellos días no habrá mala administración de justicia porque el juicio divino no se basará solamente en lo que vea o escuche, pues podrá ver directamente en las mentes de los hombres y mujeres para establecer la verdad en cualquier asunto:

"No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra" (Isaías 11:3-4).

Habitación

Hay pocas desigualdades más grandes en el mundo actual como el tipo de casa en que viven los seres humanos. La habitación siempre ha ocupado un lugar prominente en la agenda de la mayoría de gobiernos, pero el problema permanece. Las humildes casas de Africa, Asia y Sudamérica son principalmente covachas fabricadas con cartón, láminas de hierro corrugado y cualquier otro material utilizable que se puede encontrar. Muchos millones viven en condiciones deplorables donde los servicios esenciales son pobres y poco confiables, y el servicio de aguas negras es muy primitivo o inexistente.

Aun en el mundo occidental los barrios pobres todavía desfiguran las ciudades y los rapaces propietarios cierran sus ojos a las súplicas de sus desafortunados inquilinos.

El futuro que la Biblia presenta es el de gente contenta y serena que vive en casas propias, rodeadas de su parcela de tierra privada:

"Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma... Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado" (Isaías 65:21-22; Miqueas 4:4).

Salud y larga vida

Pero tal cuadro idílico sería arruinado a menos que los habitantes del reino de Dios recibieran buena salud para gozar de las bendiciones. Cuerpos sanos y robustos serán una de las características de la época futura:

"Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo" (Isaías 35:5-6).

Esas vidas felices y saludables serán largas. Una persona que muera de cien años de edad será considerada solamente un niño:

"No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años...porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo" (Isaías 65:20,22).

Un lenguaje internacional

Uno de los obstáculos para la armonía internacional es la enorme variedad de idiomas que existe en el mundo. Cuando Dios establezca su reino en la tierra será removida esta causa de división y un lenguaje universal se aplicará en todo el globo:

"En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento" (Sofonías 3:9).

Cambios dramáticos. ¿Por qué?

Estos pasajes se combinan para formar el cuadro bíblico de la vida en el reino de Dios. Paz, felicidad y seguridad caracterizarán la vida de todos los súbditos. Las maldades e injusticias que causan tanta ansiedad y angustia en la actualidad serán eliminados y todos recibirán alimento, salud y larga vida para que puedan gozar estas bendiciones a plenitud.

Usted estará disculpado por pensar que el cuadro bíblico que acabo de presentar es el de una sociedad completamente materialista, que vive para su propia gratificación y satisfacción. En realidad éste no será el caso. Más bien estas bendiciones grandes y de largo alcance vendrán como consecuencia de un cambio en las actitudes de las personas. Estos beneficios provenientes de Dios no son un fin en sí mismos, sino el resultado de que hombres y mujeres se vuelvan a él con sinceridad.

En la actualidad la mayoría de personas conocen las tantas veces repetidas palabras del coro de ángeles en el nacimiento de Jesús:

"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" (Lucas 2:14).

Esto representa la causa y el efecto. Si primero hay gloria a Dios, a continuación sigue paz en la tierra. La Biblia establece claramente que los hombres y las mujeres del mundo entero se volverán al reconocimiento de Dios antes de recibir las bendiciones del reino:

"Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti" (Salmos 22:27).

Una consideración de la vasta gama de creencias en el mundo actual proporciona alguna idea de la magnitud de este futuro cambio. La lista de las diferentes religiones es interminable. Algunas de ellas son incompatibles con las otras, y algunas son hasta ateas. En el reino de Dios reconocerán que han estado equivocadas en sus más caras creencias. El profeta Jeremías echa una mirada a este tiempo:

"Oh Jehová...a ti vendrán naciones desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho" (Jeremías 16:19).

Verdadera adoración

Este nuevo reconocimiento del verdadero Dios será la base de un sistema universal de adoración correcta y un deseo sincero de parte de los adoradores de vivir como él lo desea:

"Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová...y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas" (Isaías 2:2-3).

"Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades; y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová" (Zacarías 8:20-22).

Esta buena voluntad de parte de todo el mundo para aceptar a Dios es la única base sobre la cual él los bendecirá. La Biblia enseña claramente que los favores de Dios siguen a la verdadera adoración y la secuencia no puede ser revertida.

El reino de los cielos

Haremos una pequeña digresión por un momento para prevenir una posible confusión. Los lectores del evangelio de Mateo encontrarán que él usa "reino de los cielos" en vez de la forma más usual "reino de Dios." No hay diferencia en el significado de las dos frases, las cuales se usan en forma intercambiable en las Escrituras. Una comparación entre los relatos paralelos de los evangelios sobre los mismos incidentes confirma esto (por ejemplo, Mateo 3:2 y Marcos 1:15; Mateo 5:3 y Lucas 6:20, etc.). El Nuevo Diccionario Bíblico tiene el siguiente comentario:

"Mientras Mateo, quien se está dirigiendo a los judíos, habla la mayor parte de las veces del 'reino de los cielos,' Marcos y Lucas hablan del 'reino de Dios,' que tiene el mismo significado que el 'reino de los cielos'... En todo caso no puede asumirse ninguna distinción en el significado de las dos expresiones" (Artículo 'Reino de Dios').

Note también que la frase de Mateo es 'reino de los cielos,' no 'reino en los cielos.' Como hemos visto en este capítulo, durante el reino de Cristo el estado de cosas en la tierra se aproximará al de los cielos, haciendo las palabras de Mateo las más apropiadas. La oración del Señor confirma esto: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra."

Cómo se llevará a cabo esta reforma

Los últimos milenios de historia humana con su beligerancia internacional, diversidad religiosa y animosidad conforman una realidad prominentemente clara. Este cambio de una sociedad mayormente egoísta, atea o pagana no resultará por medio de un proceso de desarrollo progresivo. En los capítulos anteriores ya hemos tenido una indicación de esto en la repentina e irrevocable remoción de la estatua metálica que representa al reino de los hombres. Ahora me gustaría dirigir su atención a los pasajes explícitos que nos dicen cómo se logrará este cambio de corazón. Será por medio de la revelación de Dios mismo como juez y castigador de todos los malos, dando así evidencia de su existencia y poder.

En la sección titulada 'Una sociedad pacífica' notamos que Isaías hablaba de naciones donde "no alzará espada nación contra nación." Bajo el encabezamiento de 'Verdadera adoración' leímos más de la misma referencia donde se alude a las mismas naciones diciendo "subamos al monte de Jehová." Pero en el pasaje completo estas dos declaraciones están conectadas por medio de las siguientes palabras:

"Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos" (Isaías 2:4).

Esto nos dice que la paz en la tierra se logrará por medio de un edicto y su correspondiente ejecución.

Hablando todavía de los sucesos que rodean al establecimiento del reino, Isaías refuerza el mensaje de que Dios usará su gran poder para imponer la sumisión:

"Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra... Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él... Porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia" (Isaías 24:21;26:21;26:9).

Ezequiel escribe el resultado de esta intervención divina:

"Y seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas naciones; y sabrán que yo soy Jehová" (Ezequiel 38:23).

Rey de reyes y Señor de señores

El proceso de llevar al mundo al reconocimiento de Dios será el trabajo de su representante, quien será rey sobre el reino de Dios. Este rey no será otro que el Señor Jesucristo quien, como la pequeña piedra del sueño, vendrá a la tierra con la misión de reemplazar el reino de los hombres con el reino de Dios.

En un salmo que el Nuevo Testamento específicamente aplica a Cristo tenemos una descripción de la situación a su regreso. A causa de su invencible poder se ordena a las naciones que se sometan al nuevo gobernante del mundo:

"Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás."

"Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira" (Salmos 2:6-12).

La autoridad divina investida en Cristo conducirá a la sumisión de todo gobernante humano. En el último libro de la Biblia, en palabras que claramente repiten el pronunciamiento de la suerte de la estatua de Nabucodonosor, leemos el resultado final del propósito de Dios tal como se revela en la Escritura:

"Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 11:15).

"Para justicia reinará un rey"

"¿Luego eres tú rey? dijo Pilato a su noble prisionero. Jesús contestó en la cortés forma de palabras que en aquellos días indicaba completo asentimiento: "Tú dices que yo soy rey" (Juan 18:37).

El hombre llamado ante sus acusadores para responder de un cargo fraudulento fue el único hombre perfecto que jamás haya vivido. El dedicó su vida a hacer lo bueno. Tenía horror a la falsedad y a la hipocresía, lo cual lo conducía ocasionalmente a ser severo y franco. Pero también demostró amor y bondad y un perfecto sentido de justicia y honestidad. Su compasión no conocía límites: curó al enfermo, detuvo las lágrimas de la madre viuda devolviendo a su hijo a la vida. Enseñó con paciencia el camino de Dios y finalmente, en agonía indescriptible, entregó su vida por sus amigos.

