Durante siglos, la teología oficial nos vendió la historia de un inframundo subterráneo lleno de fuego, torturas y demonios para mantener el control mediante el miedo. Sin embargo, la filología y la arqueología desmienten el mito: el concepto del "infierno" como lugar de tormento eterno no existe en los textos bíblicos originales.
La verdad que ocultaron tras las traducciones:
El Sheol hebreo era solo la tumba: En el Antiguo Testamento no existe el fuego eterno. La palabra usada es Sheol, que se traduce sencillamente como el sepulcro o el estado de reposo de los muertos. Nada de almas quemándose.
El Gehena era un basurero real: Cuando Jesús hablaba del fuego en el Nuevo Testamento, utilizaba la palabra Gehena (Gai ben Hinnom). Este no era un lugar espiritual, sino un valle geográfico real a las afueras de Jerusalén que servía como el vertedero de la ciudad, donde se quemaba la basura y los cadáveres no reclamados.
Plagio de la mitología griega: La idea de almas inmortales sufriendo en un inframundo de castigo fue tomada directamente del mito griego de Hades y el Tártaro, mezclado con la filosofía de Platón.
Traducción forzada al latín: Al traducir la Biblia al latín (Vulgata), la Iglesia unificó el Sheol, el Hades y el Gehena bajo una sola palabra: infernus ("lo que está abajo"). Así nació el dogma del fuego eterno.
El "infierno" no fue una revelación divina; fue una fusión de mitología griega, mala traducción y la urgente necesidad institucional de gobernar a las masas a través del terror psicológico
¿Te enseñaron a temerle al infierno o ya conocías el origen pagano de este concepto? Te leo en los comentarios.
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