Publicación reflectiva de autoría de alguien con el seudónimo de "Detrás del Púlpito" es publicado aquí como un artículo reflexivo para meditación profunda sobre el origen real de los evangelios. Cada quíén llegue a su propias conclusiones. El Editor.
EL GRAN TRUCO DE MARKETING DEL NUEVO TESTAMENTO: Los evangelios no fueron escritos por quienes te dijeron 

Si hoy abres una Biblia, lees con total naturalidad: "Evangelio según Mateo", "según Marcos", "según Lucas" o "según Juan". Durante siglos nos enseñaron que esos hombres escribieron personalmente los relatos sobre Jesús, casi como si hubieran llevado un diario de todo lo que ocurrió.
Pero la historia, la crítica textual y la investigación moderna cuentan una historia muy diferente. Los manuscritos más antiguos de los evangelios son anónimos. En ninguna parte sus autores dicen: "Yo, Mateo, escribí esto", o "Yo, Juan, fui testigo de estos hechos". Esa atribución aparecería décadas después.
1. Las cartas de Pablo son anteriores a los Evangelios
Muchos imaginan que primero se escribieron los evangelios y luego las cartas de Pablo. Ocurrió exactamente al revés.
**Año 30 d.C.**: Muere Jesús.
**Años 50-60 d.C.**: Pablo escribe sus cartas. Son los documentos cristianos más antiguos que conservamos, aunque él nunca conoció personalmente a Jesús.
**Alrededor del año 70 d.C.**: Se escribe el Evangelio de Marcos, considerado por la mayoría de los especialistas como el primero.
**Entre los años 80 y 90 d.C.**: Se redactan Mateo y Lucas.
**Entre los años 90 y 100 d.C.**: Se escribe el Evangelio de Juan.
Eso significa que durante varias décadas los relatos sobre Jesús circularon principalmente de forma oral, transmitiéndose de generación en generación antes de ser puestos por escrito.
2. El idioma también plantea preguntas
Jesús y sus primeros discípulos vivían en Galilea y hablaban principalmente arameo. Muchos provenían de un entorno de pescadores, campesinos y trabajadores comunes, por lo que numerosos historiadores consideran probable que tuvieran una alfabetización limitada.
Sin embargo, los evangelios fueron redactados en griego koiné, la lengua internacional del Mediterráneo oriental de aquella época. Algunos presentan una estructura literaria elaborada y un dominio notable del idioma. Por eso, la mayoría de los investigadores considera poco probable que esos textos fueran escritos directamente, de puño y letra, por los discípulos galileos tradicionales.
3. ¿De dónde salieron entonces los nombres?
Si los evangelios eran originalmente anónimos, ¿por qué hoy llevan los nombres de Mateo, Marcos, Lucas y Juan?
Las atribuciones aparecen en la tradición cristiana hacia finales del siglo II. Asociar esos escritos con personajes conocidos del movimiento cristiano les otorgaba identidad, autoridad y credibilidad. En términos modernos, podríamos decir que funcionó como una poderosa estrategia de legitimación.
4. Lo mismo ocurrió con muchos evangelios apócrifos
Aquí viene un dato que suele sorprender.
Los evangelios que hoy forman parte del Nuevo Testamento y muchos de los llamados evangelios apócrifos comparten una característica: originalmente eran textos anónimos que terminaron siendo atribuidos a personajes importantes del cristianismo primitivo, como Tomás, María Magdalena, Felipe o Juan.
La diferencia no fue su forma de presentarse, sino su destino. Mientras unos terminaron formando parte del canon bíblico, otros fueron rechazados durante el largo proceso mediante el cual la Iglesia fue definiendo qué libros serían considerados Escritura.
En conclusión
La investigación histórica actual muestra que los evangelios no aparecieron como diarios personales escritos por testigos presenciales identificados. Son obras redactadas décadas después de la muerte de Jesús, transmitidas primero por tradición oral, escritas en griego y atribuidas posteriormente a figuras apostólicas.
Esto no obliga a nadie a abandonar su fe. Pero sí invita a leer el Nuevo Testamento con una mirada más histórica, comprendiendo que su formación fue un proceso mucho más complejo de lo que normalmente nos enseñaron.
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