Es el mismo hombre noble designado por Dios como futuro gobernante del mundo. "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13:8), y cuando él regrese mostrará sin cambio las características que tan gráficamente presentan los evangelios. La gente mala e hipócrita será tratada como lo fueron los cambiadores de monedas en el templo; pero para el resto será un gobernante sabio, justo y bondadoso. ¡Cuán bendecida será verdaderamente la tierra cuando el Hijo de Dios sea su rey! Por medio de su perfecto gobierno la tierra se volverá un lugar idílico donde vivir.

Contemple estos anticipos bíblicos de los beneficios del reinado de Cristo sobre el reino de Dios:

"He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio...y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (Isaías 32:1,17).

"El juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio... Salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor... Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra... Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán... Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado" (Salmos 72:2,4,7-8,11,17).

Estos fervorosos términos describen al soberano bajo cuyo fuerte pero benigno gobierno todas las naciones del mundo encontrarán una vida de gozo y satisfacción.

"La ciudad del gran Rey"

El centro de este perfecto gobierno futuro será la antigua capital judía: Jerusalén. Será reconstruida y contendrá un glorioso templo que llegará a ser el punto focal de la adoración mundial. Desde la ciudad se dispondrán sabias y buenas leyes y todo el mundo mirará a Sion y a su rey con lealtad respetuosa, viajando allí para aprender los caminos de Dios. Esta es la unísona voz de las Escrituras. En el Sermón del Monte dijo Jesús:

"No juréis...por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey" (Mateo 5:34-35).

Y hablando del futuro trabajo de Jesús, dice Dios:

"Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte" (Salmos 2:6).

Los profetas hablaron similarmente de Jerusalén de una manera que nunca ha llegado a suceder, pero que será cumplida cuando Jesús regrese para ser su justo rey:

"En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón" (Jeremías 3:17).

"Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová...el reino de la hija de Jerusalén" (Miqueas 4:2,8).

"...cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso" (Isaías 24:23).

Un reino de 1,000 años

El rey de la futura edad no reinará solo sino que será asistido por príncipes. Dejaré la identidad de estos asistentes para considerarla en un capítulo posterior, pero los menciono ahora pues cuando se habla de ellos en Apocalipsis, se señala también la duración del reinado de Cristo:

"Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinaran con él mil años" (Apocalipsis 20:6).

Durante estos mil años, conocidos como el milenio, la tendencia innata del hombre de hacer lo malo será refrenada, con el resultado de que la tierra será purificada gradualmente de todo mal. Después de un esfuerzo final de rebelión la naturaleza humana misma será erradicada, y la muerte será completamente eliminada de la tierra. Consideraremos esto con más detalle en el capítulo 13.

Después del milenio

Al final de los mil años el reino de Dios llegará a su etapa permanente. El reino de Cristo habrá preparado la tierra como un lugar apropiado para que Dios habite en comunión perfecta con su Creación. Así se nos dice que al final del milenio Cristo renunciará a su soberanía sobre el reino de Dios en favor de Dios mismo (1 Corintios 15:24-28). El cuadro final de la Biblia es de absoluta perfección: "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apocalipsis 21:3-4).

Resumen

En este capítulo del presente libro he dejado a la Biblia describir en sus propias palabras el futuro que Dios ha determinado para la tierra, cuando el reino de los hombres sea reemplazado por su reino, regido por su rey y gobernado por sus leyes. Hemos visto que satisfará los deseos y anhelos de toda la humanidad, y será experimentado por todos los que estén dispuestos a reconocer su supremacía.

Pero este glorioso objetivo no será logrado sin cuidadosa planificación, esfuerzo y sacrificio. Por consiguiente en el capítulo 5 volveremos sobre nuestros pasos para ver las etapas por las cuales esta muy satisfactoria culminación será realizada. Mientras tanto, antes de que regresemos de nuestro extenso vistazo al final de la trama para examinar la emocionante forma en que el drama se desarrolla, debemos dedicar algún tiempo a pensar en Dios mismo y en los medios por los cuales ha comunicado su plan a la humanidad.

lunes, 14 de octubre de 2019

REFLEXIÓN : LA BENDICIÓN DE LA VIDA ETERNA.


La semana pasada en nuestra publicación del día Lunes acerca de “tuyo es el reino” expusimos todos los detalles acerca de la promesa hecha a nuestro padre Abraham, cuando se le prometió “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Genesis 12:3)


El porque hemos venido hablando de un personaje Abraham; personaje que “aparentemente” para muchos estudiosos de la biblia solamente toma relevancia en el antiguo testamento (incluso no se habla de El en las predicaciones, o se habla muy poco), sin embargo ese personaje que incluso fue llegado a llamarse el “amigo de Dios” (Santiago 2:23), es el personaje que le fueron hechas las promesas mas importantes para la humanidad y la continuidad de ésta en la tierra, y es por ello que hoy vamos a exponer a QUE BENDICIÓN se refería Dios cuando le prometió eso a Abraham en Genesis 12:3; versículo mencionado al inicio de esta publicación.


Que la vida humana termina en la muerte es casi demasiado obvio para mencionarlo; pero la Biblia explica la razón de la muerte. Sucede a causa de lo que Dios llama pecado.


Es de suma importancia detenernos a analizar lo siguiente: Si el pecado puede ser removido, entonces la barrera que impide la vida eterna también será removida, pero esa vida eterna para vivirla en este mismo planeta que Dios creó para ser habitado


Isaías 45:18 Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.


y vivir en ella eternamente, no el cielo. En la presente publicación y las futuras más recientes, trataremos de exponer cómo ha sido posible la remoción del pecado por medio del sacrificio de Jesús; pero para el propósito presente necesitamos decir que solamente Jesús hizo posible la vida eterna para la humanidad, y por eso vino a ser llamado las “primicias”


1 corintios 15:20-23

20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.

21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.


por ser el primero en recibir la vida eterna y el primero en resucitar, pues antes de Él, ningún ser humano había recibido semejante galardón, pues todos los que han muerto obedeciendo la voz de Jehová y confiaron en sus promesas, ahora duermen esperando el día de la resurrección


Daniel 12:2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.


"Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 6:23)


"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna." (Juan 3:16)


Y esta vida sin límite es posible porque los pecados pueden ser perdonados por medio de Jesús:


"Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados." (Mateo 26:28)


"La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:7,9)


Así que una parte de las bendiciones prometidas dadas a Abraham y al mundo a través de la simiente de Abraham que es Cristo, fué el perdón de los pecados para hacer posible la vida eterna en el reino de Dios.


Esto se enseña claramente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Anteriormente se ha citado el pensamiento final de la profecía de Miqueas, en el que aún espera para el futuro el cumplimiento de la promesa a Abraham. El pasaje completo muestra que era el perdón lo que el profeta tenía particularmente en mente:


"¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham su misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos." (Miqueas 7:18-20)


El Nuevo Testamento registra las palabras del apóstol Pedro en una de las primeras ocasiones cuando el mensaje cristiano fue predicado después de la muerte y resurrección de Jesús, y él también identifica la bendición prometida a Abraham con el perdón disponible por medio del sacrificio de Jesús:


"Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros, primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad." (Hechos 3:25-26)


No hay duda de que cuando Dios hizo la promesa a Abraham, él estaba prometiendo la venida del Salvador al mundo, a través de quien es posible el perdón y la vida eterna. ¡UNA BENDICIÓN VERDADERA!


La bendición de un gobierno perfecto

En el capítulo 2 de nuestro libro “tuyo es el reino” y que lo veremos en publicaciones futuras, ya consideramos las bendiciones que vendrán a toda la tierra como resultado del retorno de Jesús a establecer el reino de Dios y a "poseer la puerta de sus enemigos." Pero queremos referirnos a un pasaje adicional que claramente identifica el perfecto gobierno de Jesús en el futuro con el cumplimiento de la promesa a Abraham.


En Salmos 72 hay una bella descripción del reino de Dios bajo el perfecto gobierno de Cristo. Paz y justicia florecerán en el mundo, los pobres no serán más oprimidos, la tierra se volverá fructífera, todos los gobernantes del mundo se someterán al nuevo rey, y su gobierno abarcará a todo el mundo. Al final del salmo todo es resumido en palabras que claramente reiteran la promesa a Abraham, "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra":


"Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado." (Salmos 72:17)


Hasta aquí nuestra entrega...






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UNA REFLEXIÓN SOBRE LA CITA DE COLOSNSES 2:8

Hola estimados lectores, como todos los Miércoles, hoy les publicaremos "La Cita Comentada".
Colosenses 2:8: Tengan cuidado: no se dejen llevar por quienes los quieren engañar con teorías y argumentos falsos, pues ellos no se apoyan en Cristo, sino en las tradiciones de los hombres y en los poderes que dominan este mundo..

