¿SABÍAS QUE LA BIBLIA NO ENSEÑA QUE TODO SE PUEDE COMER SOLO POR ORAR?

 



¿SABÍAS QUE LA BIBLIA NO ENSEÑA QUE TODO SE PUEDE COMER SOLO POR ORAR? NUNCA TE HABIAN ENSEÑADO ESTO...
Durante años muchos hemos escuchado frases como:
“Si orás, podés comer cualquier cosa” o “Jesús declaró todos los alimentos limpios”.
Pero cuando leemos la Biblia con atención, contexto y respeto por la cultura hebrea en la que fue escrita, descubrimos que esa idea no proviene del texto bíblico, sino de interpretaciones posteriores.
YESHÚA Y LA BENDICIÓN DE LOS ALIMENTOS
Yeshúa vivió como judío y practicó la fe judía. Cuando comía, pronunciaba la bendición tradicional:
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם
הַמּוֹצִיא לֶחֶם מִן הָאָרֶץ
Barúj atá Adonái Elohénu Mélej haolám,
hamotzí léjem min haáretz.
“Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que haces salir el pan de la tierra.”
Esta bendición no convierte el alimento en puro,
simplemente reconoce que proviene de Dios. Nunca vemos a Yeshúa declarar que algo impuro ahora es limpio. Nunca ora para “santificar” alimentos prohibidos. Él vive y enseña dentro del marco de la Torá.
¿ENTONCES QUÉ SIGNIFICA QUE “NO LO QUE ENTRA CONTAMINA AL HOMBRE”?
En Marcos 7, Yeshúa confronta a los fariseos por elevar tradiciones humanas por encima del corazón.
Allí dice: “Nada que entra en el hombre lo contamina, sino lo que sale del corazón.”
Pero el mismo texto aclara el contexto: Yeshúa está hablando de tradiciones rituales de lavado de manos, no de las leyes alimentarias dadas por Dios.
La enseñanza es clara: la verdadera impureza no es física, es moral. No está anulando la ley de Dios, sino denunciando una religiosidad vacía que se preocupa más por la forma que por el corazón.
LA VISIÓN DE PEDRO Y EL GRAN MALENTENDIDO
En Hechos 10, Pedro tiene una visión de animales considerados impuros y escucha:
“Levántate, mata y come.”
Muchos toman este pasaje como prueba de que “todo está permitido”. Pero el mismo Pedro explica el significado:
“Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o impuro.” (Hechos 10:28)
La visión no hablaba de comida, sino de personas.
Dios estaba enseñando que los gentiles también eran aceptados en Su pueblo. Si la visión hubiese sido sobre alimentos, Pedro no habría seguido guardando las leyes alimentarias después.
“TODO LO QUE SE VENDE EN LA CARNICERÍA, COMED”
Pablo escribe: “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia.” (1 Corintios 10:25)
Este versículo se entiende correctamente solo con contexto histórico.
En el mundo grecorromano, la carne del mercado provenía casi siempre de sacrificios a ídolos. Pablo enseña que el creyente no debe vivir con miedo ni con paranoia.
Pero atención: Pablo no está hablando de animales impuros.
Una carnicería judía (kasher) no vendía animales impuros. El punto de Pablo no es “coman cualquier cosa”, sino: no vivan esclavos del temor ni del juicio ajeno.
Y si alguien decía:
“Esto fue ofrecido a ídolos”,
Pablo aconsejaba no comer por respeto a la conciencia del otro.
UNA ENSEÑANZA MÁS PROFUNDA
La Escritura nunca enseña que la oración convierte lo impuro en puro. Tampoco enseña que la gracia elimine la sabiduría del Creador.
Dios no dio instrucciones alimentarias para oprimir, sino para cuidar, preservar y enseñar orden. El problema no es la comida. El problema es el corazón.
Ahora bien, cuando miramos nuestro tiempo, algo llama la atención: muchas enfermedades modernas están fuertemente asociadas a lo que comemos, especialmente a dietas dominadas por ultraprocesados, exceso de azúcar, exceso de sodio y grasas de mala calidad. Organismos y centros de salud pública advierten sobre estos patrones porque se asocian a obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y riesgo cardiovascular.
Y esto nos deja una enseñanza pastoral preciosa: Dios nos dio un “manual” hace miles de años, con principios de orden y separación, para proteger la vida. No porque Él “necesite” reglas, sino porque nosotros necesitamos dirección. Cuando el mundo moderno nos ofrece comida rápida, hiperpalatable y ultraprocesada, la Torá nos recuerda la belleza de lo simple: alimento real, discernimiento, límites saludables. Incluso fuentes contemporáneas de salud recomiendan reducir grasas trans/saturadas, exceso de sal y azúcares, precisamente lo que hoy abunda en lo procesado.
Entonces, orar antes de comer es sagrado, sí. Pero orar no convierte lo dañino en saludable; la oración nos vuelve conscientes, agradecidos y responsables. Y esa conciencia, cuando es sincera. Nos empuja a elegir mejor, a honrar el cuerpo que Dios nos dio y a vivir con sabiduría, sin miedo y sin legalismo.
MOMENTO DE TOMAR DECISIONES
La pregunta no es:
“¿Puedo comer esto?”
La verdadera pregunta es:
“¿Estoy viviendo de acuerdo al diseño del Creador?”
Porque cuando el corazón se alinea, las decisiones, incluso las más simples, encuentran su lugar. La fe no se trata de permisividad, sino de coherencia, gratitud y obediencia consciente!!!
Hazle caso a Dios. Tu salud mejorará!!

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