Hay muchas doctrinas engañosas en el mundo, muchos confunden esto con religiones, sin embargo, una cosa es religión y otra doctrina. La verdadera religión es aquel comportamiento genuino de amor hacia el prójimo, teniendo en cuenta la doctrina verdadera en la cual fue enseñado, o enseñada, la persona, es decir, si una iglesia tiene una doctrina sana, que no se salga de la Palabra de Dios, entonces debe ser puesta, en su práctica, la religión, por ejemplo este pasaje:
Santiago 1:27 La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.
Si Dios nos manda a amar entonces debemos amar, y las viudas y huérfanos son personas muy vulnerables al mundo, lo cual nos mandan a cuidarlos y a amarlos.
Pero como mencionamos al principio, hay muchas falsas doctrinas y religiones en el mundo, las cuales tienen muchas tradiciones, argumentos, teorías, enseñanzas, prácticas y poderes falsos. Unos guardan días que ya en Cristo no se da, otros rezan a "santos" que en Cristo eso sería idolatría, otros hacen falsos milagros dependiendo de la cuota monetaria que dan, lo cual, Cristo nunca hizo, algunos otros tienen muchas palabrerías que son engañosas al interpretar las Sagradas Escrituras, y además de eso, se basan en profetas falsos, quienes los hacen creer cosas que la Biblia no muestra ni enseña.

Nuestro gran maestro Jesucristo nos advierte:
Mateo 24:24: Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.
Mateo 7:15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
Escritores bíblicos como Pablo y Pedro nos dicen:
2 Corintios 11:13 Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.
2 Pedro 2:1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.
El verdadero conocimiento que lleva a vida eterna es el saber y conocer a nuestro Padre celestial, Jehová el Señor y a Jesucristo a quien Él envió, su Hijo Amado, toda verdadera doctrina gira alrededor de esta verdad, saber quienes son ellos, y todo su poderío, belleza, misericordia, amor, etc, nos regala una luz tan linda que es imposible apagarla.
Filemón 1:6 para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús.
2 Pedro 1:2 Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.
2 Pedro 3:18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
Colosenses 1:10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.
Juan 17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Procurad pues queridos amigos, hermanos, estar escudriñando las Sagradas Escrituras, en ellas está la verdad, la palabra de Dios no son tradiciones, ni falsos argumentos, ellas transforman el corazón del hombre, entonces ocurre un hermoso y gran cambio en las vidas de aquellos que buscan y entienden las verdaderas doctrinas que en ellas se encierran. El que decía malas palabras ya no las dice, el que hurtaba ya no lo hace, el mujeriego cambia y vuelve a su familia, el borracho se abstiene de la bebida, en fin, son milagros maravillosos que se dan al aceptar a Jesús en cada alma quien lo ansía, Él transforma de verdad.
Que Dios les bendiga siempre.
Hasta aquí nuestra entrega.

domingo, 13 de octubre de 2019

¿ES UNA PERSONA EL ESPÍRITU SANTO?

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Nuestro estudio bíblico ha dado amplia evidencia de que el Espíritu de Dios se refiere a Su poder, el cual refleja su “mente” de una manera muy amplia. Debido a que la forma en que actúa el Espíritu de Dios refleja con tanta precisión la esencia y personalidad de Dios, algunos han planteado que el Espíritu de Dios es una persona y que también es Dios.
Un cuidadoso repaso de las lecciones previas mostrará que el Espíritu de Dios es Su mente y poder; si eso es así, no hay manera en que una mente o poder puedan ser una persona. La electricidad es un poder invisible que puede producir resultados para la persona que la controla, pero no
puede ser una persona. El Espíritu de Dios incluye Su amor como parte de Su carácter, y también se refiere a Su poder, pero de ninguna manera se puede referir a otra persona aparte de Él.
Por obvia y evidente que parezca ser la equivocada creencia de que el Espíritu es una persona, es creída por la mayoría de los ‘cristianos’, en vista de que ellos creen en la doctrina de la ‘Trinidad’. Esta declara categóricamente que hay tres dioses, los cuales de algún modo son iguales: Dios el Padre, Dios el Espíritu Santo y Dios Jesús.
Hay buena razón para creer que la ‘Trinidad’ era fundamentalmente una idea pagana importada al cristianismo; de ahí que esa palabra no aparece en la Biblia. Si aceptamos esta idea de que Dios es una Trinidad, entonces tenemos que llegar a la conclusión de que de algún modo el poder/espíritu de Dios es una persona, quien también es Dios, aunque
no es Dios el Padre. Al ser confrontados con lo ilógico de su posición, la ruta de escape más popular para tales personas es afirmar que Dios es un misterio, y que debemos aceptar tales cosas con fe, sin exigir una explicación lógica.
Esto categóricamente pasa por alto las referencias del Nuevo Testamento de que el misterio de Dios fue revelado por medio de la palabra y obra de Cristo:
- “No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio” (Ro. 11:25).
- “La predicación de Jesucristo… la revelación del misterio” (Rom. 16:25).
- “Os digo [les explico] un misterio… ” (1 Co. 15:51).
- “Dándonos a conocer el misterio de su voluntad” (Ef. 1:9; 3:3).
- La predicación de Pablo había de “dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio” (Ef. 6:19; Col. 4:3).
- “El misterio… que ahora a sido manifestado a sus santos” (Col.1:26,27).
Con todo este énfasis en que en el presente no existe misterio alguno en relación con doctrinas fundamentales, sólo alguien que aún se halle en tinieblas podría pretender que lo hay. ¿Y no le preocupa a tal persona que el nombre que la Biblia le asigna a “Babilonia”, el sistema de falsa religión que se describe en Apocalipsis, es “Misterio” (Ap. 17:5)? La obvia implicación es que este sistema proclama que sus creencias son un misterio; pero los verdaderos creyentes entienden el misterio de esa mujer (Ap. 17:7).
Por supuesto, se ha de esperar un razonamiento tan impreciso de parte de aquellos que basan su entendimiento de Dios en cosas subjetivas como la experiencia humana, o la nebulosa e indefinida actividad de alguna fuerza espiritual externa ejercida sobre su mente. Si se espera que seamos verdaderamente humildes ante la enseñanza de la palabra de
Dios, se desprende que también se nos requiere que usemos elementos básicos de razonamiento y deducción a fin de descubrir su mensaje.
Ningún predicador del evangelio, que se consigne en la Biblia,
recurrió a la frase: “Esto es un completo misterio, usted no puede entenderlo”. En cambio, leemos que ellos apelaban a la gente por medio de la razón y sacaban conclusiones lógicas de la Escritura.
En su predicación de temas fundamentales del evangelio, los
cuales estamos considerando en estos Estudios, Pablo “discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase” (Hch. 17:2,3). Aquí se presentó un razonamiento bíblico sistemático y lógico por excelencia; y el relato prologa esta frase con: “Pablo, como acostumbraba… discutió… ”. Por lo tanto, este era su estilo habitual (véase también Hch. 18:19). En armonía con esto, durante la gran campaña en Corinto, Pablo “discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos… pero oponiéndose… estos” (Hch. 18:4-6). Aquellos que eran convertidos pasaban por un proceso de persuasión mediante el razonamiento de Pablo
basado en la Biblia; aquí no había una ‘visión de Jesús en mi dormitorio’, ‘me vino un sentimiento indescriptible’, ‘conocí al Señor una noche’.
Note también que el relato inspirado hace un llamado a la lógica y a la racionalidad al señalar que ellos se oponían. Asimismo, en Antioquía, Pablo y Bernabé, “hablándoles [la palabra], les persuadían… ” (Hch. 13:43). Su próxima parada fue Iconio, donde “hablaron de tal manera que creyó una gran multitud” (Hch. 14:1).
Tiempo después cuando compareció a juicio para abogar por su vida, la misma gloriosa lógica continuó inspirando la esperanza segura que tenía Pablo en el futuro: “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero” con claridad tan penetrante, incluso su cínico e insensible juez “se espantó” (Hch. 24:25).
Como nuestra conversión debería estar basada en semejante proceso de razonamiento, tendríamos que estar capacitados para dar una descripción lógica de nuestra esperanza y doctrina: “Estad siempre preparados para presentar defensa… ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 P. 3:15).
Hablar con voz seria de las experiencias de uno mismo no es dar una razón de la esperanza del evangelio. La continua confianza de muchos cristianos ‘evangélicos’ en el ‘testimonio personal’ como un medio de predicar, destaca la falta de una ‘respuesta razonada’ de su ‘esperanza’. Un completo vocabulario ha surgido entre tales cristianos que les permite ‘compartir lo que el Señor ha hecho en mi vida’, etc. Tales anécdotas personales contrastan abruptamente con las palabras de Pablo: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo” (2 Co. 4:5). Y eso viene de un hombre que ‘tuvo una relación personal con Jesús’ mayor que la de mayoría de las demás personas.
La manera lógica, bíblicamente razonable, de nuestra conversión debería fijar el modelo para nuestra relación más amplia con Dios por el resto de nuestros días. Como siempre, nuestros ejemplos son los primeros cristianos que usaron la “razón” para encontrar las soluciones a sus problemas de administración (Hch. 6:2). Las cartas del Nuevo Testamento también dan por supuesto que sus lectores aceptan el uso de la lógica bíblica. Así, “por causa de” los que eran los sumo sacerdotes bajo la ley de Moisés, podemos entender detalles acerca de la obra de Cristo (He. 5:3). Habiendo hablado del insuperable amor de Dios en Cristo, Pablo insta a que, en consecuencia, “vuestro culto racional” (griego: ‘logikos’,
es decir lógico) sea dedicarse totalmente a Él (Ro. 12:1). El vocablo ‘logikos’ se deriva del griego ‘logos’, que es el término que normalmente se traduce como ‘palabra’, en referencia a la palabra de Dios. Por lo tanto, nuestra respuesta ‘lógica’ en términos bíblicos es la que se deriva de la palabra de Dios.
Si no podemos sacar conclusiones lógicas de las Escrituras, entonces todo estudio bíblico es vano, y no hay necesidad de la Biblia, la cual se podría tratar como si fuera sólo dulces trivialidades o una muestra de literatura fascinante. Esto es todo lo que parece representar en los estantes de muchos cristianos.
Sin embargo, debe reconocerse que algunos que creen que el Espíritu de Dios es una persona tratan efectivamente de dar razones bíblicas. Los versículos citados son aquellos que hablan del Espíritu de Dios en un lenguaje personal como, por ejemplo, “el Consolador” en Juan 14:16, o los que se refieren al Espíritu que “se aflige”.
En el Estudio demostramos que el “espíritu” de un hombre se
puede enardecer (Hch. 17:16), agitar (Gn. 41:8), o regocijar (Lucas 10:21).
Su ‘espíritu’, es decir, su esencia misma, su mente y propósito, que da origen a sus acciones, se menciona como una persona separada, pero, por supuesto, esto no es literalmente así. También al Espíritu de Dios se le puede mencionar de la misma manera.
También se debe entender que a menudo la Biblia emplea el lenguaje de personificación cuando se refiere a cosas abstractas, por ejemplo, en Proverbios 9:1 se menciona a la sabiduría como si fuera una mujer. Esto es para demostrarnos cómo sería en la práctica una persona que tenga sabiduría; la ‘sabiduría’ no puede existir excepto en la mente de alguien, y así es como se usa este mecanismo de la personificación. Para más información sobre esto, véase “El Principio de
Personificación”.
Las cartas de Pablo contienen salutaciones abiertas que mencionan a Dios y a Jesús pero no al Espíritu Santo (Ro. 1:7; 1 Co. 1:3;2 Co. 1:2; Gal. 1:3; Ef. 1:2; Fil. 1:2; Col. 1:2; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:2; 1 Ti. 1:2; 2 Ti. 1:2; Tit. 1:4; Flm. 3). Esto es extraño si él consideraba que el Espíritu Santo es
parte de una divinidad, tal como la doctrina de la ‘Trinidad’ equivocadamente supone. Algo del Espíritu Santo fue derramado sobre los hombres
(Hch. 2:17:18); la misma construcción griega es usada en Mr. 12:2; Lc. 6:13; Jn. 21:10 y Hch. 5:2). ¿Cómo podemos recibir parte de una persona? “Nos ha dado de su Espíritu [de Dios] (1 Jn. 4:13). Esto es una insensatez si el Espíritu Santo es una persona. Otro serio argumento en contra de la proposición de que el Espíritu Santo es una persona, es el hecho de que el Espíritu Santo es descrito en el texto griego con género neutro. Esto significa que cuando leemos pasajes que hablan del Espíritu Santo como “él” estamos viendo definitivamente la personificación de un poder, no la referencia a una persona real.

jueves, 26 de septiembre de 2019

LOS DOS LINAJE DE LA HUMANIDAD

Los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres: 

En un estudio anterior vimos juntos la forma en que el pecado entró al mundo, y la semana pasada ampliamos el tema revisando lo que se enseña a lo largo de la Biblia acerca del problema del pecado, y que hemos descubierto?  Que el pecado es un problema humano, de la mente y la carne.  Que pecamos cuando somos atraídos por nuestra naturaleza, y seducidos. Y a partir de la primera pareja, el pecado haya un hogar en el corazón de algunos de nosotros ‐ aunque en algunos más que otros. En esta mañana vamos a estudiar el desarrollo del pecado en la humanidad, que comienza como un problema personal, o de un solo matrimonio, pero que llega a llenar el mundo. 

Génesis 4. v. 1‐5. Que ocurre, con el pasar del tiempo? [Adán y Eva tienen hijos.] Cuantos? Sus nombres? El mayor/menor? [ ] Que hacen estos hijos? [traen ofrendas] Que podemos deducir de este hecho? [que ha habido comunicación con Dios, por medio de ángeles probablemente; se ha dado algún nivel de educación espiritual. O quizá estos han aprendido algo de sus padres; ha habido instrucción espiritual en esta primera familia. Y esta es una forma también importante de estudiar lo que aquí ocurre: esta es la primera congregación, la primera iglesia.]. Caín que trae? [del fruto de la tierra] Y Abel? [de las ovejas: primogénito, de los mas gordos] Y cómo les recibe Dios? [a Abel con agrado, y a Caín no] Porqué creen? [¿el simbolismo? ¿calidad?]  Leamos Hebreos 11:4 ‐ Que dice? [Que ofreció por fe/con fe] Fe en que? [en el cordero que fue inmolado desde el principio del mundo ‐ Apocalipsis 13:8; en lo que les había enseñado el ángel a sus padres cuando se les perdonó el primer pecado, y no murieron ese mismo día...] En que creía entonces Abel? [en la promesa que le fue hecha a sus padres, en el sacrificio perfecto que Dios prepararía para los que quisieran superar el problema del pecado en su carne.]  Y si Hebreos nos comenta que Abel lo hizo con fe, deducimos que Caín ofreció...? [sin fe, por compromiso, por apariencia] La Biblia habla de personas así en varios pasajes:  II Tim 3:5 ‐ ...hombres que... tendrán la apariencia de piedad, pero negarán la utilidad/eficacia de ella  Isaías 29:13 ‐ este pueblo con sus labios me honra, pero su corazón esta lejos de mi, y su temor no es mas que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado. 

 El peor enemigo de los santo no es lo abiertamente malo, sino la falsa santidad... lo malo reluce por sus obras, y las personas con un espíritu piadoso puede huir de ello. Pero lo que tiene apariencia de santidad engaña y seduce a personas que tal vez sí hubieran buscado un camino mejor, pero pensando haberlo hallado, ya no buscan más. La religión de la serpiente es el fariseísmo; la religión que aparenta ser de Dios, cuando en el fondo es puramente humana. 

¿Como se siente Caín? [enojado] Y esto es indicio del orgullo de su corazón; que ofreciéndole a Dios lo que le daba la gana, sin fe, se enoja porque Dios no lo acepta. A veces nosotros también somos como Caín, tenemos un concepto de Dios que es un abuelito a quien nadie le visita, y que con cualquier tontera estará satisfecho. La realidad es otra (ver Malaquías 1, por ejemplo). v.6‐8 Que ocurre? [Dios le explica que haciendo bien, será enaltecido, pero cuando no... cuidado que el pecado está a la puerta]. 

1 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: 

Los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres. 

Dios le da la oportunidad de arrepentirse, pero Caín no le hará caso.  Proverbios 12:1 ‐ El que ama la instrucción ama la sabiduría; Mas el que aborrece la reprensión es ignorante.  29:1 ‐ El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina. En la vida todos siempre cometeremos errores. Pero cada vez que alguien nos llama la atención, podemos demostrar la calidad de personas que somos. Ser sorprendidos en un error es una oportunidad, no tiene que ser motivo de vergüenza, de escondernos, de enojarnos para encubrir lo que hicimos:  ¿Escuchamos la reprensión? Somos sabios.  ¿Nos enojamos? Acusamos a otros, al que nos ha llamado la atención? ¿Tratamos de destruir la evidencia del error? Seremos destruidos. ¿Que está expresando Dios con esta frase ‘el pecado está a la puerta’? [una figura literaria, una metáfora, el pecado nos acecha] Y también indica que llegar a pecar es un proceso... no ocurre con el primer sentimiento negativo, tenemos la oportunidad de decidir que vamos a hacer con esa ira.  Prov. 16:32 ‐ Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad. ‐ Las cualidades que exalta la Biblia son muy distintas a las que el mundo alaba.  Prov. 19:19 ‐ El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males. ¿Y que termina haciendo Caín? [matando a su hermano] Porqué? [porque le pareció más fácil destruir a Abel, que cambiarse él mismo] Y así somos; preferimos criticar a nuestros padres, a nuestros hermanos, hasta hacerlos nada en nuestras mentes, con tal de no tener que aceptar las palabras que nos dicen. v. 9‐12. Consecuencias: ¿Que ocurre? [Dios le pregunta que qué ha hecho] ¿Y Caín? [se hace el loco] Pero [Dios lo sabe todo] Y esta es una de las grandes enseñanzas de la Biblia: Dios ya sabe que hicimos. Pero lo irónico es que todos esto lo decimos “Dios lo ve todo” y sin embargo, a las horas de las horas, pensamos que nos podemos esconder de él, que podremos encubrir lo que hemos hecho. Un ejemplo muy común es que la gente que no quiere que le digan que lo que hace está mal comienza a alejarse de la iglesia. Dejan de asistir, porque se meten a la cabeza que “si no voy, nadie se va a dar cuenta de lo que estoy haciendo”. Y leamos lo que ocurre: [v. 16‐24]  ¿Que hace Caín? [se aleja de Dios, y vive al oriente] Con el pasar del tiempo, halla esposa, se casa, y funda una ciudad. Y al final tenemos a qué personaje? [Lamec] ¿Y porqué se nos habla de este señor? [para mostrarnos que 7 generaciones después, en el linaje de Caín existe un espíritu de venganza, y de querer salirse con la suya] Caín es una persona, un individuo, pero lastimosamente, sus características no mueren con él, sino que se convierte también en el padre de muchas personas más que comparten su mismo espíritu. El Linaje de Set v.25‐26 ‐ ¿Y del otro lado? [Adán y Eva tienen otro hijo, Set, y en ese tiempo se comienza a adorar a Dios sistemáticamente]. 

2 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres: 

Y en el capítulo 5 tenemos una genealogía, que se utiliza en la Biblia como recurso literario para indicar una transición entre grandes etapas... pasa más de un milenio, y dependiendo de como se interpreten estas genealogías, tal vez más... Leamos las últimas generaciones: [Gen 5:25‐32] Aquí tenemos otro Lamec, quizá contemporáneo con el descendiente de Caín, pero este ¿que busca? [reposo, descanso] ¿Descanso de que? [nuestras obras, el trabajo de nuestras manos] El espíritu del sábado, de reposar de las obras de la carne? [Is. 58:13‐14] Y nosotros, al igual que Jesús, debemos observar en que día el sábado? [en todos; en todo momento, en toda circunstancia, en toda actividad, sea trabajo, juego, familia, iglesia, descanso, en *todo*, debemos estar descansando de las obras de la carne, y haciendo las obras de Dios. De esto no debemos descansar ‐ nuestro Padre hasta ahora trabaja...] Lo que importa es el espíritu; podemos descansar de las obras de la carne en el trabajo, y practicar las obras de la carne en la iglesia. Lo externo es lo de menos. Así que en Génesis 4 y 5, estamos viendo dos espíritus muy distintos que se están manifestando en la humanidad. Por un lado, violencia y sed de venganza, por el otro lado, un sincero deseo de descansar de las obras de la carne, de que venga el salvador, que las cosas cambien. Y luego viene la crisis. 

Génesis 6:1‐2 ‐ ¿Que ocurre? [los hijos de Dios ven que las hijas de los hombres son hermosas, y escogen entre ellas para sus mujeres.] ¿Quienes son los hijos de Dios? [las personas que le buscan y adoran].  Éxodo 4:22 ‐ Israel es mi hijo, mi primogénito.  Dt. 14:1‐2 ‐ Hijos sois de Dios, seréis santos.  Mt. 5:9 ‐ Los pacificadores serán llamados hijos de Dios. etc. Y parece entonces que las hijas de los hombres, serán los descendientes de Caín. Y a lo largo de la Biblia, esta claro que no debemos mezclarnos con las personas que siguen la carne.  (Éxodo 34:12‐16;  Josué 23:11‐13;  I Reyes 11:1‐8;  Esdras 9:1‐3, 10:1‐3; Nehemías 13:23‐27;  II Cor 6:13‐71) Y el resultado aquí en Génesis: [6:3‐8] Se corrompe la humanidad ante él. Y aparte de a Noé y a su familia, Dios destruye la humanidad. 

3 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres Génesis 10-11. 

Pero desafortunadamente, en los hijos de Noé existe lo mismo que hubo en los hijos de Adán:  Gen 8:21 ‐ ¿Que esta diciendo Dios? [Que un diluvio tiene poder para destruir a la humanidad, pero no raerá del corazón del hombre los deseos de la carne; no lava el corazón.] Y en Cam, y Canaan, hijo y nieto de Noé, existe ya la perversidad de corazón y espíritu. Y en Génesis 10 se vuelven a formar naciones, y una vez mas, se produce lo esperado. Génesis 11:1‐4 ‐ ¿Que ocurre? [quieren hacerse una gran ciudad, y un nombre, y estar juntos y fuertes]  El espíritu de Babel/Babilonia es el que nos expresa Isaías en el famoso capitulo 14: [Is 14:12‐14]: “tu que decías en tu corazón, subiré al cielo, en lo alto, junto a las estrellas de Dios levantare mi trono... seré semejante al Altísimo.” ¿Que espíritu es este? [es el espíritu que impulso al hombre y a la mujer a tomar la fruta, querer la igualdad con Dios.] ¿Y Dios como resuelve? [v. 5‐9] Querían estar unidos, Dios los esparce, y confunde sus lenguas y sus propósitos, para que no puedan alzarse contra él. Pero en otra familia, en otra descendencia, hay otro espíritu: Qué tenemos en los versículos del 10‐26? [la genealogía de Abram] Que dijimos anteriormente que era la función de la genealogías en la Biblia? [de marcar transiciones, épocas].  ¿Y que transición marcamos aquí? [el resto de la Biblia se tratará solo de este hombre, y de su descendencia.] Este hombre marca el inicio de otro camino, de otro tipo de relación con Dios; este hombre es la semilla de la esperanza del hombre. ¿Que le caracterizaba a este? [Gen 12:1‐4] ¿Que le pide Dios? [que abandone todo lo que en este mundo le daba su identidad y su ser].  Hebreos 11:8‐16.  Por la fe obedece, para salir, para dejar todo. Sale sin saber adonde va. ¿Los elementos mas importantes? [fe, obediencia, salir, hacerlo sin saber adonde va].  Por fe habita como extranjero, con sus hijos. Que viviendo como el vivió, creyendo lo que el creyó, se hacen coherederos de la misma promesa. ¿Y porque? [porque "esperaba una ciudad con fundamentos", una ciudad de Dios.]  Heb 13:11‐14 ‐ Salen, para buscar otra ciudad. ¿A qué ciudad? [Heb 12:22] A la Jerusalén celestial. Efesios 2:19‐22 ‐ La ciudadanía de la familia de Dios, el templo que Dios ha estado edificando desde el principio del mundo, no de piedras sino de personas. (Apocalipsis 21:9‐11, 22‐27.  Heb 11:13‐16)  Lo miraron, lo creyeron, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.  Y los que esto confiesan, claramente dan a entender que buscan una patria.  Y nosotros, ¿confesamos que somos extranjeros? O ¿escondemos el hecho? ¿Damos a entender claramente que buscamos otra patria, o nos manifestamos conformes con esta?  v. 15 ‐ Tenían tiempo de volver. Y nosotros, ¿volveremos? ¿Nos volveremos atrás, para que aunque los ángeles de Dios nos intenten sacar, insistiremos en volver para ser destruidos?  v. 16 ‐ Pero no querían una ciudad terrenal, de los hombres, sino celestial, de Dios. Por lo tanto, Dios les ha preparado una ciudad. 

4 ‐ Los Dos Linajes de la Humanidad: los Hijos de Dios y las Hijas de los Hombres.

 Daniel 2:  El rey del imperio llamado por el nombre de la torre que se quiso levantar milenios antes, vive con el mismo espíritu que su antepasados. Este hombre levanta un imperio, un reino que se le describe en Daniel 4:  (Daniel 4:20‐22) ‐ Un reino que se había levantado hasta el cielo en su grandeza, y hasta los limites de la tierra. Y Daniel le da la advertencia, que se arrepienta. Pero: v. 29‐33. Pero un panorama mas completo lo vemos en Daniel 2.  v. 29‐30 ‐ de que se trata el sueño? [del futuro]  v. 37‐43 ‐ Y ve una imagen, hecha de varios metales, que en su totalidad representa [el reino de los hombres]  v. 44 ‐ ¿y que ocurre con el reino de los hombres? [es totalmente destruido por la venida del reino de Dios. (Daniel 7:23‐27) 

‐ Otro aspecto, una bestia terrible que hace guerra contra los santos, y los vence. Pero que al final es totalmente destruido. Resumen. En este estudio hemos podido ver solo una pequeña muestra de uno de los grandes temas de la Biblia. El tema de dos pueblos a través de la historia: un pueblo entregado a glorificar la carne, y otro pueblo que se abstiene de las cosas del mundo por fe en un futuro mejor. Solo hay dos pueblos, y así como somos o descendientes de Adán o de Cristo, así somos de uno o del otro pueblo: ¿en cual mantendremos nuestra ciudadanía? El momento para definirnos es hoy mismo, antes del fin absoluto del reino de los hombres.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

CIELO E INFIERNO: ¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA?

For this activity you simply plan ahead by asking another teacher to come into your classroom. Have them fill out the attached form before they arrive. You must do this activity while you are in the chapter on Memory. Cover the material you would normally. At the last 10 minutes of the period hand out the attached form to the students. See how much they remember about who came in the room or if they remember at all $1

¿Qué enseña la Biblia?

La Biblia es un libro razonable. No hay en ella nada contradictorio. Todo está arreglado de tal modo que hace su mensaje dinámico y fácil de entender. Sus enseñanzas tienen sentido, y es esta simple lógica la que presenta un desafío tal que nadie que tenga buena voluntad puede negar su impacto.


Este folleto se ha escrito para mostrar que en contraste con las claras y razonables enseñanzas de las Escrituras, las ideas populares acerca del cielo y el infierno no son razonables. ¿Cuáles son estas ideas? Por siglos ha sido comúnmente creído por la mayoría de cristianos nominales que el cielo es la morada de los justos muertos, donde experimentan gozo y felicidad eternos, y que el infierno es el lugar de habitación de los malos, quienes están sujetos a tormento sin fin en fuego inextinguible.


En tiempos más recientes, muchos han abandonado la idea del infierno, y con ella cualquier deseo real de investigar si es, de hecho, un verdadero reflejo de lo que la Biblia enseña. Este aborrecimiento del sufrimiento eterno (seguramente un instinto correcto) ha dado por resultado que los hombres, en cambio, alimenten una vaga esperanza de salvación universal por medio de la cual todos gozarán de felicidad eterna, independientemente de las obras hechas durante su vida mortal. Sin embargo, eso ha dejado a su vez a la gente con una sensación de incomodidad porque consideran injusto asumir que puede haber un premio para ambos, buenos y malos, igualmente.


Los cristadelfianos no comparten ni la idea moderna del "cielo para todos," ni las ideas más tradicionales de bendiciones en el cielo y castigo en el infierno. Han leído la Biblia por sí mismos (tal como esperamos que harán los lectores de este folleto) y han concluido que, aunque el cielo y el infierno son mencionados muchas veces, estos no son lugares de eterna morada donde la gente espera o teme ir cuando muera.


Un grave error ha sido cometido en la interpretación bíblica. Pero el error no se relaciona en primer término con el cielo y el infierno; el error realmente surgió de otra teoría: que todos los hombres nacen con la llamada "alma inmortal." Esta es diversamente descrita como una "entidad que nunca muere," o una "chispa divina." Al alma le son atribuidas todas las características de lo que es llamado "el verdadero hombre": personalidad, conciencia, razón, entendimiento, emociones y todas las cualidades morales de las que el hombre es capaz. Del cuerpo se dice que es mortal y corruptible, convirtiéndose en polvo y cenizas después de la muerte; mientras que el alma es inmortal e incorruptible, y sigue viviendo en eterna dicha o aflicción.


Por supuesto, cuando uno ha aceptado tal punto de vista acerca de la naturaleza humana, entonces la creencia en otro lugar como el permanente y continuo hogar del alma después de la muerte se vuelve una necesidad lógica. Pero si este punto de vista acerca de la naturaleza humana es incorrecto, entonces el concepto popular del cielo e infierno también puede ser totalmente falso.


Por consiguiente, proponemos examinar brevemente la enseñanza bíblica concerniente al alma y la naturaleza humana, y partiendo de esta base, establecer la razonable y lógica enseñanza de la Biblia referente al destino final de los justos y los malvados.


El alma (hebreo nefesh)

Para comenzar, debe quedar establecido que las frases "alma inmortal," "alma que nunca muere" o cualquier expresión similar, no se encuentran en las páginas de la Biblia. Solamente acerca de Dios está escrito que es "...el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver" (1 Timoteo 6:16). El hombre no tiene inmortalidad inherente, y aunque la palabra "alma" ocurre frecuentemente en sus páginas, la Biblia no enseña la idea de algo que es independiente del cuerpo y que sigue viviendo después de la muerte. El relato bíblico de la creación del hombre define el alma con total claridad en Génesis 2:7:


"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser [nefesh] viviente." [La versión Reina-Valera de 1909 y otras muchas versiones de la Biblia traducen: "alma viviente"; ver también 1 Corintios 15:45]


Es el hombre mismo, el cuerpo formado del polvo, activado por el aliento de vida, el que es descrito como ser o alma viviente. La palabra hebrea original nefesh significa simplemente "una criatura que respira," y es usada no sólo para hombres, sino también para animales. Por ejemplo:


"Produzcan las aguas seres [nefesh] vivientes." (Génesis 1:20)


"Y todo lo que Adán llamó a los animales [nefesh] vivientes, ese es su nombre." (Génesis 2:19)


"Esta es la ley acerca de la bestias, y las aves, y todo ser [nefesh] viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra." (Levítico 11:46)


En realidad, la palabra nefesh es usada en una variedad de sentidos en nuestra traducción bíblica. Muchas veces es traducida "alma"; otras tantas, "vida," "persona," "alguno," etc. Entre las demás traducciones figuran "corazón," "ánimo," "animal," "muerto" (Levítico 19:28), "cadáveres" (Levítico 22:4), "esclavo" (Levítico 22:11), e incluso "estómago" (Isaías 29:8). Pero su uso está siempre asociado con la actividad de una criatura viva que respira y nunca implica referencia alguna sobre la duración de la vida. Lejos de atribuir inmortalidad al alma, la Biblia declara enfáticamente que no solamente puede morir, sino que debido a su propia naturaleza, tarde o temprano tendrá que morir.


"Fallecerá el alma de ellos en su juventud." (Job 36:14)


"Libra de la espada mi alma." (Salmos 22:20)


"Porque has librado mi alma de la muerte." (Salmos 56:13)


"El alma que pecare, esa morirá." (Ezequiel 18:4)


No podríamos tener un testimonio más claro de que las almas mueren.



El estado de los muertos


Sin embargo, aún queda la pregunta: ¿Qué es realmente la muerte? En los primeros capítulos de Génesis leemos no sólo acerca de la creación del hombre, sino también de su caída y la introducción del pecado y la muerte en el mundo. El Señor Dios ordena al hombre:


"De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás." (Génesis 2:16, 17)


La desobediencia a los mandamientos de Dios traería la muerte. Lo que la muerte implica se hace claro cuando Dios sentencia a Adán por su pecado:


"Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás." (Génesis 3:19)


Había de ocurrir, en efecto, un proceso inverso al de la creación. Dios formó al hombre del polvo e introdujo el aliento de vida en su cuerpo, para que llegara a ser una criatura viva, que respirase. En la muerte, Dios retira esa energía portadora de la vida, de la cual El solo es la fuente (ver Job 34:14, 15; Salmos 36:9); y el cuerpo se corrompe y dispersa en el polvo (Eclesiastés 12:7).




Polvo al polvo


Puede parecer obvio decirlo, pero Adán no existía antes que fuera traído a la existencia por el poder creativo de Dios. Si la muerte es lo contrario del proceso creativo, entonces el resultado es la cesación de la existencia y la desintegración de la criatura viva que respira, sea hombre o animal, puesto que en lo que se refiere a su constitución natural no hay diferencia entre ellos:


"Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo." (Eclesiastés 3:19, 20)


El salmista escribe:


"Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive...Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca." (Salmos 39:4, 5, 13)


Así que no hay existencia consciente en la muerte: ninguna parte del hombre sigue viviendo, ni en el cielo, ni en el infierno. No hay prolongación de la existencia, ni aun para los justos. Un siervo fiel de Dios, el rey Ezequías, escribió:


"Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy." (Isaías 38:18, 19)


Y el sabio resume la posición:


"Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol...Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría." (Eclesiastés 9:5, 6, 10)


Frente a tan clara enseñanza acerca de la muerte, ¿qué necesidad hay de mayor explicación? La existencia no continúa después de la muerte, sea en el cielo o en el infierno. La Biblia nos habla simple y lógicamente, conduciéndonos inevitablemente a esta conclusión.


Esto no quiere decir, por supuesto, que no hay recompensa para los justos o castigo reservado para los desobedientes. Pero cualesquiera que estos puedan ser, dada la armonía que existe a través de la Biblia, tal premio o castigo debe ser consistente con los hechos que ya hemos establecido. Un estudio de lo que las Escrituras dicen respecto del cielo nos conducirá suavemente adelante en el desarrollo de nuestro entendimiento de lo que la Biblia enseña sobre estos vitales temas de la vida y la muerte.




El cielo, morada de Dios

El cielo es el lugar donde Dios habita. Al hacer tal afirmación, por supuesto, no debemos limitar el poder y la trascendencia de Dios, de quien las Escrituras enseñan que está presente en todo lugar por medio de su Espíritu. El salmista, meditando sobre esta omnipresencia de Dios, escribió:


"¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz." (Salmos 139: 7-12)


Cuando Salomón construyó su templo, una casa para morada de Dios, él también reconoció esta verdad:


"He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (1 Reyes 8:27)


Pero, aunque el Espíritu de Dios llena todo el espacio, esta verdad es compatible con el hecho de que las Escrituras hablan de un "lugar de morada." En esa misma ocasión Salomón rogó a Dios por Israel, diciendo:


"Cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona." (1 Reyes 8:30; ver también versículos 39 y 43)




"Padre nuestro que estás en los cielos"

El sabio escribió:


"Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras." (Eclesiastés 5:2)


Jesús enseñó a sus discípulos a orar, diciendo:


"Padre nuestro que estás en los cielos." (Mateo 6:9)


Este concepto de la habitación celestial de Dios es resumido en los pasajes siguientes:


"...el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver." (1 Timoteo 6:16)


"Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres." (Salmos 115:16)


El hombre no tiene acceso a la presencia de Dios en los cielos; pero el Señor Jesús, el unigénito Hijo de Dios, después de su resurrección, "fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios" (Marcos 16:19). De nuevo, esta es la conclusión lógica a la que nos han conducido las Escrituras:


"Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre." (Juan 3:13)



La tierra es la herencia del hombre

El cielo no es para el hombre; su lugar de habitación, tanto ahora como en cualquier existencia futura, es la tierra:


"Los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz...Porque los benditos de él heredarán la tierra...Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella." (Salmos 37:11, 22, 29)


El Señor Jesús se estaba refiriendo a este salmo cuando dijo: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" (Mateo 5:5). El enseñó a sus discípulos a orar diciendo: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:10). Juan tuvo una visión de los redimidos (librados del pecado y de la muerte), los cuales cantan:


"Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios...y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra." (Apocalipsis 5:9, 10)


Por consiguiente, la tierra es la habitación del hombre y también su prometido y eterno lugar de morada. Dejaremos por ahora solamente planteada la interrogación de cómo es garantizada esta herencia en la tierra, debido a que antes debemos poner en claro algunos malentendidos comunes acerca del infierno.




El infierno es la sepultura


Hay tres palabras principales en la Biblia que han sido traducidas "infierno." En el Antiguo Testamento es la palabra hebrea sheol. En el griego del Nuevo Testamento son las palabras hades y gehena. [Nota del traductor: La Biblia Reina-Valera de 1960, de la cual se han tomado las citas bíblicas que salen en este folleto, no traduce sheol y hades como "infierno," sino que las vierte "Seol" y "Hades" respectivamente.] La palabra sheol era usada comúnmente para indicar la morada de los muertos bajo la tierra. Aun cuando la palabra fue vertida al castellano como Seol en la versión Reina-Valera de 1960, es muy claro que la mejor equivalencia es "sepulcro." No hay excepciones: la muerte y el sepulcro dan a los hombres una igualdad que no pueden encontrar en vida, porque:


"Allí los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas. Allí también reposan los cautivos; no oyen la voz del capataz. Allí están el chico y el grande, y el siervo libre de su señor." (Job 3:17-19)


En el Nuevo Testamento, hades es el equivalente de la palabra hebrea sheol. La Septuaginta, una traducción del Antiguo Testamento al griego, compilada doscientos cincuenta años antes del nacimiento de Jesús, usa hades casi sin excepción para representar sheol. En el discurso de Pedro en el día de Pentecostés, éste cita el Salmo 16 para probar la resurrección de Jesús, usando la palabra hades donde aparece sheol en la versión hebrea del salmo:


"Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu santo vea corrupción." (Hechos 2:27; compare Salmos 16:10)




Fuego del infierno


La tercera palabra traducida "infierno," incluso en la Biblia Reina-Valera de 1960, es gehena, un término que siempre está asociado con fuego y que solamente se encuentra en los evangelios, con una excepción. Los pasajes sobresalientes en el evangelio de Mateo son los siguientes: 5:22, 29, 30; 10:28; 18:9; 23:15, 33. Es digno de observar que hay apenas media docena de referencias diferentes al fuego del infierno en la Biblia. Por supuesto, si hubiera solamente una, aún sería necesario darle una cuidadosa consideración para determinar su significado.


Para el propósito de la presente investigación, tomaremos solamente un pasaje. La explicación dada en este caso se aplica igualmente a los otros. Se han seleccionado las palabras de Marcos 9 (paralelas a Mateo 18:8, 9), porque éste es, sin ninguna duda, el ejemplo más explícito y completo de la enseñanza del Señor acerca del Gehena:


"Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga." (Marcos 9:43, 44, ver también 45-49)


Leyendo de manera superficial, uno podría sentir cierta repugnancia por el fuego eterno y los gusanos que nunca mueren. Felizmente, ninguna de estas ideas está envuelta en un verdadero entendimiento de este pasaje. La palabra gehena, traducida aquí "infierno," viene de la expresión hebrea ge-hinom, que significa "el valle de Hinom." Este es de hecho un lugar geográfico, un valle llamado algunas veces Tofet, que todavía existe en las afueras de la ciudad de Jerusalén. Desde tiempos antiguos era un lugar de mala reputación, asociado con la adoración de ídolos y aborrecido por los judíos debido a las horrendas prácticas de la adoración falsa (ver, por ejemplo, Jeremías 7:31-33). En los días del rey Josías, el valle fue limpiado y sus prácticas malas fueron prohibidas (2 Reyes 23:10). Sin embargo, su infamia persistió y el valle llegó a convertirse en el basurero de la ciudad. Más tarde, fue usado para deshacerse de los cadáveres de animales y de criminales ejecutados. Para este propósito y para evitar el hedor de la putrefacción, se mantenía fuego ardiendo continuamente; los cadáveres que el fuego no alcanzaba a consumir eran devorados por gusanos. De esta manera el valle de Hinom, posteriormente llamado Gehena, vino a ser sinónimo de muerte y destrucción inexorable, y es a este valle, el entonces basurero de Jerusalén, al que Jesús se refería cuando hablaba del "infierno."


La alusión al fuego que nunca se apaga comienza ahora a entenderse con más claridad: expresa la naturaleza del juicio divino. Los juicios de Dios son seguros e implacables. Esto es, en verdad, lo que se sugiere con la frase "el fuego que no se apaga y el gusano que no muere." Nadie puede evitar o interferir el manifiesto juicio de Dios sobre los que le vuelven la espalda.




Tártaro


Antes de dejar el tema del infierno, es apropiado hacer una breve mención sobre el insólito uso de la palabra Tártaro en el Nuevo Testamento:


"Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno [Tártaro] los entregó a prisiones de oscuridad." (2 Pedro 2:4)


En la mitología griega la palabra se refiere a una caverna, un mundo subterráneo donde eran lanzados los malos. El uso de esta palabra de ningún modo contradice la clara enseñanza de las Escrituras que ya hemos expuesto. Su uso surge de las peculiares circunstancias relacionadas con el hecho que Pedro está relatando. Hay alguna incertidumbre sobre lo que realmente quiere decir la frase "los ángeles que pecaron." Probablemente sea una alusión a Datán y Abiram, quienes después de hablar contra Moisés y rebelarse contra Dios, sufrieron un castigo singular cuando "se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca, y los tragó...y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron" (Números 16:31-33).


Este evento seguramente provee una explicación adecuada del uso de la palabra Tártaro que hace Pedro en esta sola ocasión.



El destino de los malos

En lo que a los malos se refiere, ya hemos establecido que no tienen posibilidad de existir después de la muerte, sufriendo tormentos y miseria eternos. Los siguientes pasajes son una selección entre muchos:


"Mas los impíos perecerán, y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros serán consumidos." (Salmos 37:20)


"Entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen." (Salmos 49:19, 20)


"Mas los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados." (Proverbios 2:22)


"Muertos son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque los castigaste, y destruiste y deshiciste todo su recuerdo." (Isaías 26:14)


"Sufrirán pena de eterna perdición." (2 Tesalonicenses 1:9)


El castigo final de los malos es, por consiguiente, la aniquilación, la muerte perpetua, el ser eliminados para siempre de la tierra de los vivientes. Esto es justo y apropiado a la luz de nuestro entendimiento de las enseñanzas bíblicas sobre la vida y la muerte, "porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).




La recompensa de los justos


¿Qué hay de la recompensa de los justos? Hemos visto que su herencia eterna es la tierra: una tierra perfeccionada y limpiada de toda maldad. También hemos aprendido que todos los hombres están sujetos, por naturaleza, a la muerte, y que en ella no tienen existencia consciente. Si la enseñanza bíblica es sólida y confiable, entonces sólo hay una manera para que los justos reciban su recompensa: deben volver a vivir de nuevo por medio de la resurrección de entre los muertos. El pasaje del Antiguo Testamento, anteriormente citado en relación con el destino de los malos (Isaías 26:14), habla de la eternidad de su muerte: "no resucitarán." Sin embargo, en el mismo capítulo, el profeta señala el contraste entre la muerte de éstos y la recompensa de los justos:


"Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos." (Isaías 26:19)


¿Cómo será realizado esto? La salvación que Dios ofrece necesitaba de la resurrección de Jesús de entre los muertos. Esto ha hecho posible que los hombres fieles sean resucitados tal como él mismo lo fue. Por eso Jesús podía decir: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25). En otra ocasión manifestó: "Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28, 29).


En su primera carta a los corintios, el apóstol Pablo se refiere largamente a la resurrección de los muertos, mostrando que esto es el verdadero centro de la fe cristiana. Su reto para algunos que dudaban de la doctrina fue:


"Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe...aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron." (1 Corintios 15:12-14, 17, 18)




Resurrección


Si no hay resurrección de los muertos, no hay esperanza. Pero la conclusión victoriosa del apóstol es:


"Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida." (1 Corintios 15:20-23)


El apóstol no pudo ser más específico. Solamente por medio de la resurrección puede uno lograr la vida después de la muerte, y el Señor Jesucristo es el primero de una gran multitud; el primer fruto de una gran cosecha de creyentes muertos que vivirán de nuevo cuando Jesús regrese a la tierra.


Allí tenemos la clave de toda la situación. Mientras el mundo continúe, como ahora, dominado por hombres malos, guiados por su ambición de poder, nos es difícil comprender cómo podrán los mansos heredar la tierra. Pero fundamental al propósito de Dios está la segunda venida de Jesús para derribar el reino de los hombres, destruir todo lo que se le oponga y establecer el reino de Dios, una sociedad divina fundada en los principios de justicia y equidad donde El mismo reinará para siempre (ver Mateo 6:10; Apocalipsis 11:15; 2 Tesalonicenses 1:7-10; Daniel 2:44; Miqueas 4:1-5).


La enseñanza de la Escritura no es complicada ni difícil de comprender, sino racional y lógica.



Juicio


Las Escrituras señalan dos clases de personas que serán levantadas del sueño de la muerte en el último día: unos para vida eterna, y otros para vergüenza y condenación (Daniel 12:2). De hecho, la humanidad puede ser dividida en tres clases. Primero, están aquellos que no serán levantados de entre los muertos, los que han vivido sin conocimiento de Dios y sus propósitos y, por consiguiente, no tienen responsabilidad con El. "El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen" (Salmos 49:20). Siguiendo este principio, Daniel escribió que no todos sino "muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados." En segundo lugar, se encuentran aquellos que por su conocimiento y entendimiento de Dios vinieron a ser responsables delante de El, pero no han sido fieles en sus vidas, por lo que enfrentan el inevitable juicio ante el gran tribunal cuando Dios, por medio de Jesús, juzgará "a cada uno según sea su obra" (Apocalipsis 22:12). Por último, hay una tercera categoría: para los fieles será el cumplimiento de todas sus esperanzas, una resurrección a vida eterna en un cuerpo glorioso e incorruptible, para reinar sobre la tierra como reyes y sacerdotes con el Señor Jesucristo.




Considerando algunas objeciones


Sería deshonesto no reconocer que hay algunos pasajes de las Escrituras, los cuales, en la sincera opinión de muchas personas, establecen la enseñanza "ortodoxa" de la inmortalidad del alma y el concepto popular del cielo como la morada de los justos. He aquí los principales ejemplos de pasajes que parecen enseñar un punto de vista diferente de lo que hasta aquí se ha expuesto:


"El reino de los cielos"

Esta frase es usada solamente en el evangelio según Mateo. Algunos dan por sentado que el hecho de aludir al cielo significa que el reino está localizado en el cielo actualmente. De este modo, las afirmaciones: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:3), y "Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3) son tomadas como prueba de que los justos gozan su herencia en el cielo. Pero si tomamos en serio el estudio de la Biblia, no sacaremos precipitadamente una conclusión, sino que examinaremos con cuidado la frase "reino de los cielos" tal como es usada en Mateo, para establecer con precisión su significado. Seleccionamos dos pasajes que a nuestro juicio ilustran claramente que el reino de los cielos realmente no está localizado en el cielo, sino, de acuerdo a la enseñanza general de la Biblia, aquí en la tierra.


Mateo 13 contiene algunas parábolas que Jesús usó para ilustrar este mensaje. La mayor parte son introducidas con las palabras "El reino de los cielos es semejante a..." pero algunas de las cosas que Jesús decía eran extremadamente difíciles de reconciliar con la idea del alma que es transportada al cielo a su muerte. Por ejemplo, en la parábola de la cizaña, "El campo es el mundo...la siega es el fin del siglo...De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo...Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre" (Mateo 13:24-30, 36-43). ¿Puede haber realmente quienes "sirven de tropiezo" en un reino en el cielo?


Después de una entrevista con un joven rico que no podía resignarse a vender sus posesiones y seguirlo, Jesús dijo que "difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos...Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios" (Mateo 19:23, 24). Reino de los cielos y reino de Dios son dos frases con el mismo significado.


Entonces, ¿por qué emplea Mateo la frase "reino de los cielos"? Algunos versículos del libro de Daniel en el Antiguo Testamento ilustran su significado: "En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido" (Daniel 2:44). En otro capítulo, Daniel escribió: "El cielo gobierna" (Daniel 4:26). Aun el gran Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue obligado a reconocer que Dios "hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra" y fue llevado a decir: "Alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo" (Daniel 4:35, 37). El reino de los cielos es por consiguiente una representación del dominio del cielo, y la frase puede ser aplicada razonablemente a cualquier área donde es reconocida la soberanía de Dios. Por esto, Jesús nos enseñó a orar: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:10).


La parábola del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31)

Esto es una parábola. No es un hecho real, sino que Jesús está usando una falsedad comúnmente aceptada: que los justos eran llevados al "seno de Abraham" para ser confortados, mientras los malos sufrían en el Hades. Una de las verdades que Jesús está estableciendo es que las normas de Dios son diferentes de las de los hombres y pueden ser el polo opuesto de las opiniones humanas. Otro punto es que la fe que agrada a Dios es la que está dispuesta a creer lo que está escrito en la Biblia. Si la palabra de Dios no puede convencer a las personas, nada lo hará: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos" (Lucas 16:31).


Note Ud. cómo el detalle de la parábola es completamente incompatible con la idea comúnmente sostenida de almas inmortales en el cielo y el infierno. El hombre rico y Lázaro pueden observarse uno al otro y platicar desde sus respectivas lugares. Ellos no son espíritus inmateriales, sino que poseen cuerpos con dedos y lenguas (Lucas 16:24).


La parábola fue, entonces, una terrible advertencia a los judíos ricos y poderosos, los cuales creían que el mero hecho de haber nacido judíos les aseguraba las bendiciones de Dios.


El ladrón en la cruz (Lucas 23:39-43)

Este es uno de los más sobresalientes ejemplos de fe que encontramos en la Biblia. Este hombre, muriendo en una cruz junto al Señor Jesucristo, a quien sus discípulos habían abandonado, manifestó su fe en el evangelio del reino de Dios, aceptando la resurrección de Jesús y anticipando su propia resurrección en el día de la venida de Cristo en gloria. La seguridad que le dio Jesús fue: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43). En el texto griego original no aparece la palabra "que," y su ubicación en el idioma castellano es arbitraria, de modo que la frase bien puede leerse: "De cierto te digo hoy, (que) estarás conmigo en el paraíso." En otras palabras: "Te estoy diciendo ahora que tu petición será concedida."


De cualquier manera, interpretar las palabras de Jesús como una seguridad de que él y el ladrón serían reunidos en el cielo ese mismo día no coincide con otras enseñanzas de la Biblia. Ya se ha mencionado el Salmo 16 (citado por Pedro en Hechos 2), que nos dice claramente que el alma de Jesús no fue al cielo sino al Seol o Hades (el sepulcro), de donde él fue levantado el tercer día: "Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu santo vea corrupción" (Hechos 2:27).


Hay más textos que también podríamos examinar. Sin embargo, los ejemplos que hemos considerado nos ayudarán a apreciar que los pasajes aparentemente contradictorios tienen explicaciones adecuadas acordes con la enseñanza bíblica general.



Conclusión


¿Cuál es, entonces, nuestra reacción a estas verdades bíblicas? No son solamente hechos para ser asimilados por la mente. Deberían afectar nuestro concepto entero de la vida. Si apreciamos la naturaleza verdadera de la muerte, nos daremos cuenta de que la vida es nuestro tiempo de oportunidad. Como Ezequías escribió:


"Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy." (Isaías 38:18, 19)


Este es un asunto de vida o muerte. De nuestra decisión depende nuestro futuro eterno: el olvido de la muerte perpetua o el glorioso despertar a la vida eterna al regreso de Jesús. ¡Cuán urgente es, por consiguiente, que abracemos la esperanza del evangelio mientras queda tiempo, para que no muramos "sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efesios 2:12)!

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